Archive | septiembre 2008

885 CANCIONES PARA HACER LA VIDA UN POCO MEJOR

EL DERECHO DE VIVIR EN PAZ, de y por Víctor Jara

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CUATRO BLOGS DE COLECCION

  • THE STEAMPUNK HOME: Una enciclopedista recopilación de ideas, imagenes y todo lo que tiene que ver con esta estética, subgénero o lo que sea, para bucear por horas. Directo a los enlaces.
  • CON C DE ARTE: Gente que sabe y entiende porque a los 34 años contginuamos comprando comics. Actualidad, críticas, ensalada de trivia.
  • CINECONCHILE: Es de un conocido, René Martin, asistente de dirección en Se Arrienda y un guionista al que hay que ponerle ojo. Martin pela, odia, ama, escupe, patea y de postre, un lujo de diseño su sitio, da gusto navegar por aguas tan cuidadas. Ojo con el podcast que el autor realiza junto a Javier Ugarte. Derecho a mis enlaces.


  • TODO LO CONTRARIO: ALEJANDRO ALIAGA BLOGSPOT: Aliaga es un grande, un titán. Tengo el honor de tener hoy su pega, tras su despegue a España. Su blog s una andanada de sensaciones, vidas, huevos duros, huevos revueltos, cultura pop y de la otra. Ojo con “Tercera Escena (Ficción”, un relata con tanta carne que uno queda con un patada en el rostro

886 CANCIONES PARA HACER LA VIDA UN POCO MEJOR

LLUEVE SOBRE LA CIUDAD, de y por Los Bunkers

SYNCO TEASER 2.0

¿Qué habría pasado si no hay Golpe en 1973?

¿Qué habría pasado si SYNCO, el proyecto de gobierno cibernético de la UP, se hubiera desarrollado?

Esta fantasía retrofuturista plantea un Chile extraño, un territorio invadido por sentidos y significados torcidos, una sorpresa para el visitante extranjero que busca conocer la maravillosa Santiago de Chile de 1979, la joya cibernética de occidente, que más de un secreto esconde bajo el suelo de la capital del cyberbolivarismo.

887 CANCIONES PARA HACER LA VIDA UN POCO MEJOR

LA DANZA DE LAS LIBELULAS, de y por Manuel Garcia

EL HORROR DE BERKOFF: RATONES

Cuando me di vuelta para seguirlo, algo oscuro y rápido pasó corriendo junto a mis pies y se perdió hacia el mesón de enfrente.
–Mierda –exclamé asustado.
–Tranquilo, es sólo un ratón.
–De ese tamaño
–Acá los ratones son grandes.
–Bichos asquerosos, en todo caso hace rato que existe el veneno y no es caro.
–Tal vez funcione con los ratones de Santiago, acá no los mata nada.
–¿Hay plaga?
–Desde hace dos años, salen por todas partes, nadie sabe de donde. Y no hay caso ni con venenos ni con exterminadores, la municipalidad pagó millones trayendo a unos técnicos de Temuco para que revisaran las alcantarillas.
–¿Y que pasó?
–Según contaron en la municipalidad un día presentaron su carta de renuncia y no se les volvió a ver en Salisbury.
–Mierda
–Después contrataron otra empresa.
–…
–Y pasó lo mismo. Ahora nade quiere venir a exterminar los ratones de Salisbury.
–Que asco
–Ni tanto, uno termina acostumbrándose.
–Deberías tener un gato.
–Tengo una, pero se la comerían y la quiero demasiado. Estas porquerías matan perros y no van a matar a una gata.
Me quedé helado, nunca le he tenido miedo a los ratones, pero esa sombra, la manera en que apareció y se cruzó en mi camino, era como si quisiera saludarme, darme la bienvenida. A mi pueblo natal y también a un funeral.
–Tranquilo actor –me dijo Pércival, sólo una vez y hacía años me había llamado de ese modo –No te van a hacer nada, no suben las escaleras ni comen carne humana.
Después encendió la luz del pasillo.

ERA UN RATÓN enorme, el más grande que hubiese visto en mi vida, de esos que en el norte llaman pericotes y en el sur guarenes. Debía medir más de quince centímetros sin contar la cola, que estirada se alargaba fácil otros veinte. Perci me pidió que lo esperara fuera de la librería, mientras iba a buscar la camioneta. Como no tenía estacionamiento, la dejaba en una estación de servicio cercana. El dueño era hijo de no se quien así que no le cobraban, por su parte mi amigo les regalaba los útiles escolares en marzo, era un trato justo.
Me pidió que cerrara bien antes de salir.
Estaba listo a meter la llave en la cerradura cuando noté la pequeña multitud que había en la vereda de enfrente, casi al llegar a la esquina. Eran seis muchachos, todos hombres, vestidos con uniforme de colegio. Uno de ellos, el más alto y gordo, había traído un palo largo y sus amigos le repetían con insistencia, “pégale” y “matalo”, entre otros sustantivos lo suficientemente llamativos como para despertar la curiosidad de cualquiera.
Hacía frío, ojala hubiera traído una bufanda, este pueblo de mierda, nunca se inunda como el resto del país en invierno, pero te congela como quisiera rebanarte la piel. Subí un poco el cuello de la chaqueta y crucé a ver que ocurría.
La teoría de los niños era bastante lógica, algo había asustado al ratón lo suficiente como para obligarlo a salir de su escondite, correr sobre las calles y buscar algún otro lugar por donde regresar a su mundo subterráneo. Pero la bestiecilla hizo mal los cálculos, saltó hacia la primera cloaca que encontró abierta, la que desgraciadamente era de un diámetro considerablemente menor al de su hipertrofiado cuerpo y así quedó presa, asfixiándose con el peso de su propio cuerpo, como las ballenas cuando varan en las playas, quebrándose por dentro, los huesos primero, los órganos después, la carne al final. El dolor del animal debía de ser horrendo. Y aun pataleaba y agitaba su asquerosa cola de látigo, quizás como intentando inútilmente de ingresar a los túneles bajo la vereda. O de salir. O tal vez sólo eran actos reflejos de un cuerpo hace rato muerto cuyos nervios, apretados, reaccionaban con violencia. He leído que pasa con casi todos los mamíferos, incluidos los humanos, sobre todo cuando sufren una muerte violenta.
El muchacho de la vara apretaba lo que quedaba del ratón. Sus amigos le decían que continuara, que lo matara, que era un bicho asqueroso. Uno pedía incluso que lo reventara, que le insertara el palo por el culo hasta hacerlo cagar sangre. Y el alto y gordo obedecía a las peticiones de sus compañeros, rematando a la pobre criatura cuyos pataleos eran cada vez menores, la cola incluso ya no se agitaba, estaba lisa y tan muerta como el resto del cuerpo. Los niños sin embargo querían rematarla, cortarla, molerla, que botara sangre y desparramara sus vísceras.

888 CANCIONES PARA HACER LA VIDA UN POCO MEJOR

LAS MENINAS de y por Mecánica Popular

COLIN CAMPBELL (20 PARTE)

MAYO LLEGO con la primera lluvia del año. El gobierno regional aprovecho la formación de cúmulos altos sobre la araucanía y ordeno un bombardeo químico ligero para acelerar la caída de agua. La idea era calmar el verano que parecía no querer retirar su invasión a .las fechas tradicionalmente otoñales y ver si el cielo conseguía evaporar en algo los incendios que continuaban asediándonos. No resultó. Ni lo uno ni lo otro. Es verdad, la primera parte del plan resultó perfecta, los helicópteros cisterna y la sustancia amarillenta con que coparon las nubes produjo la reacción y se hizo la lluvia. Pero esta no fue suficiente. El verano siguió siendo mas fuerte. Temuco no se refresco y las llamas no disminuyeron un ápice su altura. Igual fue agradable despertar a mayo con el mavimento y la poca buena tierra con olor y color a mojado. Como antes, como hace dada vez más años. Poco duro la percepción de lluvia, hasta que trepé al bus hediondo, repleto y sudoroso que cada mañana me lleva de Victoria a Temuco, hasta que todo el mundo escucho a los meteorólogos locales anunciar que las condiciones climáticas no habpian cambiado y que aun faltaba para la llegada del verdadero invierno. Y que este iba a ser más seco y corto que el del año pasado. Pensé en que si aun fueramos una región agrícola la noticia hubiera levantado kilos de alarmas y malos augurios. Supongo que el.calor y la sequedad poco importan frente a los nuevos horrores que cubren nuestra ciudad con sus sábanas de humo y ceniza. Mientras viajaba a Temuco traté de recordar cuando había sido la última vez que había visto el volcán Llaima.
Me llamó un periodista de La Tercera, un tipo de voz joven que me contó que estaban preparando un perfil político de Colin Campbell a raíz de la muerte de Gastón. Hablaba acelerado, a tropezones con esa timidez profesional de la poca experiencia. Pero era simpático, al menos eso me pareció. Dio un largo y enredado rodeo antes de ir a lo que le interesaba preguntarme. Se paseo por Gastón, desde los rumores de su homosexualidad –que preferí dejar solo como rumorez-, coqueteando con la obvia posibilidad de que Colin y él hubieran tenido algo. La sóla posibilidad de un Colin Campbell marica me causó gracia, entre su misogenía y su homofobia podrían lograr un perfil que desinflaría mucho del raro fanatismo que despierta la figura de mi difunto amigo. Dijo que como Arismendi había pasado por la escuela naval, le aclaré que era la militar, resultaba fácil inferir sus simpatías políticas, que tenían mucho en comun con las de casi todo el grupo de cercanos a Colin. Que de hecho yo era el único que parecía no encajar con la extrema derecha que parecía cubrir la personalidad de todos los Extraordinarios Santiaguinos. Y de alguna forma era cierto, aunque no se lo dije así, mal que mal era un simple periodista inserto en un cerrado grupo de alocados arquitectos.
Y si, Colin era de derecha, le confirmé. Venía de una familia simpatizante de la derecha y sobre todo de los militares a través de la marina. El abuelo de Colin llegó desde Escocia a Chile gracias a las gestiones de la Marina, su padre había estado un par de años en la Escuela Naval y la familia Campbell había sido bastante cercana al grupo de cercanos del Almirante Merino para el Golpe Militar del 73. Se quedó un rato en el tema de la familia Campbell y el derrocamiento del gobierno socialista de Allende pero no pudo sacar más, yo no sabía más que lo que ya le había contestado así que me limite a desordenar y reordenar las mismas ideas. En verdad no tenía idea si el papá o el abuelo de Colin habían militado en algún partido, aunque por algunas cosas que él me contó en una ocasión sospechaba que alguno de los dos tenía simpatías con el partido nacional y que incluso habían estado envueltos con el movimiento Patria y Libertad durante la Unidad Popular. Claro, lo anterior ni siquiera lo rocé como tema, aunque debo reconocer que estuve a punto de hacerlo. En parte para ver la reacción de los partidos y grupos de derecha frente a la posibilidad de que el gran atentado terrorista de nuestra historia reciente, oficialmente sucedido por motivos artísticos (para el eterno horror del Colegio de Arquitectos) pudiera tener además un móvil político. En parte para provocar una reacción en el fantasma electrónico que pudiera darle una pista a Buggati en su rastreo. Anoche había soñado con la chica, que me lo chapaba mientras yo le apretaba las tetas. Raro el sueño, cuando estaba a punto de correrme sobre sus gordas mamas, la miraba a los ojos y veía que su cara era la de Miranda. Miranda, hoy en la noche tenía que ir a comer con ella, mis padres se van a España por un par de meses y quieren que vaya con Julieta a dejarlos al aeropuerto de Santiago. Tengo que negociar la compañía de mi hija, se que va a ser fácil hacerlo.
Le revelé al periodista de La Tercera que mientras estuvo en la universidad, varias veces el gremialismo había intentado acercarse a Colin, invitándolo a reuniones y proponiéndole su apoyo si alguna vez se entusiasmaba con postular a alguna candidatura dentro del Centro de Alumnos de la escuela de Arquitectura, incluso de la FEUC.
-La Federación de Estudiantes de la Universidad Católica-, expliqué.
-Lo sé-, me respondió. –Estudie Periodismo en la Cato…
-Que bien, yo también. ¿Te hizo clases Tagle?
-No ¿Quién es él?
-Nadie.
-Entonces fue Gremialista, simpatizante de la UDI
-Ni lo uno ni lo otro, estuvo en la lista de los diez más deseador por el gremialismo, ellos lo querían con ellos. A él la verdad le interesaba poco.
Le conté de una pelea a combos que tuvo con un dirigente gremialista de ingeniería en una fiesta a la cual lo invitaron. Sabía la historia por Igriega, que en esa época estudiaba arquitectura y salía con Colin. Había sido una discusión política, fanatismos cruzados y un comentario despectivo que mi amigo lanzó referente a la devoción religiosa de ese grupo hacia la figura de Jaime Guzman. Lo comparó con Obi Wan Kenobi, el de la Guerra de las Galaxias. Fue lña última vez que Colin estuvo cercano al gremialismo, lo más cerca que jamás lo vi a un partido político. Y si, era de derecha, amaba a los gringos, admiraba el orden de los militares durante el gobierno de Pinochet, detestaba a los Comunistas y creía como locos en el libre mercado. Al final todos lo éramos, derechistas al borde del fascismo, nadie que lea cómics de superhéroes y crea en la idea de un sujeto que viste un uniforme ridículo e impone su propia idea de ley y justicia puede decirse de izquierda. No admiráramos a Pinochet, pero nos gustaba lo que había hecho por la patria. Reperi con cuidado lo anterior, pero usando tercera persona plural en lugar de hablar de nosotros. Yo estaba ahí para contar su historia, ser cronista. Esa era mi identidad secreta, mi limite. No tenía porque –para qué, ni la necesidad de- involucrarme directamente en la historia, aunque en verdad lo hubiera estado.
.-Entonces podemos decir que votó por los candidatos de la derecha.
-No, por la Concertación.
Le expliqué que a pesar de sus simpatías e inclinaciones políticas, Colin consideraba quer votar por al derecha chilena era un acto irresponsable para un chileno. Que en el escenario de las cosas, después de la llamada transición a la democracia lo sano no era votar por los políticos que interpretaran el pensamiento de uno, sino que fueran convenientes para el desarrollo político. Que en asuntos presidenciales y parlamentarios no había que ser egoísta, por lo contrario votar por lo que convenía a un nivel macro, a nivel de intereses superiores. Colin no iba a votar por una derecha infantil, inmadura, sobre poblada de dirigentes que rozaban lo ridículo. Creía en la derecha, estaba seguro que algún día saldría alguien grande, un nombre importante de sus filas, pero por mientras era preferible votar por la estabilidad.