Archive | septiembre 2011

¿QUIEN ES PINK?… RICK WRIGHT

El jueves se cumplen 3 años de la muerte del tecladista de Pink Floyd. Sincronía dentro de sincronías, esta es la columna que escribí en el número de septiembre de la revista iPop… La versión preeditada de la misma, el corte en bruto. Shine on…

¿QUIÉN ES PINK FLOYD?

Intentar definir el musicalmente a  Pink Floyd es tan complicado como tratar de explicar el final de 2001 a quien por primera vez ve la película. La frase no es mía (ojalá lo fuera), la escribió el escritor argentino Rodrigo Fresán a propósito del lanzamiento del recopilatorio Echoes: The Best of Pink Floyd a fines del… 2001, cósmica sincronía. Y aunque Fresán es con frecuente encantadoramente hiperventilado, en este caso vaya que resume bien la idea tras “la forma” de esta banda. Más que cultores de un estilo, Pink Floyd es un estilo en sí mismo, un tipo de música que alguien alguna vez definió arbitrariamente como “pink floyd sound” y en cuyo paraguas suelen caer de cuando en vez bandas que suenan ligeramente “distintas” al resto de sus contemporáneos. Los nombres de Radiohead o Porcupine Tree son los primeros que se me aparecen sin necesidad de googlear. No porque se escuchen parecidos (aunque los últimos a ratos son clones) sino por la idea de construir la música como una sensación, un todo, un estado, un concepto, algo redondo pero que expele energía (alta y baja) hacia todos lados. Set the control for the heart of the sun…algo así como “ajusta los controles del corazón del sol”,  cantó Roger Waters en uno de los mejores temas de la primera etapa del combo, lúcida línea cuando buscamos alumbrar qué hay bajo la máquina Pink Floyd, armatoste que a lo largo de 45 años ha alimentado una mitología (y una fidelidad religiosa) que en la historia del rock solo es comparable con The Beatles y Elvis Presley, con perdón de los Stones, Zeppelin y Dylan.
Y entonces aparece la gran pregunta, la misma que hizo un ejecutivo de Capitol Records en 1974 y que es citada en la letra de Have a Cigar: ¿Quién demonios es Pink Floyd? Interrogante válida ante una banda que nunca tuvo un líder claro, un frontman o al menos un rostro reconocible. Los puristas apuntan a Barrett, el diamante fundador; los “gilmourianos” a (obvio) Gilmour, el guitarrista blusero que hizo reconocible el sonido del grupo y los “waterianos” a (obvio)  Waters: bajista menor, iluminado letrista e indiscutible titán a la hora de imaginar el rock como un concepto;  por mucho que moleste a algunos, más director de “algo” que músico propiamente tal. Y Mason, ¿habrá “masonianos” como hay “ringorstarianos”?  Bueno él en su esquina, con su colección  de autos y la buena sonrisa, haciendo lo imposible por que sus jefes y amigos hagan las pase y salgan de gira.
¿Quién es o fue Pink Floyd? ¿Quién diseñó y construyó el “pink floyd sound”? Si me preguntan: Rick Wright.
Me confieso “wrightiano”. Considero que su tercer disco solista, Broken China (1996), es el mejor trabajo de un floydmen fuera de la estricta geografía de los cerdos voladores y que vocalmente fue el mejor de sus compañeros: denle play a Remenber a Day o a Astronomy Domino y luego hablamos del  “vocalista de Pink Floyd”. A ultranza defiendo que por sobre la guitarra de Gilmour fue la manera de tocar teclados de Wright la arquitectura que armó definitivamente el concepto floydiano. Barrett fue el motor de la primera etapa, pero ese motor se sostuvo en los arrebatos en órgano y piano, deudores de jazz ácido y música concreta con los que Rick Wright fue pegando el desorden mental de su compañero. Si The Piper and the Gates of Down brilla como obra cumbre de la sicodelia es básicamente porque los teclados de Wright amarraron todos los elementos de la placa, incluida la personalidad de Syd.
Rick Wright dibujó y pintó un colchón atmosférico para Pink Floyd y al hacerlo inventó de rebote una forma de tocar teclados radicalmente distinta a sus compañeros de generación. Evitó a propósito las acrobacias de un Rick Wakeman o un Keith Emerson en favor de usar el sonido como espacio, elegancia y totalidad; no como un solista metido a la fuerza en una banda sino como burbuja hiperespacial para la acción del bajo, la guitarra, la batería y las voces. Es cierto,  la banda Pink Floyd es impensable sin la guitarra de Gilmour y los conceptos de Waters, pero sin Wright lo que no vive es el “sonido” Pink Floyd, que en las restas es lo que marca realmente la diferencia. El órgano al final de A Saucerful of Secrets, el “todo” de Atom Heart Mother, la elegancia de Stay o Burning Bridges (de esa gema ignorada que es Obscured by Clouds) el piano de Echoes y Great Gig in the Sky, el viaje introductorio de Shine on you Crazy Diamond y la marcha fúnebre al cierre de la misma pieza. No es necesario seguir enumerando, el toque Wright es Pink Floyd entre 1965 y 1977, Animals incluido, porque Dogs y Sheep sin teclados sólo son temas menores, innecesariamente largos.
Y claro, el resto de la historia no es desconocida. Las diferencias creativas con Roger Waters alejaron al pianista en The Wall y lo sacaron definitivamente en The Final Cut. No es casual que ambos sean los discos menos floydianos en la discografía de la banda, tampoco que Comfortably Numb, la última canción interpretada en un disco por Pink Floyd como cuarteto, con Gilmour y Wright (y Mason)  de iguales frente a Waters sea la gran canción de esta etapa. Curiosa sincronía para una mito lleno de sincronías, Comfortably Numb fue también la última canción interpretada en vivo por el tecladista, pocos meses antes de su muerte.
¿Quién es Pink Floyd? Insisto, para mí la respuesta es clara y sólo me basta escuchar Summer of 68, esa piedra preciosa compuesta y cantada por Rick Wright, inmersa al interior de Atom Heart Mother, para corroborarla. O Wearing inside out, su cameo en solitario dentro de The Division Bell, por harto lo mejor de esa placa. ¿Tienen dudas? Busquen Breakthrough, tema que interpretó junto a Sinead O´Connor, sino lloran  no tienen alma. Rick Wright es y fue la firma sónica de la banda llamada Pink Floyd, sin él prefiero que la banda no vuelva a reunirse. Cierto, tal vez existan buenos reemplazantes (su aprendiz Jon Carin es increíble), pero no es lo mismo, no podría ser lo mismo. Pink Floyd se acabó el 15 de septiembre del 2008 cuando el cáncer le ganó la pelea al piano,  quedaron los discos y la idea…
Y Gilmour y Waters girando de vez en cuando escudados bajo el promocional de la voz y guitarra de Floyd uno y el genio de Floyd el otro. Parecido, pero repito, no lo mismo.

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BERKOFF SEGUN VILLALOBOS

Esto dijo ayer Daniel Villalobos, durante la presetación de mi libro

  • El horror de Berkoff es una novela sobre el sur de Chile. Es decir, es una novela llena de humo, gente fea, mucha lluvia y baldosas mojadas.
  • El horror de Berkoff es el horror del sur. El horror de crecer en el sur, huir de él y terminar volviendo.
  • La novela de Francisco tiene seres sobrenaturales, casas encantadas y niños muertos, pero sus momentos de mayor terror están reservados para situaciones mucho más mundanas: el reencuentro con un amor de juventud, el funeral de alguien a quien apenas recuerdas o la confirmación de que el lugar donde creciste no sólo es horrible, sino además infernal.
  • Escribiendo una historia de miedo ambientada en un pueblo llamado Salisbury a unos cuantos kilómetros de Temuco, Francisco Ortega terminó escribiendo sobre los motivos que llevan a una persona a dejar el terruño para instalarse en otra ciudad.
  • El acto de irte de tu lugar de nacimiento puede verse como evolución o fuga. En El horror de Berkoff,  Ortega plantea un tercer concepto: el miedo a nosotros mismos. La posibilidad de fracasar –y el fracaso es uno de los grandes temas de este libro- y de hacerlo frente a los ojos de quienes te vieron crecer y volverte una promesa puede ser bastante duro.
  • Entonces mejor huir, reinventarte en una ciudad más grande y decir que has madurado cuando simplemente has puesto una máscara sobre el provinciano que nunca dejaste de ser.
  • Esa situación está planteada con dureza y sin piedad en El horror de Berkoff. Las criaturas que dominan el pueblo de noche y que acechan a los niños aun cuando están conectadas con secretos de los adultos, pueden ser menos inquietantes para un lector que la pobreza material o mental que campea en Berkoff.
  • La memoria y el ojo para el detalle de Francisco Ortega hacen que una enumeración de los títulos de libros viejos en un anaquel o la descripción de un desayuno se vuelvan una declaración de principios y una postal de otra época. El sur vive en otro Chile. El sur no es Chile.
  • El sur es un lugar del que tienes que huir porque está lleno de monstruos. Y esos monstruos tienen que ver con la religión, con la familia y con los sueños de juventud que tu vida adulta no cumplió y que ahora se han vuelto dolorosos de enfrentar.
  • Martin Martinic, el protagonista de El horror de Berkoff, es un actor de breve fama que vuelve a un pueblo tan mezquino que incluso el propio Martin es considerado un orgullo local.
  • Esta novela, tal vez previsiblemente, está llena de rabia. No es amable, no tiene héroes nobles o grandes propósitos. Como los relatos de Lovecraft y Stephen King que Francisco conoce y homenajea, Berkoff es un mundo donde el misterio de lo sobrenatural se contrapone a la miseria de los humanos.
  • Lo que más me gustó de El horror de Berkoff es que es la clase de historia que suele inventar un niño aburrido en un pueblucho del sur. Un niño que necesita creer que esas casas de color verde agua y esas iglesias evangélicas de madera barata y ventanas de una hoja encierran alguna clase de secreto o aventura extraordinaria.
  • Mejor aún, tengo la certeza de que ese fue el origen de esta novela. Conozco a Francisco Ortega desde que teníamos dieciocho años de edad y puedo decir, con escaso margen de error, que este es el libro que Francisco estuvo pensando escribir desde hace veinte años.
  • El horror de Berkoff por fin ha salido a la luz y –sorpresa- si bien a esta novela le sobran criaturas de la noche, monstruos y mutaciones, el miedo que yace agazapado en el centro de su historia es mucho más cercano: es el miedo a volver al hogar y descubrir que ya no es tu hogar, que nunca lo fue y que tu lugar en el mundo sigue siendo un misterio.

 

 

EL HORROR DE BERKOFF… GRACIAS NECESARIAS

Esto es lo que leí ayer en la presentación del libro. Gracias a Alvaro Bisama, Daniel Villalobos y Ramón Llao por sus palabras.

El Horror de Berkoff  partió originalmente como un guión de cine llamado Victoria. La historia era la misma, algunos elementos distintos. Era, por decirlo de alguna manera, más normal. Parte así la gratitud a todos los que leyeron la historia en ese primer formato, creyeron (o dijeron que creyeron) en ella y aportaron ideas que la convirtieron en lo que es hoy: Alex Bowen, Ernesto Ayala, Alberto Fuguet, Nicolás López, Miguel Asensio y por supuesto el gran Luigi Araneda que en diciembre pasado nos jugó la mayor de las bromas, hasta siempre Luigi. Victoria se escribió, se filmó como trailer y ahí quedó; buscando inversionistas. En la espera conoció monstruos y se transformó en novela.
A los verdaderos protagonistas, aunque ellos no lo saben. O quizás si, siempre lo han sabido… Manuel Contreras, Carlos Cristián Carvacho, Alejandro Inostroza. En estas páginas hay mucho de  esas tardes de sábado en Victoria/Salisbury. Punto extra al gran Daniel Villalobos, amigo insoportable y compañero de ruta, quien confió en esta historia desde que la hablamos una vez caminando por Seminario, entre Rancagua y Providencia. Daniel aportó ideas, sugirió lecturas, me hizo entender que Salem´s Lot era en el fondo sobre los alrededores de Temuco y tras leer una primera versión se mandó un análisis que me sacó lágrimas. De las buenas. Gracias monstruo, sabes que acá hay demasiada deuda contigo. Desde el pasado común, como canutos cagados de la cabeza (“Firmes y adelante, huestes de la fe…”), hasta esa rabia perpetua de inmigrante de provincia. El sur nunca fue como en las postales
A los camaradas de ruta: Mike Wilson, Alvaro Bisama y Jorge Baradit. Desde el fin del mundo para el fin del mundo. Un abrazo, a modo de archivo adjunto, a Edmundo Paz Soldán que aceptó leer el manuscrito, la pasó bien y se asustó; que es el mejor piropo que este libro podría recibir. Gracias también a Patricio Jara, Antonio Leiva y Francisco Díaz Klaassen por meter correcciones, editar, sugerir, proponer, subrayar, etc,etc… y no esperar nada a cambio (supongo), excepto aparecer en esto que estoy leyendo.
A los de siempre y los recientes. Sergio Cancino, Claudio Núñez, Alexis Ibarra, Coco Silva, Federico Willoughby, Pancho Aravena, Chato Díaz, Alejandro Alaluf… la lista es larga. Bonus para Angela Poblete, Ramón Llao, Elisa Zulueta y Esteban Cabezas que un día me preguntaron qué estaba escribiendo, exigieron leerlo (o que se los contara) y jamás dejaron de preguntar hacia donde iba este barco.
A los que me soportan día a día. El escuadrón Alfaguara: Andrea, Susan, Ricardo, Silvana, Cristián, Marcela, todos.  Los compañeros de Vive!/VTR: Tere, Pedro, Carola, Raúl, Ancao, Gabriel. A los cafeteros de la tarde de Cooperativa y especialmente a Alejandro Lecaros por esos dos años resucitando misterios y fantasmas de todo tipo en Muy Interesante.
A Nelson Daniel y Gonzalo Martínez, por 1899 y Mocha Dick, y lo que venga por delante: socios, compañeros, un par de titanes. A la NGI, Kote, XFlint, que ya no es XFlint, por ponerle carbón a calderas como esta. Gabriel, Miguel Angel por sus propias casas embrujadas. Carlitos Eulefi el mejor portadista del planeta y Oscar Salas por www.fortegaverso.cl. Un bro, Ignacio Olivares, por el apoyo, la música, el talento, la confianza, nuestro Hans Zimmer local. A  Sonico por las invasiones virtuales  y a Nico “Niñito” Lorca, por estar arriba de la nave desde siempre.
A Maria Eugenia y a Editorial Forja por decir sí de una y aceptar mis obsesiones y fijaciones. Se pasaron, muy buen trabajo.
A Victoria que en su reverso realmente es Salisbury y tiene casas embrujadas y ratones gigantes en las alcantarillas. También fantasmas; de esos que se pueden tocar. A otra Victoria, que estuvo desde el inicio y a quien le debo más de la mitad de esta historia. Gracias por siempre.
A la familia: mamá, papá, hermana, cuñado, sobrinos; por todo lo que hemos venido redactando desde el 11 de julio de 1974.  A Moneypenny, la gata, que se llama de otra forma, pero existe y en verdad tiene cara.
Finalmente, por que así lo dice una firma en un contrato y es de caballero educado reconocerlo y todo eso. Gracias al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, que a través del Fondo del Libro financió la escritura de El Horror de Berkoff con una beca de creación literaria en 2009.

A  los que fueron, son y serán.  Y descansa América, donde quiera que estés.

F.O.

Santiago, noviembre 2011