Archive | enero 2006

MASCARAS URBANAS (final)

La edad oscura

Justo Díaz Mellafe, estudiante de 3° año de Periodismo en la Universidad Católica, activo miembro del Gremialismo, simpatizante no devoto del Opus Dei y uno de los más brillantes cercanos a Jaime Guzmán fue quien tuvo la idea. A fines de 1979, el equipo de Guzmán –fundamentalmente abogados, periodistas, ingenieros y humanistas de la Universidad Católica- estaban dedicados a la redacción y creación de la nueva Constitución de la República, pedida por el gobierno del General Augusto Pinochet, la cual debería ser ratificada en las urnas el año entrante. Pero junto con la creación de esta nueva carta de gobierno y los planes de una revolución económica, también a cargo de jóvenes cerebros, se buscaba la creación de símbolos populares con los que el pueblo se identificara y viera en ellos la realidad del proyecto de libertad que era el motor con el cual el régimen de Pinochet se publicitó prácticamente desde el mismo 11 de Septiembre de 1973.
Díaz Mellafe conocía bien la historia de los superhéroes chileno y el modo como la pública figuración de Ordenipatria y La Selección Tricolor lograron ser sinónimo de seguridad y justicia en el inconciente colectivo de los chilenos. Sabía también que sus apariciones, junto a los gobierno de turno resultó fundamental en el apoyo popular a mandatarios como Alessandri Rodríguez o Eduardo Frei Montalva. Fue así como ideó la creación de la Junta Libertad y Justicia, llamada así con el abierto propósito de conectarla a la Junta Nacional del Gobierno. En su plan, este nuevo equipo de héroes debía de estar integrado por cuatro personajes, cada uno de ellos representante de las ramas de las Fuerzas Armadas, más una mujer joven y hermosa que actuaría como contraparte de los rudos vigilantes. Aunque nunca se confirmó de manera oficial, se sabe que Jaime Guzmán y un número importante de personeros civiles del gobierno militar vieron con muy buenos ojos la idea de Díaz Mellafe, tanto que le otorgaron presupuesto especial para acelerar el proyecto y así debutar con los Superhéroes del gobierno el mismo día en que fuera aprobada la nueva Constitución.
Al igual que con los primeros enmascarados oficialistas, fue Mario Uso el encargado de diseñar la Junta Libertad y Justicia. Este sería su último trabajo, ya que víctima de un cáncer al páncreas, fallecería el 5 de Mayo de 1981 a la edad de 72 años. Es una lástima que hasta el día de hoy, nadie reconozca la obra del principal creador de Superhéroes nacionales. De hecho, Uso es recordado como un gran artista sólo por sus colegas ilustradores, desconociéndose su labor como impulsor y responsable de la más peculiar mitología épica nacional del siglo pasado.
La JLJ, sigla con la que se hizo popular el team estuvo supervisada directamente por Pinochet y el resto de los integrantes de la Junta. Si cada uno de los personajes iba a ser la extensión “extraordinaria” de cada uno de ellos –y por ende la imagen de su rama armada- estos debían ser dignas figuras patrióticas. El General Patria fue el representante del Ejército y líder del equipo, un súper soldado en la tradición de Ordenipatria y el Capitán América, símbolo encapotado que llevada el logo del cóndor en su pecho y el escudo patrio sujeto del antebrazo izquierdo. El segundo en ser aprobado fue el Capitán Océano, azulado defensor de las Costas Chilenas, promocionado como el campeón submarino que en secreto había averiado a la Escuadra Argentina a fines del 79, responsable directo del cese de las hostilidades entre ambas naciones.
Fuerza Aérea partió llamándose Cóndor, pero por petición directa del General del Aire, Fernando Matthei se optó por nombrarlo con el mismo nombre de la rama de defensa del aire chileno. Eso si, su disfraz mantuvo las reminiscencias al ave símbolo de nuestro escudo. El representante de los Carabineros fue el más complicado de todos, ya que desde 1947, esta rama de Orden y Seguridad tenía a su propio campeón: Ordenipatria, quien había fallecido heroicamente a fines de agosto de 1969. Se propusieron nombres y diseños como Patrullero o Sargento Servicio, pero ninguno tuvo el porte y la dignidad del resto de los integrantes de la JLJ. Uso sería el responsable de convencer a los cercanos del General Mendoza, director de la policía uniformada, que los más apropiado era presentar a Ordeinipatria II, un rediseño del personaje original a modo de nueva versión. No muy convencidos, Carabineros de Chile aprobó al personaje. Completaba el equipo, Miss Chile, imagen de la hermosura, sensualidad y valentía de la mujer chilena, que con acierto usaba el nombre de nuestro principal concurso de belleza. La noche en que fue aprobada la Constitución de 1980, el Presidente Pinochet se presentó al país acompañado de la Junta Libertad y Justicia.
Y como antes había sucedido, el pueblo amó de inmediato a sus nuevos campeones.
Siete años duró en activo la JLJ. En este periodo protagonizaron un programa semanal emitido por el Canal 7[1], tuvieron una serie de historietas encargadas a una nueva generación de artistas[2], líneas de juguetes y apariciones estelares en cuanto evento organizara el régimen. Su imagen fue símbolo de estabilidad política y de apoyo de la gente al gobierno establecido tras el derrocamiento de la Unidad Popular. La construcción del Marxismo, como enemigo sobrenatural contra el cual luchaba el Capitán Patria fue fundamental a la hora de ver el modo en que la generación nacida y criada en los años ochenta ve hoy en día corrientes políticas como el Socialismo y el Comunismo. La importancia de la JLJ traspasó la esfera de la historia súper heroica nacional y se instaló como uno de los fenómenos socio políticos claves a la hora de hacer un recorrido por los dieciséis años de régimen militar.
En 1984, un joven dibujante de 18 años, Alfredo Pinzón-Escobar se hizo cargo de un nuevo proyecto relacionado con la JLJ, la creación de un equipo auxiliar formado por cadetes de trece años que peleaban contra el mal junto a sus súper mentores. La idea era diseñar cuatro nuevos personajes en los que las nuevas generaciones se identificaran. Que los niños chilenos entendieran que ellos también podían ser héroes, que la educación, la formación y el amor a la patria los hacía grandes no importando la edad que tuvieran. Así, junto al General Patria apareció Cadete Patria; Patrullero Juvenil acompañó a Ordenipatria II; Fuerza Aérea empezó a ser secundado por Pequeño Halcón y Grumete Maravilla hizo lo propio con el Capitán Oceánico. Pinzón-Escobar bautizó a su equipo adolescente como Libertad Juvenil[3], nombre que se dice fue aclamado con aplausos por el propio Pinochet. Pero Alfredo Pinzón-Escobar estaría poco tiempo a cargo de los dibujos y diseños de sus personajes, ya que en 1986, pruebas suyas fueron aceptadas por DC Comics y este joven talento no tardó en mudarse a Nueva York donde inició una exitosa carrera como dibujante de historietas a cargo de títulos tan emblemáticos como Ultimate Justice League, Batman: Tales of the Bat y Superman: The Kripton Squad para DC; Invincible Hulk y X-Men: Task Force para Marvel y por su puesto su propio titulo, The Imposible Five, publicado por Image en 1992, cómic directamente inspirado en su trabajo para la JLJ y Libertad Juvenil.
Aunque el atentado a Pinochet en 1987, donde ninguno de la JLJ hizo nada y el fin del gobierno militar en 1988 marcan oficialmente el termino de este escuadrón de poderosos enmascarados, lo cierto es que los primeros indicios de su crepúsculo empiezan a darse en 1986, cuando desde la oposición al gobierno militar se levanta la figura de un equipo contrario a los métodos y actitudes de la JLJ, conocidos como AMEN, siglas de Acción Mutante Encubierta Nacional, este sexteto de anónimos vigilantes vestidos de negro surgieron a partir de diseños y creaciones de artistas vinculados a los Partidos Socialista, Comunista e incluso a la Democracia Cristiana.
Con muchos menos medios que la JLJ, AMEN basó su actuar en programas cortos emitidos a través de Radia Cooperativa[4] y revistas en blanco y negro[5] distribuidas de modo clandestino en determinados kioscos y librerías de la Capital. Los AMEN decían ser los verdaderos héroes del pueblo, los postergados y relegados que se levantaban en la noche para pelear contra las injusticias de la dictadura militar. Para ellos, la JLJ no era más que la imagen de lo establecido, un disfraz del gobierno hecho para manipular y ocultar bajo sus disfraces de colores, políticas de terrorismo de estado. Para el General Patria por su lado, los AMEN eran la fuerza de ataque de una revolución maligna y marxista que se preparaba desde las sombras contra los valores patrióticos y libertarios del gobierno. Nunca se enfrentaron, a lo más la JLJ aparecía de vez en cuando arruinando los planes de sus némesis, mientras AMEN se burlaba abiertamente de lo conservadores y pechoños de sus contrarios. Las burlas eran abiertas y en las historietas incluían desde bromas al supuesto alcoholismo del Capitán Océano a fotos desnudas de Miss Chile, definida por ellos como la gran ramera oficial del gobierno. Pero AMEN tuvo corta vida, los superhéroes nunca –en ningún lado del mundo- representan ideales de izquierda. Todo lo contrario, son un modo bastante masivo de promover al fascismo.
Para fines de 1987, las mascaras urbanas habían desaparecido de acción. Para el Plebiscito de 1988, el público sencillamente había olvidado a la Junta Libertad y Justicia. De nada sirvieron sus spot junto a Pinochet para evitar que el NO ganara por amplia ventaja el 5 de Octubre, fecha en que muchas cosas cambiaron en nuestra historia, para siempre. AMEN corrió similar suerte.
En 1990 volvió la democracia, pero nunca más volvimos a ver superhéroes volando sobre nuestras cabezas. Puede que haya regresado la justicia, pero lo hizo sin la moda y el estilo de un ridículo traje multicolor. Al cumplirse veinte años del fin de esta era, lo cierto es que por raro que suene, cada día extrañamos más nuestras capas y máscaras.
¡Disfrázate Santiago!

[1] Junta Libertad y Justicia. TVN. Dirigido por Sergio Riesenberg y Eduardo Ravani, entre 1980 y 1987.
[2] La Fantástica JLJ. Varios Artistas. Ed. Mistral, 1980.
[3] Las Aventuras de Libertad Juvenil. Alfredo Pinzón-Escobar. Ed. Mistral, 1984.
[4] Transmisión AMEN. Radio Cooperativa, 1986-88.
[5] Beso Negro y AMEN. Varios Autores. Ediciones Trauko, 1986.

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MASCARAS URBANAS (3ª Parte)

La edad de plata

El mundo del cómic habla de los años sesenta como Edad de Plata, periodo en que el surgimiento de los personajes de Marvel, como Spider-Man, los Cuatro Fantásticos, Hulk y los X-Men, y la reformulación de los clásicos campeones de DC Comics le dieron un nuevo espaldarazo a la imagen del héroe disfrazado. Pero al contrario que lo ocurrido a fines de los treinta, en esta ocasión no se repitió en las grandes ciudades una plaga de sujetos anónimos intentando imitar las hazañas de los personajes de papel. Sí hubo denuncias de justicieros urbanos, cazadores de criminales que tomaron la justicia en sus manos, pero ninguno de ellos vistió un traje multicolor y cubrió su rostro con un antifaz ridículo. Esos tiempos ya eran historia y si debían regresar era por obra y gracia de la publicidad y campañas gubernamentales. Los superhéroes chilenos de la década de los 60 tuvieron más que ver con Ordenipatria que con El Sereno y –mucho menos- con el Llorón.
Nuestra Edad de Plata comenzó oficialmente el 30 de Mayo de 1962, cuando en la ceremonia de inauguración del Séptimo Campeonato Mundial de Fútbol en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, el Presidente de la Federación de Fútbol, Juan Goñi presentó ante la enardecida multitud a La Selección Tricolor, los vigilantes oficiales de Mundial y la nueva generación de Superhéroes Chilenos. La idea de crear este equipo fue del propio Carlos Dittborn, gestor del evento deportivo, fallecido meses antes. Dittborn encargó a un equipo especial del departamento de prensa y relaciones públicas de la organización del campeonato que crearan un símbolo. Pero uno diferente, concreto, más allá de las tradicionales e infantiles mascotas mundialeras. Pedro Fornazari, jefe de Prensa, contrató a Mario Uso, destacado y veterano ilustrador chileno de ascendencia italiana para que ideara este solicitado símbolo. Y Uso era sin lugar a dudas la persona idónea. En su currículo destacaba la creación y el diseño de Ordeinapatria, el más popular de los campeones patrios. El estudio de Uso y asociados propuso a la Federación la creación de un equipo de superhéroes inspirados en la Selección Nacional, el cual apropiadamente fue llamado Selección Tricolor ya que sus uniformes y capas ostentarían los simbólicos colores patrios. Juan Francisco Iturra, secretario de Prensa del Gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez vio con buenos ojos esta iniciativa y dio todo el apoyo del Estado a ella. La Selección Tricolor no sólo debía ser un símbolo futbolístico, sino también un icono de esperanza nacional tras el devastador terremoto de 1962. Y así fue. Tanto que jamás nadie se preguntó porque no habían aparecido un par de meses antes para ayudar a los damnificados en el pavoroso cataclismo que prácticamente sepultó a la sureña ciudad de Valdivia.
El propio Ordeinpatria, en su regreso a la acción, presentó en la inauguración del Mundial del 62 a la flamante Selección Tricolor, comandada por el delantero, Capitán Tricolor e integrado por Portero Tricolor, el rudo del equipo; Defensor Tricolor, el joven impetuoso; Juez Tricolor, el cerebro y arbitro y Señorita Tricolor, la bella de bellas, figura que no tenía mucho que ver con el fútbol pero que dio el toque sensual y femenino al equipo, además de aportar la siempre necesaria tensión sexual entre sus integrantes. Por casi ocho años, entre 1962 y 1969, la Selección Tricolor, acompañada Ordenipatria protagonizaron giras, radioteatros y revistas de historietas[1]. Inspiraron muñecos de acción y fueron el sueño de cada niño. Todos querían ser miembro de la Selección Tricolor. De hecho su popularidad sólo fue equiparada por la de los nuevos cantantes chilenos de la llamada Nueva Ola. Sin embargo, ni el arrastre de figuras como los Red Junior (cuyo nombre se pensó a partir de una estrategia para crear un equipo de héroes cantantes) o la de José Alfredo Fuentes tuvo el poder popular de un Capitán o un Portero Tricolor.
Pero el ritmo de las cosas cambió el 20 de Julio de 1969. Ese día el astronauta norteamericano Neil Armstrong pisó la superficie lunar. El acto no sólo marco un gran salto para la humanidad, sino el fin de los superhéroes como campeones favoritos de la imaginación. Los niños y adolescentes ya no querían ser vigilantes enmascarados, sino ir a la luna en un cohete. La carrera espacial dejó claro que no se necesitaban ni identidades secretas ni poderes extraordinarios para convertirse en el mayor de los héroes. Mario Uso y su equipo de dibujantes intentaron darle un nuevo impulso a la Selección Tricolor, matando al veterano Ordenipatria en una de las aventuras más tristes de la historia superheroica nacional y reemplazándolo luego por Astro Chileno, el primer cosmonauta de este lado del mundo. Pero no dio resultado. Como tampoco sucedió con la magnífica boda de Señorita Tricolor con Capitán Tricolor. Evento esperado por años pero que, paradójicamente, cuando sucedió, no fue aclamado por las masas. El 20 de Febrero de 1970 se disolvía la Selección Tricolor y con ella acabó nuestra edad de Plata.
Pasarían diez años antes de que volviéramos a tener nuevas Máscaras Urbanas. (CONTINUARA)

[1] Las Asombrosas Aventuras de Ordenipatria y la Selección Tricolor. Varios Autores. Ed. Zig Zag, 1964.

MASCARAS URBANAS (2ª Parte)


La historia oficial

El primer superhéroe oficial de Chile fue Ordenipatria. Y uno de los pocos ampliamente conocido por la masa. Aunque claro, jamás arriesgó su vida luchando contra malhechores y no fue más que la pantalla publicitaria con la que Carabineros de Chile festejó sus primeros veinte años de vida institucional. El 27 de Abril de 1947, ante la presencia del Presidente Gabriel González Videla, la policía uniformada se unió a la moda de las capas y antifaces. Ordenipatria fue el supercarabinero, la capa oficialista de las fuerzas de orden y seguridad. Un aviso publicitario andante, de carne y hueso. El absoluto guardián de la ley y la justicia en Chile, la primera obra maestra de la publicidad nacional. Por todo 1947, la imagen de Ordenipatria apareció en portadas de revistas, avisos en diarios y radioteatros a lo largo y ancho de la extensa geografía chilena. Se publicaron tiras cómicas en diarios e incluso se vendieron figuras articuladas del personaje, que fue encarnado por cinco suboficiales de Carabineros distintos. No era un superhéroe de verdad, pero simbolizaba todo el poder del mito que sucedía en las calles de las grandes ciudades chilenas. No era un real vigilante, pero si el único que se convirtió en estrella y símbolo sociocultural del Chile de mediados del siglo pasado. Su imagen hizo que la Escuela de Carabineros prácticamente duplicara el número de postulaciones. De paso se convirtió en símbolo absoluto de la llamada raza chilena, cuando en 1948, acompañó al Presidente González Videla en la fundación de la Base Bernardo O´Higgins, primer bastión de presencia nacional en el territorio Antártico.
Ordenipatria, el primero de los disfrazados que llevó este nombre, fue lo más parecido a Superman o al Capitán América que hemos tenido, pero también la primera piedra en el entierro de esta primera generación de vengadores callejeros nacionales, el final de nuestra privada Edad de Oro.
El 28 de noviembre de 1948 fue hallado bajo el Puente Pio Nono, a un costado de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile el cadáver de Salvador Guillen Valdivieso, ingeniero de 40 años, soltero y figura bastante conocida de la socialité Santiaguina. Su cuerpo estaba mutilado, con más de 30 puñaladas, cortes profundos y estoques. Guillen Valdivieso vestía el disfraz de El Sereno. Aunque claro, de eso jamás se dijo nada hasta muchos años después[1]. Por las mismas fechas el llamado Ángel Rojo también desapareció de escena. Al igual que Caupolicán, en Concepción, cuya última acción documentada apunta al 3 de marzo de 1947. La Viuda y el Llorón fueron los que más estiraron su cruzada, existiendo referencias de apariciones de los siniestros vigilantes porteños hasta bien entrada la década de los cincuenta. (CONTINUARA)

[1] Sereno, el Misterio Guillen. Javier Ruiz y Victoria Zuñiga. Publicaciones Castillo, 1992.

MÁSCARAS URBANAS (1ª Parte)

Hace dos décadas, nuestros superhéroes desaparecieron para siempre. La política y la realidad los convirtió en un mito olvidado. Desempolvamos recortes y relatos anónimos, para contar la historia más invisible y al mismo tiempo multicolor que se desarrolló en las calles de Santiago de Chile.

Inédito

Una crónica verdadera


Esta es una historia imaginaria, pero acaso no lo son todas
Alan Moore

El sociólogo Colin Campbel lo sostiene en su excelente ensayo, Mascaras Urbanas[1]: la fecha más importante en la historia del siglo pasado fue el 1 de Junio de 1938, cuando en el Nº 1 de la revista Action Comics se presentó al público un personaje llamado Superman. El día en que el mundo conoció la palabra y el concepto de superhéroe. Y desde entonces las cosas nunca fueron iguales. Un año después, tontos -un poco locos, un poco enfermos- comenzaron a vestir disfraces de colores y a defender con sus propias manos los valores de la verdad y la justicia en las grandes capitales del mundo. La mayoría no duró mucho. Cayeron por sus propios errores y balas perdidas (también directas) de los villanos que intentaron atrapar. Así, mientras DC Comics y otras editoriales le hacían creer al mundo que los vigilantes disfrazados, con poderes extraordinarios, eran cosa de tintas, imaginación e historias de escritores y dibujantes, las actas policiales de Nueva York, Londres, París, Ciudad de México y Buenos Aires escribieron una historia secreta muy distinta, la de los verdaderos superhéroes. Anónimos multicolores que desde las sombras de sus ciudades redactaron una peculiar y particular lucha entre el bien y el mal.
Santiago de Chile no fue la excepción.
El primer superhéroe chileno del que se tiene reporte, pues lo más probable es que haya habido uno o varios antes, apareció en junio de 1941. El Sereno se inspiraba en una imagen típica de la colonia chilena, especie de policía nocturno del siglo XVIII. Pero claro, la versión del 41 resultó muy distinta de aquella, estando mucho más cerca de Green Lantern, un personaje aparecido en las páginas de All Star Comics en 1940, campeón que combatía el crimen con la ayuda de un anillo dotado de poderes maravillosos. Pero el Sereno no llevaba un anillo, sino una linterna de gas usada en el ferrocarril. Y aunque ésta no tenía ninguna facultad increíble, sirvió para darle al campeón su identidad y personalidad. Como el mismo Sereno lo declaraba en sus recados a la policía, ser el portador de la luz santiaguina. Del resto, se encargaban sus puños y Lucero, un fiel y bravo pastor alemán que lo acompañó en sus primeras andanzas. Y que fue el primero de estos peculiares personajes en caer bajo las balas del mal.
El Sereno no fue un personaje muy activo. Jamás peleó cuerpo a cuerpo contra delincuentes realmente poderosos. A lo más se dedicó a atrapar ladrones y pillos de mala muerte. Era solo un tipo con un disfraz ridículo que intentó hacer la diferencia a su manera. Los diarios de la época dieron cabida a sus hazañas, pero siempre desde la mirada de la nota curiosa. Era sólo un sujeto extraño, que llevaba una mascara, una capa ridícula y que se dedicaba a atrapar uno que otro pillo con regular frecuencia. Se sabe que Carabineros le llevó un expediente, pero tampoco se trató de algo muy serio. Simplemente lo dejaron ser. No molestaba. Era un loco, igual que tantos otros que merodeaban por la capital.
Distinto fue el caso del vigilante que apareció poco después de El Sereno y que por casi diez años, entre 1942 a 1951, operó en Valparaíso. El Llorón vestía de negro, operaba tres noches a la semana y sus métodos rozaban los de los delincuentes que decía combatir. El Llorón era peligroso, de eso no había duda, por lo mismo fueron abundantes las escaramuzas de la policía del puerto por atraparlo. Al contrario que su colega Santiaguino, El Llorón no huía de las armas, operaba con un par de revólveres y una especie de báculo de metal. Quienes se enfrentaban a él salían muy mal heridos. Lo peor es que parecía no distinguir entre malhechores y policías. Se sabía que combatía el crimen, pero también que enfrentaba con la misma pasión a quien se cruzara en su camino. El Llorón tomó su nombre de un personaje de la mitología popular de la zona central de Chile, el de la Llorona, mujer fantasmal que gritaba sus penas a la noche. Vestido de negro, de pies a cabeza, con una capa en forma de capucha, El Llorón decía ofrecer su cruzada nocturna como una forma de pagar sus culpas. Más que un héroe propiamente tal, el encapotado de Valparaíso se convirtió en sinónimo del más puro de los horrores nocturnos que pudiese proyectar nuestro puerto principal. Es verdad, El Llorón fue nuestro Batman y la exótica geografía urbana de Valparaíso, nuestra versión de la Gotham City de los cómics.
Para 1943, mientras el norte del mundo intentaba sobrevivir a la gran guerra, las calles de Santiago, Valparaíso y Concepción vivía su propia y peculiar aventura. Aunque los medios los ignoraban, el boca a boca, el rumor que hace leyenda, hizo de nuestros héroes locales parte importante del folklore urbano de fines de la primera mitad del siglo XX. En Santiago, al Sereno no tardó en unírsele Ángel Rojo, al porteño Llorón comenzó a acompañarlo una siniestra mujer que se hacía llamar La Viuda, mientras las radios y los barrios de Concepción y Talcahuano decían ser protegidos por un musculoso gigante bautizado como Caupolicán. Fue este último quien marcó la pauta la atrapar a una banda completa de maleantes en el puerto de San Vicente, los que aparecieron una mañana golpeados y amarrados junto al botín robado y a una carta en la que la firma de Caupolicán, El Gran Toqui, declaraba ser el nuevo y fiel protector de la metrópolis penquista. El Diario El Sur de Concepción fue el primer medio importante en dedicarla el titular de primera página a un vigilante urbano local. (CONTINUA…)
[1] Disfrazados, Colin Campbel, Ediciones Dobleverso, 1997

DREAM THEATER: CONVERSACION EN LA CATEDRAL

Hace un mes, en PLC estamos a cargo de la versión chilena de Rolling Stone. Y mi primera pega para la revista fue cubrir el concierto de Dream Theater, banda con la que tengo una conflictiva aproximación.

Publicado en ROLLING STONE, enero 2006.

Dream Theater en Chile.

Pista Atlética, Estadio Nacional. Martes 6 de Diciembre, 21:00. La banda seminal de la nueva corriente del rock progresivo, deleitó por casi tres horas a una legión de seguidores que bordeaban la devoción religiosa.

20 mil almas, mayoritariamente masculinas, respondieron al unísono cuando las luces del escenario se apagaron y empezó a escucharse in crecendo la música incidental de La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick. La cuenta regresiva para una fanaticada fiel e incondicional estaba a punto de llegar a cero. Una línea de focos se encendió en la parte más alta del stage, mientras el golpeteo de baquetas de Mike Portnoy, baterista y líder natural del conjunto, daba inicio a “The Root of all Evil”, primer tema de esta cita con una de las bandas más idolatradas del circuito. Porque si bien Dream Theater no es sinónimo de éxitos masivos, la banda neoyorquina debe arrastrar una de las fidelidades más religiosas dentro de la escena roquera. Y eso se nota en cada reacción de sus seguidores, los brazos en alto, los gritos de incredulidad y la cantidad exorbitante de adolescentes y no tanto, vestidos con camisetas negras decoradas con el arte de discos tan emblemáticos como Image and Words y Awake, placas sacrosantas para los cultores de un grupo que dio en el clavo al unir la potencia del heavy metal más clásico con el manierismo del llamado rock progresivo. “Son una mezcla entre Metallica y Rush, con algo de Maiden y Yes”, argumentó un fan cuando los acordes de “Panic Attack”, dieron pie a la segunda cita de la noche, extraída de Octavarium, el trabajo más reciente del quinteto.

A Evening with Dream Theater fue el nombre de la gira que los trajo por primera vez a Chile, escala donde el grupo dejó en claro el fervor eclesiástico que enciende entre sus incondicionales, porque la presentación de estos campeones del heavy progresivo fue similar a una misa celebrada dentro de una catedral de luces, amplificadores, guitarras, bajos, baterías y sintetizadores.

El sonido en vivo comenzó a encontrar su equilibrio a partir del segundo tema y de ahí no bajó su nivel, rozando la perfección en “Under a glass room”, nivel que no se perdió ni bajó a lo largo de todo el concierto. Y el dato no es menor. Famosos globalmente por el virtuosismo de sus composiciones, uno podría criticarle muchas cosas a la banda del guitarrista Joe Petrucci, menos el descuido en su puesta escénica. Desde la perspectiva técnica, Dream Theater no sólo cumple, sino brilla. Los peros hacia ellos van por otro lado. Como Rush en los 70s, banda con la cual es fácil reconocer más de una similitud, los Theater saben nadar con eficiencia entre lo barroco del rock sinfónico y la potencia del hard más pesado. Canciones con estructura de suite que superan los siete minutos, riff de guitarra y bajo a velocidad supersónica, teclados de otro planeta y el set de batería y percusión más grande y completo que una banda haya puesto en suelo chileno respiran en las antípodas de lo que se entiende por rock. Dream Theater está a años luz de los llamados cuatro acordes básicos y en su obsesión de sobrecargar su dominio se instauran como una negación absoluta a la simpleza de la melodía y el ruido que han hecho del rock lo que es hoy en día. Pero claro, la cancha de Dream Theater es otra y gustos aparte, en su arco golean con la maestría de los grandes. Y si hay un detalle que siempre les juega a favor, es que saben reconocer sus influencias, “Peruvian Skies”, uno de los temas que cerró la primera hora de concierto, se dio el lujo de citar fragmentos de “Wish You Were Here” de Pink Floyd y “Wherever I May Roam” de Metallica.

Tras una primera mitad centrada en sonidos más pesados, la voz de James LeBrie, cantante de Dream Theater, anunció la extensa suite “Six Degrees of Inner Turbulence” del disco del mismo nombre, obra conceptual que la banda usó para vomitar todo su virtuosismo –sólo de batería incluido- y descansar por 15 minutos tras el cierre de la primera parte del concierto.

Tras el interludio, la segunda parte de la cita se centró en revisar material del disco más reciente de la banda, excusa que los trajo por este lado del mundo. Tras un solo de teclado y efectos a cargo de Jordan Rudess, los colchones de sintetizadores se estiraron como overtura a los más de 20 minutos de “Octavarium”, suite de art rock del mismo nombre de la nueva placa. “Through her eyes” y “The Spirit Carries On” del laureado Metropolis Pt.2 –hasta ahora el mejor trabajo de la banda- fue la dupleta final que cerró las puertas del templo. Claro, ante los vitores de los fieles, hubo lugar para un doble bis con “Pull me Under” y la extensa “Metropolis, Part 1”. Cierre de transmisiones tras tres horas de rock hecho ecuación matemática.

Más allá de gustos y estilos, el lleno total y fidelidad casi católica hacia uan banda como Dream Theater deja nuevamente en claro la fidelidad del publico chileno por el rock de sonidos más clásicos. Petrucci y compañía hacen puente entre el heavy metal y el rock progresivo, dos corrientes con seguidores más allá de lo que imponen la moda y los ranking. “Podemos morir tranquilos, ya vino dream Theater, el próximo año viene Rush”, comentó más de un seguidor a la salida del estadio. Los dedos aun continuaban cruzados, como lasd baquetas de Mike Portnoy.

EL CODIGO BRUCKHEIMER

Hace poco volví a ver esta película, una hamburguesa perfecta de entretención para las masas. Un film al cual no hay que pedirle mucho, salvo acompañamiento con una buena bolsa con palomita, mantequilla y sal.

Publicada en Wiken el viernes 28 de enero del 2005

La Leyenda del Tesoro Perdido

De partida una certeza: “La leyenda del Tesoro Perdido” es la película más entretenida de la temporada. El best seller de moda, el videojuego top, la montaña rusa más excitante, el deportivo más potente, la chica más guapa todo en uno, cuidadosamente batido con el mejor de los jarabes, el de un Jerry Bruckheimer tan inspirado como en “Piratas del Caribe”. Porque hay que ser honestos, este filme de aventuras, protagonizado por Nicholas Cage, no le pertenece a su director, Jon Turteltaub, ni siquiera a su sobreactuada estrella principal. “La leyenda…” es de títulos a créditos finales responsabilidad absoluta de su productor: Bruckheimer, quizás el arquitecto con mejor ojo a la hora de convertir una película en un proyecto comercial.
La fórmula Bruckheimer en “La leyenda…” es simple. Agarra un tema de moda: las conspiraciones ocultistas en las altas esferas del poder (léase “El Código da Vinci”), le mete héroes simpáticos, un montón de estereotipos, la rubia más linda de la clase y una banda de sonido a cargo de un héroe del rock épico: Trevor Rabin, guitarra de Yes. Después simplemente acelera. Porque claro, “La leyenda…” coquetea con el mito de las sociedades secretas, los templarios, los francmasones y toda esa leyenda acerca de los enigmas que los fundadores de Estados Unidos repartieron en los símbolos de esa nación, como la pirámide de los Iluminati en el billete de dólar. Pero el vuelo a través del tan en boga thriller intelectual se queda sólo en eso: un coqueteo raudo, un repaso de chulismo inteligente para atraer a la masa lectora de Umberto Eco, porque lo que realmente importa del filme es su corazón. Y en el de “El tesoro…” lo que prima es la moral de matiné.
Benjamín Franklin Gates (Nicholas Cage) es un aventurero que ha dedicado toda su vida a encontrar el tesoro perdido de los templarios, oculto en algún lugar de los Estados Unidos. Para ello contaba con un socio, Ian Howe (el gran Sean Bean), un acaudalado industrial inglés con un pasado turbio, quien no tarda en traicionarlo para encargarse de la búsqueda por su cuenta. Antes de separarse, descubrieron que el mapa del tesoro está oculto nada menos que en el reverso de la declaración de Independencia.
Es curioso: estructuralmente, “La leyenda…” no se acerca a ninguna de las películas Bruckheimer, sino a lo que el productor ha hecho para televisión. El pariente más cercano son las series de la franquicia “CSI”, la más exitosa de la historia de la tv gringa. El modo de retratar a los personajes, de forzar las historias paralelas y de reconstruir el pasado es absolutamente televisivo y por ende uno de los detalles mejor logrados de la cinta. Como en un buen capítulo piloto, uno se encariña con los personajes, quiere más aventuras con ellos.
Si busca una película entretenida a mil para este verano, ya la encontró. “La leyenda del tesoro perdido”, es un motor turbo acelerado con pericia.

MONICA BELLUCCI AL DESNUDO…. CASI

Se acabaron las vacaciones y hay que volver a bloguear. Y que mejor que recomenzar con una chica guapa, para algunos la más guapa de las guapas: Mónica Bellucci. Esta fue la columna Chica Sobras que escribí inspirado en su… bueno, su persona

Publicado en Sobras.com el 24 de Julio del 2002

Mónica, bendita seas entre todas las mujeres

Con el título ya me gané la excomunión. El Vaticano y el Opus Dei me van a apuntar con sus mejores armas, porque claro, no se puede usar parte de una oración Mariana pensando en las formas de una mujer que es el pecado original encarnado. En fin, igual estoy tranquilo, porque si no lo saben, el único pecado sin perdón es la blasfemia contra el Espíritu Santo. Mencionar su nombre en vano (aunque sea en un chiste) es pasaje directo al infierno. Hasta el asesinato tiene perdón, pero hablar contra el Espíritu nones… la dura, es terrible, pero así son los dogmas. Así que con lo del título de la columna estamos bien, bueno, casi bien. Con más perdón, imagino que María Magdalena debió ser como Mónica Bellucci, la virgen prostituta de los Templarios, la verdadera portadora del Grial de los esotéricos, la tentación que hizo dudar hasta al hijo de Dios. Ya, ok, mejor paramos acá, no quiero acabar crucificado por grupos conservadores y esto es Chica Sobras, no una tesis religiosa ocultista a lo “Evangelion”. Puntos aparte, vamos con la diosa de hoy, los 33 años mejor formados de Italia, Mónica Bellucci.Antes de continuar algunas cosas. Primero que nada, NO SOY CRUCHAGA… Eso para todas las que le escriben a ese bicho sensible, jurando que es Francisco Ortega. No estoy autorizado para revelar el nombre verdadero de este petimetre, pero les aseguro que NO SOY YO. Además no soy tan esquizofrénico como para escribir de pajas y sensibilidades masculinas en un mismo medio. En otros lados tal vez, pero en Sobras no. Pasando a otras cosas, ok lectores, todo bien si algunas chicas no les gustan (Kristin Kreuk levantó encontradas opiniones), acepto que sugieran chicas y garabateen contra mí, total estamos en democracia. Pero eso es muy distinto a aceptar sus reclamos histéricos para que escriba de chicas que…¡¡¡YA SALIERON!!!… O sea, tropa de zopencos, lean, miren la barra lateral. Ocupen su segunda neurona. Gisselle Bündchen, “la novia de Di Caprio”, FUE Chica Sobras hace más de un año, igual que las M2M, en un bizarra columna llamada Placeres Culpables. Elisha Cuthbert subió hace menos de dos meses, igual que Estella Warren, Angie Cepeda, Cameron Díaz, Kylie Minogue y la mina de “Alias”, que se llama Jennifer Garner. Además nadie puede pedir a las perras de Porto Seguro o Axe Bahía, please… seremos pajeros, pero tenemos clase. Punto aparte a los que pidieron a la notable Sara Downing (exquisita) y a Rayén Araya, absoluto orgullo nacional. Si tienen fotos de la señorita Araya manden porque sólo así homenajearemos lo que ustedes han definido como el mejor escote nacional. En fin, y para terminar este paréntesis, felicitamos a nuestra querida Jennifer Garner, por haber sido elegida como “la mina más sexy del 2002” en la votación anual de nuestra biblia, o sea “Maxim”. Puta que tenemos buen gusto. Tanto que Kirsten Dunst, Tara Reid, Jessica Alba, Halle Berry, Eliza Dushku, nuestra adorada Leonor Varela y la actual Mónica Bellucci ocupan los primeros 10 lugares, puras Chicas Sobras, eso sin contar a Chyler Leigh, mencionada en la misma revista como el mejor debut sexy del año. En serio 1: somos demasiados maestros, mina que apuntamos, mina que se hace famosa. En serio 2. Sónico, el webmaster me va a matar por la cantidad de links en esta columna.Estoy caliente, la dura… híper joteado con ver “Irreversible” la polémica nueva película de Mónica Bellucci, que incluye sexo como quien pestañea y una escena de violación de diez minutos que promete dejar a los que alguna vez se han calentado (como si yo no) con el placer sadomaso de los comics de Drunna más que conformes. Entre terrible y caliente, los que han visto la película dicen que es capaz de dejarte marcando lelo, más que cuando la Colombiana se empelota por primera vez en “Pantaleon y las Visitadoras”. Y esa película me dejó mal, Angie Cepeda me dejo mal. Claro que ahí a la perra la trataban bien, en “Irreversible” es pura violencia sexual y eso es… filo, es no más, no sigo hablando porque ya me estoy haciendo mala fama. Igual, la sola idea de ver a Mónica Bellucci, amarrada y en pelotas, siendo sodomizada por un vagabundo, debajo de un puente … es mucho, nadie puede, no es humano… es de comic triple X, es…filo. Es lo que sea. Antes de seguir, no tomen muy en serio esta columna, con la ondita de los pedófilos y violadores, no es la idea que salte un tonto grave y acuse a Sobras de incitar la violencia sexual. No sé, lo digo para evitar sorpresas y cosas por el estilo.Certezas pajeras. Mónica Bellucci es la mujer más perfecta del mundo. Vale, hay otras que me gustan más, pero en verdad dudo que exista en este planeta un cuerpo más rico y acogedor que el de ella. Una forma más sexual y serpenteante que la de esta ex modelo y actriz italiana, heredera absoluta de esas carnales pasiones que Sofia Loren y Gina Lollobrigida fueron para nuestros padres y abuelos. ¿Han visto fotos de la Loren joven? Chucha, sólo les diré eso. En este mundo ha habido mujeres bellas y Sofía Loren… Unas tetas y un pellejo…La Bellucci es bella y ese es el punto. Es un animal absoluto, bíblico, estatuario, es la imagen absoluta del olor y la sexualidad de la HEMBRA con mayusculas. Verla y querer tirársela es lo mismo, verla y querer arrancarle la ropa es sinónimo, escribir esto y correr al baño es una necesidad. Latina, volcánica, erótica, mediterránea, eso es la Bellucci. Así nos lo ha dejado claro desde que la descubrimos, en su voluptuosa desnudez arrastrándose como víbora hacia el cuello de Jonathan Harker (Keanu Reeves) en “Bram Stoker´s Dracula”, la fallida pero interesante película vampírica de Coppola. Belleza europea y latina, rumana en la película, encarnación terrorífica de una de las novias del Conde… muérdeme Mónica, muérdeme donde quieras. Si yo fuera vampiro, hace rato que me la habría comido…Mónica es tal vez una buena chica, pero su cuerpo es pura maldad. Mirarla en códigos Miltonianos es imaginarse en su rostro al de Lucifer Mornigstar, el más hermoso y sublime de los ángeles, una criatura tan bella que hasta Dios se vio sobrecogido en su esplendor. Tan hermosa que su hermosura terminó convirtiéndolo en caído y maldito, en el ángel de la tentación. No me vengan con huevadas, con su mirada perdida, sus ojos negros, su melena que parece una salvaje llamarada oscura, sus caderas amplias y sus pechos insolentes, Mónica Bellucci es el reflejo absoluto del arcángel maldito. Si el diablo se me aparece en su forma, chucha, no me importaría quemarme en el infierno por toda la eternidad. Así, como un ángel maldito, la vimos en “Malena”, donde hizo hablar su cuerpo sin necesidad de abrir la boca, sus pechos recitaron mejor que Neruda, mientras su sexo amplio y húmedo acarreaba la peor de las maldiciones, la que todos deseamos.Mónica Bellucci es el animal que más queremos, el que necesitamos contemplar sin ropa. Es la mina en que pensamos cuando estamos con nuestras novias o andantes o lo que sea. Nos imaginamos cayendo sobre sus morenas formas, deslizándonos calientes por su espalda amplia, mordiendo sus caderas, chupando cada agujero de su delicada geografia. Apretando sus tetas de estaño, magníficas y adictivas. Moviéndonos sobre su cuerpo revelador, nombrándonos marqueses y condes de su entrepierna mojada mientras nos dejamos entrar al interior de su carne. Mónica Bellucci es simplemente lo que todos soñamos… lo que no debería existir, porque perturba, turba y masturba.

BLOG DE VACACIONES

Descanzzza el alma, descanzzza el cuerpo, descanzzza la mente… y también internet. Nos vemos en 7 días

GEN HBO (Final)

Y finalmente… the finale…

En la mente del hombre HBO

Me junté con Ortega en el restaurante de un hotel de pocas estrellas que queda frente a mi oficina. Le dije que necesitaba hablar con él sobre las series de HBO y que a cambio de eso, lo invitaba a almorzar. No fue complicado convencerlo; según me dijo antes, cree que es mala suerte rechazar una invitación a almorzar.
Pedimos casi lo mismo, carne con una especie de salsa agria, Ortega con arroz, yo con puré. Ortega dice que también debió pedir puré, que se ve mejor que su arroz. Es la única vez que se queja. Come rápido, casi nervioso, como si estuviera apurado, es un chico HBO pienso. Sería un buen extra de Los Soprano, un novio chileno para la hija de Tony. Dos capítulos y un balazo en la frente.
-¿Y la peor? -le pregunto.
-La peor qué
-Serie de HBO.
-No sé, Oz, pero porque nunca he sido muy fanático de ella. Prefiero las películas de cárceles con chicas. ¿Has visto las con Pam Grier, la mujer de Jackie Brown? Tanto desnudo frontal masculino me choquea. Yo no era de aquellos que no se duchaba en el colegio.
-Entiendo.
-The Band of Brothers me cansó. Me maravillé con el primer capítulo, bajé de intensidad en el segundo y apenas soporté el tercero. Seguí viéndolo por una cuestión de trabajo. La suma de los egos de Spielberg y Hanks terminó por patearme el estómago.
-No era mala pero era Salvando y salvando al soldado Ryan.
-Hey, ¿donde está el soldado?
-Exacto.
-No digo que haya sido mala, la producción era notable. Insolente de grandiosa.
Es buena la palabra insolente, la gente debería usarla con mayor frecuencia.
-Insolente también de solemne.
-Si. HBO no nació para hacer series históricas sino para hacer historias de lo contemporáneo.
-Bien dicho.
-Gracias.
-¿Qué crees que tiene HBO que no tienen los otros canales de series?
-Eso es como pedirme un mensaje para la juventud.
Se ríe, yo también, tiene razón.
-No es lo que tiene-, me dice, -de hecho no hay ninguna diferencia formal entre HBO y Fox; Warner, ABC o NBC. Todos funcionan más o menos con la misma estructura. Financian ideas de tipos creativos. Creen en equipos independientes y les dan las armas para triunfar en la industria.
-Esa es la mi teoría.
-Sí. Le dieron la oportunidad a gente como Chris Carter (The X-Files), Josh Wheddon (Buffy) o David Chase (Los Soprano), por nombrar a tres grandes de la industria dramática televisiva, tipos que hicieron de su nombre una marca registrada, un sello de calidad. En el mundo de los fanáticos de las series hace tiempo que no manda el nombre del actor protagonista, las leyes vienen de quien está detrás de una nueva producción. En la última década, los creadores y escritores de series han alcanzado el merecido estatus de directores de cine. Entre Carter y Spielberg hay puras diferencias formales.
-Vale, pero te alejaste de la pregunta inicial.
-Para allá voy. La diferencia de HBO es que es una señal pagada, una señal Premium, no como las otras. Esto hace que no tenga que regirse por los mismos códigos que el resto de los canales y le permite pasar por alto cuestiones de censura y conducta televisiva. Fox tiene los mismos medios y formas que HBO para hacer una serie, pero HBO tiene el plus de la libertad para hacer lo que quiere, además no necesita de un índice de audiencia para financiarse. En HBO nadie dice nada si sale una teta, en Fox o Warner se acaba el mundo. HBO es el sueño para cualquier guionista, te permite arriesgarte, crear, ir más allá, sin tener a las autoridades conductuales y económicas de un canal paradas encima. Six Feet Under, por ejemplo, es un lujo, pero un lujo imposible de vender a una señal como NBC o Warner. ¿Piénsalo? ¿De qué manera podrías vender la idea de una comedia que de comedia no tiene nada, sobre una familia de enterradores en la que la muerte es casi un personaje más? ¿Quién, con criterios comerciales y morales, financiaría los capítulos de una historia plagada de homosexuales católicos, esposas maduras y adulteras, adolescentes drogadictas y hermanos con fijaciones incestuosas?
Trato de pensar de qué manera y en quién, pero antes de dar con una forma, Ortega convierte su punto aparte en uno seguido y sigue hablando.
-Para eso está HBO, para agarrar estas ideas y darles formas. El resto de los canales gringos funciona bien con chicas ultraguapas, enfundadas en cuero, pegando patadas a quien se cruce por delante.
-Buffy-, respondo en contestador automático.
-Alias-, me corrige. -Es casi lo mismo, pero está mejor escrita.
-¿Y qué pasa con la forma de ver televisión? -le pregunto.
Ortega corta un trozo de carne, la mueve en la salsa y se la mete a la boca. Me hace un gesto de que espere mientras mastica.
-¿En qué sentido? -,me pregunta con la boca casi llena.
-En el de las costumbres, la fidelidad del fanático… -le respondo.
-Eso cambió desde antes de lo del Gen HBO, vino con el cable. Lo que hizo HBO fue convertir en fanáticos a gente que no ve mucha tele. Es la diferencia que hay entre los fans de Friends y los seguidores de Los Soprano. Friends le gusta a casi todo el mundo, pero nadie se muere si se pierde un capítulo. Friends la ve la gente que no tiene friends. Con Los Soprano es distinto, no le gusta a todo el mundo, pero el público es más fiel, más adicto. Se siente mal si se pierde un capítulo. Se juntan con sus amigos, con sus friends, a verla.
O, pienso, están dispuestos a perder a sus amigos con tal de ver a sus personajes favoritos.
-Hay también un estatus, no se de qué, pero definitivamente de algo. Como que las series de HBO son más elitistas… -teorizo.
-Exacto… No sé como explicarlo, pero es verdad. Como que me es fácil imaginar a un ministro o a un abogado mirando Los Soprano, pero no veo a esa misma persona mirando una serie en Warner. Y no es porque estas sean peores, sino por una cuestión que va por encima. Un estatus televisivo. La televisión es para la gente normal, ni tonta, ni brillante, ni fea ni linda. HBO es más que eso, es televisión para la gente inteligente, es televisión con clase, con estilo. HBO es el canal que ven los no sé… los poderosos, los influyentes, los brillantes, los lindos. Decir que eres adicto a Six Feet Under es como decir que haces clases en una universidad. Da estatus
-El gen HBO
-Exacto
-Después de todo esto no es televisión, es HBO -cito el tagline con el que definen al canal.
-Y no es chiste – asegura.
-¿Y cómo ha influido el Gen HBO en la crítica televisa? -le pregunto.
-Ser crítico de televisión ahora es mucho más cool que comentar cine. Se dio vuelta el pastel. Antes de HBO, hablar de televisión era como el hermano pobre de la crítica de espectáculos, ahora tiene mucha más onda que escribir de cine. Incluso es más respetado.
-Pero tú también escribes de cine -contraataco.
-Es cierto, pero es la tele la que me paga el departamento.
Más datos biográficos. Aparte de escribir de televisión en Capital, Ortega comenta cine para el suplemento de espectáculos del diario El Mercurio y redacta una exitosa, honesta y onanista columna online de crítica a chicas famosas y guapas e ideales para pensar en ellas a la ahora de masturbarse en el portal bizarro-adolescente que es Sobras.com. Aparte de eso, es editor de la revista-guía de una de las empresas de cable de Chile. Ni idea de donde saca tanto tiempo para hacer lo que hace, ver tele y existir. Se lo pregunto.
-No tengo vida privada. Veo más tele de lo que salgo, además de que me gusta gano plata haciéndolo. Es como ser prostituto catódico.
Este tipo está loco, pero le funciona, uno le cree. Eso es una virtud.
-Volvamos a lo de la crítica -le pido-. ¿Por qué ahora es tan cool escribir de televisión?
-Por la misma razón que hoy es mucho más cool escribir, dirigir o actuar en buenas series que en películas. De hecho la entrega de los Emmy es mucho más interesante, impredecible y entretenida que la ceremonia de los Oscar.
-¿…?
-Hoy por hoy, las series de HBO son por lejos las mejores “películas” que hay en el aire. HBO ha hecho por la televisión lo que Sundance hizo por el cine gringo a fines de los 80. Convirtió a la pantalla chica, odio esa definición, en un lugar mucho más interesante que el cine. En el sitio para descubrir para donde va la cosa en la industria de las artes narrativas y dramáticas. Velo de este modo, Sex and the City es la mejor comedia romántica desde Annie Hall…
-No estarás exagerando.
-Bueno, desde Cuando Harry conoció a Sally.
-¿Y Los Soprano?-, me gustó el juego.
-La película de mafiosos definitiva. Ni Scorcese, ni menos Coppola van a llegar más lejos en el género que David Chase. Este tipo, gracias a sus carismáticos gangster de Nueva Jersey, renovó un estilo completo. ¿Nómbrame una película de mafiosos que haya dado tanto que hablar como Los Soprano en los últimos diez años?
No se me viene ninguna a la cabeza. Las de Tarantino, tal vez, pero no entran en la misma categoría.
-…
-Ves. Y si seguimos en el juego, Six Feet Under es la mejor historia que se ha llevado a la pantalla, llámese tele o cine, desde… no se, Annie Hall.
-¿Por qué repetiste dos veces la misma película?
-En estos días es mi película favorita, lo más probable es que cambie de opinión el próximo mes, pero hoy por hoy, Annie Hall es mi parámetro para juzgar todo.
-Buen gusto-, le digo. -Pero mejor compara Six Feet Under con lo obvio, American Beauty, el factor Alan Ball, el guionista… el factor común. ¿Cómo era lo de esa propiedad matemática?
-El orden de los factores no altera el producto, la propiedad conmutativa -recita Ortega, buena memoria, pienso-. Al ver Six Feet Under da la impresión que cuando Alan Ball escribió American Beauty lo que en realidad estaba haciendo era redactar el borrador de su trabajo más personal y ambicioso, Six Feet Under. Compara ambas obras, en la superficie las historias son distintas, pero los motivos y las obsesiones del autor resultan comunes. Sólo que en el caso de la serie HBO estas obsesiones, valga la redundancia, van mucho más lejos, más hondo. Personalmente me encantó American Beauty pero a la distancia se me aparece como un ensayo para Six Feet Under. El vuelo de pruebas de un prototipo, el testeo que probó el terreno para la obra realmente madura.
-Perfecto.
-¿Y tú que opinas?
-No se. No le he puesto mucha atención a la serie, de verdad no he visto más de un par capítulos pero Six Feet Under no tiene es apuro y, sobre todo, no es para nada caricatura… en Belleza americana casi todo es caricatura, partiendo por la familia del chico.
Six Feet Under la tendría en dvd, pienso, toda la colección, como las novelas de Dostoievski (“todas las familias felices son iguales pero todas las famlias infelices son distintas”); se me ocurre que, al reverlas, ganan mucho. Me da miedo rever Belleza americana; siento que le vería todas las costuras.
-¿Y qué pasa con las otras series HBO? -le pregunto.
-The Mind and the Married Man es la mejor novela para hombres maduros que se ha escrito en un buen tiempo -agrega-. Como de Nick Hornsby. Alta Fidelidad, pero mejor.
-¿Cual crees que ha sido el efecto de las series de HBO en el público latino?
-¿Qué clase de pregunta es esa, Fuguet?
-La principal de artículo.
-La idea de este artículo es TODO lo que hemos hablado.
-Es verdad, pero igual contéstame la pregunta.
-Ni idea -me dice.
-Ni idea -repito, esperando que pase el temblor.

Sociología barata y buena televisión

Según Ortega, lo de HBO da para sociología televisiva. Estudio de modelos y comportamiento humano de acuerdo al programa que ves. Si alguna vez alguien dijo que se podía juzgar a una persona por su colección de disco o por su película favorita, ahora es más interesante hacerlo por la serie HBO que ve. Dime que serie miras y te diré quien eres. Un quién es quién por sus costumbres televisivas.
-De partida está la gente que ve tele y la que ve las series de HBO. Los primeros son masa, gente sin mucha opinión, sin sentido crítico, gente normal. No quiero sonar despectivo, pero es verdad. En cambio los Gen-HBO es gente de mente.
-¿De mente o demente?
-Ambos. HBO no sólo nos ha cambiado como espectadores, sino que nos hizo parte de una nueva generación de seguidores de series.
Me percato que es primera vez que habla desde la parte protagónica de la acción, usando la primera persona plural.
-…una generación que hace de su serie favorita una forma de vida. El caso de las chicas Sex and the City es el más emblemático. Es como meterse en un baño de mujeres por media hora a escuchar lo que hablan de uno.
-Ahora la dan en Cinecanal, ¿no?
-Si, pero Sex and the City es y será una serie de HBO, la primera de todas por lo demás. Al menos la primera que se hizo famosa y masiva. Arrasó con premios y audiencias, creo hábito. Es como el Hombre Lobo original, la naturaleza de la maldición, si queremos buscar el inicio de todo, el eslabón es Sex and the City.
-El pecado original, gentileza del género femenino -comento.
-Y ahí partió el hábito -continua-. Sex and the City fue el contagio original, puso palabras de moda, impuso nuevos tragos, formas de vestir, maneras de actuar, signos de vida. Que las mujeres jóvenes de Nueva York actúen como Carrie y sus amigas es una cosa, pero que las de Latinoamérica lo hagan ya me parece un chiste. Los baños de mujeres, estaban bien en las letras de Mijares, no en las chicas que uno conoce. Las odien o las amen, todas las mujeres que conozco están pegadas con las protagonistas de Sex and the City, entienden los códigos de la serie, se identifican con alguna de ellas y aunque reconozcan que Mr. Big es de lo peor y que jamás saldrían con un tipo como él, saben que si él apareciera en sus vidas, perderían la cabeza. Sex and the City convirtió a todas las mujeres de la generación HBO en una ensalada de histerias, rumores y obsesiones sexuales. Sex and the City las hizo volver a olvidarse del tipo común y reiniciar la búsqueda y la cacería del príncipe encantado… lástima.
-Búscate otro tipo de mujer -le aconsejo, adivinando mucho de experiencia y trauma personal en su vertiginosa opinión sobre la serie creada por Darren Smith.
-No me gustan las normales – me dice.
-¿Y la serie?
-Me encanta -confiesa- Es como leer Cosmopolitan, un placer necesario, para entender ciertas cosas raras.
-¿Tu lees Cosmpolitan?
-A veces, pero en el baño.
Regresa el mozo y nos pregunta si queremos postre o café. Pido sólo café, Ortega también, pero además agrega una fruta. Después me comenta que no sabe para que pidio la fruta y que lo más seguro es que ni siquiera la toque. Le digo que se la puede llevar.
-Conclusión, ¿cómo se reconoce un verdadero fanático de las series HBO?
-Porque habla de las series por su nombre en inglés -me responde sin dudar.
-Hasta yo sé que las series HBO conservan su nombre original, no son traducidas. Esa no es razón.
-Excepto Los Soprano-, me corta. -Son Los Soprano, nadie dice The Sopranos, como sí dicen Six Feet Under…
-Es verdad. Pero dame otra razón – le pido.
-Si se cree Tony Soprano, supongo…-, me contesta.
-¿Tú te crees…?
-Estás loco, yo de Tony Soprano no tengo nada. Yo sólo quiero una Missy en mi vida.
-¿Quién es Missy?-, pregunto, recordando que hace un rato anoté que debía volver sobre esta señorita. Ortega se adelantó, bien por él y por mí.
-La pasante de Micky Barnes en The Mind of the Married Man-, me informa.
-¿Pasante?-, le pregunto.
-Alumna en práctica, da lo mismo, me gusta la palabra pasante, es como caliente.
Tiene razón: pasante.
-Ivana Milicevic, modelo nacida en Bosnia en 1978, un metro noventa de puro estilo, una princesa. Todos necesitamos una Missy en nuestras vidas, una chica recién egresada que haga la práctica contigo y que se enamore de ti…porque… porque existes, sin más razón
-Entonces quieres ser como Micky.
-No, yo sólo quiero una Missy, que es distinto.
-Consíguete una alumna en práctica, entonces, ¿no eres editor?
-Si, pero no es tan fácil. Missy no existe, Fuguet.
-Sólo en HBO, Ortega.
-Sólo en HBO.

GEN HBO (2ª Parte)

Y continua…

El gen de la generación

Los Soprano, Sex and the City, Band of Brothers, Oz, Six Feet Under y The Mind of the Married Man, seis números de un perfecto par, el primer germen de la Gen-HBO, así la llamó Ortega en una columna sobre televisión para Capital, una revista para hombres de negocios que se edita en Santiago de Chile. Por eso lo llamé.
Una breve biografía de Ortega. Ortega es Francisco Ortega, el comentarista de televisión más freak de Chile. En vez de hablar de los programas sobre él y de lo que le pasa cuando se sienta frente a la pantalla chica Por eso lo leo; su columna en Capital es casi adictiva incluso cuando uno se entera de cosas que no desea enterarse de la vida no-tan-privada, casi Truman Show, de Ortega (Ortega es Ortega, lo de Francisco es para su madre y para el Registro Civil). La columna de Ortega no es grave, ni teórica, ni siquiera es periodística; funciona como una curiosa novela por entregas. Debería recopilarlas todas, darles un arco y publicarlas como una novela sobre televisión, en la que la vida de los personajes se mueva a partir de los programas que ve el narrador (todo esto, lo capto, es muy HBO, muy The Critic).
Hace casi diez años, Ortega publicó una breve nouvelle titulada 60 Kilómetros, un pastiche posmoderno y sobredrogado de cultura pop. Condenada a convertirse en novela de culto. Lo freak es que en el sur (Ortega es del sur de Chile) es lectura obligatoria en algunos colegios. Fue por este libro que lo conocí. En 1993, él tenía 19 años, decenas de kilos menos (lo que el fast food le puede hacer a un chico que ve demasiada tele y quizás baila poco) y era notoriamente más adolescente. Fui jurado en el concurso donde 60 Kilómetros resultó finalista. De alguna forma soy responsable que se haya publicado. Ortega se convirtió en el autor chileno publicado más joven de la historia. Según él fue algo apresurado. Lleva cuatro años escribiendo su verdadera “primera” novela aunque hay días en que no escribe nada y mira mucha televisión.
-60 Kilómetros fue un capítulo piloto -se ríe.
Pienso que ojalá su libro inédito sea sobre televisión. No quiere contarme más, pudor literario, lo entiendo. Aunque quizás lo que Ortega debe hacer es dejar de lado la literatura (tan siglo XIX) y realizar la gran miniserie-de-su-vida.
A propósito de novelas: tele-novelas, novelas-novelas, novelas por entrega. Ortega sostiene que esa es una de las grandes claves de la Gen-HBO. El hecho de crear adicción al construir las series no como una ensalada de capítulos unitarios sino como un río, un libro por capítulos. Eso -dice- es lo que gatilla la fidelidad. Tanta que, por ejemplo, el otro día llamé en forma desesperada a un amigo novelista a USA (tengo poco amigos escritores, ojo) para consultarle un “gran cambio de estructura” en mi propia novela y me dice:
-Vale, pero te llamo de vuelta en media hora más. Están dando el season premiere de The Sopranos.
De alguna manera, lo entendí y respeté esta excentricidad. Es el Gen HBO, eso de transformar todo en novela. Lo que hace que hay gente que los sábados se tire en su sofa a ver The Mind of the Married Man con la misma intensidad que alguien puede apoltronarse en su sofá favorito a leer la última novela de Richard Ford.
-Sabías que un capítulo de The Mind lo dirigió Bob Saget -me cuenta Ortega.
-¿Quién es Bob Saget?
-Un comediante gringo, de la clase de los ultra correctos y ultra familiares. Es el protagonista de esa serie de las tres hermanas chicas que vivían con su papá viudo, el tío roquero y un tercer personaje que siempre me pareció detestable, no sé por qué. El debut de las hermanas Olsen.
-¿Quiénes son las hermanas Olsen?
-Da lo mismo, el nombre de esa serie es Tres por Tres, ¿la ubicas?
-No.
-La dan en el canal Warner, está ambientada en San Francisco…
-¿Y qué tiene que ver eso con la Gen-HBO? -lo interrumpo.
-Nada, un dato curioso, ¿no te parece raro que un abanderado de la televisión familiar norteamericana, porque lo es, dirija un episodio de una serie que de valores familiares tiene menos que cero, de hecho desordena todo el concepto de estar casado y ser hombre….
-Deja anotar esto, sino se me va a olvidar.
Agarro un bic azul transparente, que traje de mi oficina, y agarro mi libreta de apuntes. Le pido que repita lo que acaba de decir, lo hace casi palabra por palabra y luego continúa.
-…sin perder la irresponsabilidad, que es lo que nos hace mejores personas. Los hombres, como género, no como especie, somos irresponsables. El estar casados atenta contra ese derecho.
-Tu no quieres casarte, Ortega.
-Por ahora no tengo planes, que ya es algo. Ni con quien.
Curioso sujeto pienso, a veces es más personaje que persona. O sea, es de la mejor gente. Es tipo de gente que uno vería en HBO.
-La responsabilidad de la irresponsabilidad, me gusta – repito.
-Anótalo -sostiene.
Lo hago.
Regreso a lo del comediante correcto-director invitado en The Mind of the Married Man, el dato no deja de ser interesante. ¿Lo es? Le comento a Ortega que tal vez le pagaron bien a Saget. O que los productores necesitaban de su “visión familiar” para darle un toque diferente al episodio. Dice que lo de Saget no se debió ni a platas ni a visiones familiares, sino por amistad. El sujeto es muy amigo de Mike Binder, creador, escritor y protagonista de la serie y fue él quien se lo pidió.
-Pasa harto en la industria norteamericana -comenta.
-No tenía idea -le respondo.
-Si, pero no me acuerdo de otro caso -se excusa.
-Pasa
-Si, harto -repite.
-No, que uno no se acuerde -aclaro.
-¿Cómo sabes todas estas cosas, Ortega?
-Es que veo harta tele. Y leo sobre tele en la internet. De lo que más se comenta en la red es de HB0, ¿sabías?.
Pienso en Mike Binder, el héroe de The Mind of the Married Man, estuve leyendo (en papel, en un diario) acerca de él. Un tipo con cara de ratón que pasó buena parte de parte de su vida contando chistes en espectáculos y shows televisivos, una especie de Jerry Seinfeld, pero de más bajo perfil.
-¿Qué capítulo? -le pregunto a la estrella invitada de este capítulo de la vida real que este artículo.
-¿Cuál capítulo? -me responde con otra pregunta.
-El que dirigió el tal Saget.
-El donde Micky se masturba en el apartamento de Missy y la roommate de Missy lo sorprende. El inicio de todas las cosas.
-¿Y quién es Missy?-, le pregunto.
-Fuguet, si no sabes quien es Missy, no tienes idea de nada -me corta, sin darme tiempo a reaccionar.
Anoto “Missy” en la libreta.
Escribo, “volver a ella”, después de una coma.
-A propósito- me corrige Ortega -no es “la” Gen-HBO, sino “el” Gen-HBO.
-Pensé que era por “la Generación” -le digo.
-Yo también, en un principio, después me gusto más la consonancia genética, que se trate de un “gen” nuevo, una nueva especie televisiva, como los X-Men, ¿entiendes?
-No mucho.
-Sucede.
-Es como el toque HBO.
-Si. Pero es un gen.
-¿Cuál es la mejor serie del Gen-HBO? -pregunto directo.
-Six Feet Under-, contesta sin dudar. Pero siempre me van a gustar más Los Soprano.

(mañana, extracto final)