Archive | noviembre 2010

PDF DE LA EXPO DE 1899 EN GALERIA PLOP

Lo de arriba es uno de los bocetos de portada trabajados por Nelson Daniel. No será usado pero siempre es bueno guardarlo para los fetichistas y coleccionistas del mañana. O de las realidades paralelas para ser más exacto.  Lo que sigue es el PDF de la expo-lanzamiento de 1899 que realizamos con Nelson en septiempre en galeria PLOP y que era un pendiente para los que no pudieron ir o estaban lejos de Santiago.

descarga presentacion de 1899 plop.ppt 

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EL CHILENO QUE CAUTIVO AL EQUIPO DE LOST Y MAD MEN

Debut en ElDinamo, nuevo medio digital chileno donde se van a hacer grandes cosas. Como esta entrevista a Gabriel Rodriguez, que se convirtió en el artículo más leído de este vuelo inaugural.

Gabriel Rodríguez es arquitecto, era buen alumno en la Católica y ejerció como tal durante un tiempo. No le iba mal, todo lo contrario. Pero a él le daba un poco lo mismo, la arquitectura era sólo un título universitario, la excusa académica para dedicarse a lo que verdaderamente le gustaba; una historia parecida a la de una de sus bandas predilectas, Pink Floyd, integrada también por estudiantes de arquitectura que acabaron dedicados a un arte muy distinto. Rodríguez no quería ser músico, sino dibujar cómics, esa era su vocación, lo que le robaba el sueño, a lo que quería dedicarse: contar historias usando cuadros con dibujos en acción.
Hace diez años mandó sus trabajos a editoriales chilenas, le fue bien, aunque le quedó claro que acá jamás a poder vivir de las historietas. O se arriesgaba y cruzaba el charco (en rigor subía al norte), o se quedaba tranquilo, convertido en un profesional más, tranquilo pero frustrado de no haber cumplido con su sueño. Una década más tarde no sólo trabaja para la industria norteamericana de la historieta (la más competitiva del mundo), es coautor de “Locke&Key”, una de las mejores series regulares que se publican hoy en Estados Unidos. Tan bueno es un trabajo que fue nominado al Eisner como mejor dibujante en la categoría de Mejor Miniserie, algo así como ir mejor director en los Oscar. Además, en la categoría de Novela Gráfica ha ido en dos ocasiones al British Fantasy, obteniendo el galardón en 2009.
Gracias a “Locke&Key”, Rodríguez apareció destacado en revistas gringas como “Wizard” y “Enterteinment Weekly”, fue apuntado como uno de los mejores artistas gráficos de la década, logró su objetivo de vivir de los monos de colores y finalmente consiguió que su historia le interesara al canal Fox para ser producida por el equipo de guionistas de “Lost” y “Transformers”, con arte de los responsables de “Mad Men”. ¿Un equipo de ensueño? Si, si a eso sumamos que la productora que va a producir el piloto es la de Steven Spielberg, queda claro porque hoy Rodríguez es el chileno mejor posicionado en la industria del enterteinment gringo, más arriba incluso que lumbreras como Santiago Cabrera, Cristian de la Fuente o incluso Leonor Varela, aunque acá nadie sepa de él.
Gabriel Rodríguez es arquitecto, era buen alumno en la Católica y ejerció como tal durante un tiempo. No le iba mal, todo lo contrario. Pero a él le daba un poco lo mismo, la arquitectura era sólo un título universitario, la excusa académica para dedicarse a lo que verdaderamente le gustaba; una historia parecida a la de una de sus bandas predilectas, Pink Floyd, integrada también por estudiantes de arquitectura que acabaron dedicados a un arte muy distinto. Rodríguez no quería ser músico, sino dibujar cómics, esa era su vocación, lo que le robaba el sueño, a lo que quería dedicarse: contar historias usando cuadros con dibujos en acción.
Hace diez años mandó sus trabajos a editoriales chilenas, le fue bien, aunque le quedó claro que acá jamás a poder vivir de las historietas. O se arriesgaba y cruzaba el charco (en rigor subía al norte), o se quedaba tranquilo, convertido en un profesional más, tranquilo pero frustrado de no haber cumplido con su sueño. Una década más tarde no sólo trabaja para la industria norteamericana de la historieta (la más competitiva del mundo), es coautor de “Locke&Key”, una de las mejores series regulares que se publican hoy en Estados Unidos. Tan bueno es un trabajo que fue nominado al Eisner como mejor dibujante en la categoría de Mejor Miniserie, algo así como ir mejor director en los Oscar. Además, en la categoría de Novela Gráfica ha ido en dos ocasiones al British Fantasy, obteniendo el galardón en 2009.
Gracias a “Locke&Key”, Rodríguez apareció destacado en revistas gringas como “Wizard” y “Enterteinment Weekly”, fue apuntado como uno de los mejores artistas gráficos de la década, logró su objetivo de vivir de los monos de colores y finalmente consiguió que su historia le interesara al canal Fox para ser producida por el equipo de guionistas de “Lost” y “Transformers”, con arte de los responsables de “Mad Men”. ¿Un equipo de ensueño? Si, si a eso sumamos que la productora que va a producir el piloto es la de Steven Spielberg, queda claro porque hoy Rodríguez es el chileno mejor posicionado en la industria del enterteinment gringo, más arriba incluso que lumbreras como Santiago Cabrera, Cristian de la Fuente o incluso Leonor Varela, aunque acá nadie sepa de él.
¿Más hits en su carrera? Sumemos: El coautor de “Locke&Key” es Joe Hill, el novelista joven de terror más celebrado hoy en día, hijo nada menos que del rey midas del género, Stephen King. Más ingredientes a la cazuela Rodríguez. Su primera pega en USA fue la serie regular basada en el programa “CSI”, ha trabajado en el universo de zombies de la franquicia del director George A. Romero (padre de los muertos vivos), adaptó a novela gráfica la película “Beowulf”, con guión de Neil Gaiman (“Sandman”) y Roger Avery (coautor de “Pulp Fiction”) y trabajó con Clive Barker, otro grande del horror en “The Great and Secret Show”.

 Finalmente lograste vivir del cómic.
“Suena feo eso, pero digamos que lo que logré fue trabajar profesionalmente en esto. Es cierto, no voy a negarlo, ahora estoy ganando un buen ingreso, pero ha sido fruto de un proceso bien lento. Llevo ocho años trabajando ininterrumpidamente con IDW (la editorial que publica su trabajo), y durante los cuatro primeros tuve que estar en paralelo en cómic y arquitectura, porque con ninguno de los dos podía hacerme un sueldo redondo. Cuando se parte trabajando en historietas, incluso en EE.UU., se gana muy, MUY poco. El 2006, recién cuando comencé con “The Great And Secret Show” (de Clive Barker), pude pensar en dedicarme en forma exclusiva a dibujar. Y fue el 2008 en que mis honorarios mejoraron sustancialmente, con “Locke&Key”, donde además tengo acceso a royalty por derechos de autor de la venta de las novelas gráficas fuera de EE.UU”.

Eso llama la atención. En las portadas de “Locke&Key” la autoría del trabajo aparece indicada como HILL-RODRIGUEZ. No estás en calidad de dibujante, sino de coautor.
“Fue decisión de Joe (Hill) al ver mi trabajo. Entendió que lo que yo estaba haciendo no era pasar a dibujo su guión, sino reinterpretarlo. Mi pega era tan de autor como la suya, por lo mismo insistió en que la serie y su posterior reedición en novelas gráficas fuera indicado en portada y contrato como 50 y 50. Soy tan autor como él. Ahora, esto tiene sus bemoles. Parte de este logro se relaciona con el hecho de que he podido trabajar ininterrumpidamente, lo que implica que, en los últimos cinco años sólo he podido tomarme vacaciones una vez. También hay que considerar el hecho de que mi rendimiento influye sobre mis ingresos. Cuando tardo más (como este año, por diversos motivos) gano menos, ya que en esto se paga contra entrega. Además, al ser tanto yo como mi señora trabajadores independientes, la estabilidad económica la tenemos que construir fruto de un trabajo en equipo, en que mutuamente nos respaldamos y complementamos.

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THE MAN OF TOMORROW: UNA IDEA PARA SALVAR A SUPERMAN

Una volada de ¡50 paginas! con el plot de la película perfecta del Hombre de Acero. No es por tirarme flores, pero apuesto que esta propuesta es mejor que lo que va a filmar Zack Snyder. Si estuviera en USA sería millonario… y no es chiste, bueno si lo es, pero necesitaba decirlo.

El link para el PDF de Supermán aquí abajo.

Descarga THE MAN OF TOMORROW

LIBROS: DESCARGA SNOW CRASH

Sólo porque en Chile es imposible de encontrar y porque es un libro la raja, clave para entender algunas idioteces del mundo 2.0 y para dejar claro que la buena ciencia ficción es la que no se toma en serio. Más comedia que drama, un relato sarcástico, exagerado, irónico que se mete al futuro entero por ahí mismo. Ojo, el PDF está en español, de la traducción de fan-pro que hicieron los amigos de Gilgamesh. A veces hay que ser generoso e incentivar el pirateo.

Haz clic en el link de más abajo y descarga el libro completo, conozcan el origen de la palabra Avatar, la violencia de ser repartidor de pizza, a Hiro Protagonist, caminen en “La Calle” y sálvence del infocalipsis.

 

Descarga SNOW CRASH

RUSH EN CHILE (ROLLING STONE)

Crítica publicada en la edición de noviembre de Rolling Stone

RUSH
Domingo 17 de octubre, 21:00
Estadio Nacional
45.000
4 estrellas

 EL SHOW DE LAS MANOS

A una banda que se ha hecho famosa por su perfección en escena hay que exigirle eso: perfección. Por eso, de no ser por las continuas desafinadas de Geddy Lee y el horroroso sonido de los primeros temas habríamos estado ante el mejor show ofrecido en Santiago en años.

La trivia apunta a que el tour 2010 (Time Machine) de Rush pasará a la historia como la primera gira donde el trío canadiense no cambio (sacó o agregó) una sola canción a su setlist, cada concierto fue exactamente igual al anterior y este al que seguía. También por ser la primera ocasión donde la connotada batería rotatoria de Neil Peart giró una sola vez, para el obligado solo de baquetas, claro porque la banda escogió para este recorrido su periodo más roquero, más clásico, relegando sus coqueteos tecnopop, donde Peart se lucía con los pads electrónicos y multipercusión al baúl de los recuerdos. Una lástima, si bien la fanáticada dura suele renegar de esa etapa, se extrañaron joyitas como “Distant Early Warning” y “Red Sector A”, la cual por su letra (la historia de unos judíos en un campo de concentración nazi) habría sido significativa de ser interpretada en el Nacional. Pero también este recorrido de Rush pasará a la historia por su esperado debut en suelos locales, una deuda generacional para más de 45 mil barbudos que al fin pueden despedir su adolescencia, y con ello, uno de los dos grandes mitos rockeros que teníamos pendientes: el otro es el de Pink Floyd en el valle de la Luna.
         El show de las manos se titula (o traduce) el tercer disco en vivo del grupo y vaya que esta frase representa lo que es Rush en directo, un power trío mayúsculo, potente, incendiario, grande como una catedral, donde los dedos de sus tres integrantes se pasean a velocidad hiperespacial por guitarras, bajos, teclados, baterías, sumando eso los pies a las pedaleras, que en este caso son verdaderos teclados para las zapatillas de Lee y Lifeson, que permiten rellenar sonidos, disparar atmósferas y duplicar los coros de Alex Lifeson por tres, cuatro o cinco. Suele decirse que la gran gracia de Rush es que no usan músicos de apoyo, es verdad, pero también que las pedaleras los multiplican por dos, replicándolos en una banda virtual e invisible que toca tras y por encima de ellos.
        Asumiendo las críticas vacías que los apuntan como una banda para nerds, más cercana a una película de ciencia ficción que a una banda de rock, el grupo partió con un simbólico “Hace algún tiempo, en un lugar muy cercano” para luego dar paso a un hilarante video cómico donde Lee, Lifeson y Peart daban vida a la historia de una banda llamada RASH y hay que decirlo, contra lo esperado, el trío tiene oficio para la comedia, no se toman en serio, lo que es sano. Tras unos minutos el escenario estalla y largan con “Spirit of the Radio” seguidos de “Time Stand Stills”, “Presto” y “Stick it Out”, dedicada esta última a los 33 mineros. Debe decirse, estas cuatro canciones fueron a un nivel técnico lo más débil del concierto: saturación, desafinadas, la voz de Lee perdida, gritos innecesarios, todo muy distinto a la perfección que es la gran estampilla de la triada. Y aunque la histeria era total, no fueron pocos los que arrugaron el seño. La cosa fue mejorando con “Working then Angels” y de ahí el nivel no bajó. Inmersos en una decoración retrofuturista (o steampunk como la llaman ahora) que remitía a La Maquina del Tiempo de H.G.Wells (nombre del tour) la primera mitad del espectáculo estuvo dedicada a la revisión de clásicos más algunos temas de la última etapa del grupo y el estreno de la inédita (y excelente) “BU2B”. Tras casi una hora, la entrega inicial finaliza con un trío demoledor, “Freewill”, “Marathon” (gran versión) y “Subdivisión”.
         Si hay algo que distingue a Rush de otras bandas virtuosas, es que al contrario de Dream Theater e incluso King Crimson, el trío de Toronto siempre ha sabido usar la técnica en servicio de la melodía, de la canción, detalle que queda claro en la importancia que en escena adquiere el guitarrista Alex Lifeson, frecuentemente relegado ante las virtudes de sus compañeros en el bajo y la batería , porque es Lifeson quien finalmente lleva la batuta de la banda, es el reactor principal, cubriendo él solo las necesites rítmicas y “acrobáticas” del sonido Rush. Tras la segunda parte del video de “La verdadera historia de RASH”, los canadienses se dieron espacio para revisar completo su disco clave, su “Sargent Pepper y Dark Side of the Moon” como dicen en el documental Beyond the Lighted Stage. Es que Moving Picture es un punto de inflexión, el instante donde la herencia de los 70 se suma a las tendencias de los 80 y se define el futuro del grupo; canciones como “Tom Sawyer”, “Limelight” y “The Camera Eye” forman un conjunto heterogéneo donde el hard rock sabe cohabitar con el progresivo, el jazz, el rock más clásico, baladas power e incluso new wave y sonidos sacados del reggae. Tras el cierre de Pictures, una nueva canción, “Caravan”, el obligado solo de batería de Peart y la hora de perlas como “Closer to the Heart”, la impresionante “2112”, donde el Estadio casi se derrumba al son de rock duro y proyecciones intergalácticas, y “La Villa Strangiato”. Tras el cierre con “Working man”, los actores Paul Rudd (Friends) y Jason Segal (How i meet of your mother), protagonistas de esa comedia/declaración de amor a Rush que es Te amo Brother aparecieron en la pantalla para despedir el concierto, declaración de principios de una banda que no tendrá a la crítica de su lado, pero que sus fanáticos en el mundo del cine, la TV y la literatura (son el grupo más mencionado en series, películas, comics y novelas) los han catapultada al nada despreciable estatus del mayor grupo de culto del planeta.
         Es verdad faltaron canciones, el sonido inicial no fue el mejor, pero la química de los tres en escena, la pirotecnia, las luces (donde destacó un robot arácnido que era casi un cuarto músico) saldaron un gran pendiente, Rush toco finalmente en Chile. Amen rezamos todos en los templos de Syrinx, bajo la estrella roja de la Federación Solar.

A PROPÓSITO DE LA MUERTE DE DINO DELAURENTIIS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los viernes eran días de cine en Victoria. Costaba $100 pesos la entrada y a veces la señora de la boletería nos hacía pasar porque conocía a la mamá de mi amigo Juan Roberto Palma (que será de él, lo último que supe es que era carabinero), que era la bibliotecaria del pueblo. El cine estaba en una esquina de la plaza y había que sentarse atrás, porque al frente te tiraban escupos y otras cosas desde la platea alta, que era más barata y donde iban los patos malos, al menos eso nos decían. A veces uno iba solo, otros acompañado de amigos. Algunos que se perdieron en el tiempo, otros que aun siguen, como el Pollo Carvacho, el Manolo Contreras o Alejandro Inostroza, también estaba Jaime Hinostroza, así con H, que tenía familia en Brasil y eran hijo de los dueños de una hostería que se llamaba El Pino, lo que sería un dato gratuito salvo que en ese local probé por primera vez un barros luco, comenzando el pavimento de lo que a futuro sería el fin de mi flacura adolescente. Y estaba el Tuiki y los cabros de la población Quilapán, donde aún viven mis papás, en la intersección de Mariluán con Quilapán.

En el cine teníamos las películas, el frío y los ratones, porque en la sala había ratones, de los chicos y los grandes, pocas veces los veíamos pero siempre los sentíamos. El cine era blanco y grande, estaba frente a la municipalidad y siempre daba programas dobles. Creo que lo primero que vi fue Viaje a las Estrellas, la uno, y lo último Dick Tracy. De este epílogo me acuerdo porque aquel domingo el cine cerró para siempre, se convirtió en bodega primero, en templo evangélico después y en bodega otra vez. Y pasaron Tiburón 2, la italiana El Ultimo Tiburón, Águilas de Acero, Lucha de Titanes, Firefox y Relámpago Azul. También Camas Calientes, Las Vírgenes Guerreras y Variaciones del Amor.

En esos años yo era evangélico practicante, iba a la escuela dominical y participaba en obras de teatro y coros donde cantábamos del fin del mundo y que la sangre de Cristo tenía poder para liberar. Y creía en el arrebatamiento de los justos y que si uno no se “convertía” (como un Transformers religioso) estaba condenado al lago de fuego, también que el único pecado sin perdón era blasfemar contra el Espíritu Santo, detalle del que todavía me cuido, por eso lo escribí con mayúsculas. Era chico, todavía estaba en la escuela E 209, a un par de años de subir en el estatus social victoriense y pasar al Santa Cruz que tampoco era gran cosa, salvo que la camisa cambiaba del celeste al blanco, había grupo scout, tenían himno propio, monjas y curas y uno usaba un escudo religioso en la chaqueta, peluda y fea, que a mi me compraban grande para que durara, “crecedorcita” le decía mi madre (algo humillante a los 14 años).  Era raro ser católico de lunes a viernes y canuto los sábados y domingo, la melcocha en la cabeza era un charquicán bíblico, eso me daba una ventaja en el colegio: sabía más que las monjas de lo escrito en el “buen libro”. Como a los 13 corté con Dios y todo fue más simple. Un día fui a la escuela dominical con el álbum de El regreso del Jedi (¿o el de Mask?) y me retaron, también llamaron a mi mamá para aconsejarle que no me dejara ir más al cine, porque no era un lugar para un niño cristiano. Bien tarde, hacia rato que me perdía los viernes ante la pantalla grande y había visto, entre marcianos y guerreros bárbaros, tetas, potos y sexo simulado made in Italia, por supuesto nunca dije nada; no había para qué. Dejé de ir a la iglesia y aprendí a dormir los domingos hasta tarde.

En los raros años 80, Victoria era un buen lugar para crecer, creo que por eso me gusta tanto Stephen King, mi pueblo tenía algo de esos pueblos de mierda de Maine donde todos se conocen y donde si llegara un vampiro, como Barlow, dejaría la crema. Además había harta chica guapa a la que morder, la mayoría con sangre italiana, alemana o suiza en sus venas. Y claro, pasaban cosas raras, como que nos formaran alrededor de la plaza un día de invierno para ver “la mano de Pinochet”, ese día en que un paco de mierda le pegó un lumaso en el pecho a mi amigo Manuel por adelantarse un paso…  Rico tu paco, pegándole a un niño de 13, nuestros valientes soldados, en fin. En esa época teníamos un solo canal de televisión (el 7, que para nosotros era el 3) , así que para conocer el resto del mundo nos la arreglábamos con revistas viejas y cine malo. Vimos porquerías, obras maestras (sin saberlo) y perdimos la virginidad con las primeras tetas en pantalla grande. Las mías fueron las de Ursula Andress en La montaña del Dios de los caníbales, una buena/mala película italiana que dieron en programa doble con Desparecido en Acción, esa de Chuck Norris, esa de Vietnam, esa que era como Rambo pero con menos presupuesto. Y claro, eran los años de DeLaurentiis, por eso me puse a escribir esta tontera. DEG era un logo que se nos aparecía con frecuencia en ese telón, casi como símbolo de una calidad que no era tanto. Y allí estaba. En Flash Gordon, en Conan, en Dunas (por que así se llamaba, no Dune como todos hoy decimos) en King Kong (que vi en un programa doble con El Imperio Contraataca) y King Kong 2 (que vi con Drácula de John Badham, esa con Frank Langella, donde el vampiro no daba miedo, pero las vampiresas si), en Cazador de Hombres, o Manhunter, que vi con The Running Man (¿O fue con Rambo III?). En Ocho días de terror, como se tituló en Chile Maximun Overdrive, el funesto debut de Stephen King en  la dirección, que vi a familia plena junto a De vuelta al Colegio. Era un lindo lugar para vivir y crecer. Hoy yo no sería nada sin esa educación sentimental, de serie B, de porquerías encantadoras, de mentiras a medias y mitos de infancia que finalmente da lo mismo si son ciertos o falsos. La historia, el cuento de la vida es lo que queda, el relato oral, la memoria personal que finalmente es colectiva y donde DeLaurentiis fue uno de esos grandes secundarios, esos que armaron un marco de referencia y nos hicieron hombres. En otras partes uno crecía a combos, allá en el sur viendo tetas y pésimas películas en un cine feo pero lleno de historias eternas… como esa vez en que a todo lo ancho del vestíbulo un cartel de tela nos preguntaban: “¿podrá el Concorde sobrevivir a los misiles teledirigidos?”. Uno quizás olvide el primer beso, pero esa frase, o el primer James Bond (en mi caso La espía que me amo) nunca. Yo al menos no.