YGRIEGA (Cap.9)

-A VECES LA VIDA ES FOME-, le dije a mi novia a través del teléfono, sin recordar mucho a raíz de qué. Conversaciones de parejas superficiales, piezas de una máquina necesaria que hay que sumar después de los cariños telefónicos de saludo, los arrumacos posteriores y la pésima excusa a la pregunta de por qué no devolviste mi llamado. Correo, en este caso. “Estuve ocupado”, le mentí . Agregué que me había pegado en la copia de códigos HTML para un trabajo que tenía pendiente en la oficina, luego sumé cuantos números y palabras técnicas fueran necesarias para cambiar de tema. Siempre funciona, no sólo con ella.
-Pero cómoda-, respondió ella.
Caminé hasta las ventanas de mi dormitorio y miré hacia afuera. La tarde naranja comenzó a bajar de intensidad y un viento que anticipaba el otoño sacudió despacio los árboles pelados de la vereda de enfrente. Nubes de ceniza se abrían como dedos rojos por encima de todo. Los hijos del vecino jugaban a la pelota con un balón gordo y rojo que rebotaba mucho al tocar el pavimento. Una camioneta Chevy, conducida por un pelado con un tatuaje sobre la oreja, tuvo que frenar en seco para no golpear la pelota o a los niños. “Cuidado, niños jugando”, decía en un cartel amarillo a la entrada de la villa, sobre un dibujo estilizado de dos pendejos persiguiendo una pelota. Me acordé de que hacía mucho tiempo que no corría detrás de una.
-Tenía ganas de que nos viéramos hoy-, estiró ella, alargando cada sílaba de la frase.
Me senté frente al computador, donde tenía abierta la ventana de una webcam instalada en el puente de mando del Kiev, un submarino ruso clase Akula. Se suponía que estaba en algún lugar bajo la superficie del mar de China.
-Ya te dije que mamá me pidió que me quedara en casa-, le contesté sin mucha atención.
-Podría haber ido yo.
-No, mejor que no. He estado ocupado toda la tarde. Además que no quiero atados con mi vieja. Ya te he dicho, si me encuentra contigo en la pieza no va a decir nada, pero…
-¿Y que no ibas a ir con ella al cine?
-Iba, pero cambiaron los planes.
-Ves que hubieras podido darme un ratito. Media hora-, continuó estirando, –no más. Lo hacemos una vez y me voy, vamos di que sí. Si dices que si, estoy en tu casa en cuarenta minutos.
-¿Cómo?
-En radio taxi, tengo plata amigo…
-Huevona… ¿Tanto te gusta?
-Contigo, me encanta.
Pensé en cuando la conocí. En la primera vez que lo hicimos. Yo era su segundo chico, ella mi quinta dama. Me mató como gritaba, como si estuviera rasgándose por dentro. Gemía mucho y entre cada gemido me repetía, en vos baja, que ya estaba dentro suyo, bien adentro. Mi novia tira bien, pero lo chupa mejor.
-¿Y tu que hiciste?-, le pregunté.
-¿Cuándo?-, dudó.
-Anoche
-Nada… -, balbuceó-, bueno fui a bailar un rato con una amiga pero volví temprano. Es que hoy tuve un almuerzo familiar con mis abuelos y los tíos de Valdivía.
-¿Con quién fuiste a bailar?
En el interior del Kiev, un par de tipos muy blancos, casi albinos revisaban una pantalla y conversaban acerca de algo. Las voces se escuchaban como un murmullo largo y sin mucho sentido. Comprensión cero, ni siquiera dominando el ruso.
-Con una amiga, ya te dije.
-¿Qué amiga?
-Se llama-, me dijo el nombre, -no la ubicas, la conocí el otro día en la fiesta donde nos separamos.
-Con la que estabas bailando.
-Esa misma.
-Me acuerdo de ella-, de hecho la recordaba perfectamente. –Era bien guapa-, comenté. El cuadro de texto de la webcam informaba que el barco estaba rastreando un convoy militar chino y que los marinos discutían sobre el tamaño de las tetas de una actriz famosa. Pura mierda.
-Es modelo…-, agregó mi novia.
-¿Quién?
-Quien va a ser… mi nueva amiga
-Aah…
-Dice que puedo tener futuro en el negocio…
-¿Qué negocio?
-Del modelaje, tonto. Me dijo que le pasara unas fotos, que ella podía mostrarlas en su agencia. Podrías tomármelas tu.
-Seguro.
Volví a mirar el monitor del PC. Uno de los rusos escribía en un de cuaderno de grandes hojas amarillas y revisaba datos (o algo parecido) en unas pantallas. La profundidad de la nave era de sesenta metros. Nunca me he tragado lo de las buenas relaciones entre Rusia y China, no después del ejercicio de enlace de hace dos años. Sé que no ha pasado nada, pero igual estoy metido en por qué cresta están siguiendo un convoy chino. ¿Será militar o civil? Le dije a mi novia que no cortara, que esperara un segundo, que tenía que mandar un mail cortísimo. Escribí rápido: “Ozymandias pregunta, ¿el convoy chino es civil o militar?”
Ozymandias es el nickname que he usado para casi todo. El nombre se lo robé a un tipo que conocí en un foro de cómics cuando era más chico, en una de esas comunidades online que jugaban a ser países virtuales y que hicieron nata hace años. Ya nadie se acuerda de esos sitios y supongo que el Ozymandias original debió haber crecido, tenido familia o qué se yo. Su identidad de usuario lo había tomado de un poema de Percy Shelley, el marido de Mary Shelley, la creadora de Frankenstein. Es el nombre griego del faraón Ramses II, así lo llamó Alejandro Magno cuando llegó a Egipto y contempló sus obras. La admiración fue casi amor. “Yo soy Ozymandias/Rey de Reyes/Contemplad mis obras poderosos y temblad”, rezaban los primeros versos del poema de Shelley. El nombre también fue usado en un par de historietas viejas. En una de ellas, Ozymandias era el hombre más listo del mundo.
Los dos tipos dentro del submarino se levantaron y dejaron el encuadre de la cámara. La línea de texto de la webcam se llenó de mensajes en español, inglés, francés y alemán en cosa de segundos. Todos le pedían al webmaster que haciera un acercamiento a los paneles electrónicos del Kiev, para ver lo que estaban viendo los rusos.
Por teléfono, mi novia seguía hablándome de su familia, su vida y de lo mucho que me echaba de menos. De lo rico que era hacerlo conmigo. Me pregunté si las cosas serían diferentes si decidiera cruzar el puente y enamorarme de verdad. Como funcionan las probabilidades en mi vida, lo más seguro es que de hacerlo ella ya no me querría más. Y no estoy dispuesto a que me rompan el corazón. He perdido a mucha gente por culpa de corazones masticados, así que prefiero dejar al mío bien guardado dentro de una doncella de hierro encantada.
-¿Y te gustó el poema?-, me preguntó.
-¿Cual poema?-, desatiné.
-El que te mandé por mail…- su voz se desinfló en seis palabras.
-Me encantó-, le mentí, agregando que estaba pensando en otra cosa. Le pedí que me recitara el último verso, añadí que lo había encontrado fuerte e intenso. Soy tan hijo de puta. Mi novia me dijo que esperara, que aun no lo sabía de memoria, que iba por su diario. En el entreacto construí la frase perfecta para decirle cuando terminara la lectura. Comenzó a recitar, se demoró medio minuto en hacerlo. Esperé un momento y disparé la oración. Mi novia se quedó callada y luego murmuró que me amaba. Cerré con un “lo sé” y aunque quise, me fue imposible evitar el posterior “yo también”.
Cambiamos la conversación.
-Mi hermana me dejó algo para ti, un disco. Me dijo que como lo más probable es que yo te viera antes, te lo pasara.
-Si sé lo que es, guárdalo y por favor no lo pierdas.
-Podrías venir a buscarlo ahora.
-Ya te dije que no puedo moverme de casa.
-No te creo.
-No me creas.
-Si quieres te lo puedo ir a dejar… En radio taxi…
-Prefiero que no,
-Malo, pero por eso te quiero tanto.
-No más que yo-, mentí, para hacerla feliz.
-Lindo.
-Mhhh
-…
-Mañana juntémonos a almorzar y me entregas el disco-, invité. La idea era ir cortando la llamada, no entiendo como puede haber gente que habla tanto por teléfono. Me fijé que la barra de herramientas del desktop me indicaba que tenía un nuevo mail. Abrí el inbox, era mi amiga asiática. No había contenido en el cuerpo del mensaje, sólo una pregunta en el subject: “¿estas en línea?”. No le respondí
-Pásame a buscar al colegio.
-Como a las dos. Si no he llegado me esperas.
-Con mi corazón y mis piernas abiertas.
-Tonta…
-I love you…
En la webcam no sucedía nada y el cuadro de textos estaba lleno de excusas técnicas acerca de la imposibilidad de acercar el lente. El número de usuarios comenzó a descender rápidamente, si esto fuera un programa televisivo estaría perdiendo auspiciadores en forma geométrica.
-Hoy conocí a tu nueva amiga-, pronunció mi novia al otro lado del teléfono.
-¿…?
-Igriega-, adelantó-, me metí en un sitio de fanáticos.
-¿Y?
-Todo bien, ¿no la has buscado?
-No-, mentí. –Todavía respeto a los muertos.
-Eres tan leso, además en estos tiempos sólo los tontos se mueren
-¿Qué onda?
-Nada, algo que se me ocurrió. Que aunque ella se haya muerto de verdad, va a continuar viviendo como una forma de información en la red
-¿Cómo que de pronto te volviste tan lúcida?-, en verdad me sorprendía.
-Una tiene sus sorpresas, además si realmente estuviera muerta no seguiría escribiéndole a tu jefe.
-Inmortalidad electrónica.
-Lo que sea.
-¿Qué te tomaste?-, en serio me preocupaba su curioso ataque de lucidez.
-Nada, he estado pensando. Bajé un par de cortos suyos. En verdad era preciosa.
-Eso dicen.
-En serio, como que demasiado linda para ser puta. Sus pechugas eran imposibles, ojalá yo las tuviera así.
-Me gustan tus pechugas.
-Porque no has visto las de Igriega… broma las tetas lindas-, tenía toda la razón.
-Puedes hacértelas.
-Lo estoy pensando.
-…
-Me encantó como se lo comía.
-¿El pico?
-No, el conejo, uno de los cortos era de lesbianas. Heavy, muy caliente, para mi que es verdad eso que dicen que sólo una mujer sabe tratar bien a otra mujer. Ojalá me lo hubiera comido ella alguna vez.
-A ti te gusta cuando yo te la chupo.
-Si, pero no es lo mismo.
-…
-….
-Cuántame más.
-No hay más.
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About fortegaverso

Periodista, escritor, editor, guionista. Autor de un par de novelas, un par de guiones, varios cuentos y mucho magterial inédito. Blogger y twitter. Hace algún tiempo, no importa cuanto, decidí recorrer el mundo por los caminos del mar... pero me arrepentí, la web es más segura

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