ROGER WATERS: ¿HAY ALGUIEN ALLÁ AFUERA? (EXTRACTO DE ARTICULO PARA iPOP)

Publicado en la edición febrero de 2012, de revista iPop

En la mente de Roger Waters
THE WALL: ¿HAY ALGUIEN ALLÁ AFUERA?

El gigantesco montaje que acarrea el bajista y cerebro de Pink Floyd y que recalará por estas costas en marzo , no es precisamente algo nuevo. Sabemos a lo que vamos, lo hemos sabido desde hace 31 años: el orden de las canciones, la nula improvisación, incluso la idea de estar viendo una película repetida. The Wall no tiene nada de espontáneo y esa es precisamente  su gran virtud, lo que ha hecho de esta gira tal vez la más espectacular de todos los tiempos.

“¿Fuiste a ver U2 360º?”, me preguntó hace unos meses, una amiga que vive en España. Cuando le contesté que sí, contraatacó con un “¿y te pareció espectacular?” a lo que volví a responder afirmativamente. “Pues es un chiste al lado de The Wall de Roger Waters”, agregó, sumando de inmediato: “tú sabes que yo con Pink Floyd cero onda, no creo haber escuchado un disco entero de ellos, pero si estoy segura, muy segura, de que The Wall es el mejor concierto que he ido en mi vida. No es solo música, es información, estímulos por todas partes, uno no sabe para donde mirar”. Y al parecer mi amiga no es la única que opina parecido; el  “autoremake” de Roger Waters se ha llevado algunas de las críticas más halagadoras de la industria: “Supera todo lo visto antes”, “El concierto de rock más espectacular de la historia”, incluso el estricto The NewYorker lo calificó como un hito obligatorio, casi una responsabilidad cultural el asistir a una de sus puestas en escena.

Nominaciones varias a mejor gira del año y a puesta en escena más innovadora son más ladrillos en la pared de una historia que se ha venido tejiendo desde hace más de tres décadas, una con leyenda propia y que bien supo sintetizar el escritor argentino Rodrigo Fresán hace unas semanas en Página 12.  “No es Pink Floyd lo que está en gira, ni siquiera es Roger Waters, es The Wall, el disco, la obra es la protagonista, no el artista”.  Y ahí está la gran diferencia entre este tour del señor de los cerdos voladores y los dos previos que también lo trajeron por este lado del mundo. El 2002 fue el reencuentro del músico con su público y el 2007 una declaración de principios: si la marca Pink Floyd estaba en  coma, él la tomaba prestada. O si se prefiere, hacía uso de la cuarta parte que le tocaba.

Con The Wall la marea es otra, no es Waters quien está bajo las luces, es la obra, la pared la que canta y grita. Claro uno puede arrugar la frente al oír las versiones del bajista de piezas de la era Dark Side of The Moon y Wish You Were Here, pero con “el muro” es distinto, los ladrillos son suyos, las letras, la biografía en escena le pertenece, por eso no es inusual que ocurran fenómenos como los “9 River” en Buenos Aires, lo que no tiene que ver con que si Waters o Pink Floyd son más populares en Argentina que los Stones o Charly García, como se ha apresurado a sentenciar la prensa. Esos “9” obedecen a un rito, uno que se explica ante el hecho que The Wall, la película, lleva en cines porteños casi tres décadas. Es probable que la obra guste incluso más que la banda y ahí está la misa, ir a ver algo que ya hemos visto, o creemos haber visto, muchas veces. Esto, insisto, no es Pink Floyd ni Roger Waters solista, es The Wall.

En primera persona…

La teleserie Pink Floyd es una de las más extrañas de la historia del rock, por un lado aparece llena de secretos y mitos (¿A Saucerful of Secrets?) y por otra de frases grandilocuentes lanzadas a todo pulmón para que escuchen todos los vecinos de la cuadra. No es apresurado decir que la banda como tal se acaba en Wish You Were Here (1975), pasando de ahí a la llamada dictadura Waters. El paréntesis Animal (1977) es curioso, pero se trata de una placa hecha a base de demos tocados en vivo durante el tour del 74, canciones viejas rescatadas, un puente, un compromiso con el sello si se prefiere, hacia lo que venía: The Wall.

A pesar del gran aporte de David Gilmour en la dirección musical y en la mejor canción del álbum (“Comfortably Numb”), “el muro”  es por donde se le mire, un disco solista de Roger Waters, no sólo están sus obsesiones y sus miedos, también su propia vida, lo que es harto  decir. Discos conceptuales y óperas rock hay varias previas a “la pared”, una autobiografía/autoterapia cantada solo esta. Y de patio, que es lo más significativo.

The Wall aparece en noviembre de 1979 como un disco doble, pensado para ser presentado en vivo en recintos cerrados, con un gran aparataje teatral. Y es en este proceso donde aparece el gran socio del bajista en la aventura: Mark Fisher. Arquitecto y viejo compañero universitario del músico, Fisher llevaba algunos años especializándose en lo que el definió como arquitectura móvil para conciertos. Pionero en su negocio, es gracias a The Wall con que el “estudio Fisher” se convierte en marca registrada, transformándose en el mayor referente mundial en materia de escenarios y estructuras móviles, estando desde 1980 tras las giras de Madonna, Rolling Stone, Jean Michel Jarre, Muse  y U2, entre una larga lista de gigantes del negocio.

Durante la primera mitad de The Wall, una banda de músicos disfrazados de Pink Floyd abrían el show para luego unirse como respaldo al grupo en el resto del espectáculo. Por cuarenta minutos la música se iba conjugando con marionetas gigantes, la réplica de un avión Stuka alemán estrellándose contra una esquina del escenario y películas proyectadas en Mr. Screen, la pantalla circular rodeada de focos ideada por Fisher y que ha sido marca registrada del grupo en sus presentaciones en directo desde 1974, todo mientras un muro iba tapando a los músicos hasta cubrirlos por completo, lo que ocurría al final de “Goodbye Cruel World”. Tras un intermedio de veinte minutos, la segunda parte del espectáculo sucedía con el público mirando la pared (y los músicos ocultos tras esta) sobre la que se proyectaban animaciones del caricaturista Gerald Scarfe, mensajes y toda clase de referencias conceptuales, como la marcha de los martillos en “Waiting for the Worms” o el cerdo inflable durante “Run Like Hell”. En los acordes finales de “The Trial” la pared se venía al suelo y la banda, entre las ruinas del muro aparecía cantando “Outside the Wall”.

No más, sin bises ni encores, sin una sola cita a la discografía previa de la banda (lo más cercano eran los dibujos animados de “The Trial”, usados previamente en “Shine on You Crazy Diamond” durante las giras del 75/77). La banda salía de escena, se prendían las luces y listo. Todos para la casa, no había más, cero improvisación, ni un regalo extra para… (LEE EL REPORTAJE COMPLETO EN REVISTA IPOP DE FEBRERO)

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About fortegaverso

Periodista, escritor, editor, guionista. Autor de un par de novelas, un par de guiones, varios cuentos y mucho magterial inédito. Blogger y twitter. Hace algún tiempo, no importa cuanto, decidí recorrer el mundo por los caminos del mar... pero me arrepentí, la web es más segura

One response to “ROGER WATERS: ¿HAY ALGUIEN ALLÁ AFUERA? (EXTRACTO DE ARTICULO PARA iPOP)”

  1. lobocinepata says :

    como lo haces? siempre consigues sacarme una lágrima con columnas como ésta, especialmente las que hacen relación al pinkfloydverso…felicitaciones.

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