Archive | mayo 2011

LA VERDAD TRAS EL ENGAÑO ANDERSON, BRUFORD, WAKEMAN, HOWE…

Cuando en 1988, Jon Anderson dejó a Trevor Rabin y a Chris Squire alegando que el sonido Yes se había bastardeado hasta lo insoportable, los fanáticos más dogmáticos aplaudieron. Aún más cuando el cantante anunció su idea de reunirse con sus viejos compañeros de banda: Steve Howe, Bill Bruford y Rick Wakeman para reformar el grupo. El problema es que olvidaron que el derecho del nombre Yes le pertenecía al miembro fundador Chris Squire, quien rehusó abandonar al resto del combo. Ni corto ni perezoso, Anderson llamo a su versión de Yes con los apellidos de los ilustres (a lo ELP), confiando que el prestigio de sus nombre haría de ABWH el verdadero Yes. Y así fue, al menos en ventas; el pero es que ABWH nunca existió como banda, fue una movida comercial de Anderson quien usó y pagó a Bruford, Wakeman, Howe para armar un disco trucho, mutante, hecho de sobras de proyectos anteriores. Acá lo analizamos canción por canción.

Themes
Tema de Jon Anderson. Dos demos pegados de dos proyectos solista. Tocan en estudio: Jon Anderson (voz), Tony Levin (bajo), Matt Clifford (teclados, programaciones), Milton MacDonald (guitarras) y dos baterías no acreditados por contrato. Steve Howe agregó un fraseo de guitarra, nada más.

Fist of Fire
Tema de Jon Anderson, sobrante de Jon y Vangelis. Tocan en estudio: Jon Anderson (voz), Tony Levin (bajo), Matt Clifford (teclados, programaciones, batería programada), Milton MacDonald (guitarras). Howe hizo una línea de guitarra que fue quitada del disco, la cual reaparece en la versión publicada en la caja In a Word.

Brother of Mine
Tema de Steve Howe y Geof Downes, demo de ASIA no publicado. Tocan en estudio: Jon Anderson (voz), Tony Levin (bajo), Geoff Downes (teclados, programaciones),  Steve Howe (guitarra), dos baterías no acreditados x contrato. Rick Wakeman solo interpreta el piano del final.

Birthright
Tema de Max Bacon (vocalista de GTR y Mike Oldfield) y Steve Howe, para el segundo disco de GTR, no editado. Tocan en estudio: Jon Anderson (voz),  Max Bacon (coros), Tony Levin (bajo), Matt Clifford (teclados, programaciones),  Steve Howe (guitarra), dos baterías no acreditados x contrato. Rick Wakeman solo interpreta el piano del final.

The Meeting
Tema de Jon Anderson para Jon & Vangelis. Solo toca Jon Anderson (voz y teclados). Wakeman agrega un línea de piano hacia el final. Hay una versión posterior con Wakeman, pero fue arreglo para tocarse en vivo.

Quartet
Tema de Jon Anderson y Steve Howe. Tres demos pegados de proyectos solistas de Anderson, sobre guitarras de Howe. Tocan en estudio: Jon Anderson (voz), Tony Levin (bajo), Matt Clifford (teclados, programaciones), Steve Howe (guitarra acústica). Matt Clifford (guitarras) y dos baterías no acreditados por contrato.

Teakbois
Tema de Jon Anderson inicialmente para un proyecto de disco latino de J.A., interpretado por Anderson y una banda de músicos jamaicanos no acreditados por contrato.

Order of the Universe
Tema de Steve Howe  y el productor Rhett Lawrence, dos demos pegados, uno de ASIA y otro de GTR. Tocan en estudio Jon Anderson (voces), Steve Howe (guitarras), Tony Levin (bajo), Rhet Lawrence (batería/programaciones/teclados)

Lets Pretend
Tema de Jon Anderson y Vangelis, un lado b de Jon & Vangelis. Tocado en estudio por Jon Anderson (voces), Vangelis (teclados). Steve Howe grabó una pista extra de guitarras.

Steve Howe con suerte grabó un par de temas, Wakeman hizo “cameos breves” de 30 segundos cada uno, Bruford ni siquiera acudió al estudio, aunque aprendió los temas para tocarlos en vivo.

El tour de ABWH ha sido la única gira de Yes con músicos de sesión extras (un tecladista y guitarrista), esto porque Howe y Wakeman con suerte sabían uno o dos temas del disco nuevo. Bruford los sacó y puso lo suyo, mal que mal cobró muy bien por el uso de su nombre, participación en videos y gira.

La gran farsa de ABWH no solo destruyó la carrera de Yes (quebró su contrato con Atlantic y su status de banda importante) sino fue el prólogo al peor fiasco de la historia del grupo: Union, disco y gira que de no ser por Trevor Rabin y Chris Squire habría acabado para siempre con las carreras y el prestigio de Jon Anderson, Bill Bruford, Rick Wakeman y Steve Howe.

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LO BUENO, LO BONITO, LO FEO Y LO MALO DE LA COMICCON DE SANTIAGO

Publicado y escrito originalmente para Paniko.

  1. Mal, la cantidad de eventos prometidos y que se bajaron a última hora. Desde el avant premiere de X-Men: Primera Clase hasta los 8 minutos de Green Lantern que no llegaron el día prometido y tuvieron en vilo tanto a la organización como a los fanáticos.
  2. Mal, enredos de horarios y organización que obligó a suspender charlas, como la de Gabriel Rodríguez, un bacán que debió haber sido tratado con más respeto, mal que mal es el único de nuestros embajadores comiqueros que sabe realmente como funciona la maquinaria detrás de una ComicCon y de la industria del cómic gringo.
  3. Mal, para qué estirar tanto el chicle con la supuesta presencia de un Leonard Nimoy o un Stan Lee o incluso un  Mark Hammil; que venían, que no venían, que si, que no. Mejor decir desde un principio, quisimos traerlos, pero hubo problemas de agenda y listo.
  4. Mal, que no hubiese cajero automático y sólo la tienda oficial tuviera RedCompra, lo que jugó en contra especialmente al cómic nacional, gente que se entusiasmaba, quería comprar pero andaba sin efectivo. Pésimo, hay que ponerle ojo a esto, mal que mal es un evento donde el consumo es clave.
  5. Feo. ¿Que onda los stand de Warner (Green Lantern) y Fox (X-Men: Primera Clase)? Cero contenido,  cero diseño, ¿costaba tanto tener un par de huevones disfrazados, unas minas ricas, juguetes y merchandising? Se cayeron pesado.
  6. Feo, muy feo. El trolleo excesivo de los inconformes de siempre. Hubo puntos negros, si hartos, pero menos de los esperados. La cosa mejoró mucho el sábado y el domingo. ¿Qué querían, la ComicCon de San Diego? Una cosa es ser troll y  otra muy distinta hueón. Patada en la raja a todos los trolles que con cueva han ido a la Crazy All Comics y se creen dueños de la verdad.
  7. Bueno. A pesar de los 4 primeros puntos, la ComicCon cumplió muchas de sus promesas, lo que no es poco tomando en cuenta la tradición nefasta de las expo de fanáticos en esta parte del planeta. La gente estaba contenta, los fans sobre todo, se le dio dignidad al mundo freak (algo difícil, pero se logro) y lo más importante se demostró que hay público y que esto fue solo un vuelo de pruebas. Es probable que de aquí a 3 años, tengamos una ComicCon funcionando a full en Chile… Interés hay, mercado también, es tendencia.
  8. Muy bueno. Los trolls son por lo general freak sin vida que reclaman por todo, ese público no cuenta, además van a ir igual aunque pelen por debajo. Lo interesante es que la gente ajena al circuito salió sorprendida. No se veía amateur (aunque a ratos lo era), fue un evento interesante y como más de un amigo periodista me dijo, “esto es mucho mejor de lo que esperaba”. Y esa fue la tónica. Insisto, esto fue un vuelo de pruebas, con tiempo y ganas aquí hay una joya que puede brillar mucho.
  9. Muy bueno. El rol de la NGI, la asociación que agrupa a los narradores gráficos de Chile. Se pasaron. Entre tanto stand de productoras y distribuidoras de cine, el cómic local aparecía como el hermano menor del evento, finalmente fue el GRAN PROTAGONISTA.
  10. Muy bueno, pero muy bueno. Chile. Harto se habló de que la ComicCon era un evento extranjerizante, que era pura cultura pop gringa y japonesa, pero lo cierto es que eso fue el puro disfraz, lo chileno terminó siendo el gran protagonista: cómic, cine, literatura y TV hecha en estos lados se ganaron aplausos del respetable. De muestra: la charla de Mortis estuvo más llena que la premiere de 8 minutos de Green Lantern. Los tomos recopilatorios de Zombies en la Moneda se vendieron más que Batman o Superman.
  11. Bueno: Ñoñismo justo y necesari. Vale, había cabros disfrazados, Mujeres Maravillas con sobrepeso, X-Men con barriga y Batman que llegaron en Metro, pero eso hay en todas las ComicCon y eventos relacionados con lo fantástico. Hasta en la entrega del Hugo y el British Fantasy llegan nerd con cosplay, no salgan ahora los defensores de la dignidad ñoña. Y vale, da vergüenza ajena, pero no más que los poetas de vanguardia gritones de las Ferias del Libro o los que hacen air-teclado en los recitales de proa rock. Hubo de eso, arto, pero también profesionales que se están sacando la cresta por crear productos de género hechos en Chile y esta parte seria de la ñoñeria supo ganar su espacio y destacar incluso más que el añadido colorinche.
  12. Muy bueno. Premiar a Alvaro Arce, un titán, un chileno de exportación que hizo carrera fuera de nuestro país. Trabajó con Disney, Hannah Barbera, Filmation e incluso la productora de dibujos animados de Stan Lee. De Arce hacen exposiciones en Hollywood, acá la Municipalidad de las Condes lo tramitó tanto para que mostrara su trabajo en su Corporación Cultural que él prefirió irse a vivir fuera de Santiago. Arce es un mito vivo, alguien que había que destacar y así se hizo. Y el viejo lloró y de agradecimiento regaló un saludo de su amigo Stan Lee a los presente. Con lo de Arce, sólo con eso, la ComicCon borró de una lo malo y el trolleo.
  13. Muy bueno, pero muy bueno. La calidad de ciertas señoritas disfrazadas. Modelos contratadas como al que se paseaba de PowerGirl/Robin e incluso fanáticas, como la que subió al escenario vestida de protagonista de Twilight…una literal MIJITA RICA.
  14. Feo… que no haya fanáticos de James Bond en Chile, la única franquicia con real onda y distinción del cine. Para la próxima me pongo yo con el stand.

CHINA MIEVILLE VS TOLKIEN

l último año fue significativo para China Miéville. The City and the City le ganó el Arthur C Clarke Award, el más importante premio de la ciencia ficción, por una tercera vez sin precedentes y también obtuvo aplauso de la crítica general. Publicó Kraken y su nueva novela, Embassytown, estaba en preparación. Marcó el año con un tatuaje en todo el brazo de un “calaverulpo” (skulltopus), una sonriente calavera envuelta en vibrantes tentáculos, una imagen creada como homenaje a las diferentes tradiciones de lo extraño y lo fantástico de las que brota su imaginación.

Miéville siempre ha exhibido sus influencias en su manga  –Lovecraft, Peake, la ciencia ficción clásica y denueva ola, la fantasia, los comics y los juegos de rol Dungeons and Dragons que jugaba cuando niño–, pero desde el comienzo sus libros combinaron este amor por el género, geeky (de fan) en su entusiasmo y académico en su profundidad, con una ambiciosa sensibilidad literaria. Embassytown, publicada este mes, lleva esa ambición a un nuevo nivel. Investigación sobre el shock cultural y los lazos entre lenguaje y pensamiento, es la historia de un planeta retrasado colonizado por humanos, cuyos intentos por comunicarse con los extraterrestres “Hosts”, que no poseen la idea de mentir, resultan muy mal. Pero mientras las implicaciones metafísicas de criaturas para las cuales no hay diferencia entre una palabra y su referente remiten a la filosofía lingüística de la posguerra, Wittgenstein y más allá, la idea original era la de un extraterrestre de dos voces y llegó a Miéville cuando tenía 11 años. “Tengo una increíble fidelidad a mis obsesiones, una forma mejorada de decir una negación a madurar”, dice. “Recientemente encontré un libro de ejercicios en el que escribí un esbozo inicial de lo sería Embassytownun cuarto de siglo más tarde. Es increíble en qué medida estas cosas no cambian”.

Miéville nació en Norwich en 1972, pero se mudó a la capital cuando era pequeño, después de que sus padres se separaran. Sus primeros recuerdos son de Londres, que domina su trabajo: “Siento que Londres me habita desde una edad muy temprana, tanto como viceversa”. Todavía vive en el mismo pedazo del norte de Londres donde creció con su madre, una maestra, y su hermana menor. Su padre murió cuando Miéville tenía 19 años; después de la separación, sólo lo vio un puñado de veces, que le dejaron recuerdos “raros y que me confundían”.

Miéville nació en Norwich en 1972, pero se mudó a la capital cuando era pequeño, después de que sus padres se separaran. Sus primeros recuerdos son de Londres, que domina su trabajo: “Siento que Londres me habita desde una edad muy temprana, tanto como viceversa”. Todavía vive en el mismo pedazo del norte de Londres donde creció con su madre, una maestra, y su hermana menor. Su padre murió cuando Miéville tenía 19 años; después de la separación, sólo lo vio un puñado de veces, que le dejaron recuerdos “raros y que me confundían”.

Las pasiones de Miéville cristalizaron… el resto aquí

ROCKABILLY, MIKE WILSON

Rockabilly se mira al espejo de un baño mugriento. Anochece. Hace calor. El vecindario calla. Un estruendo rompe la calma. Algo se estrella contra el techo para luego hundirse en el jardín. Rockabilly toma una pala y comienza a cavar. Mientras abre un pozo en el patio, sus vecinos lo espían desde las sombras. Impulsados por una voluntad enigmática, cada personaje es protagonista de su propio acto nocturno. Bajo la luz de los letreros de neón de un Wal-Mart, en el lodo de un pozo voraz, a través de las ventanas oscuras de las casas de un barrio venido a menos, y desde los contornos de un tatuaje siniestro, se traza el rastro de cuatro vidas a la deriva. Al avanzar la noche, se unen en el abandono, el deseo aberrante, la angustia y el odio. Sin volver la mirada, y ajenos a la muerte que se avecina, siguen rumbos que brotan de la oscuridad.

Más info en el sitio oficial de la novela. Puedes seguir a Mike en twitter.

Lee el primer capítulo de Rockabilly