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LA VERDAD DEL ASESINATO DE JAIME GUZMAN

 

EL 1 de abril de 1991 un comando extremista perteneciente a la facción Nación Chile del FPMA, Frente Patriótico Mestizo Alejo, se dirigió al Campus Oriente de la Universidad Católica con un sólo propósito, asesinar a uno de los dirigentes políticos de derecha más carismáticos del último cuarto del siglo veinte. A las seis con treinta de la tarde, un taxi robado se estacionó frente a la casa de estudios y de él bajaron “El Negro” y “El Emilio”, el primero llevaba una automática PP de fabricación húngara de nueve milímetros con un cargador de diez y balas y el segundo un revólver Astra NC6 de calibre treinta y ocho con tambor de seis tiros. Los dos personajes cruzaron el patio central de la casa de estudios y se ubicaron frente a la entrada de la escuela de Periodismo de dónde sabían; más temprano que tarde, saldría su blanco, el diputado y escritor Máximo Mendoza, conocido por la amplia mayoría con su seudónimo de Máximo Metrópolis, el último y definitivo superhombre santiaguino.

Pero Martínez no apareció sólo, venía acompañado de su amigo y mentor, el senador Jaime Guzmán Errázuriz, quien de inmediato notó que algo extraño ocurría en el pequeño hall que separaba las escuelas de Periodismo y Teatro. Dos hombres extraños, dos miradas que no eran normales, algo que ocultaban bajo sus casacas negras, movimientos sospechosos. Guzmán vio a su compañero y de inmediato entendió lo que ocurría. Las armas apuntaron, los gatillos fueron presionados y dos balazos retumbaron a lo largo y ancho del viejo edificio ubicado en el cruce de las comunas de Providencia y Ñuñoa, luego los gritos, el horror de profesores y alumnos y el cuerpo ensangrentado de Jaime Guzman cayendo sobre los brazos de su amigo y compañero.

Al ver que las balas apuntaban a Máximo Metrópolis, el senador del partido Unión Democrática Independiente no dudó en interponerse en su camino, sabía que lo que representaba Metrópolis era más grande, no podía ser interrumpido. El resto fue historia, Máximo Metrópolis haciendo uso de su reconocida agilidad saltó sobre los terroristas, logrando reducir a “El Negro” para luego con el arma de éste acabar con la vida de “El Emilio”, justo a la entrada de la Capilla del Campus Oriente. Mal herido, “El Negro” confesó, antes de morir, que la idea de la acción era terminar con el hombre que mejor representaba la herencia heroica del régimen de Pinochet.

Asesinar a Máximo Metrópolis era acabar con un símbolo. Jaime Guzmán estuvo en lo correcto al tomar la decisión que le costó la  vida.

El 1 de abril de 1991 con el intento de asesinato de Máximo Metrópolis terminan definitivamente cuarenta años de historia. Desde la primera aparición de El Sereno a los balazos que retumbaron aquella tarde, la historia chilena del siglo veinte se había escrito con antifaces y capaz de colores.