MARK FISHER, “STARCHITECT”

Versión “extendida” del posteo publicado hoy en Que Pasa.


MARK FISHER, “THE WALL”

 Si en el mundo hay un arquitecto al que le queda la chapa de starchitect ese es Mark Fisher. De partida es quien más veces ha expuesto sus obras alrededor del mundo, incluido Chile. Y el que más ha sido visto y disfrutado por hijos de vecino sin necesidad de acudir a una bienal o evento similar. ¿Le interesó? Excelente, la próxima semana estará por estos lados exponiendo  la que el mismo ha sostenido es su obra maestra: The Wall. Una pieza de “arquitectura móvil” que atravesará el Estadio Nacional y que será montada y derrumbada en poco más de dos horas, periodo en el cual cobrará vida con proyecciones de efectos 3D, juegos de luces, filmes animados, pirotecnia, aviones a escala, muñecos gigantes y hasta la réplica de una habitación de hotel.

Vale, The Wall es de Roger Waters y por añadidura de Pink Floyd, pero si somos concretos el legítimo responsable de darle forma al concepto es y siempre ha sido Mark Fisher, un arquitecto inglés de 65 años que a mediados de los setenta cambió los rascacielos por la música. Quería ser estrella de rock y a su manera lo logró. Creador de la idea y término de “arquitectura móvil”, los croquis y las obsesiones de Fisher han dado por casi cuarenta años forma, color y luces al rock y al pop, razón por la cual muchos de sus contrarios lo han apuntado como responsable de haber asesinado lo simple, instantáneo e improvisado de la música en vivo.

Tras la llegada de Fisher todo fue sincronización, sonidos pregrabados y tiempos perfectos para que el espectáculo sonoro funcionara a la par con todo lo que lo envolvía. Dejar lo espontáneo en servicio del show, hacer de un concierto un gran equipo estéreo, como ocurre precisamente en The Wall, complejo y carísimo montaje que diseñó para Roger Waters y compañía en 1979, volvió a dar vida en Berlín en 1990 para veinte años después conseguir modernizar, actualizar y transportar a través del mundo en la rendición que el ex Pink Floyd viene haciendo a su obra maestra desde 2010, un reto donde la música es secundaria y que, según el propio bajista, habría sido imposible de lograr sin el toque Fisher. La crítica especializada ha dicho que el show de The Wall es una experiencia a los sentidos y que el mérito no es precisamente de los músicos en escena, sino de la escena en sí. Tal vez debiera llamarse Mark Fisher: The Wall, hasta justo sería.

Decir que Fisher piensa a lo grande es quedarse chico, si “obras arquitectónicas” como la “garra” de U2, el “ultrasecreto” juego de luces de Genesis, el “muro “de Waters/Pink Floyd sorprenden, más lo hace el haber convertido los centros completos (downtown) de Houston (1986), París (1995)  y Moscú (1997) en mega escenarios para Jean Michel Jarre, batiendo en la capital rusa el record absoluto de asistencia a un evento, congregando alrededor de su “arquitectura móvil”  a 3 millones y medio de moscovitas arrodillados alrededor de luces, laser, marionetas, pantallas móviles y sincronías orquestadas donde la música pulsaba el ritmo de una ciudad entera, incluidos astronautas hablando desde la Estación Espacial y un “cuerpo de baile” compuesto de seis aviones Mig-29. Su límite, ha dicho, no es el presupuesto, sino lo que la tecnología le permite.

Después de su debut en el negocio, en el verano de 1974, precisamente con Pink Floyd; el nombre de Fisher comenzó a repetirse junto a “marcas” como Queen, Led Zeppelin, ELO, Genesis, David Bowie, Peter Gabriel, Elton John, Rolling Stones y una lista tan larga como variopinta que ha sabido estirarse  en el tiempo hasta U2, Depeche Mode, Metallica, Iron Maiden, AC/DC, Pink, Madonna, Cher, Kylie Minogue, Muse, Radiohead, etc; todas las premiaciones de MTV y  VH1, los últimos dos Mundiales de Fútbol, las recientes tres Olimpiadas e incluso la actual gira de Juanes y “me veras volver” el tour de reunión de Soda Stereo del 2005. Rodeado de colaboradores de la talla del fotógrafo y cineasta Anton Corbjin, y el iluminador teatral Jonathan Park, el toque midas de Fisher ha sido plagiado  (los últimos escenarios del Festival de Viña han sido un “copy-paste” de los bocetos disponibles en su sitio www.stufish.com) pero jamás igualado, porque hay algo que lo diferencia de otros escenógrafos, es arquitecto y desde esta mirada ve a cada banda y a cada solista, no como un show, sino como un edificio: una catedral o un rascacielos que puede y debe moverse, también bailar.

 

 

 

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About fortegaverso

Periodista, escritor, editor, guionista. Autor de un par de novelas, un par de guiones, varios cuentos y mucho magterial inédito. Blogger y twitter. Hace algún tiempo, no importa cuanto, decidí recorrer el mundo por los caminos del mar... pero me arrepentí, la web es más segura
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