Archive | julio 2005

DEVOCION RUSH

Rush ha sido desde chico una de mis bandas fetiches. La devociñon que se siente hacia este power trío canadience más que una cuestión de gustos musicales es pura fe. Quizás por eso, pocas cosas he disfrutado tanto periodísticamente como reseñar el último trabajo de estudio de los señores Lee, Lifeson y Peart. Una antología de covers de las canciones y artistas que los inspiraron a ser quienes son hoy

Esta reseña apareció originalmente en el Nª 14 de la revista URBANIKA, fechada en Octubre del 2004

Rush
“Feedback”
Warner, 2004

4 Estrellas

A lo largo de treinta años, Rush ha sabido mantener su estatus como sinónimo de power trío. Con energía, talento e “insoportable” virtuosismo, la banda canadiense se las ha ingeniado para construir sus propias reglas dentro del hard rock, el heavy metal, la música progresiva e incluso el tecno pop (“tecno rock”, aclararán los dogmáticos). Por tal charquicán estilístico no sorprende tanto la decisión del grupo de celebrar sus primeras tres década de vida con un disco de covers, una colección de canciones ajenas sobre las cuales el bajo y voz de Geddy Lee, las guitarras de Alex Lifeson y los palos de Neil Peart dictan reglas propias, de un modo símil a como han venido haciéndolo con las diversas vertientes musicales en las cuales han nadado desde el zeppeliniano “Rush” de 1974 hasta el grandilocuente triple en vivo “Rush in Rio” publicado hace menos de seis meses. “Feedback” fue planeado como un regalo doble. Por una parte de la banda hacia sus fanáticos y por otro a ellos mismos. Un lujoso gusto de grabar esas grandes canciones que los inspiraron desde que eran tres adolescentes de Toronto y se juntaban a tocar las canciones de sus ídolos. Hoy, convertidos ellos en ídolos para gente tan dispersa como Billy Corgan y Dream Theater, viven el placer de homenajear sus raíces. “Feedback” es un trabajo que sorprende sobre todo a los más críticos de la banda de las herméticas letras de Neil Peart. Por años se les ha juzgado como una especie de rock matemático, donde todo suena exageradamente bien y en la cual las técnicas intrincadas del bajo de Lee, los teclados galácticos del mismo, la imposible percusión de Peart y esas guitarras de Lifeson más épicas que “El Señor de los Anillos” han hecho de la firma de Rush algo más parecido a una ecuación sónica que a un grupo con real espíritu roquero. “Feedback” es la respuesta a esta crítica. Sólo bajo, guitarra y batería, sonando como sólo Rush suena pero en los códigos del más directo rock del mundo. Cero sinfonismo, cero progresión, esto es puro espíritu y alma. ”The Seeker”, original de The Who, es quizás el punto más alto del disco, seguido por las emotiva doble revisión a The Yardbirds con “Heart full of Soul” y “Mr.Soul”. Una lástima que no se haya incluido ninguna versión de Led Zeppelin, banda clave en los primeros años del trío, falta casi imperdonable.

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OH KRISTA

Más de algun trasnochado se habrá encontrado en The Film Zone con ese guarrerío llamado EXTREEME, donde lo único que salva es la protagonista de “Las Nuevas Aventuras de Emmanuelle”. Serie de filmes softcore una jovencísima Krista Allen hace de las suyas cabalgando en apretados y sudados machos. Krista hoy es una respetada -bueno, casi respetada- actriz secundaria de series y filmes. De paso va y vuelve con George Clooney, pero eso, claro a nosotros poco nos importa. El cuento duro. Y en ese caso debe ser duro. Por casi 3 años firmé en Sobras.com, una columna de onanismo literario llamado “Las Chicas de Ortega”, que debe ser de los grandes éxitos en la historia web local. Básicamente -y aunque suene duro- era uan crítica de minas. En una de estas columnas prometí que todo terminaría el día que encontrara una chic que me hiciera volver a creer en las mujeres. La encontré. Como sea, esta paja fue una de las mejores que escribí para el cubil de López y compañía.

El onanismo narrativo dedicado a Krista Allen fue publicado originalmente en Nov del 2003, en www.sobras.com

En nombre de Krista

No tengo puta idea. En serio, bueno sé que se llama Krista Allen y que anoche la ví en “Smallville” (gran serie, no como su decepcionante hermana “Birds of Prey”) como la perrísima nueva profe de educación sexual de Clark y novia freakeada de Luthor. La mala de la historia, como tenía que ser. O sea, sólo un tipo tan cool como Luthor podría revolcarse con una perra así.Si en la primera temporada chupeteaba las tetas gigantes y perfectas de Kelly Brook, ahora deslizó su lengua por las también generosas formas de esta cristiana. Grande Lex, quien fuera como él. Bueno, la verdad es que igual tenía nociones de la existencia es esta súper hembra, la había visto alguna vez en “Maxim” y en “Stuff” e incluso una vez me topé con una foto de ella en pelotas, en una curiosa página que me mandó un amigo para elegir las mejores tetas del mundo. Literalmente. Krista era una de las que tenía más votos, de hecho estaba entre las top 5, era que no, si no vean las fotos que acompañan este artículo. Las fotos eran de una escena suya en un remake para el cable gringo de “Emmanuelle”, ese clásico softcore europeo de fines de los 70s, protagonizado por la incombustible Sylvia Kristel. Si no saben quien es Sylvia Kristel , no tienen derecho a pajearse.Y volviendo a Krista. Curiosamente hace un tiempo un pajero me mandó un mail pidiéndomela. Curioso que alguien en este lado del mundo conociera a esta belleza morena de ojos azules y grandes tetas, formada en el mundillo cursi de las teleseries gringas y egresada de ese crisol de perras tirables que fue “Baywatch”… Buehhh… ella es de la etapa “Baywatch Hawai”, pero igual vale. A propósito de mails, gracias por todas las recomendaciones y sí… yo también me la he corrido mirando fotos de Sofía Vergara, sé lo que la encuentro medio guarra para esta columna… aunque con lo caliente que ando en estos días, lo más probable es que tarde o temprano loemos su glorioso par de mamas… Y sip, también encuentro rica a Jennifer Garner y estoy totalmente de acuerdo con que es la Elektra perfecta y que ALIAS la leva… pero pajeros, perdónenme, pero es cierto eso de que tanta manfinfla hace mal para la vista, la Miss Garner hace casi un año que fue Chica Sobras. De hecho -y para que vean lo groso que soy- subió antes de que ALIAS llegara a nuestras pantallas. 30 años, 92-61-90. Ex Miss Texas, ex de George Clooney, la perra favorita de América el 2001, el sueño más húmedo de los pendejos gringos después de Pam Anderson, esta amiga tiene más cuento del que parece. De hecho ha aparecido de invitada en las series más top de la industria, como novia de Joey en la temporada pasada de “Friends”, como sexy virus informático en los “X-Files”, como mutante superpoderosa en “Mutant-X”, como ramera cinco estrellas en “C.S.I., como una golfa de grandes tetas en “Liar, Liar”, la pelí de Jim Carrey que la puso en la retina de todo el mundo con sólo un minuto de aparición (es la chica del ascensor), en fin, como la perra con la que me sobé anoche, antes de quedarme dormido. Claro, yo no soy una serie taquillera, pero quien sabe, en una de esas Sobras podría producir el piloto de “Palmas: Las Aventuras de un Pajero”, estelarizado por mi y Krista Allen. La trama sería simple, Krista se ducha y se toquetea, yo la miro y me corro pajas. Ni guión se necesita. Sería muy cuma… ja, sería demasiado picante. Ni yo me vería, buehhh… hagan como que lo anterior no existe. Nunca fue escrito.Como sea, igual me gustaría ver a Krista duchándose. Es rico ver minas de lujo duchándose, tiene la cuota justa de limpieza y suciedad, no sé si me doy a entender. Mirar a una chica empelotarse en un dormitorio es ok, pero verla ducharse es mejor, más caliente, más húmedo, más todo. Además que el plus del manoseo y la enjabonada es muy eyaculable… De hecho es más eyaculable que tirar. La dura, piénsenlo bien y me van a encontrar razón.Entre tirarse a Krista Allen y verla ducharse, yo me quedo con la última alternativa… Es raro hablar de una mina que uno no conoce. Esto es relativo porque en rigor no conozco a ninguna homenajeada en esta larga lista (estamos cerca de las 100 perras), pero con Krista es distinto el caso, porque en rigor de ella no se nada. De hecho y salvo la idea de verla en la ducha, ni siquiera me interesa mucho. No es como Kirsten Dunst, la ya nombrada Jennifer Garner o Sophie Ellis Bextor, justamente homenajeada por Cancino, minas que de alguna forma quiero. O me caen bien, porque aparte de ser preciosas, tienen cuento, tienen onda. Y las minas con onda son las que al final siempre gana el partido, me lo van a decir a mí que llevo como siete meses estirando el chicle -ya insano y sin sabor- de una chica con demasiada onda. Pero en fin, ese no es el tema y en la columna de Paz Vega ya hablé harto al respecto.Demasiado tal vez. Como decía, lo que me pasa con Krista es que no tengo puta idea quien es. O sea salvo lo formal y lo obvio (cara, potos, tetas, piernas) no sé nada más de ella. No cacho si ha hecho algo especial por la vida, si sufrió para llegar donde está, si tuvo que chupar demasiadas pijas, que se yo. Lo único que de verdad sé de la señorita es que está de lujo, que es de esas perras que Dios diseñó para perturbar la tranquilidad de nuestras vidas. Pero hasta ahí no más llega, porque detrás no veo mucho. En realidad no me interesa ver más allá de sus apretables y acogedoras abundancias.Krista Allen como la amante instrumental, la muñeca de carne y de colección que uno puede llegar a tener para saciar sus apetitos sexuales, pero sólo eso, porque para la vida real está la novia oficial o las amigas… o lo que sea. Yo tendría a la Allen de amante de duchas. La iría a ver después de la pega, antes de llegar a la casa con mi amada esposa, le daría un beso corto, un ligero apretón en el culito y las pechugas y le diría que se fuera a duchar. La miraría como se enjabona, le pediría que se sobara las tetas con lentitud y me correría una disfrutando del sumo placer de la contemplación… Krista Allen, pura ducha, suficiente con eso… Todo bien, no necesito más. Ok, vale, estoy loco, pero son cosas del verano.

LOSTEOLOGIA

Desde su estreno hace un año en EE UU y medio en Chile. LOST se ha convertido en uno de los fenómenos de culto más interesantes desde los “Expedientes Secretos-X”. Con esa seguridad bajo el brazo, pauteamos en la revista RTV, hoy VIVE, un especial dedicado al drama creado por J.J. Abrams.

Este artículo es parte de un reportaje más extenso que firmé junto al gran Daniel Villalobos y que apareció en la REVISTA RTV, edición ABRIL, 2005

Perdidos en el paraíso

Meses navegando… tierra a la vista… todo volverá a ser como fue
Las luces de la costa, son faros del pasado.
Gustavo Cerati. “Hombre al Agua

Una certeza. Amamos perdernos. Es parte de nuestra naturaleza más morbosa. De chicos nos educan bajo este temor. Que no sueltes la mano de papá mira que puedes perderte. Que no entres a un bosque, que te puedes perder como Caperucita Roja. Que no salgas solo de noche, mira que los niños se pierden en la oscuridad. De grandes, el cuento no cambia mucho, la diferencia es que ahora el verbo además de físico se hace moral. Es que el miedo a perdernos en la vida es de esos que nos siguen hasta el mismo instante de nuestra muerte. Estás perdido, nos repiten cuando fracasamos o tomamos una decisión errada. Es que la vida tiene y tendrá mas vueltas que una oreja y uno de esos giros es el derecho a extraviarnos. Nos guste o no vivimos perdidos, somos náufragos de nuestra propia existencia. Cada uno tiene su propia isla en medio de la nada, estrellarse en ella es cosa de levantarse un día con la pata izquierda y ¡crash! Como en LOST, porque esa es también la gracia de la buena ficción, extrapola las formas de la realidad con entretención.
Con lo anterior no es casual que una serie sobre 48 sobrevivientes de un accidente aéreo anclados en una isla desierta haya logrado tal impacto en la cultura pop. Si hablamos de cifras, LOST es hoy el producto televisivo más exitoso de los últimos años. Las críticas y el fanatismo la acompañan. La devoción también. Y eso, como responsables de RTV lo hemos constatado al leer las decenas de mail que nos venido llegando desde el estreno de la serie, hace ya cuatro lunes, por el canal AXN. Todos quieren saber más de LOST. El fenómeno nos cayó encima con fuerza. Y era obvio que así ocurriera. Con una televisión abierta anclada en los mismos temas, con dramas mal hechos, reiterativos y aburridos, era cuestión de sumar dos más dos para adivinar que en Chile, sucedería lo mismo que en cada país donde se ha estrenado el drama creado por J.J. Abrams: en tres palabras, una devoción eclesiástica.
“LOST las cagó”, ha sido la expresión más repetida en foros online acerca de televisión de sitios como http://www.elsacrificio.cl/ o los grupos reunidos en chile.rec.tv de google, lejos el mejor lugar para informarse sobre cable disponible en Internet, porque si hay gente que sabe realmente de pantalla chica, esos son los fanáticos. “Feliz me pierdo en una isla con una mina como Kate”, repite un navegante de 18 años, “y con guachones como Jack y Sawyer, mejor”, le contesta en forma virtual una señorita que se hace llamar Sailor_Moon
¿Por qué tanta devoción? Ya lo dijimos arriba. LOST más que una serie acerca de supervivientes de un accidente aéreo, es una historia acerca de sentirse perdido, algo que todos memos experimentado desde que empezamos a tener consciencia de nuestro lugar en el mundo. Más que un relato bien contado, es una ecuación de sensaciones. El teórico Harold Bloom agregaría que el ser extraviado forma parte de la educación occidental. Mal que mal buena parte de los cuentos que nos narraron de pequeños tienen que ver con perderse –o LOSTearse, como escribió un fan en internet-. Ya nombramos a Caperucita Roja, cabría agregar a los hermanos Hansel y Gretel y como no, a ese perdido por antonomasia que es Pinocho. Pensemos en su incidente con la Ballena, una isla con movimiento propio.
Y volvemos a repetirlo, definitivamente nos encantan los perdidos. Homero ya lo aventuró cuando obligó a Odiseo y sus hombre a dar vueltas en el Mediterráneo antes de regresar a su Itaca natal. Edipo se extravió en su propio destino y el Quijote hizo su propia isla LOST en los laberintos de su imaginación. Mientras, en tiempos más recientes, Daniel Dafoe abandonó a su Robinson Crusoe en una isla frente a Chile, destino similar al del Dr. Gulliver de Jonathan Swift o al de los prófugos que desplomaron su globo aerostático en el reducto secreto del Capitán Nemo en “La Isla Misteriosa”, uno de los relatos más logrados de Julio Verne. Más cerca aún, la lúcida socio-ficción de William Golding en “El Señor de las Moscas”, acertadamente homenajeada en “Los Simpson”, nos dio las pistas del significado de quedar abandonado en una isla y recuperar ese pequeño salvaje que todos llevamos dentro. Y a un nivel más pop, como no mencionar al hombre que hizo arte de los desastres, Irving Allen (“La Aventura del Poseidon”) y sus extraviados futuristas de “Tierra de Gigantes”. También a los ridículos personajes de “La Isla de Gilligan” o Tom Hanks, quien en “Náufrago” nos regaló una precuela individual de lo que finalmente sería LOST. Vivimos rodeados de náufragos, somos náufragos en una isla espacial que viaja en torno al sol como sostenía Isaac Asimov. LOST nos gusta, nos apasiona, simplemente porque gatilla nuestra fascinación e inclinación a perdernos. Y que más cómodo que extraviarse una hora a la semana en la pantalla de nuestro televisor.

ME ARRIENDO

“Se Arrienda” nacio como un reportaje del gran Hernán “Chato” Díaz para Revista Paula. Luego Alberto Fuguet me convenció de que lo convirtieramos en el guión para un corto. Pasó el tiempo y el corto se convirtió en un largo, con Luciano Cruz Coke, Francisca Lewin y Felipe Braun en los protagónicos. Filmamos en enero y estrenamos el próximo 6 de Octubre. Es una linda historia de amor, de las mejores. Y por esas sincronías lindas de la vida, la bella chica que hoy por hoy llena mis espacios se parece mucho a Elisa, esa señorita que inventé y escribí hace más de un año.

Esta escena fue en parte eliminada del corte final. Es el primer encuentro entre Elisa (Lewin) y Gastón (Cruz Coke), mientras ambos se esconden en los pasillos del Museo de Historia Natural de la Quinta Normal que fue arrendado para una fiesta de Julian Balbo (Braun)


Int. Noche. Museo de Historia Natural

ELISA y GASTON recorren los pasillos dekl Meseo. Miran las vitrinas con dioramas y maquetas de animales muertos, animales prehistóricos.

ELISA
La primera vez que vine, no entendí porque se llamaba así. Museo de Historia Natural. Además, me dio miedo. Me puse a llorar. Uf. Los monos embalsamados me dieron ataque de pánico. Bueno, tenía ocho años. Pero ahora, hoy, cuando entré, capté. Me di cuenta. Historia natural La naturaleza también tiene historia. Me di cuenta. Te parece que soy tonta.

GASTON
No.

ELISA
Todos tenemos una historia. Hasta la naturaleza. Es como bonito no?

En eso desde la fiesta cercana empieza a escucharse un tema bailable. Un tema como viejo, años sesenta o incluso antes.

ELISA
Me encanta este tema, ¿sabes de quien es?

GASTON
No.

ELISA
¿Qué no eres músico? Filo, no importa

ELISA se ubica al centro del gran espacio vacío y empieza a bailar. Improvisa una coreografía loca. Se ve y se siente llena de vida.

ELISA
Ven, bailemos…

GASTON No bailo.

ELISA (IMITANDOLO) No bailo. ¿Qué sabes hacer, Gastón? Será, pero ahora vas a bailar conmigo.

Se acerca, lo toma y lo obliga a bailar con él. GASTON apaga la luz. La escena del baile es como cómica. GASTON es obligado a bailar. Al principio se resiste, pero luego encuentra el ritmo, el movimiento. Mientras bailan hablan. GASTON sonrié, todo es muy raro, pero tiene su encanto

ELISA
Estoy enamorada de ti, sabes.

GASTON
Estás loca

ELISA
¿Por qué? No crees que alguien se pueda enamorar de ti a primera vista

GASTON
No es eso

ELISA
En todo caso, no estoy enamorada de tí. Es más: me he prometido no enamorarme más. Menos de músicos.

Silencio.

BIG FISH: LA VERDAD DE LAS MENTIRAS



Puede sonar cursi y hasta lugar comun, pero hay algo especial en ser reconocido por los pares. No voy a usar la palabra colega, porque la odio. Y pasó. “El Gran Pez”, penúltima película de Tim Burton me voló el rostro. Con la distancia quizás no me parece tan buena como en aquella primera lectura, pero esa es la gracia de las obras de arte. Se mueven. Algunas mantienen su encanto, otras crecen y otras bajan. Escribí una crítica más larga que otras, que tuvo especial acogida entre lectores y editores. Tanto, que para fin del 2004 el texto fue escogido entre los 10 MEJORES TRABAJOS PERIODISTICOS DEL 2004, en el Premio de Excelencia anual que entrega la Universidad Alberto Hurtado.

Esta crítica fue publicada originalmente en la revista WIKEN, El Mercurio, en Julio del 2004.


EL GRAN PEZ


Hay películas que por encima de sus virtudes artísticas son buenas de bondad, de buenos sentimientos. Son historias que acaban siendo más grandes que la vida y que nos hacen sentir mejores personas. Como las fábulas que nos leyeron en el colegio, “El Gran Pez” es de esos relatos que nos impulsan a a convencernos de que si hubiera más cuentos como éste, el mundo sería un mejor lugar.
La nueva película de Tim Burton es una narración pintada con acuarela, preciosista y estatuaria; con carácter y cojones. La cinta dialoga con nosotros y nos hace amigos de su experiencia fílmica, conversa sobre los significados de vivir, querer, mentir y, sobre todo, crecer y madurar sin perder la inocencia. Bienvenidos a un cálido oasis fílmico, de esos que obligan a permanecer en silencio cuando las luces se encienden y a darle un beso a quien queremos. Quizás estemos ante la película más emocionante de la temporada.
“El Gran Pez” funciona en dos grandes niveles. Por un lado es una historia acerca de contar historias, y por otro, un relato sobre el padre, cuestiones que podrían ser totalmente distintas pero que acá funcionan como un gran todo. La tesis de Burton – y de la novela de Daniel Wallace en que se basa- es que el padre y el acto de contar son uno. Mientras el lazo materno es por naturaleza físico y biológico, el paternal es narrativo. La madre no necesita presentarse, el niño la reconoce por instinto. El padre, en cambio, desde el momento que dice “soy tu papá”, cuenta una historia, como protagonista y héroe de ella.
El padre es así el primero y mayor de los desconocidos. Todo lo que sabemos de él es de acuerdo a su versión de los hechos. Contar un cuento, entonces, es un acto de entrega y, sobre todo, de amor. Ser padre es igualarse a una figura narrativa y retórica. Eso es lo más bello de la película. Edward Bloom (Ewan McGregor de joven, Albert Finney de viejo) es simplemente un papá deseoso de contarle la mejor historia del mundo a su hijo. Bloom no quiere acabar siendo un héroe obsoleto cuando su pequeño crezca, su deseo es morir siendo el mejor y el mayor de los caballeros andantes. Y vaya que lo consigue. Porque aunque el anhelo de Will Bloom, el hijo (un solidísimo Billy Crudup), es encontrar la verdad tras lo narrado por su viejo, sabemos que su deseo es todo lo contrario: que lo contado sea precisamente lo verídico. Will puede reiterarle a su linda esposa (una dulce maravilla llamada Marion Cotillard) sus ganas de exorcizar los fantasmas de las mentiras de Edward, pero lo que en verdad necesita es confirmarlas. Su real temor no es jamás haber conocido a su verdadero padre, sino que éste no sea el campeón de las mejores historias de su vida. Como verificador de datos, Will está muerto de miedo y condenado – menos mal- al fracaso.
La cruzada del personaje de Crudup es básicamente la de un hijo que busca antologar a su padre. No a sus historias, sino a él. No es casual que el muchacho se haya convertido en periodista. El padre lo dice en un momento: “nos dedicamos a lo mismo, contamos nuestros relatos, sabemos que nuestra versión de la vida es mejor que la verdadera. Finalmente somos iguales”.
“El Gran Pez” es como uno de esos libros infantiles llenos de láminas y emociones móviles. Es un cuento grande para gente grande. Burton recupera las glorias de su santo “Ed Wood” y el tiempo perdido con sus simios espaciales y su pop gótico. McGregor se luce en uno de los mejores papeles de su carrera y a Finney dan ganas de abrazarlo. Crudup demuestra ser perfecto para esta clase de roles y Jessica Lange… a ella solo véanla acurrucarse junto a su esposo en una tina blanca mientras entre lágrimas dice que jamás va a secarse. En ese instante se entienden muchas (demasiadas) cosas. Dios, este es un filme grande como la mejor de las mentiras. Notable.


AMIGOS SERAN AMIGOS

No hay mucho que explicar sobre la siguiente columna. “Friends” fue quizás junto a “Seinfeld” y los “Simpson”, el programa más emblemático de la televisión durante la década de los 90 y entrados los 2 Mil.

Esta columna fue publicada en Revista Capital, a fines de Junio del 2004, poco antes de que WB Channel transmitiera el episodio final.

Adios Amigos

El próximo martes 6 de julio se acaban diez años de historia televisiva. La serie que nos regresó a ver comedias gringas, que instauró modas, formas de hablar e hizo que toda una generación hablara de vivir como “Friends”. Por años yo quise ser como Ross, apuesto que más de uno de ustedes también…
Uno es muy ñoño. Perdón yo lo soy. Hace un mes me fui de vacaciones a Nueva York. Como el ratón Jerry en aquel musical clásico de Tom y Jerry quería conocer Manhattan, estar en esos lugares que uno ha visto en tantas películas, comprar lo que sólo se encuentra allá y claro, conocer el edificio de Friends. Y aunque me perdí en el Greenwich tratando en vano de encontrarlo, igual me tomé un par de fotos en alguna esquina cercana para mostrarle a mis amigos que había estado “en las calles” de esos otros amigos. Para quedarme con algún recuerdo concreto de la geografía de los compinches más famosos del mundo. Y una confesión aún más perna (si, se puede), recorriendo el Museo de Historia Natural, entre los esqueletos de dinosaurios y las reconstrucciones de escenas paleolíticas me acordé de una de las escenas más clásicas de la serie, cuando Ross al fin se acuesta con Rachel, bajo las mantas de los Neanderthal. Ví esas mantas, me puedo morir tranquilo.
Siempre me gustó más Friends que Seinfeld. No es que el mundo se divida entre los fanáticos de una y los de la otra, pero más de una vez discutí con otros teleadictos sobre la necesidad de optar. No se podía ser de ambas, uno tenía que ser de la tropa de los amigos pernos o de la del humorista más inteligente de Nueva York. Ok, también busqué los hitos geográficos de Seinfeld, pero no fue lo mismo, no había un mismo grado de emotividad. Como fuera, el asunto es que a la hora de elegir siempre me incliné por Friends, supongo que porque de alguna forma sentía que mi vida podía parecerse más a la de alguno de los “friends” que a la peculiar fauna “seinfeldiana”. Sumando: Yo también vivía con amigos en departamentos frente de otros amigos, también –como Joey y Chandler- sabía apreciar el arte de ver a Jasmine Bleth corriendo en la secuencia de créditos de Guardianes de la Bahía, también era fan de los dinosaurio como Ross y al igual que él, tambien me enamoré de mi mejor amiga. Ok, Providencia no tendría el glamour del Greenwich, pero algo era algo y de alguna forma era mí, perdón nuestra (porque sé que escribo por muchos) versión local del mundo de Friends.
Friends y el cable vinieron en el mismo paquete. 1997, la televisión pagada empezaba a entrar en Chile. Primero los canales de deportes, de películas y monos animados. Notable, pero cero fidelidad, hasta que el 97 llega Sony, debutan las famosas series gringas en su idioma original, las mismas que por años vimos de relleno en los canales abiertos y que ahora eran parte de un nuevo fenómeno. Descubrimos Friends con timidez al principio, luego con un boca a boca, contagiando a nuestros amigos, creando un idioma, haciendo de los nombres de Ross, Rachel, Monica, Chandler, Joey y Phoebe parte de la familia; corriendo a casa para llegar a las ocho de la tarde del lunes primero, del martes después (del Sony primero, del Warner después). Por Friends, señores, traicionamos el ritual de las teleseries nacionales. La vida cool empezó a ser la vida como Friends. Y me gustaba que así fuera, me sentía bien viendo sus tonteras, anotando sus highlights, tratando de recordar los mejores chistes de Chandler, intentando homologar la historia de amor entre Ross y Rachel con la mía, sabiendo que no se parecían en nada.
Reconozco que mi relación con Friends no fue pareja, que a ratos dejé de verlos, que más de una vez me latearon, que durante un buen tiempo sostuve que la serie debió haberse terminado hace un par de años, pero ahora, en la cuenta regresiva como que tengo pena. Supongo que a los ajenos al fenómeno le parecerá una soberana tontera lo que están leyendo, pero me siento como en los días finales del colegio, cuando sabía que en un par de semanas me iba a despedir de grandes amigos de un periodo de mi vida, tal vez para siempre. La espera del capítulo final de Friends es como la licenciatura de IV Medio, como el adiós a un grupo de buenos chatos con los que nunca más me voy a encontrar y si es que lo hago ya no será lo mismo. Y si, supongo que el martes 6 de julio a las ocho de la noche voy a juntarme con mis amigos del mundo real a despedirme de los de mentira. Quizás corra una lágrima traviesa, quizás no, quizás sea un gran episodio, quizás una lata con sabor a trámite, pero sea como sea se acabó Friends y con ellos un periodo importante de nuestras vidas. Eso es lo que importa. Brindaremos por ustedes, amigos.

COSAS DE HOMBRES

Este artículo fue mi primera colaboración de no ficción en la Zona de Contacto. Tambien me sirvió para aprobar la clase de Redaccion en la UC a cargo de Marta Blanco. Nunca tuve claro si era un grito desesperado o una ensalada fresca de lugares comunes. Lo freak es que a mucha gente le gustó y termine guionizando y protagonizando un reportaje de “El Mirador” de TVN basado en esta columna. Idolo de TV por una noche. Cosas que pasan.

El artículo apareció en Octubre de 1995, en la Zona de Contacto, El Mercurio.

Los Nuevos Hombres Lloran Demasiado.

Erase una vez un hombre llamado McCoy. Era valiente y justo; grande y viril. Mascaba tabaco, bebía whisky de la botella y usaba sus armas en contra del villano de turno con la misma destreza con que seducía a la rubia de turno. McCoy era el hombre que todos querían ser: el soldado, el vaquero, el héroe.
Han pasado los años desde esos tiempos de gloria del viejo oeste y los hombres de ahora deben enfrentar batallas peores que cualquier amenaza apache.
Han tenido que ver cómo sus esposas, sus novias y hasta sus madres se han puesto pantalones, incinerado sus sostenes y ocupado la oficina de la gerencia. Se han visto obligados a aprender que cuando una mujer dice no, significa no. Cambian pañales, crían niños, usan condones y cocinan vegetariano. Los machos de hoy han tenido que aprender a decir te quiero, tengo miedo y soy débil . Pero por sobre todo, los hombres de hoy han tenido que aprender a llorar.
La lección no ha sido fácil. Estos son tiempos confusos para el universo masculino. Los mensajes que el hombre de los años noventa recibe respecto a lo que significa ser hombre no sólo son desconcertantes, sino muchas veces contradictorios. Por ejemplo; Bill Clinton, el presidente del país más poderoso del mundo, tiene que aceptar que el 60% de los norteamericanos piensen que su esposa Hillary haría una presidencia mejor que la suya.
Super suave
La revolución no es nueva. Comenzó en 1970 con el surgimiento del llamado Hombre Suave . Este ejemplar idealista, bien intencionado, pacifista y ecologista, se preocupó no sólo de agradar a su madre, sino a la mujer que tenía al lado, que ya no fue su mujer, sino su compañera . Fue el hombre que fumó hierba e hizo el amor y no la guerra. John Lennon y Peter Fonda aplastaron al hombre de los años cincuenta bajo el signo de la paz.
Para el universo masculino, los ochentas fueron años de nueva energía y gloria. Las economías libres, las películas de Rambo y los gobiernos conservadores tenían ese agradable aroma a lo tradicional. Donad Trump manejaba Nueva York y Ronald Reagan y George Bush la Casa Blanca. Las guerras pasaron del lejano oeste a la Bolsa de Valores y, al igual que McCoy, el hombre de los ochentas también tuvo un enemigo con quien lidiar.
Sin embargo, aunque la batalla fue exitosa, el botín obtenido no fue suficiente para cubrir las pérdidas y, mucho menos, para dar un nuevo sentido al ser hombre . Trump se declaró en quiebra y tuvo que pagar un millonario divorcio que dejó a su esposa rica, famosa, libre y feliz. Rambo Stallone tuvo que tragarse sus hormonas cuando encontró a su esposa, la andrógina Brigitte Nielsen, con otra mujer en su cama. Ronald y George vieron desaparecer su poder en manos de un hombre que no sólo apoya la entrada de los gays al Ejército y el derecho al aborto, sino que además tiene una esposa profesional, exitosa y carismática. Y Superman, el máximo ejemplo del poder y el ejemplo masculino, falla por primera vez en los comics y muere destrozado en los brazos de su amada.
Los años noventa encuentran al hombre en estado de confusión total. Hoy da lo mismo ser socialista que momio, libremercadista o estatista. Las guerrillas que antes lucharon por el ideal de libertad, ahora luchan por unos gramos de cocaína. Hasta la guerra del Golfo, la más segura de todas, la eterna, la que nunca se iba a acabar, no duró más que un par de meses.
Las mujeres tampoco son lo que eran y ahora cualquier hombre que se quede sentado leyendo el diario mientras su pareja se levanta a lavar los platos corre el peligro de ser llamado cerdo machista . Si uno le comenta a la compañera de oficina o universidad qué bien le queda la minifalda, puede terminar en un juicio por acoso sexual .
En medio de toda esta confusión, los hombres han optado por el silencio y por el llanto. Atrás quedaron los machos recios y los hombres fuertes. Bienvenido sea el poeta y el romántico. Un nuevo héroe que se ejemplifica en la imagen de un Anthony Hopkins en Lo que queda del día, un tipo de silencios y lágrimas contenidas, o de Ethan Hawke en Antes de Amanecer, mirando con timidez y jugando juegos tontos pero cotidianamente simples con su compañera, juegos que a McCoy le hubieran dado vergüenza.


EL SALON DE LA JUSTICIA

Creo que los superhéroes constituyen por lejos la mitología popular más autóctona del siglo XX. Claro, esto no es sólo mío. Más que “Star Trek” o “Star Wars”, el universo de vigilantes de colores han formado parte activa de nuestra cultura por casi 65 años y hoy por hoy, gracias al éxito del escalaparedes de Marvel, está más vigentes que nunca.

Este artículo fue publicado en la revista “CÁPSULA”, creada por la gran Paloma Soto de Chile. Un medio especializado en cómics y ci-fi, con corta e injusta vida. Esto apareció en el número 2 de esa publicación, fechada en Julio del 2002

Superhéroes: los 10 mandamientos


  1. Un poco de trivia, la palabra Superhéroe fue uno de los primeros tratos amistosos entre Marvel y DC. Cuando ambos pulpos del “pulp”, valga la redundancia, por inexacta que sea, vieron en su horizonte aparecer nuevas editoriales con panteones de vigilantes enmascarados, decidieron inscribir la palabra, de modo que sólo en sus títulos pudiera usarse. Esta es la razón de porque en títulos de Image y otras empresas jamás se han mencionado a sus personajes con la palabra superhéroe. Cosas del cómic.
    En fin, este especial de “Cápsula” esta dedicado a nuestros queridos vigilantes de colores. Oportunista, si, lo confesamos, nos colgamos de la moda arácnida, pero la dura, nos encantan, tanto como nos mató Tobey Maguire como Peter Parker/Spider-Man y Kirsten Dunst en esa “inolvidable” escena de la t-shirt mojada. En fin… y siguiendo con el oportunismo, después de un brainstorming con la señorita Paloma Soto (AKA, The Boss) decidimos que lo mejor que podíamos hacer en la sección comics de este número era una guía con las 10 historias de superhéroes básicas para entender el género como la constitución de una mitología autóctona y contemporánea.

    1. Watchmen (Alan Moore y Dave Gibbons/DC Comics): El santo grial del género y piedra angular de todo lo que se puede decir sobre comic gringo de los ochenta. Más que una historieta, una novela dibujada y una narración al nivel de autores como Don DeLillo o Thomas Pynchon. Watchmen es un antes y un después, por lejos el mejor cómic de todos los tiempos. Moore y Gibbons construyeron la crónica de la historia alternativa de unos Estados Unidos en los que los Superhéroes fueron una realidad y a partir de esa premisa se atrevieron a examinar de qué forma estos seres, de haber sido reales, hubieran cambiado las cosas. Sencillamente una obra maestra, con innumerables lecturas y sorpresas en cada repasada. Secreto, léanla al revés, empezando del 12 hasta el 1, se darán cuenta de una rara sincronía… lo dice el prólogo, faltan 12 minutos para el fin del mundo… muy cierto.
    2. El Regreso del Señor de la Noche (Frank Miller/DC Comics): Un trabajo brillante en amor a un personaje y a un arte. Miller agarra a Batman, lo saca de contexto y nos traslada al futuro de su historia, cuando a una década de su ultima aparición decide ponerse la capa nuevamente. En una ambiente similar a La Naranja Mecánica, este Batman alcohólico y viejo se alza como la cabeza de una rebelión terrorista contra el fascista gobierno de Estados Unidos y su principal arma estratégica. Superman. Un clásico absoluto, lástima que el propio Miller lo echara a perder con la innecesaria e interrumpida segunda parte (El Señor de la Noche Contraataca) que esta siendo publicada por estos días. Lo siento por los Millerianos, pero yo prefiero quedarme con el original y pensar que DK2 es n mal chiste.
    3. Batman: Año Uno (Frank Miller y David Mazzuchelli/DC Comics): El origen de Batman narrado en clave de novela negra, con la voz en off y el protagonismo absoluto del teniente James Gordon, un recién llegado a la Policia de Ciudad Gótica que en los próximos años llegará a ser Comisionado del Departamento y aliado del misterioso Batman. Lo mejor de este cómic es la casi ausencia de Batman, en favor de la presencia de un petulante Bruce Wayne que busca la forma de vengar la muerte de sus padres. Tampoco hay villanos bizarros y si mucha mafia, gangster, corrupción policial y problemas maritales. Muy en el tono de la película Los Angeles al Desnudo, un cómic que pide a gritos una adaptación cinematográfica, con mucha oscuridad, ambiente y sin capas, antifaces ni “batgadgets” multicolores.
    4. Daredevil: Born Again (Frank Miller y David Mazzuchelli/DC Comics): la misma dupla anterior se da cita en uno de los superhéroes más interesantes pero menos conocidos masivamente de Marvel, Daredevil, el vigilante ciego, el alter ego del abogado neoyorquino Matt Murdock. Miller hace uso de toda su obsesión católica en este cómic, construyendo su narración como un brillante remake de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Daredevil experimenta en carne propia sus peores demonios, es destruido por el Kingpin, su archienemigo por antonomasia, pierde lo que más ama y luego resucita en si mismo, no como un mesías, sino como lo que siempre ha sido: un hombre llamado Matt Murdock
    5. Superman: ¿Qué le sucedió al hombre del mañana? (Alan Moore, George Perez y Curt Swan/DC Comics) Antes de que John Byrne escribiera de cero la historia de “Superman”, DC encargó a Moore la tarea de escribir al última historia del llamado Superman de la era pre-crisis, una especie de muerte del hombre de acero, diez años antes de esa olvidable maniobra comercial de mediados de los noventa. ¿Qué sucedió con el Hombre del Mañana? Es algo así como la versión luminosa de El Señor de la Noche Milleriano, una historia contada desde un futuro cercano que narra lo que ocurrió la última vez que Superman fue visto en la tierra. Quien cuenta la historia es Lois Lane, testigo presencial de los hechos y protagonista de una historia en que los principales enemigos del hombre de acero descubren los secretos del último hijo de Kripton y los usan para acabar con él. Ingenua pero majestuosa, tal vez el mejor requien súperheroico de la historia.
    6. La Edad de Oro (James Robinson y Paul Smith/Dc Comics): Presentado como un Elseworld, esta miniserie de cuatro números reconstruye la historia de los héroes de la década de los 40, cuando tras el fin de la Segunda Guerra Mundial se enfrentan a un mundo que ya parece no necesitarlos. Robinson tuvo la brillante idea de no usar a los personajes mas conocidos de esta etapa, como los miembros de la JSA, sino centrarse en esos segundones que a nadie parecían interesarles. Un contexto histórico que encaja perfecto en la ficción, mucha política e historias personales. Alusiones a drogas, conspiraciones y problemas sociales, todo mezclado en un cómic MAYUSCULO de y sobre superhéroes. Brillante de principio a fin. Comparable a Watchmen desde muchas lecturas, una miniserie absolutamente imprescindible.
    7. Astro City (Kurt Busiek, Alex Ross y Brent Anderson /Homage-Wildstorm): Kurt Busiek es por lejos el tipo que mas amor le tiene a los superhéroes. Sabe de ellos, le encantan y los escribe como un dios. Y como tal quiso homenajear al género con esta historia acerca de una gran ciudad norteamericana sobre poblada por héroes multicolores. En Astro City no hay personajes conocidos, pero todos citan a algún ícono. El Samaritano es Superman, de la misma forma que Confesor y Altar Boy son Batman y Robin, Victoria Alada es la Mujer Maravilla y la Primera Familia los Cuatro Fantásticos. Astro City es una antologia-homenaje a las grandes historias en la que los súper poderosos son vistos a través de los ojos de la gente de la calle. Notable es la historia del Samaritano y sus deseos de volar aunque puede hacerlo, o la saga del Confesor o la impactante historia de amor del Astro City 1/2. Alguien dijo por ahí que esta serie era algo así como un libro de cuentos, una visión Carveriana de los superhéroes, pues quien lo haya dicho, toda la razón.
    8. Rising Stars (J.Michael Straczynski y varios dibujantes/ Top Cow-Joe´s Comics) Hace dos décadas un meteoro chocó contra la Tierra en las cercanía de un pequeño pueblo del centro de Estados Unidos y su energía irradio a 200 niños que estaban en gestación en ese momento. Dos décadas más tarde hay superhéroes y supervillanos en el país, todos provenientes de un mismo lugar, todos con un pasado en común, tal vez fueron amigos o tal vez ni siquiera se dirigieron la palabra. Pero se conocen y como tal, saben cada secreto del resto. Tras renovar la ciencia-ficción televisiva con la brillante Babylon-5, Straczynski debutó a lo grande en el mundo del cómic con esta obra de 24 números, construida y contada como una gran novela coral, deudora más de la narrativa de Faulkner o Fitzgerald que de Stan Lee. Tal vez el gran cómic intimista de superhéroes. Una obra brillante.
    9. La Liga de Extraordinarios Caballeros (Alan Moore y Kevin O´Neill /American Best Comics-DC Comics): La desconcertante historia del primer equipo de superhéroes del mundo, un team conformado por personajes de novelas de fines del siglo XIX. Moore construye su aventura en un Londres ucrónico, deudor de la mejor estética steampunk, lleno de máquinas de anacrónica tecnología y diseños bizarrísimos. El Capitán Nemo (de las novelas de Julio Verne), el Dr. Jeckyl (del libro de Stevenson), el Hombre Invisible (de H.G. Wells), Mina Murray (de Drácula de Stoker) y el Dr. Quatermain (de Las Minas del Rey Salomon) son reunidos por el servicio secreto inglés para investigar el robo de la Cavorita (de H.G.Wells), un mineral radioactivo y su posible uso ofensivo contra Londres. Una miniserie de 6 números que es una delicia de principio a fin, consíguela ya. Ojo, que el 2003 viene la película. Sean Connery ya firmó para el rol de Quatermain y ese bombón italiano llamado Mónica Belluci también dio el ok para el papel de Mina.
    10. Amazing Spider-Man: Coming Home (J.Michael Straczynski y John Romita Jr/ Marvel Comics): ¿Qué hace este título en un lugar donde quizá debió estar Marvels? ¿O The Killing Joke? ¿O X-Men: La Saga de Fénix Oscura? Ok, Spider-Man está de moda, pero por último habría sido más acertado haberle dado el top 10 a La muerte de Gwen Stacy o a La última cacería de Kraven, tal vez las mejores miniseries dedicadas al amistoso arácnido. Pero filo, si la idea es apostar por un nuevo clásico yo apuesto por este. Straczynsky agarra a Peter Parker y lo mete en una historia donde el protagonista es su vida y sus poderes (la de Parker, se entiende). De alguna rara forma Coming Home es una especie de “Spider Knight Returns” pero más hogareña, con menos ultra violencia y más rollos internos y sicológicos. Coming Home es por mucho, la mejor miniserie dentro de una colección regular publicada en el último tiempo. Sin tanta amalgama de villanos bizarros y con mucho minimalismo narrativo, Peter Parker jamás había sido tan humano, tan real. Un tipo de 30 años, recién separado, que vive con su tía May y ha dejado definitivamente la fotografía para dedicarse a enseñar Química en su viejo high school… todo con un cierre realmente brillante y un par de preguntas rondando en el aire: ¿Qué fue primero, la araña o los poderes? ¿Y si hubiera otros como yo?

BESTSELLERLOGIA

Es más fácil torcer la mirada ante fenómenos como “El Código Da Vinci” o Stephen King, que reconocer su valor artístico. Así es la forma del Best Seller, la estética más básica en el encanto de contar una historia, la de entretener por entretener y leer por leer.

Este articulo fue publicado originalmente en Revista de Libros, El Mercurio. Marzo, 2004

LETRAS PARA LAS MASAS

Se ha dicho harto, que “El Código Da Vinci” es una gran hamburguesa con papas fritas. De hecho lo es. Y está bien que lo sea. Ese es su rol en el escaparate de las librerías y las mesas de noche de los lectores, nadie está aquí para decir otra cosa. Como nadie tampoco está aquí para negar el delicioso encanto de una buena hamburguesa con papas fritas. Pero no hay nada de despectivo en el ejercicio de comparar el libro de Dan Brown con un plato de comida rápida, todo lo contrario. Es verdad que a vuelo de pájaro “El Código Da Vinci” puede abordarse como una oportunista y ligera versión de “El Péndulo de Foucault” de Umberto Eco, pasado por el colador de esos clásicos paranoicos que son “El Retorno de los Brujos”, los “Caballo de Troya” y “El Enigma Sagrado” más un buen episodio de “Los Expedientes Secretos X”. Pero en esa misma mirada hay que ser ingenuos para pensar que bajo su forma –y fórmula- de best seller, “El Código Da Vinci” carece de valor artístico. Porque en la metáfora del fast food literario, el libro de moda de este verano está en definitiva mucho más cerca de la barra de la Fuente Alemana que de las bandejas de un McDonald. Y eso ya marca una diferencia.
La fascinación que despierta la novela de Dan Brown radica en el modo como gatilla el voyerismo más explícito del lector compulsivo, ese que no tiene nada que ver con James Joyce y la mal llamada literatura artística, sino con el placer primordial de leer una buena historia. El libro apela a esa fascinación infantil intrínseca que por siempre nos han despertado las aventuras, el misterio, los mitos populares, el cómic, el cine, la tensión sexual fácil y la morbosa educación televisiva que todos llevamos dentro. Torcer la mirada ante un libro como éste es caer en el mismo esnobismo de quienes desprecian los “Harry Potter” por ser infantiles y escapistas, cuando esa es precisamente la maravilla de su encanto. En sus respectivas esquinas en la arena de los superventas, los volúmenes de Dan Brown y J.K.Rowling son los hijos preferidos de la industria, el arma perfecta para seducir lectores, enamorarlos en el arte de narrar y conducirlos a las llamadas obras mayores de la literatura.
Casualidades. Hace poco leía en la edición online de un diario argentino como un crítico alababa la obra de Charles Dickens ante una lujosa reedición de “David Copperfield”, relegando en la misma página a “El Código Da Vinci” al puesto de un simple fenómeno menor de verano. Valida su opinión pero absolutamente contradictoria, los puntos en común entre Dickens y Brown son más de lo que aparentan. Es cierto, la ficción de Dickens influyó en cambios sociales en la Inglaterra victoriana y la de Brown está a años luz de lograr algo así –tampoco lo pretende-, pero en materia estética, la forma del folletín, de la soap opera, une ambos mundos. “David Copperfield”, “Oliver Twist”, los libros de Alejandro Dumas, Julio Verne, Robert Louis Stevenson, etc, son los “Códigos Da Vinci” de hace doscientos años. Seducían, maravillaban, era seriadas en los periódicos como si estos fueran el canal Sony de la época. Dickens escribía best sellers pero sus libros no era considerados ni populares, ni comerciales; ni alta gastronomía ni comida rápida. Eran simplemente novelas.
El año pasado cuando la National Book Foundation condecoró a Stephen King por su “distinguida contribución a las letras norteamericanas”, el esnobismo literario se levanto en dos frentes. Por un lado los contrarios a la nominación y por otro –tan previsibles como los anteriores- quienes saltaron de regocijo ante el reconocimiento que se le daba a lo más parecido a una estrella de rock que ha parido la industria editorial estadounidense. King, por cierto, merece este premio. Puede que parte de su obra sea olvidable, pero libros como “Carrie” y los relatos recopilados en “Las Cuatro Estaciones” están entre lo más valioso de la narrativa contemporáneo popular. Sin temor a exagerar, el espíritu “marktwainesco” de “It” esta más cerca de la ansiada gran novela americana que, digamos, “Middlesex” de Jeffrey Eugenides. Pero King tiene un gran pecado: ser él. Escribir terror y vender demasiado. Datos que levantaron la voz de Harold Bloom, acaso el más ferviente custodio de la tradición artística en la literatura occidental. Desde su tribuna, Bloom no tardó en señalar el terrible error del reconocimiento otorgado al autor de “El Resplandor”, un escritor a su juicio menor. Lev Grossman, crítico de la revista Time salió a la defensa de King con un argumento bastante decidor: los libros y los escritores no son ni mayores ni menores, son simplemente buenos o malos. En un ejercicio de autocrítica, Grossman observó cómo lo literario –para críticos y autores- se ha convertido en sinónimo de lo complejo y lo difícil de leer, donde la suma de pasar un buen rato y la ficción como arte se ha convertido en una combinación prácticamente imposible.
Pero el panorama no es tan negro como lo pinta Grossman. El límite entre la llamada estética del best seller y la literatura artística esta cada vez más borroso. Y no sólo por la legitimación de autores como Stephen King y J.K.Rowling sino gracias a las nuevas corrientes que soplan sobre el panorama narrativo occidental. El escribir para entretener, una premisa que por cincuenta años estuvo reservada a autores como Arthur Hailey y Tom Clancy, está contagiando a la selección seria de la literatura. Que la anteriormente citada “Middlesex” de Eugenides conjugue en sus casi setecientas páginas una saga familiar a lo Faulkner con elementos de ciencia ficción de kiosco y serie del canal Warner pone en alerta sobre las nuevas formas de la literatura. Michael Chabon (“Las Asombrosas Aventuras de Kavalier y Clay”) una de las voces más lúcidas de la novelística contemporánea, editó el año pasado “McSweenney`s Mammoth Treasury of Thrilling Tales”, una antología que reúne a gente tan diversa –y dispersa- como Nick Hornby, Neil Gaiman, James Ellroy y Stephen King bajo el encargo de escribir un cuento de aventuras, un relato a la antigua, sobre piratas, invasiones marcianas, corrupciones o héroes de antifaz. El resultado, uno de los volúmenes de relatos más saludables en mucho tiempo y un muestrario del lugar hacia donde, según gente como Grossman y el escritor Dave Eggers, conduce la nueva prosa.
Stephen King y fenómenos como “El Código Da Vinci” ponen a la crítica tradicional en la disyuntiva de haber pasado medio siglo alabando la prosa por su técnica, belleza y lenguaje obviando el gusto -casi inocente- que da un argumento contado con ganas e ingenio. Lev Grossman lo alerta en la conclusión de su respuesta a Harold Bloom: “la próxima ola literaria no vendrá de arriba sino de abajo, de los anaqueles de los supermercados”. Por eso que nadie se sorprenda si Dan Brown y sus conspiraciones se llevan algún premio en los próximos meses, si es por seducir lectores e invitar a leer ficción, su carrera ya esta ganada. Las hamburguesas llegaron para quedarse, esperemos que bien aliñadas.

HOMBRES SENSIBLES SUPERSONICOS

Comentar discos no ha sido mi especialidad, pero para un proyecto llamado URBANIKA fue uno de loas gustos que me di. Basicamente escribí sobre la música que me gustaba. Otra vez el buen ego. Los sonidos que me volaron el rostro. como Wilco, cuyo A Ghost is Born -y discografíacompleta- literalmente me sacudió el planeta.

Esta reseña fue originalmente publicada en el Nº 13 de Revista Urbanika, Septiembre 2004

Wilco
“A Ghost is Born”

5 estrellas

Hace rato que una nueva generación de músicos del primer mundo están basando sus carrera en desnudar sus sentimientos y gritarle al mundo que no son muñecos y que pueden -y tienen- derecho a llorar. Adiós a la escuela Gene Simons y su harem de groupies, bienvenido Leonard Cohen y sus lágrimas existenciales. El camino no es muy complejo, sólo hay que saber seguir las huellas de gentes como Bob Dylan, Elvis Costello, Tom Petty y en alguna medida Bruce Springsteen y actualizar el sonido lo suficiente como para que suene contemporáneo y vanguardista. El lado más meloso de la masculinidad se ha encargado de alzar –y con justicia- a nombres como los de Rufus Wainright, Gary Jules, Jeff Buckley y Stephin “The Magnetic Fields” Merritt entre otros. En la misma vereda se ubica –y con evidente ventaja- Wilco, quinteto norteamericano acusado de deconstruir el country y el folk a través de violentas inyecciones sónicas que pasan del uso de secuencias electrónicas hasta el coqueteo con instrumentos clásicos como vientos y cuerdas. Amados por la crítica, magros en cifras comerciales, la banda liderada por el carismático Jeff Tweedy se levanta como adalid de la independencia sónica y el nuevo pop inteligente norteamericano. El trabajo de Wilco -y en especial el de su último y quinto disco, A Ghost is Born- no se estructura en base a singles radiales, esa no es su idea conceptual. Así, la placa carece de formalidad típica. Evoluciona de Bob Dylan a Pink Floyd en una misma canción y sobre todo irradia pena: pena de hombre, sensibilidad con testosterona. Ojo con “Company in my back”, corte número 8, hace rato que no oíamos un sentimientos hecho canción con la preciosidad de este tema. A Ghost is Born es el disco de amor para los fanáticos de la ciencia ficción. Si por un lado las letras te sumergen en los estados más internos del corazón, por el otro los sonidos te hacen saltar por el hiperespacio en la nave más veloz de toda la flota galáctica. Rock evolutivo, pop de hombre, la música de Tweedy, asociados y sesionistas es un viaje melódico y sensible como rara vez se ve en una era que confía demasiado en los sonidos sintéticos. Un disco que podría haber sido hecho hace treinta años o perfectamente dentro de treinta años más, atemporal como el buen rock´n roll, perfecto como el sonido de una buena Gibson Les Paul. Uno de los mejores registros del año.