SUPERMAN ES CHILENO (LA HISTORIA MÁS RARA QUE ALGUNA VEZ PUBLIQUE)

Este es uno de los artículos más extraños que he escrito y reporteado. Ya ni recuerdo como llegué al caso, pero bien merece un lugar destacado en la historia bizarra de Chile. Como la película UNBREAKABLE pero en Santiago de Chile, un Wolverine anciano que hoy vive en la Florida, un X-Men de Departamental con Vicuña Mackena, el Dr. Manhattan de Santiago City. Un superhéroe por accidente que nunca usó sus poderes. En el cine, Cristopher Reeves nos enseñó que el hombre podía volar. Acá en Santiago, Antonio Dueville que un chilenopodía hacerlo… Y de verdad.
Publicado el viernes 5 de Febrero de 1999, en Zona de Contacto, El Mercurio.

El increíble caso del chileno electrocargado:
SUPERHOMBRE POR ACCIDENTE

Hace mucho tiempo, un rayo de energía lo golpeó dotándolo de increíbles poderes. Hoy, con 90 años cumplidos y en pleno uso de sus facultades, Antonio Dueville recuerda el episodio que lo convirtió en el Supermán chileno.
Como 1999, el verano del 47 fue uno de los más calurosos en Santiago. Antonio Dueville tenía 35 años y trabajaba como contratista eléctrico. El 28 de enero lo llamaron del entonces Instituto Nacional del Radium, hoy Centro Oncológico Caupolicán Pardo, detrás del hospital José Joaquín Aguirre en Independencia.
“Tenían problemas con una máquina de rayos X. La cosa era grave, porque cada vez que la prendían temblaba. Salían chispas que incluso atravesaban las paredes de la sala. Me contrataron para recubrir la pieza con plomo. Al terminar me di cuenta que no había tomado las medidas. Le dije a Carlos, un niño que trabajaba conmigo, que fuera a echar una mirada para calcular los metros, pero como la máquina estaba encendida, le dio miedo. Le insistí pero no quiso, así que fui yo”.
“Carlos me pidió que por favor no se me ocurriera entrar, que mejor mirara por una ventanita de la puerta. Arriba de ésta se leía: Alta Tensión: Peligro de Muerte . Miré por el vidrio, pero como no se veía nada, me arriesgué y abrí la puerta. Apenas me asomé al interior, sentí que me chupaban para adentro y después vino el golpe de luz. De ahí no me acuerdo más”.
El golpe retumbó en todo el edificio, asustando a pacientes, médicos y auxiliares. Carlos, el asistente de Antonio Dueville, fue el primero en darse cuenta de lo ocurrido. Recuperándose del susto corrió a la sala y vio que la puerta estaba cerrada. Con temor fue hasta la ventanilla y miró al interior de la pieza. Lo que vió era mejor que cualquier historieta. A cinco metros del suelo, el cuerpo de su jefe flotaba despidiendo rayos de energía; su ropa ardía y daba la impresión de ser una especie de generador humano. Antonio Dueville volaba, suspendido inexplicablemente en el aire. Estuvo así un par de minutos, hasta que cortaron la electricidad. Cuando esto ocurrió, el cuerpo inconsciente de Dueville se desplomó, rebotando pesadamente al golpear el suelo.
Con mucho cuidado Carlos y un guardia abrieron la puerta. El olor a carne quemada hacía imposible creer que Antonio Dueville pudiera estar con vida, más aún cuando Manuel Mella y Pablo Raffo, dos doctores del instituto llegaron a ver el accidente y sólo atinaron a pedir que lo llevaran a la morgue. El doctor Mella intentó acercarse, pero apenas franqueó el umbral de la sala, fue repelido por una descarga emitida por el cuerpo de Dueville. El electricista había sido cargado con más de 200 mil voltios, más del doble que una silla eléctrica (cuyas cargas son de 50 mil voltios).
Con cuidado, tomaron el cuerpo de Antonio con guantes e implementos no conductores y lo sacaron de la pieza. Dicen que me salían chispas y destellos del cuerpo. Anudaron sus codos y rodillas con alambres de cobre y conectándolo a tierra, procedieron a descargarlo. Fue un espectáculo desconcertante que se prolongó por media hora. El cuerpo de Dueville destellaba rayos e incluso llamas. La piel estaba toda quemada, no tenía nada de pelo y lo poco que quedaba de su ropa eran un montón de harapos humeantes.
Después de descargarlo, cuando ya no había peligro, el doctor Raffo fue el primero en revisarlo. Examinó su respiración, su pulso y su corazón, y al no obtener respuesta lo dió por muerto. En una camilla lo mandaron a la morgue. Estuvo dos horas muerto hasta que, mientras una enfermera le limpiaba las quemaduras, Antonio Dueville abrió los ojos. Entre los gritos de horror de la mujer, él se sentó. Le pregunté que había pasado. Ella no paraba de gritar.
“Lo curioso es que los doctores y la gente del Instituto no me revisaron ni hicieron nada. Se limitaron a esperar que pudiera caminar y me mandaron a la casa. Todo quemado salí a la calle y paré un taxi. Después supe que lo habían hecho porque los del Radium no querían tener responsabilidad y como creyeron que me iba a morir en la calle, pensaron que así no tendrían que dar explicaciones. Pero igual llegué a casa. Mi mujer gritó de espanto al verme. Estaba humeando y todo cubierto de ceniza blanca. Me acostaron y llamaron a un doctor. El médico ordenó que me llevaran a un hospital, curiosamente al José Joaquín Aguirre que estaba al lado del Radium. También sugirió que iniciara una demanda porque lo que habían hecho conmigo era un crimen. No lo hice porque sabía que había entrado a la sala bajo mi responsabilidad y ellos no tenían nada que ver.”
Después de los primeros exámenes, no le dieron más de un par de días de vida. Tiempo que él aprovechó para repartir a sus seis hijos entre todos sus amigos y hermanos. Venían a verme y yo les encargaba un niño Al final Antonio Dueville estuvo tres meses hospitalizado. Lleno de quemaduras y todo lampiño.
Mientras estaba en cama su cuerpo comenzó a experimentar extrañas transformaciones. La más evidente fue que alrededor de las heridas, comenzó a brotarle piel. Le crecía carne, así que los doctores no tuvieron que extirparle piel para hacerle los injertos, pues era cuestión de estirar la carne nueva y coserla sobre las heridas. Del resto se encargaba un curioso factor de curación que también le apareció. Uno tan espectacular y extraño que hasta el día de hoy le cierra cualquier herida (por muy profunda que sea) en un par de horas.
Hace como dos semanas, estaba arreglando las jaulas de unas pájaros cuando se asustaron y me picaron. Me abrieron unos tremendos hoyos en las manos, pero no sangré. Las heridas se me cerraron en menos de un día.
Esa tarde del 28 de enero del 47, Antonio Dueville nació de nuevo. El golpe de corriente mató todas las bacterias de su cuerpo e incluso, inexplicablemente, le curó de una diabetes. Además me dejó el mejor corazón del mundo, con cero peligro de infarto. Cada vez que voy a un médico, ellos se asustan porque tengo el pulso de un niño de 15 años. Tengo 90 años y no estoy enfermo de nada. Yo creo que todo fue porque recibí tantos voltios, si hubieran sido menos, lo más probable es que hubiera muerto Una vez salió en la tele un joven que se murió con ‘apenas’ 16 mil voltios. Lo mío fueron 240 mil.
-En la prensa (1) decía que 200 mil…
-Si, eso dijeron, pero Carlos, mi asistente, me dijo que habían sido 240 y yo preferí creerle a él, porque estuvo presente cuando pasó. Además que yo volé y eso sólo sucede cuando uno es un hombre eléctrico.
-O Supermán
-Así me decían. Es que yo volé igual que él.

Dijeron un día
Antonio Dueville tiene 90 años y vive en la Florida. Ha sido bombero toda su vida y es un verdadero héroe para la Bomba Italia. Dice que ha sido un hombre feliz y confiesa que su único pecado han sido las mujeres, tuve tantas en mi vida que no puedo contarlas. A pesar de su insólita experiencia radioactiva, tuvo escasa cobertura en los medios de la época. Sus familiares dicen que fue así porque el Instituto del Radium tapó la noticia y la revista Vea, que se dedicaba al periodismo sensacionalista, se las arregló para reportear el hecho. Dos meses después, con fecha del 26 de abril de 1947 el suceso ocupó las páginas centrales del semanario. Bajo el título de Emulo del Superhombre vive en Santiago, la revista relata la odisea de Don Antonio, comparándolo con Superhombre, que era como se conocía entonces a Supermán. Se incluyen fotografías del personaje y del lugar de los hechos, así como un curioso apartado sobre las fuerzas eléctricas y la obra de Benjamin Franklin.

Imposible

El Dr. Jorge Mella es hijo de Manuel Mella, el médico que según la revista Vea de 1947 fue repelido por una descarga al intentar ayudar a Dueville. El doctor Mella Jr. es director de la Clínica Mella y recuerda lo ocurrido: Claro que no fue la única vez que pasó algo así. Un alemán también se electrocutó en la sala de rayos X así que no era un fenómeno aislado. Sostiene que si bien es lógico que la corriente haya chupado a Dueville, es imposible que hubiera volado: Perfectamente pudo ser invento de la prensa. Un cuerpo cargado de energía no puede suspenderse en el aire. Sobre los 200 mil voltios de la descarga, en comparación con los 50 mil de la silla eléctrica, también hay una explicación: La silla dispara golpes directos y mortales, pero lo que ocurrió en esa sala de rayos X el 47 fue un contacto indirecto, y es factible que un hombre soporte miles de voltios en ese tipo de descargas. Mella también se refiere a los efectos secundarios que sufrió Dueville después del accidente, asegurando que: El seguramente siempre tuvo buena cicatrización, pero nunca antes se había dado cuenta. El médico tambien desmiente las acusaciones de negligencia contra el entonces Radium, es falso, sólo sensacionalismo.

(1) Revista Vea. 26 Abril 1947

NOTA: El año pasado, la nieta de Antonio Dueville me envió un mail recordando este artículo y para contarme que Superman había muerto.

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About fortegaverso

Periodista, escritor, editor, guionista. Autor de un par de novelas, un par de guiones, varios cuentos y mucho magterial inédito. Blogger y twitter. Hace algún tiempo, no importa cuanto, decidí recorrer el mundo por los caminos del mar... pero me arrepentí, la web es más segura

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