Archive | diciembre 2006

2006 A.D.: CINE

  • El Laberinto del Fauno: Una historia de hadas y fantasmas durante la Guerra Civil Española. Un cuento infantil que se transfigura en la más adulta de las pesadillas. Guillermo del Toro (Hellboy) más que ningún otro colega de su generación ha entendido que la gracia del género fantástico es usar los engendros de la imaginación para hablar de otros temas, en este caso fabular acerca del riesgo (y el imaginario) de las ideas políticas. El fascismo –nos dicen las ideas cinematográficas de Del Toro- es finalmente la extensión adulta de la mente de un niño. Con El Laberinto, Del Toro se ha consolidado como autor mayúsculo en la que es por mucho, MI PELICULA FAVORITA DEL 2006, a pesar de que sólo la ví en DVD. Y destripo por verla en pantalla grande.

  • Historias de Familia: The Squid and the Whale: Otras de mis favoritas del 2006, y otra gran película que llegó por estos lados gracias al bendito DVD. Debut en la dirección de Noah Baumbach, guionista de La Vida Acuática, la cinta es una de esas pequeñas joyitas que hacen bien, que tras verla dan ganas de ser mejor persona o llamar a alguien querido. Una pareja de escritores, dos hijos adolescentes, el divorcio, el menor de la familia se vuelve alcohólico, el otro hace pasar una canción de Pink Floyd como propia y Anna Paquin, absolutamente deliciosa. Gran película, pésima traducción de título, muy buen soundtrack.

  • Kiltro: Con la mano en el corazón, Kiltro tal vez no fue el mejor estreno nacional del año, pero en las sumas y restas es por mucho LA película chilena que definitivamente nos robó el alma durante el 2006. Cinefilia madura, no tomarse en serio, una chica linda, un muchacho rudo, peleas divertidas y una trama repleta de citas y homenajes. Adjetivos sobran para una historia simple que tuvo la gracia (no menor) de hacer del barrio de Patronato, una ciudad imaginaria tan válida como Metropolis, Gotham City o incluso Macondo –pero con patadas en la cara-. Con poca pretensión –salvo la de entretener- y sin bombos ni exagerados platillos, Kiltro ganó su lugar en la historia gracias a Zamir (Marko Zaror) nuestro primer héroe de acción.

  • Miami Vice: Ni siquiera es de las mejores piezas en la filmografía de Michael Mann, pero si es la suma más llamativa y adictiva de sus obsesiones. No por nada se trata de la traslación a la pantalla grande de su emblemático proyecto televisivo de mitad de los 80. Tipos profesionales hasta lo insoportable, trajes impecables, autos de lujo, una ciudad en movimiento. Más que un director, Mann es una cámara autoral, de las pocas que han sabido traducir a imágenes la idea de la violencia como código de masculinidad. Uno de los mejores estrenos del año y por mucho la cinta más cool de la temporada.

  • Una Historia Violenta: La mejor película que ví en CINE el 2006 –El Laberinto la vi en DVD-. Una película redonda, madura, bien dirigida y endemoniadamente actuada. David Cronenbergh regresó en su mejor estado físico para una película acerca de secretos, vidas paralelas y una tremenda tesis acerca de la vida matrimonial. Una Historia Violenta no eludió ninguna de sus promesas, partiendo por la del título, coronándose como un apéndice de escenas y frases memorables. Condenada al estante de los clásicos, la película protagonizada por Viggo Mortensen demostró además (y de rebote) la buena salud de los cómics como generadores de las mejores historias contemporáneas. Una perla.
  • Casino Royale: Voy a citar a Stephen King. Cuando la vi por primera vez pensé que era la mejor película de Bond desde Goldeneye, cuando la vi por segunda vez creo que es la mejor desde Goldfinger, ahora estoy seguro que es la mejor película de Bond. Por mi parte sólo puedo decir que la he visto tres veces y cada vez me gusta más. Daniel craig no sólo “rebooteo” a Bond, sino que se mandó un tremendo clásico de acción, de esos que se disfrutan como cabro chico. El mejor blockbuster del año.

  • Pequeña Miss Sunshine: Autocita: Pequeña es una película hembra. No femenina ni feminista, sino derechamente hembra, con pelo largo, pechos y caderas anchas. Puede que uno de sus directores (Jonathan Dayton) sea hombre, pero en el modo en que se construyó el relato, es evidentemente que lo que priorizó fue el ojo de su compañera de labores: Valerie Faris. Pequeña… es una película con útero, incluso con periodo menstrual. Histérica, amorosa, gritona, preciosa. Y como ya escribí hace tiempo, en otro medio y sobre otra película, este comentario hubiese quedado mucho mejor si quien lo firmara se llamara Francisca. O Ana, o Carolina. Porque por mucho que me haya gustado esta nueva maravilla del cine independiente gringo, doy por seguro que no entendí ni un 70% de la sensibilidad implícita en la historia secreta de esta obligatoria road movie a través del corazón más espantoso de la clase media norteamericana; todo armado a través de la mirada de una niña de 8 años, mezcla precisa y perversa entre picardía, inocencia y dulzura. Pequeña…construye una historia pequeña que nos desplaza por los rincones más desoladores de la clase media norteamericana, lugar común que ha sabido poblarnos de grandes historias en la televisión (Los Simpsons), la literatura (Richard Ford), el cine (Historias de Familia) e incluso el rock`n roll (Bruce Springsteen)…

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2006 A.D.: LECTURAS


El orden es aleatorio. Ojo que muchos textos corresponden a reseñas que, de estos libros, me toco hacer durante el año, de ahí lo cambiante del tono. De más está decir que las recomendaciones vienen más de guata que de cerebro.

  • Años Luz, Varios Autores: Más allá de que quien escribe esto fue antologado en la colección y más allá de que muchos de los que aparecen son amigos también de quien escribe, este libro fue un trabajo necesario que alguien tenía (y debía) de hacer. Una recopilación histórica de la ciencia ficción chilena hecha con ganas, talento y mucho amor hacia el género. Marcelo Novoa inyecto una dosis más en el camino hacia el respeto de una “especie literaria”, que en el fin del mundo tienen mucho que decir. Baradit lleva el estandarte, los que vengan detrás de él tienen una tremenda misión por delante, conquistar tantos mundos les sea posible. Ojalá que una editorial grande atine y este no sea el único Año Luz. El horror y la fantasía, made in Chile, también necesitan su espacio.

  • DC Comics: The New Frontier. Darwin Cookie: La necesaria novela gráfica del año. Una reinterpretación “realista” a la llamada edad de plata, con todo lo social y político que ello implica. Nostálgico, maduro, potente, preciosista. The Last Frontier toma todo donde lo dejó James Robinson en The Golden Age. Son los años 50, el Senador McCarthy ha prohibido el actuar de superhéroes, a excepción de Superman y Wonder Woman que son prácticamente armas estratégicas del gobierno. Mientras eso sucede, un joven Hal Jordan conoce en la base Edwards a un piloto de pruebas llamado Chuck Yeager y decide convertirse en aviador. Diez años después Jordan tiene un extraño encuentro con un ser de otro planeta. Y mientras eso ocurre, en un laboratorio de Gotham City el último marciano decide pasar sus días finales viviendo en la Tierra, compartiendo y sintiendo como los humanos. En The Last Frontier no hay superhéroes, sino gente común y corriente que se convertirá en extraordinaria: por gusto o por accidente.

  • Coré, José Domingo Marinello: Un libro del cual no hay que decir mucho. No se necesita. De hecho salvo el prólogo no tiene palabras. Y no las necesita. Lo suyo es pura imagen, pura belleza. Coré es por mucho el libro MAS HERMOSO editado en Chile el 2006.

  • Cell, Stephen King: Cell trae de vuelta a King al horror más clásico, con una historia acerca de llamadas perdidas que vuelven locos a los usuarios de la telefonía celular, convirtiéndolos en asesinos seriales sedientos de sangre. Básicamente es la respuesta que el terror da a la pregunta de qué pasaría si alguien, una mente siniestra, usara los celulares para dominar y destruir a la humanidad. Tanto temor sintió de su propia imaginación, que al concluir la escritura, King decidió que el y su familia dejarían de usar celulares. Diversión asegurada, sustos y más de una duda en el aire, sobre qué plan y qué telefonía debemos escoger. Uno nunca sabe. Ok, no es lo mejor del maestro, pero putah que funciona. En todo caso lo mejor del libro es el adelanto de las primeras páginas de La Historia de Lisey, su próxima novela, que según algunos respetables –como Rodrigo Fresan- es una jodida OBRA MAESTRA

  • Máximo Carvajal: Maestro de la Aventura: Otro trabajo que alguien tenía que hacer. Una antología con lo mejor de la vida y obra de este titán de la literatura gráfica nacional. Claro, faltaron cosas, pero el libro gana puntos porque es un trabajo hecho con el corazón de un enamorado. Hay pasión y emoción en la antología y sobre todo la claridad de que el cómic tiene un importante papel dentro de la historia del patrimonio cultural chileno. Max Carvajal puede descansar tranquilo, los cabros de Ergocomics le hicieron justicia con toneladas de cariño.

  • Lunar Park, Bret Easton Ellis: Seis años después de Glamourama, el creador de Patrick Bateman retorna a los estantes con un extraño cruce entre autobiografía en código mockumental y novela de terror. Y lo interesante del postre es que no sólo funciona, sino que a ratos se hace derechamente delicioso. Mucho se ha dicho de que Lunar Park es la mejor novela de Easton Ellis, lo que no es tan así. Si bien el libro está muy bien escrito, es rápido y atrapa desde el primer párrafo, le falta esa perversidad casi infantil presente en Menos que Cero y –sobre todo- en American Psycho, en este sentido Lunar Park tiene un sospechoso aroma a oportunismo, del bueno claro. El libro parte con un Bret Easton Ellis desnudando su propia vida, de cómo la fama lo transformó y como fue sumando fantasmas con cada libro que publicaba. Nombres reales se van mezclando con otros, producto de la ficción. Entonces, cuando el moral de la novela parece alargarse en lo autobiográfico, se produce el quiebre y Easton Ellis nos traslada a una especie de El Resplandor de Stephen King reformateado y recargado, en la que los espectros del autor cobran vida para cobrar revancha. Recomendable.

  • Caja Negra, Alvaro Bisama: Bisama acaba de franquear la delicada barrera que separa al crítico literario del novelista, con una historia que no es historia en la que el pop y LO pop se convierten en marco para un delirio narrativo que arma una especie de historia nacional paralela. Más que escritor, Bisama juega a ser creador de un universo casi de cómics, donde roqueros, fantasmas, cineastas, políticos y terroristas conviven. El Santiago de Bisama está más cerca de Ciudad Gótica que de la ciudad que todos conocemos. Más que escribir, el autor de Portales Urbanas vomita estímulos narrados con los que teje un relato hecho de muchos relatos, pero que puede leerse como una narración coral en la que nos hablan una serie de personajes involucrados en mayor o menor forma con la imaginaria historia de una supuesta industria de cine de terror nacional. En este sentido, eventos como el Golpe Militar del 73 terminan convertidos en piezas de película de horror. Cómo definir Caja Negra, quizás con el subgénero que los gringos han llamado Science Non-Fiction, termino que no puede traducirse de modo literal.

  • Cuentos Completos II. Philip K. Dick: De todos los escritores norteamericanos del siglo XX, Philip K. Dick es por mucho el más paradigmático. Como ningún otro autor, este escritor se las arregló para usar la ciencia ficción para hablar acerca de los grandes debates estadounidenses de la segunda mitad de la centuria pasada: las drogas, la política de la guerra fría, el fascismo nacionalista, el horror a las etnias diferentes, el temor a Dios. Conocido masivamente como el creador de los relatos en que se han basado filmes como Blade Runner y Minority Report: Sentencia Previa, K. Dick ha sabido entrar a la primera plana de la letras como el equivalente en anticipación científica a Jack Kerouac, pero también como quien le quitó el estigma de freak al género y lo puso en los estantes de la gran literatura. Cuentos Completos II es la recopilación de sus mejores relatos cortos publicados en antologías y revistas entre 1952 y 1953. Ojo con el notable “Segunda Variedad” que abre el volumen. Más que un buen libro, un gran libro. Sólo una duda, por qué Planeta Minotauro trajo sólo el Volumen II. Queremos el I , ya.

  • Jonathan Strange y el Señor Norrell. Susanna Clarke: Un día las piedras y figuras pétreas de la catedral de York cobran vida y comienzan a hablar. Quien ocasionó el “milagro” es el señor Norrell del título, miembro de una sociedad de magos que luchan por el regreso de la magia a la Inglaterra de principios del siglo XIX. El hecho, como es de esperar, sacude al país y se extiende por el mundo, dándole fama a Norrell y regresando a los hechiceros a un estatus elitista dentro de la sociedad británica. Norrell no tardará en viajar a Londres, donde conocerá a Jonathan Strange, un impulsivo y joven mago con quien se embarcará en una aventura de tintes sociales, políticos y fantásticos, todo enmarcado en el posible regreso del Rey Cuervo, el mayor mago inglés de todos los tiempos. A medio camino entre Charles Dickens y J.K.Rowling, Susanna Clarke ganó los premios literarios más importantes de Inglaterra con este ambicioso libro, que muchos se han apresurado en definir como un Harry Potter para adultos. Lo cierto es que Jonathan Strange es harto más que eso, su historioa está plagada de inteligencia, de densidad argumental y de mucha oscuridad y –con perdón- “mala onda”, en ese sentido se ubica en una vereda similar a la de Neil Gaiman (Sandman, American Gods). Una tremenda novela, muestra latente de la buena salud del género fantástico.

  • Pigtopia. Kitty Fitzgerald: Orwell pasado por el colador de Salinger, con detalles de realismo mágico y del Middlesex de Jeffrey Eugenides. ¿Qué puede salir de tal milk shake? Pues una espléndida novela acerca de iniciación adolescente, con crítica política que sabe fundir en su poco más de doscientas páginas la novela realista con lo fantástico. El héroe de Pigtopia es Jack Plum, un muchacho introspectivo que sufre de una extraña deformidad física, razón por la cual vive encerrado en una granja de cerdos. El chico entabla una peculiar relación con estos animales creando con ellos no sólo un vínculo personal, sino que los usa para crear una especie de sociedad utópica en la que los cerdos se van vinculando con otros animales de la granja par crear un orden político que remite –confesado por la autora- a La Granja de los Animales de Orwell. Lo curioso es como un chico ajeno a la sociedad logra construir una versión fiel de este mundo que desconoce. Pero junto con este juego, Jack va creciendo preguntándose cual es su lugar en el mundo, porque está aparte de este y como su fealdad lo marcará hasta el día de su muerte, conflicto que se mezcla con el despertar sexual causado por la presencia de Holly, una hermosa chica que oculta en su belleza una deformidad distinta a la física, pero que puede resultar incluso más horrible que la de Plum.

  • La Séptima M. Francisca Solar: Puerto Fake es una localidad ficticia de la undécima región, un pueblo que recuerda curiosamente al Twin Peaks de David Lynch, una especie de Macondo pasado por el colador de los Expedientes Secretos X. Rodeado de montañas verdes, nieblas eternas y ríos caudalosos, Puerto Fake es un lugar que aparenta tranquilidad, pero que en el fondo vive rodeado de fantasmas, de los morales y los otros. Seis muertes de adolescentes, cada uno de los cuerpos encontrado con una M tatuada en el cuello. Para la gran mayoría un suicidio ritual, para la forense Sophier Deutiers, un caso que merece ser investigado, sobre todo porque si sus sospechas son ciertas, debería haber pronto una séptima víctima, una “Séptima M”. Junto a un detective y a un fotógrafo, Sophie parte hacia Puerto Fake, donde el recibimiento de los investigadores no será precisamente bienvenido. ¿Qué esconde el pueblo donde todas las casas son exactamente iguales y un serie de laberintos comunican con un mundo subterráneo? La séptima M juega con los tópicos del thriller, la novela de suspenso y las conspiraciones, pero sobre todo sabe nadar muy bien en la delicada piscina de la llamada ciencia no-ficción. El debut literario de Francisca Solar cumple con todas las expectativas prometidas, uno de los libros más oscuros de nuestra historia narrativa reciente

  • Fantasmas. Chuck Palahniuk: Confuso y brillante es la última novela del autor de El Club de la Pelea. Anticipada como el libro más espeluznante del año, lo cierto es que Palahniuk consigue asustar con su manejo del horror originado en las más pequeñas cosas, como el hambre o sentirse solo en un lugar desconocido. Arriesgada en su estructura narrativa, Fantasmas es en realidad una serie de cuentos que van armando una novela, o mejor dicho, colgando de un arco narrativo común. El plot es simple. Un grupo de escritores es convocado a una especie de taller y retiro donde se les promete la paz necesaria para crear su obra maestra. Lo importante es que por un par de meses se alejen completamente de la familia y todo lo mundano. Pero lo que parecía ser un paraíso para la actividad creativa se transforma en una pesadilla en la cual los participantes se ven obligados a escribir cuentos de terror originados en su propia experiencia. De este modo van surgiendo los fantasmas narrativos de cada autor, los cuales se entrelazan en la creación de un gran relato común, el del retrato del más perverso de los miedos. Sin ser abiertamente una novela de horror, Fantasmas horroriza desde el primer párrafo.

  • Examen de grado. Ernesto Ayala: Años después de su debut con Trescientos metros, una lúcida colección de cuentos urbanos, Ernesto Ayala regresa a librerías con una narración de largo aliento. Examen de Grado es su trampolín a la novela y sale más que airoso del salto. El libro es un relato de iniciación, pero también un fresco político de lo que se ha denominado generación de la transición. La aventura de Mateo Cortés, un estudiante de derecho, con Tamara, la atractiva agente bancaria, parece traducir a la idea narrativa esa sensación de desapego pero también de búsqueda del Chile post dictadura militar. Tamara es un riesgo que el protagonista duda en asumir y en tomar. Con un erotismo muy bien trabajado, Ayala nos sumerge en muchas obsesiones del imaginario masculino, como la amistad, la necesidad de ser exitoso y el conquistar a una mujer mayor que se convierta en maestra de las artes amatorias. Pero Examen de grado es también una historia acerca del Santiago de Chile de la última década del siglo pasado, una ciudad que como sus propios habitantes comenzaba el peligroso asenso a un exitismo que hasta el día de hoy nos preguntamos que tan real es.

  • Todo lo que te han contado es falso, Joel Levy: Bienvenido a leer uno de los libros más entretenidos del año. El escritor Joel Levy nos obliga a un tour a través de la historia secreta detrás de los grandes sucesos. Política, religión, economía, tecnología, nadie se salva del ojo del autor. Levy literalmente va desde el descubrimiento del fuego a las armas de destrucción masiva usadas secretamente en Irak. En la cocción no se salvan los Templarios, el Opus Dei ni misteriosas organizaciones como el grupo Bilderberg. La documentación es minuciosa, la prosa entretenida y lo mejor es que da cabida a hechos cuidadosamente históricos como los complot durante el Imperio Romano o el verdadero Caballo de Troya a temas que caben dentro de lo llamado seudociencia, como los Ovnis y el Pryecto Filadelfia. Una delicia, ideal para el verano.

¿UFOS TERRESTRES?


La historia completa en este click.

2006 A.D.: BANDA SONORA

  1. Pet Shop Boys, Fundamental: El mejor disco de la dupleta de oro del pop imperial desde Very. Y a mi juicio, EL DISCO del 2006. Fundamental crece a cada escucha. Disco elegante, moralmente sucio, inglés hasta las venas. PSB es de las pocas bandas ochentenas que nunca defraudan, hasta sus caídas son buenas. “Integral”, “Numb” y “The Sodom and Gomarrah Show” están condendos a ser éxitos. Todo lo que pudo y no fue el sobre publicitado segundo disco de Scissor Sister esta aquí.
  2. Grahan Coxon, Love Travels at Illegal Speed: Rock espacial, guitarras creando muros orquestales, brit pop pasado por el colador progresivo pero sin abusar. El mejor disco de Syd Barret editado el año de la muerte del diamante loco. El día que Coxon regrese a Blur el mundo va a mejorar. O tal vez no, si sigue en la línea de este trabajo solista, que se quede lejos de su ex banda. Y por favor, lejos de los arranques Peter Gabrielianos del insufrible de Damon Albarn.
  3. Jarvis Cocker, Jarvis: Suerte de continuación solista del brillante This is Hardcore de Pulp. O demostración de que Pulp más que una banda fue la expresión grupal del trabajo de un solista. Pretencioso, barroco, precioso. Un disco perfecto para quedarse tranquilo haciendo nada. Y un disco perfecto para leer sus letras, Cocker, la esquina mas social y citadina del brit pop, Cocker acaso el más digno heredero de Charles Dickens. Gran músico, poderoso poeta de lo común y corriente.
  4. Pet Shop Boys, Concrete: No conformes con el tremendo Fundamental, se mandan este doble en vivo para cerrar el año. Un justo repaso por su carrera, acompañados por banda y orquesta dirigida por Trevorn Horn. Synth pop de cámara con ilustres invitados como la dupleta RW: Robbie Williams y Rufus Wainwright.
  5. David Gilmour, On an Island: Gilmour pone los puntos sobre las ies. Que los carteles de Falabella digan que Waters fue el cerebro de Pink Floyd es una cosa, pero el alma y el sonido es del gordo de la guitarra. Invitados ilustres, como el Roxy Music, Phil Manzanera y su propio “hermano” en Pink Floyd, Richard Wright. Art rock realmente artístico. Blues cósmico, calmado, etereo, intergaláctico. Extra: el dúo con David Bowie del clásico Barretiano “Arnold Lynne” incluido en la edición especial es para llorar.
  6. Lindsay Buckingham, Under the Skin: La guitarra, el sonido y la voz de esa fábrica de hits que fue (o es) Fleetwood Mac, regresó con un disco de la puta madre. Rock melódico, armonías instrumentales y una producción que suda lujo por todas partes. Una placa que merece más atención que la que tuvo, uno de los grandes discos del año y punto.
  7. Camera Obscura, Let Get Out of this Country: Ok, en la Concierto los han tocado hasta aburrir santos, pero eso no quita ni agrega factores a mi séptimo voto para estos escoceses, deudores justos de Belle & Sebastian y Simon & Garfunkel. Folk para duendes. Si hubiese que definirlos en una sola frase: el disco más lindo del año.
  8. Sufjan Stevens, The Avalanche: Las “sobras” de esa maravilla que fue Illinoise incluso superan a su fuente original. Folk urbano, folk de ciencia ficción y superhéroes. Ok, otro hombre sensible, pero este es freak y eso le da puntos.
  9. Albert Hammond Jr. Your to Keep: El hombre clave en The Strokes se manda un ensayo perfecto de punk neoyorquino. Toda la calle que le falta a su banda, Hammond Jr. se la camina con garra y guitarra. “Cartoon Music for Superhéroes” es una introducción que se siente a Nueva York. Calma, vértigo, Stan Lee y Velvet Underground en minuto y medio. “In Transit”, la mejor canción para andar en metro del año.
  10. Yo la Tengo, I`am not a Afraid…: Los neoyersianos dejaron los bosques y la humedad de sus dos discos anteriores y regresaron a lo que mejor saben hacer: ruido. Y truido fuerte. La placa 2006 de YLT es una casa armada con muros de guitarras, colchones de bajos y más cortinas de guitarras. Lo mas ensordecedor de la temporada.

Y finalistas, algunos por menos de una cabeza.

  1. Primal Scream, Riot City Blues
  2. Richard Ashcroft, Keys to the world
  3. Beck, The information
  4. Bob Dylan, Modern times
  5. The Who, Endless Wire
  6. Thom Yorke, The Eraser
  7. Tool, 10.000 Days
  8. Javiera Mena, Esquemas juveniles.
  9. The Magic Numbers, Those the Broken.
  10. Gustavo Cerati, Ahí vamos

EL PROYECTO ORIGINAL


Este fue el paper del primer informe deproyecto que entregué a Planeta, junto al borrador de las primeras 50 páginas de la también primera versión de la novela.

HIELO NEGRO
(o Cruz Quebrada)

La novela se estructura en dos partes, cada una de ellas conformada por capítulos de entre cuatro y diez páginas. Estos capítulos llevan por título una hora, ej: 09:00, 10:12, etc. Estas horas no están ordenadas en forma cronológica, sino al azar y corresponden al momento “temporal” en que empieza la acción de cada capítulo, valga la redundancia. La novela tiene una historia arco protagonizada por Paul Kayffman, nuestro héroe, la cual se va desarrollando cada dos capítulos, entre los cuales van insertos otros con escenas más cortas en los cuales va avanzando la historia mayor, el background de la narración: la gran conspiración Cruz Quebrada. De esta forma, la novela se desarrolla en una estructura narrativa similar a la de una serie televisiva de suspenso, en la corriente de 24 o los X-Files.
Lo que sigue es un resumen de la novela, a modo de plan de rodaje de la misma y que sirve de guía para aclarar por y hacia donde se mueve el motor. Importante. Este plan ha sido redactado con sólo los primeros capítulos escritos por lo que es muy probable que acabe siendo un esquema del resultado final.

La novela

00:01
El último intento de robar los números Ibn al-Da´ub ocurrió en el otoño de 1910. No resultó. Y como en cada uno de los intentos anteriores, los cuerpos de los ladrones aparecieron tirados por la campiña cercana a Madrid. Nos costó demasiado entender que el robo no era el camino y que teníamos formas mucho más inteligentes y seguras de descubrir el secreto del árabe. Tuvimos que aprender a mirar, no fue tan difícil. Los gigantes estaban en el sur; el resto de las piezas, desparramadas por el hielo.

08:42
1948. Prólogo de la historia. Leopoldo Domke es un joven piloto (27 años) de la entonces naciente Línea Aérea Nacional, Lan Chile. Se encuentra estacionado en Puerto Montt y vuela frecuentemente entre esta ciudad y Aysen/Coyhaique junto a su superior, el Capitán Antonio Jacques. En uno de estos trayectos ocurrió un encuentro con “algo” desconocido. El capítulo relata lo que ocurre quince días después de este “encuentro”, cuando Domke se reúne con oficiales “civiles” de la marina norteamericana a informar lo que esta ocurriendo en los cielos del sur. Según el piloto, lo que vio es el futuro.

01:43
Tiempo actual. Aquí parte la historia. Presentación de nuestro héroe. Paul Kayffman está en los cuarenta, judío, abogado, profesor universitario, columnista de éxito en un revista tipo Capital, además arrastra un pasado relacionado con políticos de derecha. Poco sabemos de él en este primer capítulo, salvo que está separado, que tiene un hijo de veinte años –Daniel, estudiante de ingeniería y Dj- y que mantiene una relación con una joven modelo que se hace llamar Igriega. El capítulo relata el reencuentro de Paul con su primo hermano Samuel Levy Kayffman, suerte de hijo pródigo de la familia, quien es detenido al ser sorprendido medio borracho en el interior de una casa particular del barrio Los Dominicos en Santiago. Samuel supuestamente lleva diez años en Estados Unidos y jamás ha vuelto a Chile, al menos eso cree Kayffman. Gracias a sus contactos e influencias políticas Paul consigue librar a Samuel de sus líos tras lo cual lo lleva a pasar la noche en su departamento. Al final del episodio sabemos –en realidad deducimos-que Levy es gay, que lo acompañan los problemas y que lleva una vida secreta, relacionada con los confusos eventos que lo llevaron a reencontrarse con su primo.

13:24
Episodio estructurado a base de párrafos encabezados por una cuenta regresiva que avanza hacia el 00:00:00. Todo sucede en el patio de comidas del Parque Arauco. Como un guión fílmico vamos siguiendo distintas historias de los presentes en el lugar. Un padre que lleva a sus hijos al McDonalds pensando en que después debe comunicarles que en los próximos días abandonará la casa. Una pareja joven preparando su matrimonio. Un par de amigos que lee el diario y entre otras cosas comentan acerca del descubrimiento del dirigible Hindenburg II en la Antártica pocos días antes. Unos extranjeros. Gente haciendo compras y así hasta llegar al “cero cero: cero cero: cero cero” que es cuando estalla una bomba en el lugar y mata y hiere a muchos presentes, cambiando la historia de Santiago de Chile para siempre.

20:40
Semanas después del atentado explosivo contra el Parque Arauco. Santiago se encuentra en una especie de estado de sitio tras los hechos sucedidos en el capítulo anterior. Supuestamente todo ha sido obra de terroristas libios fundamentalistas, cercanos a Al-Qaeda que eligieron un blanco al azar entre los países simpatizantes a Estados Unidos. Hay reclamos públicos, presiones políticas y harto temor en el ambiente. Se comenta que es el precio por habernos convertido en la Israel de América del Sur. En el salón de la Torre Telefónica, Paul Kayffman ha sido invitado al lanzamiento de Paréntesis , best seller político publicado por Iván Castro un columnista (suerte de Pato Navia) de la revista en la cual trabaja Paul. Es un evento taquilla, con muchas luminarias y también gente inteligente. Conocemos personajes, como el peculiar Colin Campbell, ex novio de Igriega, quien hace un comentario acerca de que conoció a una de las víctimas del bombazo en Parque Arauco, un pastor evangélico gringo. Dato que no tiene nada de gratuito, como se verá más adelante. En medio del evento, Paul se reencuentra con Samuel. Ha pasado un mes desde lo del incidente de la casa, descubrimos como se solucionó el asunto y lo extraño que funcionó todo. Los primos discuten, Paul le achaca mucha irresponsabilidad a Samuel, éste le devuelve comentarios hirientes acerca de cómo las simpatías de Paul con el gobierno de Pinochet lo hicieron traicionar principios familiares básicos de su gente, refugiados judíos de la 2ª Guerra Mundial: “Te llamas como el abuelo… el viejo casi se muere de miedo en 1973”… Tras la calma, Samuel le pide un favor. Si puede guardarle un aparato de mp3, Apple iPod, por unos días, mientras él va al sur con unos amigos, “vamos a movernos harto, tu entiendes, no quiero perderlo. Tengo mis canciones favoritas aquí… En fin, sólo guárdalo…”.

09:15
Sur de Argentina, Patagonia a la altura de Aysén, un poco más al sur. La profesora Ivanna K., paleontóloga croata residente en EE UU, encabeza una expedición en terreno en el llamado “Parque Cretácico” trasandino. Su equipo, formado por profesionales ingleses, norteamericanos y argentinos, lleva meses rastreando huesos de nuevos dinosaurios, buscando vestigios de especies más grandes que los ya célebres Argentinosaurus y Giganotosaurus. Algo han encontrado. La acción se inicia cuando el campamento recibe la visita de sus “financistas”, quienes llegan en helicóptero tras ser informados de un importante descubrimiento. La propia profesora Karmelic se encarga de llevar a los “jefes” hasta el lugar de los hechos, donde les muestra lo encontrado. Nunca se dice que “es” lo hallado, todo es en rodeos, pero queda clara la orden de despistar a la prensa y a algunos de los jóvenes participantes de la expedición, haciendo público que un “nuevo gigante ha sido descubierto en la Patagonia”. El lector ignora que clase de gigante, pero es implícitamente obvio que no se trata de un simple dinosaurio.

23:00
Paul Kayffman imparte una de sus clases en la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica. Es carismático con sus alumnos, especialmente con las chicas. Los obliga a interpretar los hechos, a improvisar teorías. Su ramo es un electivo de Columna Política. Mientras la clase continúa es interrumpido por dos policías de Investigaciones, quienes le piden que vaya con ellos. Lo sacan de la sala y le informan que su primo, Samuel Levy Kayffman, fue encontrado muerto hace unas pocas horas en un Motel de Temuco, que avisaron a sus padres (de Samuel) pero éstos parecían no querer saber nada de él así que dieron su nombre para que se encargara de reconocer el cuerpo y realizar todos los trámites necesarios. Tres horas después, Kayffman aterriza en Temuco donde lo recibe otro oficial de Investigaciones, quien lo acompaña al sitio del crimen. El cuerpo de Samuel fue hallado desnudo y con dieciséis puñaladas en el cuerpo, víctima de lo que -resulta obvio- ha sido un crimen pasional. Todos sus documentos están en orden, no falta un solo billete en su chequera y ni siquiera se llevaron el reloj, “un Rolex de 4 millones”. Todo es muy extraño, pero “no es primera vez que pasa acá, señor…” . Los policías le piden a Paul que haga una lista de los amigos de su primo en la zona. No conoce a nadie, salvo a un tal Javier Ossandón que resultó ser clave en la solución del confuso incidente con que el se inició la historia. También hay un número de celular dando vueltas entre los papeles de la billetera. Obviamente el tal Ossandón no aparece y el número de celular parece no existir. No hay pistas acerca de qué hacía Samuel en Temuco. Paul inicia personalmente los trámites para el traslado del cuerpo de su primo a Santiago y llama a su ex mujer para que lo ayude a comprar una tumba en el Parque del Recuerdo. “Puede recomendarme un buen hotel. Supongo que tengo que estar un par de días en Temuco”.

16:00
Antártica, frente a las costas de Sudáfrica. La expedición metereológica del rompehielos ruso Ural (Arktika Class), que por “accidente” encontró los restos del dirigible alemán LZ-132 Hindenburg II, la mayor aeronave jamás construida, revisa los vestigios de ésta. Gemelo del Graf Zeppelin II, la mole voladora -cuya existencia fue por años negada por los alemanes- se habría perdido en una expedición antártica a principios de 1944. No hay restos de documentos, ni cadáveres humanos entre los hierros del enorme esqueleto del dirigible. Lo que más llama la atención a los marinos rusos es que en el interior del zeppelín hay una docena de cazas Focke Wulf FW-190 en casi perfecto estado y que el nivel de radiación es muy alto, “trajimos los trajes que los ingenieros usan en el reactor del barco”. Similar al episodio paleontológico de la profesora Karmelic, el movimiento del capítulo lo da la llegada de un C-130 Hércules de la Royal Navy, que acarrea a un grupo de alemanes e ingleses para encargarse de la coordinación del rescate de la perdida nave germana, orgullo de la flota del Führer.

12:00
Tres días después del regreso de Paul Kayffman desde Temuco, cuatro tras el asesinato de Samuel Levy. Santiago, Cementerio Parque del Recuerdo. Llueve sobre la ciudad y Paul más un grupo de parientes entierran a Samuel. Están los padres de éste, pero se ven ausentes; destrozados pero sin dar muestras de emoción. Junto a ellos, igual de lejanos, los padres de Paul y su hermana Helga junto a su marido. Paul está junto a Igriega. Cerca aparece su ex esposa –Cecilia- junto a su actual marido. Daniel, el hijo de Paul y Cecilia también está en el grupo mientras un rabino concluye la ceremonia. Tras el entierro, Paul invita a Daniel a almorzar y se van en el auto de Igriega. Mientras regresan al centro de Santiago, le muestra a su hijo el iPod que Samuel le pasó antes de morir. Obviamente se ahorra los pormenores de la entrega. Le dice que a tratado de escuchar los archivos de música de su primo pero no ha logrado nada. Daniel se ríe y comenta que Paul es nulo con la tecnología. Igriega también se burla. Daniel toma el aparato y presiona play. Para su sorpresa no pasa nada. Hay archivos, pero no son de música. “¿Qué clase de archivos?”, “ No lo sé papá, no cacho mucho de Apple, pero puedo verlo en la casa si quieres”. “Ok. llévatelo”. “¿La raja, puedo quedármelo?” “ Dale”. Pasan el día juntos. En la noche cuando Paul e Igriega regresan al departamento, se encuentran en el interior de éste con dos tipos enmascarados y vestidos de negro que lo apuntan con un revólver. Cuando Paul intenta hacer algo, lo golpean por la espalda y todo se va a negro.

15:13
Cerca de Futrono, X Región. Pablo Arancibia tiene 23 años, es estudiante de agronomía de la Universidad Austral y gasta su tiempo libre rastreando maquinaria agrícola antigua para unos coleccionistas australianos que planean armar un museo de la agroindustria del siglo XX. El encargo es claro: rastrear tractores Lanz, de fabricación alemana, llegados a Chile entre 1942 y 1946. Comienzan a darse luces del extraño caso de los tractores Lanz a través del relato de Arancibia a un amigo que lo acompaña en la búsqueda de una de estas máquinas en propiedad de un pequeño propietario de la zona cercana al Lago Ranco. Los tractores Lanz fueron unas máquinas agrícolas construidas por Alemania en la primera mitad del siglo XX, la mayoría de los armados entre 1940 y 1946 fueron enviados al sur de Chile y Argentina, levantando la teoría que en sus números de serie fueron disfrazadas las coordenadas del famoso tesoro nazi.

19:15
Días después del asalto en su casa. Paul Kayffman se recupera de un golpe ligero en la cabeza. No les hicieron nada. Cuando él e Igriega sorprendieron a los ladrones, estos huyeron de casa, llevándose un botín ligero: DVDs, discos, un equipo de música y la laptop Dell. Lo más grave fue el golpe que lo dejo inconsciente y por el cual lleva puntos y curaciones en la frente. Kayffman está en su oficina, firmando documento y aprovechando la PC de su escritorio para escribir la columna de la semana. Algunos colegas lo molestan por el asalto. Está trabajando cuando alguien se aparece en su ventana de MSN, un tipo que se hace llamar Hielo Negro, cuyo mail es valdiviano48@hotmail.com quien le pide ser autorizado entre sus contactos. Kayffman lo corta, pero el visitante insiste. Tras un rato Paul acepta. El desconocido no le habla, solo remite una serie de links. El primero es una nota en Las Ultimas Noticias acerca del crimen de Samuel y su posterior asalto, “El horror de los primos Kayffman”. Otro sobre un reciente accidente ocurrido en la Patagonia argentina donde pereció buena parte de una expedición paleontológica, incluida la directora de ésta, una profesora croata de apellido Karmelic. Un tercero archivo dedicado al atentado del Parque Arauco y uno final que apunta al hallazgo del Hindenburg II. Corona la torta un extraño documento sacado de un diario sensacionalista en donde un ufólogo insiste en que el agujero de la Capa de Ozono fue provocado por una Bomba H a nivel atmosférico detonada en 1978. En la noche, él e Igriega van a una fiesta, ella no entiende que hacen ahí: “odias los clubs”. Paul busca urgente a su hijo, que pone música en la caseta del DJs. Le pide el iPod, Daniel le revela que sólo encontró archivos encriptados que no pudo abrir, que de música nada, pero sabe quien puede ayudarle.

20:00
Inglaterra, cerca de Londres. Tren Eurostar a Paris, a pocos minutos de haber salido de Waterloo Terminal Station rumbo a París. En el salón comedor, dos hombres hablan. Uno es escocés, de unos cincuenta años, Alistair Willoughby. El otro, más joven y francés, Claude Lasté. Toman café y conversan, miran papeles fotocopiados y discuten acerca de unas notas. Lo hacen en voz baja, con muchas claves. La charla es bastante enigmática, se dicen cosas sin terminarlas. Hay referencias a enemigos y por primera vez escuchamos acerca de algo llamado Cruz Quebrada. También es la primera referencia que se hace a los manuscritos de Muhaddith Ibn al-Da´ub, un árabe del siglo XII, cuya importancia será fundamental para el posterior desarrollo de la historia. “El chileno llegó”, “Hace dos días, ya debe estar esperándonos en Chartres”.

11:07
Paul acude a un local de Macfriends en Providencia, donde se encuentra con un hacker, “ con olor a Burger King” al que días antes –y por recomendación de su hijo Daniel- le confió el iPod de Samuel para que revisara y descargara los archivos guardados dentro del mp3 player. Pero al chico le ha resultado imposible hacerlo, ya que todo está codíficado y encriptado. “Aquí no hay un sólo archivo de música señor. Ocuparon este iPod sólo como disco duro y lo que hay acá dentro sólo puede accesarlo el dueño”. “¿Samuel Levy?”, “ No, señor Kayffman, los archivos están encriptados a nombre de un tal Leopoldo Domke. ¿Lo conoce?” Corte. Telefonazo desde un café a la secretaria de su oficina: “Bernardita, puede ver en los papeles del caso de mi primo, del incidente policial, el nombre del demandante. Sí, exacto, del viejo dueño de la casa de los Dominicos… ¿Leopoldo Domke?… ¿Dícteme el número por favor”. Cuando llama, responde una voz en off, “éste telefono se encuentra temporalmente…”. Detiene un taxi y pide que lo lleven a los Domínicos. Paul sabe donde queda la casa, pero cuando llega la encuentra totalmente cerrada, sin cortinas y con un inmenso cartel de “Se Vende” pegado en el portón. Bajo este aparece muy claro el teléfono de una corredora de propiedades: Valdivieso Propiedades. Toma un papel y anota el teléfono. Regresa al taxi y vuelve a su oficina, cuando llega le pasa a Bernardita el papel donde anotó los datos de la casa de Leopoldo Domke y le pide si por favor puede averiguar el nuevo teléfono de este señor. “Claro, Paul. A propósito, te trajeron un paquete hoy temprano, lo dejé sobre el escritorio”. Paul ingresa a su despacho. Sobre su mesa hay una gran caja envuelta en papel blanco. Tras el temor inicial, mal que mal la paranoia de la bomba en el Parque Arauco aún está fresca, abre el paquete. Alguien le ha regalado un Apple Powerbook G4, con una dedicatoria pegada en la caja. “Supongo que a partir de ahora esto le será útil. Tómelo como un regalo, pronto estaremos en contacto”.

08:57
Norte de Francia. Catedral de Chartres. Es verano pero igual hace frío. Nubes pesadas cubren la localidad de Chartres y hacen que las torres más altas de al gran catedral se pierdan entre el nublado más bajo. Un escocés, Alistair Willoughby, y un francés, Claude Lasté, esperan sentados en las últimas bancas, cercanas a los confesionarios. Tras ellos se sienta un anciano de 84 años que habla un pésimo francés. Alistair y Claude se burlan de él, pero es en plan amistoso. Hablan de Chile, de cómo están las cosas allá, que están preocupados., que supieron de lo sucedido en el Parque Arauco. Hacen referencias a alguien (o alguienes) desesperado. Tanto que atentó contra la vida de uno de sus más cercanos asociados. El viejo, que resulta ser Leopoldo Domke, revela tener antecedentes de que la persona contra la cual fue planeado el atentado del Parque Arauco tenía intenciones de revelar todo y que la Cruz Quebrada no perdona. “Eso todos lo sabemos”. Alistair le recuerda a Domke que van a hacer sesenta años desde su primer encuentro con el futuro. Domke contesta que tiene ganas de volver al sur. “Todo a su tiempo, primero hay que mover cuidadosamente las piezas”. Dicen que se las han arreglado para no llamar la atención durante cuarenta años, que no es momento de ponerse en la mira de la Cruz Quebrada. No aún. En eso llega una mujer joven, de unos treinta años, acompañado de otro tipo aún menor. Leticia Santos es española, historiadora, conoce a los hombres y les presenta al muchacho que la acompaña. Es matemático, va ayudarles a desentrañar las pistas finales de Chartres. Está cada vez más segura de que la Cruz Quebrada hace tiempo perdió la pista, que están cometiendo demasiados errores y están muertos de miedo, que eso ellos tienen a su favor. “Supe que mataron al judío”, agrega Willoughby. “Cometió el peor de los errores, tomó nuestro encargo como algo personal, quiso acelerar las cosas y el tiempo lo alcanzó”. “Tal vez no debimos mentirle”, “¿Y el abogado, el primo?”. Es Leticia la que responde: “Paul Kayffman puede sernos aun más útil que Samuel Levy. Viajo con Leopoldo mañana a Chile, es hora de que nos conozcamos. Supongo que a estas fechas ya habrá recibido el regalo”.

VICTORIA: CORTANDO Y EDITANDO

Estoy en proceso de edición del primer draft de VICTORIA, mi guión apoyado por CORFO. Y tras escuchar el veredicto de los “script doctor” de La fábrica, estoy cambiando, borrando y editando alguns partes para que la historia funcione mejor. Tengo la costumbre de nunca trabajar un texto sobre una única versión, para así guardar primeros cortes y no sé, hacer algo de historia, supongo. Esta es una escena que probablemente desaparezca. Sucede en una casa muy parecida a la donde crecí -en lafoto junto a mi padre-.
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INTERIOR — LIVING CASA DE HUGO — TARDE
La casa de HUGO NIÑO es una típica casa de clase media del sur. De madera, ni tan grande ni tan chica. Hay grandes ventanales a través de los cuales se ve que llueve. La habitación es un típico living comedor de familia media. Una mesa grande, un mueble de pared, sillones, un sofá, un equipo de música y una estufa de combustión lenta encendida.
Sentados alrededor de la mesa del comedor vemos a JUANJO NIÑO, MANOLO NIÑO y HUGO NIÑO. No están solos. En la cabecera está una niña de su edad. Una niña preciosa, con cabellos rubios a lo princesa. Un sueño preadolescente. Su nombre es CECILIA NIÑA.
Están estudiando, se ven libros y cuadernos. Entra una mujer grande, la NANA DE HUGO. Ubica junto a cada niño un vaso de jugo y un sándwich en pan de molde con jamón y queso.

HUGO NIÑO
Gracias, nana

CECILIA NIÑA
Gracias, nana
JUANJO NIÑO
¿Cecilia?
HUGO y MANOLO ponen atención
CECILIA NIÑA
(Sin despegar su mirada del cuaderno)
Dime.
JUANJO NIÑO
Si tuvieras que casarte y nosotros fuéramos los últimos hombres en el planeta, ¿a quién escogerías?
Todos están atentos
CECILIA NIÑA
¿Por qué serían los últimos hombres de la Tierra?
JUANJO NIÑO
Qué se yo… ¿Respóndeme? ¿A quien escogerías?
CECILIA NIÑA
¿Por qué preguntas eso…?
MANOLO NIÑO
(incómodo)
Si huevón, no preguntes tonteras
JUANJO NIÑO
Pero es en serio, algún día va a tener que escoger
CECILIA NIÑA
Quizás no elija a ninguno de ustedes
HUGO NIÑO
Respuesta equivocada
CECILIA NIÑA
No sé
HUGO NIÑO
No es tan difícil
CECILIA NIÑA
¿Y tú que sabes?
JUANJO NIÑO
No te enojes con el Hugo, sólo dilo
CECILIA los mira, a cada uno de los tres. JUANJO y HUGO se ven expectantes. MANOLO incómodo.
CECILIA NIÑA
No sé, tendría que pensarlo… O pedirles algo
CUT TO
EXTERIOR — PATIO DEL COLEGIO — DIA
Es el recreo de las diez de la mañana. HUGO, MANOLO y JUANJO están sentados en un banco. MANOLO come una manzana, al lado de ellos vemos a CECILIA. Ellos visten de uniforme escolar, ella de jumper.
CECILIA NIÑA
Ya se me ocurrió que…
CUT TO
EXTERIOR — CASA TAMM — DIA
Similar al segundo plano. Fuera de la verja de la Casa Tamm están HUGO, MANOLO y JUANJO, ahora junto a CECILIA, contemplando la mansión embrujada. Siguen vestidos de uniforme. Ellos con parcas, ella con un abrigo de tipo Montgomery.

Igual que en los primeros planos, partimos viendo el gran caserón y terminamos cayendo en los niños.

CECILIA NIÑA
Voy a casarme con el primero de ustedes que entre a la Casa Tamm y me traiga un recuerdo de allí dentro.

SHINE ON YOU CRAZY ZIGGY

Un delicioso adelanto del single tributo. Bowie en la voz de Barret acompañando a David Gilmour y a Rick Wright (Pink Floyd) en una LUJOSA interpretación de “Arnold Lynne”. Gentileza del omniprescente y maravilloso you tube.

CITA OBLIGADA

Pequeña Miss Sunshine es de esas películas que hacen sentir bien. Se estreno hoy y de seguro no dejará indiferente a nadie. Amarla u odiarla es fácil, querer a la niñita también. Esto publiqué al respecto en la Rolling de enero próximo, no puedo postear la crítica completa porque los jefes de chile y argentina me castrarían. Pero algo es algo.
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Y TODAS IBAMOS A SER REINAS
Hay películas machos y películas hembras. Esto no tiene nada que ver con gustos, sino con formas de ver el mundo; del discurso presente en el interior del relato. Películas machos son –entre muchas otros- El Gran Pez, Alta Fidelidad, Casi Famosos y la filmografía completa de Michael Mann (Miami Vice), filmes donde el punto de vista es absolutamente masculino: la paternidad, la indecisión y el enciclopedismo “nerd” son virtudes hechas a base de testosterona y escuchando esa melodía, por mucho que a una chica le haya gustado –e incluso emocionado- cualquiera de los referentes mencionados, es imposible que haya entendido a cabalidad lo que el cineasta (Burton, Frears, Crowe, etc) estaban realmente contándonos. En esa lectura, Pequeña Miss Sunshine está en las antípodas. Es una película hembra. No femenina ni feminista, sino derechamente hembra, con pelo largo, pechos y caderas anchas. Puede que uno de sus directores (Jonathan Dayton) sea hombre, pero en el modo en que se construyó el relato, es evidentemente que lo que priorizó fue el ojo de su compañera de labores: Valerie Faris. Pequeña… es una película con útero, incluso con periodo menstrual. Histérica, amorosa, gritona, preciosa. Y como ya escribí hace tiempo, en otro medio y sobre otra película, este comentario hubiese quedado mucho mejor si quien lo firmara se llamara Francisca. O Ana, o Carolina. Porque por mucho que me haya gustado esta nueva maravilla del cine independiente gringo, doy por seguro que no entendí ni un 70% de la sensibilidad implícita en la historia secreta de esta obligatoria road movie a través del corazón más espantoso de la clase media norteamericana; todo armado a través de la mirada de una niña de 8 años, mezcla precisa y perversa entre picardía, inocencia y dulzura…
Completo en RS, Enero 2006

NO, ROBOT

Hasta de imbécil me han tratado porque no me gustó lo de Daft Punk. Pero traté de ser lo más profesional posible. Y ni siquiera fue porque no me gustara la banda, todo lo contrario, en discos les he comprado todo a este par de franceces, pero de ahí a confundir una pinchada de discos con efectos especiales con un concierto hecho y derecho hay una larga distancia.

Publicado enRolling Stone, Chile. Dic, 2006

ENCUENTROS CERCANOS DE CUALQUIER TIPO
2 estrellas 1/2

Los efectos especiales no hacen un buen show, para eso mejor ver un DVD. Lo de Daft Punk estuvo correcto, pero lo suyo fue una fiesta, no un concierto que es algo muy distinto.

Es curioso. Lo más humano del concierto de Daft Punk, realizado en el marco de la edición 2006 del festival SUE, fue la introducción del show al son de las clásicas cinco notas compuestas por John Williams para Encuentros Cercanos del Tercer Tipo. Y como en la película citada, tras el último compás bajaron las luces, descendió el platillo volador y lo que siguió fueron poco más de noventa minutos de música extraterrestre, inhumana, metálica, futurista, etc. Espectacular en su envoltorio, pero fría y distante en su corazón. “Domo arigato Mr. Roboto” cantaba a fines de los setenta esa pomposa y pretenciosa banda llamada Styx (la respuesta gringa a Queen), canción perfecta para citar y recordar lo que fue esa noche de inicios de noviembre, una oda a la fe electrónica en la que luces de colores y androides de la capital galáctica de Star Wars se unieron para parir versiones notables para piezas como “Robot rock”, “Technologic”, sumadas a necesarias remezclas para “Around the World” y “One more time”.

Aunque a nivel técnico –y sonoro- lo de Daft Punk fue impecable, lo cierto es que lo que se vivió en el Espacio Riesco no fue un concierto, sino una exhibición de alta tecnología, más cercano a una fiesta animada por los Djs más avanzados de la galaxia que a una presentación en directo, como se entiende la palabra: músicos tocando en vivo. Ok, muchos podrán decir que uno sabía a lo que iba, que lo del dúo francés es devoción a las máquinas, que si uno esperaba guitarras y baterías sobre el escenario estaba en el lugar equivocado. Y aunque se acepta el argumento, lo cierto es que reducir la crítica a ello es pecar no sólo de ingenuo, sino también de ciegos. Y lo que es peor (con perdón), de engrupidos, como se diría en buen chileno. Hagamos memoria, no es tan difícil: las recordadas presentaciones de The Chemical Brothers y Kraftwerk hace un par de años también fueron ultrajes eclesiásticos a las máquinas, pero hubo en ambos espectáculos, algo orgánico, algo tangible, algo en definitiva más carnal que lo ofrecido por el alter ego robótico de los parisinos Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo. En dos palabras, fueron conciertos, no un capítulo en imagen real de los Transformers.

Más que hablar de lo que fue el espectáculo de Daft Punk, ha sido curioso constatar como la critica local se ha encargado de levantar el show de los franceses como el mejor concierto del año, argumentando lo espectacular de la puesta en escena y de los efectos visuales usados, como el escenario en forma de pirámide –suerte de versión 2006 del stage, también piramidal, usado por Pink Floyd en 1975-. Raro es que parte de esa misma crítica, haya pelado el recital de U-2 de marzo pasado como ejemplo de megalomanía del rock, con apelativos de no saber si se estaba ante un grupo o frente el equipo estereofónico más grande del planeta, argumento idéntico que podría darse a lo de Daft Punk, con la diferencia que en lo de U-2 uno vio a los músicos tocando, mientras el chiste que circuló tras el show de Daft Punk de que nadie supo a ciencia cierta que hacían dentro de la pirámide o si eran realmente Bangalter y Homen-Cristo los que estaban bajo sus trajes de soldados imperiales, acaba arrugando demasiado la frente.

El concierto de Daft Punk fue una prodigiosa demostración de técnica unida a música electrónico y había que ser ciego para quedar indiferente con lo mostrado, pero también fue un abuso del recurso envasado de la música electrónica. El que hasta los más incondicionales al dúo hayan dudado de si eran ellos realmente es más que una anécdota, dice demasiado de lo peligrosa que puede ser la moral del bits. Si lo que me venden es un recital, que sea un recital, que haya tipos accionando máquinas, no máquinas escondidas en máquinas. Eso es una fiesta, cara y luminosa, pero fiesta al fin y al cabo.

CASINO ROYALE POR UN EXPERTO

Donovan Mayne-Nicholls es la persona que más sabe de Bond que conozco. Es también una autoridad en materia de rock progresivo y tiene una colección envidiable de discos, DVDs y otras tonteras maravillosas. Donovan es un teórico de 007 y esto escribió al respecto en el sitio amigo Civil Cinema.

Un nuevo comienzo

James Bond es un fenómeno cinematográfico curioso. Desde las primeras reseñas de Dr No (Terence Young, 1962) en la prensa británica, la crítica ha visto en la serie un blanco fácil, quejándose alternadamente de que nada queda del original literario creado por Ian Fleming para luego desdeñar los vestigios de dicho original como anacrónicos e irrelevantes.
No es la primera vez que tenemos un Bond back-to-basics en respuesta a los excesos cometidos en nombre de la taquilla. A la desmesurada Sólo se vive dos veces (Lewis Gilbert, 1967), le siguió la sublime Al servicio de Su Majestad (Peter Hunt, 1969), una riesgosa apuesta por humanizar al personaje. Una década después, la dispar Moonraker (Gilbert, 1979) dio paso al mejor de los Bond post-sesentas, Sólo para tus ojos (John Glen, 1981). La crítica elogió a la primera y pasó por alto el hecho de que la segunda ofrecía precisamente aquello que decían extrañar en las entregas más recientes: una trama seria de espionaje despojada de tecnología de adorno. Similarmente, Otro día para morir (Lee Tamahori, 2002) llevó a la serie a los límites de la ciencia ficción. Esta vez había que partir de cero y eso exigía cambiar de actor y la elección no pudo haber sido más inspirada. Después de un año de campaña de desprestigio por parte de los benditos medios de comunicación, es casi imposible enfrentar el debut de Daniel Craig con imparcialidad. Y esto hace aún más evidentes sus logros. Habiendo sido fichado por su actuación en Layer Cake, se esperaría que Craig repitiese la misma fórmula. Craig no sólo se perfila exitosamente en su debut, sino que posee un rango histriónico a la altura del arco que el personaje experimenta a lo largo de la historia. Previos intentos de explorar esta vena han fallado por causa de las limitaciones del intérprete (George Lazenby en Al servicio de Su Majestad, Pierce Brosnan en El mundo no basta [Michael Apted, 1999]).

Casino Royale no es una protosecuela en el sentido estricto del término. Tampoco lo es en el sentido hollywoodense de más de lo mismo, pero antes (Episodios I-III). Si bien la película ignora los acontecimientos de las veinte entregas que la preceden, Casino Royale es la vigésimo primera película de la serie y será percibida como tal. Resulta entonces aún más osada la apuesta de los Broccoli de volver a los orígenes literarios del personaje. El Bond cinematográfico nunca partió de dichos orígenes, sino de una fórmula depurada tras varias novelas. La novela original, publicada en 1953, precede dicha fórmula y es una agradable sorpresa ver cómo el guión de los habitués Purvis y Wade (con revisiones de Paul Haggis) respeta e incluso mejora los ingredientes de la novela. La premisa es simple: Bond es enviado a impedir que el villano Le Chiffre (Mads Mikkelsen) recupere dineros mal invertidos en una partida de cartas. En esta partida, Bond se juega el orgullo y Le Chiffre la vida. Mikkelsen (Rey Arturo) confiere una dualidad poco habitual a un papel menor: el hombre tiene la soga al cuello mas debe fingir que va ganando. El bluff no se limita al Salon Privé del casino: Bond finge ser quien no es y cuando arriesga mostrar su mano termina perdiendo algo más que el dinero apostado.

Hay ciertos requisitos que no pueden faltar que el primer tercio de la cinta expande y en cierta medida rellena con concesiones para el público de multicines. Hay dos extensas secuencias de acción hábilmente integradas a la trama principal. El trasladar dichas secuencias a la primera mitad de la película termina siendo un punto a favor, ya que cansan menos que como acto final de la historia. Aún así, se podría haber aplicado más tijera en estas escenas sin perjuicio del producto final. De hecho, la película podría haber sido perfecta de no ser por estas concesiones. Por una vez en mucho tiempo, el prólogo es exactamente lo que debería ser y no una mini-película dentro de la película. Una vez que entramos de lleno a la fuente literaria, Casino Royale adquiere un lustre casi inédito en la oferta de cine de acción actual. Es precisamente en los elementos que difieren de la receta donde la cinta se vuelve más fuerte, sobre todo en el romance entre Bond y Vesper, (Eva Green, Cruzada) y la vuelta de tuerca final. La película posee la rara cualidad de ser atractiva para ambos sexos, lo que podría explicar que haya sobrepasado las expectativas de recaudación considerando la ausencia de Brosnan, mal que mal el Bond más popular después de Connery.

Casino Royale se beneficia enormemente del regreso del neozelandés Martin Campbell, responsable de refundar la serie con Goldeneye (1995), Campbell es capaz de sacarle el jugo al más trillado de los guiones (Límite vertical, 2000) y con esta segunda incursión ha realizado su mejor película hasta la fecha. Campbell y el montajista Stuart Baird (Superman) dosifican bien el cóctel de película de acción pero con trama característico de la serie. Si bien éste es el Bond más largo en 44 años (140 minutos sin los créditos finales), su pacing la hace sentir más corta que las últimas dos entregas. La cinta se toma su tiempo en narrar la historia, pero no cojea. Claramente, Campbell y Baird tienen de antemano bien mapeada la duración (Campbell normalmente filma lo estrictamente necesario, sin despilfarrar en cobertura adicional).

El pie forzado de que la confrontación tenga lugar en la mesa de juego bien podría haberle jugado en contra a la cinta. Por el contrario, la secuencia es un delicioso ejemplo de lo que Hitchcock llamaba cine puro: la narración es absolutamente visual y funciona sin prestar atención al diálogo ni necesidad de que el público esté familiarizado con las reglas del juego (Texas Hold’em Poker en este caso). Campbell dirige como si se tratase de un entrenamiento militar y ese nervio se siente en la pantalla. La segunda unidad de Alexander Witt (Gladiador) está hábilmente integrada al metraje fotografiado por el notable Phil Meheux (The Long Good Friday) sin que se vean las costuras (un problema en entregas anteriores, notablemente en El mundo no basta). Al igual que en Goldeneye, Meheux resalta los elementos de cine negro con colores mudos. La cinta posee una extraño feel de época si bien queda bastante claro que la historia sucede en el presente. Esto le confiere a Casino Royale un estatus auténticamente Bondiano. En realidad, a estas alturas Bond es un género cinematográfico por sí solo. El punto no está en renovar el look de la saga al extremo de que visualmente cueste identificar el producto como parte de un canon (El mañana nunca muere, Roger Spottiswoode, 1997), sino en continuar un estilo visual distintivo. Hay también algo de antaño en salir del cine habiendo disfrutado un par de horas de entretención liviana sin sentirse estafado (Misión Iimposible III). Con suerte, el éxito de la cinta hará que los productores cumplan su promesa de una trilogía con arco dramático.