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LOS DISCOS DE MI VIDA, @TRUCHOMARX + @EFEORTEGA

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El gran pablo Rosenvaig, AKA @truchomarx en twitter, me invitó a grabar su podcast LOS DISCOS DE MI VIDA y antes me pidió que le escribiera una biografía musical. Pensé que iba a ser fácil, pero nones, la vida tiene demasiadas vueltas y demasiadas canciones, esto fue lo que salió. App, el podcast lo pueden encontrar aquí.

JOSE LUIS RODRIGUEZ
Y SURGIO EL AMOR

En mi casa no se escuchaba mucha música “mundana”.  Éramos evangélicos, mis abuelos, mi vieja. Mi viejo no pescaba mucho pero igual iba al templo, hasta la nana nos acompañaba. Supongo que como mi abuelo era una figura súper potente, paternal del porte de un petrolero  y hermano anciano (diacono jefe) de la Alianza Cristiana y Misionera, nos tenía a todos cuadrados. Además la iglesia, la congregación, había sido fundada por mi familia materna, los Hässig, que llegaron de Suiza en 1881. Había un peso histórico heavy.

Era Victoria, un adorable pueblo de mierda, lluvioso y helado, fines de los 70. En casa había casete grabados, la mayoría de himnos cristianos. Recuerdo a mi hermana cantando: “Cuando suene la final trompeta, no quisiste arrepentirte en el fuego arderás…”.  Y con los años me pregunto qué cresta tenía mi vieja en la cabeza para dejar que una niñita de 4 años cantara eso. En fin. Entonces apareció JOSE LUIS RODRIGUEZ y como el Puma era Pastor Evangélico en Venezuela, lo permitieron escuchar en casa.  Me acuerdo especialmente de Y SURGIO EL AMOR, que era una interpretación del Génesis, muy canuto y bíblico pero con épica de balada romántica latinoamericana. Onda se acaba el mundo y esas huevadas, bronces, vientos, cuerdas. Creo que es la canción más Camilo Sesto del Puma, teatral.  La mujer como un todo, grande el Puma. Esa canción fue un himno en mi casa y en la de mis abuelos. Literalmente todo el día, hasta mi abuela la cantaba. Era políticamente correcto.

En casa había también un casete de ELVIS, que a mi vieja le gustaba mucho, era una selección. Yo pendejo, 6 años, bailaba con no sé, “Don´t Be Cruel”, los típicos rocanroles del rey. Onda ponían el casete y uno saltaba, pa´mi Elvis fue el gran referente rock de cabro chico, en el kínder yo hablaba de él, sin entender mucho. Mi vieja amaba “Always in my Mind”  y esa fue una de las primeras, tal vez la primera canción en inglés que se me pegó. Creo que por eso el 87 u 86 me encanté con los PET SHOP BOYS, hasta el día de hoy. Lo primero que escuché de ellos fue un cover de esa canción.

Recuerdo que en ese año, 1979, hubo un festival en Victoria y fueron cantantes jóvenes pro Pinochet a cantar a la Plaza de Armas, Sebastian, Cristóbal. A mí me llevó una niña joven, que trabajaba en casa de mis abuelos,  y yo no caché mucho, solo mujeres jóvenes gritando. Esa noche cantó MARIA INES NAVEILLAN, como que me enamoré de ella, amor pendejo, por qué ni siquiera era rica, pero como estaba arriba del escenario, huevas, locuras. Amor musical.

En ese tiempo mi tío Victor Hugo, hermano de mi mamá, tenía como 22 años y estudiaba Ingeniería en Concepción y para un verano (iba solo los verano) llegó con dos discos que me volaron la raja. Un BEST OF de VANGELIS y el EQUINOXE de JEAN MICHEL JARRE. El primero era la música de “Cosmos”, la serie de Carl Sagan que daban en la tele, el otro era el futuro. Yo flipé en mala, onda todo era galáctico, como los monos animados o los comics que yo leía por mi viejo. El Victor Hugo era como un hermano mayor, me enseñó a andar en bicicleta, a armar aviones a escala y con el tiempo me regaló pornografía, Playboy y Eroticón. Mi casa estaba llena de comics y esos vinilos eran como la banda sonora de esas historietas: Mampato, algunas cosas argentinas que no recuerdo, Dartagnan, el Tony, creo… harto Novaro y una colección de héroes bíblicos que era la zorra por lo violenta. Yo aprendí a leer con comics, en casa se leían historietas, había un valor en ellas, literario, desde chico, por eso no es raro que hoy escriba comics y flipe tanto con ellos. En fin, JARRE y VANGELIS siempre van a tener mi respeto por ese recuerdo, son unos bacanientos. Aprendí a leer con ellos y con historietas.

SUI GENERIS
INSTITUCIONES

Pal verano del 81, el Victor  llegó con casetes pirateados, grabados y ahí conocí a PINK FLOYD y a YES, pero también a SUI GENERIS. Como yo venía flipado de los teclados por los discos de Jarre y Vangelis entre de una en estas bandas. Pero ojo no en FLOYD, era THE WALL y salvo el single, que me sonaba de la radio, no lo coticé mucho y tiene sentido, THE WALL es el disco con menos sintes de PF. De YES me acuerdo que era el DRAMA y mi tío me hablaba de Rick Wakeman y su rock sinfónico, ni idea que ese disco era sin Wakeman pero filo. Ahí me quedo grabado la idea de rock sinfónico, que me parecía respetable.

El casete de SUI me pegó más fuerte, era el INSTITUCIONES. Y ese tema SUI GENERIS, INSTITUCIONES me voló el rostro. Por eso pa´mi nunca Sui fue y ha sido un grupo de fogatas y guitarras de palo, pa´mi Sui era y es puro prog rock y del mejor del mundo. Los moog y mellotrón y la flauta de ese tema son mejores que cualquier cosa de Jethro Tull. Con los años me ha pegado harto con el rock setentero argentino, que es muy progresivo. Que se yo, las primeras cosas de SPINETTA, ALMENDRA, ALAS, MADRE ATOMICA, VOX DEI, LA MAQUINA DE HACER PAJAROS, SERU GIRAN. El rock latino pa´ mi tiene un origen folklórico por un lado y progresivo por otro. Puedo estar equivocado, pero creo que para Chile y Argentina, el sonido de Pink Floyd, Procol Horum, Yes o Génesis fue más importante que el de los Beatles o Rolling Stone a la hora de encontrar una fuente para un sonido propio.

Si tengo que pensar en la adolescencia y esa época. Parte con dos cuestiones re fundamentales. Por un lado THRILLER de MICHAEL JACKSON y por otro lado, otra vez gracias a mi tío, el descubrimiento ahora si de la discografía de PINK FLOYD. DARK SIDE OF THE MOON y ATOM HEART MOTHER. No quiero escuchar ahora, en este programa,  a PINK FLOYD, lo escucho mucho, pero me estaría negando si no lo menciono. El DARK SIDE me voló la cara cuando lo escuche entero por primera vez, en un casete pirata.  Hablo del 85 u 86, años después mi amigo  Pollo Carvacho  me regaló el casete original, argentino, de EMI que se llamaba EL LADO OSCURO DE LA LUNA y tenía todos los nombres en español. El ATOM fue más complicado, era como música sinfónica, o sea eso era, con orquesta y todo. Denso,  aburrido, ahora me gusta mucho, entonces era choro decir que oías esa música en el sur, donde todo era lo que sonaba en la radio. Del ATOM siempre he flipado con SUMMER 68 una balada veraniega con toques beatlescos y bechboys que canta RICK WRIGHT, el tecladista. Y aquí quiero detenerme. Yo de chico BEATLES nada, con cueva había visto HELP en Tardes de Cine. Pa´mi, mi banda formadora, porque se dio así, genética, crianza y también un acto contra religioso fue PINK FLOYD. Por eso yo defiendo tanto y flipo con PINK FLOYD. Era la herencia de mi tío, lo más rockero que me llegó por la familia. 1985/86, estaba THRILLER que era la moda, PINK FLOYD en mi cueva…y un disco single que tenía el Victor de TWILIGHT de ELO, que es del disco TIME que es lejos mi favorito de ELO, el lado B de ese disco (ni idea entonces lo que era lado B) era JULIE DONT LIVE HERE, que está en mi top 3 de mejores canciones de la vida. Por esa época también escuchábamos el vinilo de ALAN PARSONS de los CUENTOS DE EDGAR ALLAN POE y el VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA de RICK WAKEMAN. Era música de los autores que yo leía, Verne y Poe. Y si, el prog rock es perno, pero a este perno le salvó la vida, bueno, algo así.

Pa mi cumpleaños 11 u 12 recibí mi primer caset original de regalo, que fue (era que no) de mi tío, el GREATEST HITS de QUEEN que no me gustó mucho, salvo FLASH y un par de temas más. A mi vieja le encantó y harto, como que convirtió en fana de Queen, le dio por escuchar y escuchar RAPSODIA BOHEMIA. Con el tiempo me reencanté y sigo reencantado con Queen, creo que a partir de la muerte de Mercury. Es raro pero hay mucha que gente que conozco que como que reniega de lo que escuchó de niño, de lo  que lo hizo crecer, yo no puedo y no quiero. No porque ahora escuche, que se yo… MAGNETIC FIELDS o NATIONAL o FLEET FLOXES voy a dejar de oír a QUEEN o a PINK FLOYD, creo que traicionar tus gustos de infancia es traicionarte a ti mismo. Y no poco, sino harto. Pa mi eso es un tema. Puedes cambiar de gustos, pero no olvidar y si olvidas eres un bastardo de ti mismo. Tal vez hoy considere que BEATLES o THE KINKS son mejores banda que PINK FLOYD  pero no voy a decirlo, pa´mi FLOYD son mejores y punto, es mi rollo, mi cuento, mi vida.

Como en esa época, a los 12, 13 años (87, 88)  yo rompí con Dios. O sea, nunca fui muy cristiano pero iba a la iglesia por una cosa familiar y de temor al Dios vengativo. El temor al castigo, que es mi tema de la vida, mi terapia con psicólogo de hace años. Nos empezaron a hablar de satanismo y de que había cosas que no teníamos que hacer. Nos prohibieron monos animados por supuestos mensajes subliminales, películas que tuvieran que ver con  magia y hechicería y cosas sobrenaturales, que eran mis favoritas y nos advirtieron del rock. Y salieron a colación casi todas las bandas que yo estaba empezando a escuchar. Y también harto rock pesado, creo que nunca he enganchado mucho con el heavy metal precisamente por eso, me metieron tanto miedo con la huevada que me traumé. Pero en fin, un día me dijeron que el niño cristiano tenía que escoger entre el mundo y Dios y yo escogí el mundo.

VIRUS
PRONTA ENTREGA

Era la época del rock latino y esas cosas. Creo que lo primero de rock latino que me interesó fue VIRUS, el disco LOCURA. Nunca me fije mucho en las letras, pero la música y el trabajo con teclados, que es mi fijación de siempre. Si hay un parámetro común en mi gusto de música son los sintes. VIRUS me sonaba moderno, mucho más que GIT y SODA, que para ser honesto pesqué de DYNAMO en adelante y de ahí bajé un poco. Pero volviendo a VIRUS, PRONTA ENTREGA está lejos en mi top 10 de mejores canciones de inicio de un álbum de la vida.  Era la época también del rock chileno, y creo que un golpe fue ver en “Más Música” el video de MUEVAN LAS INDUSTRIAS de LOS PRISIONEROS, que es un temón y que tiene la versión de LOS PRISIONEROS que me interesa, que es su lectura tecnopop a lo OMD y que es mi favorita, de hecho en el recital de reunión, esa mitad con teclados me voló la cabeza. En ese sentido, el PATEANDO PIEDRAS y CORAZONES son mis discos favoritos.

En esa época LOS PRISIONEROS fueron a Victoria y tocaron en el gimnasio de mi colegio pero no me dejaron ir porque era peligroso, que se yo. Victoria era bien facho y hubo protestas y amenazas del HACHA contra JORGE GONZALEZ y contra el rector del colegio por autorizarlos.

Cuando entre a primero medio me juntaba con un grupo de amigos bien melómanos, aunque no usábamos ese terminó. Pollo Carvacho, Manolo Contreras, Mauricio Geissbüller, Alejandro Inostroza, que son los personajes de EL HORROR DE BERKOFF, mi última novela. Y éramos pobres y sureños, había que piratear casetes. La gracia es que teníamos mecenas, un primo de Manuel que estudiaba en Santiago y nos traía lo último, lo que había que escuchar. Bueno, mi tío se encargaba del rock clásico. Y que se yo, seguíamos con PINK FLOYD, usábamos THE WALL para hacer trabajos de literatura aprovechando que al profe le gustaba. En esa época empezamos a informarnos de música y cine, por La Época, la revista Mundo Dinners, donde escribía Carlos Fonseca, unas PELO argentina, que eran la cagada y ahí estaba todo. Creo que éramos los únicos en Victoria que flipábamos con esa revista, la devorábamos, la compartíamos. Era leer y escuchar música.  Ahora que me acuerdo, donde yo por primera vez empecé a leer de música fue en la RUMBO, una revista juvenil de LA TERCERA, donde hablaban casi siempre de QUEEN y ELO.

DEPECHE MODE
SWEETEST PERFECTION

Volviendo a lo que escuchábamos con mi grupo de “stand by me”. Sumo: THE CURE, THE SMITH, PET SHOP BOYS, DEPECHE MODE. Los sonidos estaban cambiando, yo enganché de una con DEPECHE MODE, fue mi banda de adolescencia y aun lo es, el BLACK CELEBRATION, el MUSICA PARA LAS MASES, el 101 y el VIOLATOR, que pa´mi es un disco perfecto. Fue mi banda sonora de primeros amores, de primeras hartas cosas. SWEETEST PERFECTION. Yo escucho ese tema y me acuerdo de huevadas q no debería acordarme, A QUESTION OF LUST… mejor no hablar de ciertas cosas. Supongo que cada uno de los que se juntaban en mi casa  a escuchar música, escogió un grupo, yo me quedé con DEPECHE MODE. En esa época el primo de Manolo me prestó dos casetes, el 2112 de RUSH que estaba seguro me iba a gustar, porque yo estaba leyendo DUNE y EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, y tuvo razón. RUSH me gustó harto, ahora no tanto, pero siempre vuelvo, hay que volver a RUSH. El otro casete fue NIÑEZ DESVALIDA de MARILLION y aquí empezó una linda historia de amor que aun dura, MARILLION pa mi es una banda clave. Ese casete me apretó la guata, me dio pena, rabia. Aun cuando escucho KAYLEIGH me da rabia la mina de mierda y pongo en el lugar de Fish. Me acuerdo que ese año mi grupo de amigos estaba rayando la papa con el JOSHUA TREE de U2, yo escogí el NIÑEZ DESVALIDA, así con el nombre en español. Mi época de colegio termina con el OUT OF TIME de REM, que fue el disco con el que conocí REM, que ha sido parte fundamental del soundtrack de mi vida y que tiene mi canción favorita de la banda de Georgia, TEXARCANA, cantada por Mike Mills en voz líder y que esta entera armada alrededor de una línea de bajo y a un trabajo en guitarra slide.

SOLO DIOS SABE
GARCIA Y AZNAR

En 1992 entre a la Universidad, a la UFRO de Temuco. Conocí nueva gente a la que aún conservo, amigos de la vida, DANIEL VILLALOBOS entre ellos. La música no cambio mucho. UFRO en Temuco 92 era PINK FLOYD, U2 y SILVIO RODRIGUEZ, si oías uno de los tres estabas salvado. De ese año también me acuerdo harto de PETER GABRIEL y del GENESIS antiguo, que jamás había oído… CARPET CRAWLER, ese tema me voló la raja. Con Villalobos lo oíamos y oíamos, casi en random. Marihuana, vino en caja e IN THE COURT OF THE CRIMSON KING, todo muy hippie y muy triste y muy con olor a leña, Robert Fripp ni se imagina todo lo que hizo por Temuco. Lo frik es que no pescábamos lo que entonces estaba sonando, que era el grunge, no tenía cabida, salvo algunos temas. Nunca flipe con NIRVANA ni con PEARL JAM, la atención iba por otro lado… no tenían teclados…

Me acuerdo de una chica de esa época, era mayor, estudiaba castellano, usaba unas botas  la raja y tenía una mirada verde, triste. Era de Chiloé y escuchaba VICTOR JARA, fue primera vez que le puse atención a las canciones de VICTOR JARA, es rara la mezcla de JARA y amor. Me acuerdo que escuchaba harto EL ARADO y PLEGARIA PARA UN PUEBLO, era bien izquierdosa y para ella yo era cuico, estuvimos como seis meses juntos, fue educación. Ese año si tuvimos, y hablo en plural, una banda sonora de esa generación de Periodismo fue el casete TANGO 4 de GARCIA y AZNAR. Yo escucho ese disco y voy de una al 92, especialmente SOLO DIOS SABE, el cover de Beach Boys, que estoy seguro muchos conocieron antes que la canción original, me incluyo. Creo en verdad que la popularidad prehipster del PET SOUNDS se debe a TANGO 4.  Ese disco es mi DeLorean a uno de los mejores años de mi vida, que se yo, con DIANA y VAMPIRO me acuerdo de los primeros cuentos de Villalobos, con MALA SEÑAL de clases y profesores, con MIENTES de mi amigo Roberto y la Vero y otra gente. Puta que se escuchó ese casete ese año.

A fines del 92 yo publique mi primera novela, una casualidad, un arrebato que mande a un concurso de novelista jóvenes, sacó el segundo lugar y lo publicaron. Yo tenía 18, se llamaba 60 KILOMETROS y era la crónica de un viaje, donde en el walkman del personaje sonaba prácticamente toda la música de la que hemos hablado. Cada estado de ánimo del héroe era una canción. Algo de IRON MAIDEN, mucho PINK FLOYD, REM, DEPECHE MODE, THE CHURCH, el TANGO 4 casi entero, una biografía musical de esa época. Me da vergüenza ese libro, me gusta, pero el peso de publicarlo creo que jamás lo tomé. Me creí el cuento, a mi modo, bajo perfil que en el fondo es narcisismo. Fue como ser futbolista popular, no sé si se entiende. Pasar a jugar en las primeras lides y tomé la decisión, por ego, por lo que sea de cambiarme a la Católica a Santiago, esto fue el 94. Fue heavy, pasar de la universidad más combativa y comprometida y sufridora de Chile a las aulas de colegio del Campus Oriente. Yo era bien huaso, como veía que todas mis compañeras salían hacia Ñuñoa cuando terminaban las clases, juraba que vivían para allá, pero no, iban por sus autos. En la UFRO, uno de mis compañeros tenía auto, acá todo el mundo. Pero en fin, conocí muy buena gente en la UC y en Santiago en esa época. Además de las clases yo estaba en la Zona de Contacto, en el taller literario de Skármeta, que era como un supuesto crisol de elegidos, al menos eso creía yo. Fue una época bien estrella de plástico, carretes con los integrantes de Lucybell y otras bandas, lanzamientos de libros, limelight y tonteras que ahora me dan vergüenza ajena, le pegaría un puñetazo al Ortega del 94. Pero sabes, no éramos cuicos ni nada, éramos ingenuos con baja autoestima.

Mi primer recuerdo musical de esa época fue el recital de DEPECHE MODE. Un mes en Stgo. y tocaba una de las bandas de mi vida. Señal buena de una, iban a ser los mejores años de mi vida, estaba seguro. Estaba conquistando Gotham City… jajajajaja… Por ahí estuve bien pegado con el sello 4AD. Oía PIXIES, THIS MORTAL COIL y mucho DEAD CAN DANCE y demasiado COCTEAU TWINS, siempre en casete pirateados o grabados de la Futuro, la radio de la inmensa mayoría. PETER MURPHY, BAUHAUS, JOY DIVISION/NEW ORDER, SPIRITUALIZED, MY BLOODY VALENTINE fueron sumándose a las rumas de casete piratas y originales. Entre medio seguía escribiendo, cuentos y artículos para la Zona, relatos para antologías. Hubo uno bien musical, para un libro que se llamaba MUSICA LIGERA y que básicamente era sexo oral al ritmo de la letra de TEXTURAS de SODA STEREO, el tema que cierra el DYNAMO. “Disparé una frase al viento y una mujer calló”

Fueron años barsas, yo lo resumo en una frase: fui novio de una rubia de ojos azules, guapa e inalcanzable para un nerd ñoño victoriense. Y se la quité a un cabrón con una canción, la más fácil de las canciones para engrupir del mundo. Locos años 90. VUELTA POR EL UNIVERSO del COLORES SANTOS. ¿Cómo nos pudo gustar tanto ese disco? ¿Cómo nos pudo gustar tanto Cerati, el ciudadano sampler? ¿Cómo tantas boludeces que pasaron en los 90? Odio los 90, en serio, pasaron cosas buenas, hartas, pero a la larga tengo un trauma con esa década. Las bandas de EMI, el britpop, el grunge y el post grunge, la visita semanal del mejor DJ del mundo… Que nos folle un pez.

GETTING AWAY WITH IT (ALL MESSED UP)
JAMES
Me acuerdo de un momento, ya más grande, fines de los 90. Uno de mis mejores amigos se acababa de separar, vivía en mi casa, yo acababa de romper con una chica que quise mucho pero ella jamás me quiso de igual forma (y de vuelta) Relación sándwich, eres el entre novios, el amigo que te quiere y que vas a usar por el rato. Las minas hacen, o hacían harto eso y yo fui el sándwich, la cabra era relinda y retodo, valía la pena. Creo. Me acuerdo que estaba borracho y le grité en la calle, hecho pico. Vuelvo a mi casa en Obispo Pérez, ahí en el Vaticano chico y prendo la tele y me pongo a ver videos con la luz apagada. Llega mi amigo, que andaba de copas solo y nos quedamos callados, mirando, sin hablar. Y de pronto  GETTING AWAY WITH IT (ALL MESSED UP) de JAMES. Y me puse a llorar, onda como no lloraba en años y no sé si mi amigo me vio o también estaba llorando. Era el estreno de esa canción y siempre que hablamos de esa época nos acordamos de JAMES… Hasta el día de hoy es mi canción triste (que no lo es) preferida, tal vez por eso JAMES es la única banda brit pop (junto a PULP y RADIOHEAD) que aún me interesa, que todavía puedo escuchar.  La huevada es de rito, me voy a la chucha por algo, me pasa algo que me caga y pongo esa canción. Ya no lloro, pero me pego. Cuando me separé el 2010, la escuchaba en random mil quinientas veces al día, y lloraba solo con mi gata… fumándome un caño, tomando vino solo… hasta que mi amigo Sergio Cancino me la prohibió, el sicólogo también. De patio, del terror, de pegado.

BOBBY JEAN
BRUCE SPRINGSTEEN

Para ir cerrando, si debo escoger una gran canción de mi vida, un gran finale…  esa es BOBBY JEAN de BRUCE SPRINGSTEEN. Viene en BORN IN THE USA, el disco por el cual yo entré en Bruce, el 97, gracias a Cristián Ramirez, en el mítico Condell 29, depto 85. Y soy fan desde entonces, NEBRASKA me parece que es una de las grandes obras literarias del siglo XX y letras como THE RIVER o INDEPENDENCE DAY son lo más cercano a la gran novela americana desde Mark Twain. Springsteen y King son mi dupla gringa favorita. Ambos de su orilla, uno en el rock, otro en la literatura comercial están creando la gran crónica americana. No pido perdón ni nada, pero para mí SPRINGSTEEN es más grande que DYLAN. No sé si SPRINGSTEEN cantaría para Scorsese o para el Papa pero si lo hizo para John Cusack, que es tremendo, en ALTA FIDELIDAD. Ahí cita justamente  la letra de BOBBY JEAN, que es una canción que escribió cuando su amigo Steve Van Zandt se fue de la E STREET BAND por un tiempo, Pero el nombre y la idea perfectamente pueden ser aplicado a una chica. O a un chico. O a tu pareja o a la persona que no te pesca que se yo. Bobby Jean es una identidad unisex…  “Nos gustaba la misma ropa, la misma gente, los mismos lugares, un día te fuiste, fui a buscarte, tu madre me dijo que te marchaste… chucha que quieres que te diga, que te vaya bien, que estés bien…” Y quedas solo, conforme, cómodo, comfortably numb… mirando como esa persona se va, dándote lo mismo pero haciéndote mierda por dentro. Yo no soy de actos épicos de amor, en realidad no soy de nada, soy un gato gordo que espera que las cosas pasen…. No me abro, me cuesta dejar entrar a alguien, tengo las defensas activas desde mi separación, incluso antes, fue un proceso largo, triste, de daños, insultos mutuos, prefiero mi burbuja. Y me he vuelto manipulador, mala persona incluso, con chicas que se han acercado. Abro la puerta pero no más que un borde, te armas como una mentira, una ficción, una idea que ni siquiera es buena. Y BOBBY JEAN es eso, una idea de amor…del más cómodo de todos los amores, el que construyes en la ficción. Y ahí hay todo un tema para mí. Lo único sin este motivo que he escrito es EL NUMERO KAIFMAN, por eso no quiero tanto ese libro. Distinto es el caso de EL HORROR DE BERKOFF que es una historia de amor, entre un pobre huevón que no hace nada y deja que las cosas pasen y la chica de su vida. El dice que la quiere, pero no hace nada por quererlo, espera y cuando lo hace, todo caga, ya perdió. Lo mismo que 1899, la novela gráfica, donde todo el mundo leyó una ucronía, una fantasía steampunk etcétera,  que eso era… pero muy pocos, poquísimos vieron que bajo la superficie, bajo los efectos especiales lo que latía e importaba era una historia de amor imposible entre el personaje y una mujer que se le aparecía en sueños. Todos buscaron explicaciones para el extraño final, la única que había es que Uribe era feliz porque había encontrado la forma de pasar donde su mina. Hace una semana en un bar, un tipo que respeto mucho me dijo, 1899 es la mejor novela gráfica que se publicó el 2011, porque disfrazaste con fantasía un trauma amoroso heavy. Huevón. Casi me pongo a llorar, estaba borracho, hubiese sido fácil.  Llegue a casa y escuche BOBBY JEAN y JAMES… Y anote el primer párrafo para una novela, sabiendo que bajo monstruos, ucronías y cifi, siempre va a estar un chico haciéndose pico por una chica…

“PUNK FLOYD, EL MURO”: ESTO LO ESCRIBI EL 2009…

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… para los 30 años del disco, noviembre del 2009, hoy amerita volver a publicarse

Y TODOS ERAMOS LADRILLOS EN UNA TONTA PARED

El sábado pasado vi con mi mujer The Wall, la película de Alan Parker y esta semana he escuchado el disco, la versión en vivo (Is there Anybody Out There: The Wall Live) y el “remake” que Roger Waters y compañía levantaron en Berlín en 1990. Una vez tras otra, como un ritual, una celebración de cumpleaños generacional, una devoción personal a un disco devocional.

Las canciones son las mismas, las versiones difieren, el reactor permanece. Hacía años que no escuchaba la pared de esquina a esquina, hace rato que no está entre mis discos favoritos. Incluso, dentro de la discografía de Pink Floyd, no es de mis predilectos. Demasiado Roger Waters, demasiado maqueteado, demasiado estudiado, demasiado anclado en la tierra, demasiado alejado de los paisajes intergalácticos que la banda supo tejer entre 1965 y 1978.

Por decirlo en fácil, Dark Side of the Moon es el disco de una banda, The Wall una biografia recitada. Además fue el primer disco de Pink Floyd dirigido por un productor que no tenía relación con el grupo (Bob Ezrín). Y como tal aparece sobreproblado de sesionistas y saturado de canciones donde lo único floydiano era la voz de Waters; abusado de líneas de batería en las que no aparece por ningún lado esa violencia artesanal de Mason, sin contar el exilió absoluto de Rick Wright y sus colchones de teclados.

The Wall no sólo es un corte estilístico, sino también moral y político de la banda, casi una respuesta al odio que el punk manifestó por el cuarteto londinense, achacándolos de símbolo de todo lo odiable en la música popular. No más space rock, no más prog rock, The Wall era callejero bailable incluso (“Another Brick in the Wall (Part II)” y “Run Like Hell” son canciones disco), construido en horrores y rabias, una patada de gritos y metáforas violenta; Punk Floyd ironizó hace tiempo el argentino Rodrigo Fresan al escribir de esta placa, haciendo una analogía con La Naranja Mecánica de Kubrick, mucha razón.

Pero The Wall con todo lo que uno puede criticarle está de cumpleaños, suma tres décadas y en los aniversarios todo se ve más nítido. Mejor, con más claros que sombras. Y The Wall tiene a “Comfortably Numb”, la luz Gilmouriana dentro de la dictadura Wateriana, la última canción hecha de a dos, la última obra maestra del grupo, con ventaja la mejor canción –con formato canción- de la historia de la banda.
El 30 de noviembre de 1979, The Wall debutó en las estanterías. El disco que todo el mundo dijo que no iba a comprar se alzó al top 1 en ambos lados del Atlántico. Y ahí permaneció, año tras año, hasta encaramarse al 2 absoluto de todos los tiempos, sólo superado en cifras por Thriller del difunto Jackson. Record absoluto, pero eso al final es puro número, lo que importa, lo que vale esta por otro lado.

¿Hay alguién allá afuera?

Insisto, The Wall está hoy lejos de ser uno de mis discos preferidos, pero ello no quita que pelee el cetro de uno de los más importantes de mi vida.

Recuerdo perfectamente cuando lo escuché por primera vez. 1987, yo estaba en 1º medio y en la casa de mis abuelos empecé a escarbar unos cajones con casetes grabados que tenía mi tío Víctor Hugo. Pink Floyd: El Muro (1º Parte) estaba garabateado con lápiz rojo en un Sony de 60 minutos. Fue la única cinta que me interesó. El nombre me sonaba y los otros de la caja: Gentle Giant, Yes, Vander Graff Generador, The Mahavishnu Orchestra, Jean Luc Ponty recuerdo, no los había escuchado ni en pintura. No me culpen, era Victoria, un pueblo 60 kilómetros al norte de Temuco, donde lo más “moderno” que se oía eran los hits de Día y Noche FM y lo poco que llegaba a la disquería Tops (que era del papá de mi amigo Pato Paredes), la única de la ciudad, se resumía en el top 10 de Sábado taquilla y Más música.
Me fui con el casete a casa y lo puse en el “Tres en Uno” IRT que teníamos en el living. Primero el chirrido del ruido blanco, luego el fraseo de una canción antigua (que años mas tarde identifique como una balaba navideña de Vera Lynn) y luego un violento puñetazo de guitarra y batería. El casete no tenía identificado los nombres de las canciones así que me resulto complicado seguirlo, especialmente porque era el primer disco que oía donde todo estaba pegado, las canciones no se difuminaban, ni siquiera se cortaban. 45 minutos, “Good Bye Cruel World” se despedía la última canción y todo se acababa.
En una época donde lo más “fuerte” que había escuchado era Iron Maiden y Europ y lo más “artistico”, Queen, lo que acaba de oír me voló el rostro. Necesitaba la segunda parte. Me demoré un par de años en conseguirla, cuando encontré en Temuco –en disquería Koncierto- la edición CBS del casete, que metía ambas partes en una sola cinta de 90 minutos: uno de los primeros completamente blancos (sin papel) y con carátula con lengüeta, con los nombres escritos en inglés, sin traducción made in Chile ($850 si no me equivoco, si menos de luca), en una época pre CD, una joya entre joyas.
A esas alturas ya muchos de mis amigos de colegio: Manuel Contreras, Pollo Carvacho, Alejandro Inostroza compartían esa devoción por The Wall (y por Pink Floyd). Habíamos conseguido otros discos y visto el VHS del Delicado sonido de Trueno, que alguien trajo pirateado de la capital (si, de la Capital) y que era lo más futurista del mundo. “Mira el video de “Signos de Vida”, la cámara se mete por debajo del bote, y ese huevon que enciende un cigarrillo con un rayo láser al inicio de “Shine On”, o la cama que sale volando…” . Por supuesto entonces no teníamos ideas de disputas legales, ni de Waters, ni Gilmour, la música era simplemente Pink Floyd, la banda más grande de nuestra adolescencia, un ritual obligado de cada sábado por la tarde, buceando entre sonidos que jurábamos era lo más existencialista del mundo. Me acuerdo que cuando al fin logramos escuchar The Wall completo, en la casa de Manuel; y su primo Blas, que ya estaba en la universidad se nos unió y nos dijo algo que nunca he podido olvidar. Era 1988, era el sur de Chile, la universidad era la UFRO.
“En la UFRO, Pink Floyd es lo único que se escucha, es el sonido de las clases, van a conocer a todo el mundo gracias a Pink Floyd. ¿Ya vieron la película de The Wall?”
Había una película. Si, claro, había una película.
Y vimos la película y con Manuel la analizamos en una clase de literatura, con un profe de Filosofía que nos puso 7 por el sólo hecho de llevar a Pink Floyd a la sala de clases. Y nos hicimos amigos del profe gracias a The Wall y nos contó que cuando había estudiado en la Universidad Austral todo era Pink Floyd, que o escuchabas Pink Floyd o no eras nadie. Y sentíamos que estábamos en lo correcto, que era lo que había que oír, lo realmente importante en la música, todo el resto era popular y comercial. Y aunque claro, en privado habíamos empezado a variar los gustos: REM, Depeche Mode, The Cure, encima de la pirámide siempre aparecía Pink Floyd. Habíamos crecido ladrillo a ladrillo y eso al final es más potente que cualquier calidad artística.
Un verano llegó alguien de Santiago (primo de un vecino, primo de un primo, da lo mismo) y nos presentó a The Smith. Nos armó todo el discurso de que era lo que se estaba escuchando en la capital, que era el nuevo punk, la nueva voz de la juventud de clase media inglesa, que Pink Floyd era puro engrupimiento, que era musica pa´viejos, que Sex Pistols los había mandado a buen lugar el 77. Por supuesto nos dio lo mismo. Al año siguiente entramos a la universidad y Pink Floyd iba con nosotros. Y comprobamos que estábamos en lo correcto, que el santiaguino se equivocada, era un snob, un popero. La música de los Smith estaba bien pero no tenía un ápice de la profundidad que encontrábamos en Pink Floyd.
El 92 entré a Periodismo en la UFRO. Nuevos amigos, nueva gente, primeros amores y Pink Floyd siempre presente. Veo perfecto el gran carrete de la semana mechona, fiesta con proyección de The Wall en una pantalla gigante. Catarsis total, éramos universitarios, Pink Floyd era la universidad. Mi amigo Roberto recitando la letra de “Hey You” entre cajas de vino tinto en una húmeda pensión al poniente de Temuco, mi amiga Paola canturreando “The Great Gig in the Sky”, como podía y le salia bien… Primeros pitos, primeros viajes, cantando a todo pulmón cada canción del disco, sintiendo que el disco, la película, las canciones eran la primera misa. Mi buen amigo Daniel Villalobos sentado en el piso del gimnasio Bernardo O´Higgins de Temuco en una rara sesión doble en pantalla gigante de Floyd, Queen y el 101 de Depeche Mode, creo…
El primer libro de rock que me compre fue una biografia/cancionero de Pink Floyd…
Un paro en junio, una toma en julio, carretes tóxicos cada noche, “Is there anybody out there?” cantaban todos mientras escribían carteles gigantes pidiendo justicia social en la otorgamiento del crédito universitario… “Bring the boys back home” lloraban otros, mientras trababan con cadenas la entrada a la universidad para el festejo del año nuevo mapuche. Estoy seguro, la banda sonora del movimiento mapuche que hoy sacude a la Araucanía tiene mucho de The Wall, estan todos, a ambos lado de la carretera/cultura, esperando por los gusanos.
Más fotografías, una estudiante de literatura, tres años mayor, bailando en medio de una fiesta tóxica, gritando que sin Silvio Rodríguez y sin Pink Floyd no existía universidad. Y claro, uno podía bailar con Pet Shop Boys, cantar con Soda Stereo, pero sonaba Pink Floyd, sonaba The Wall y todo el mundo se quedaba en silencio.
1992, acabábamos de recuperar la democracia, de salir de la oscuridad, pero aun quedaban tantas deudas pendientes… ¿acaso las pagamos? The Wall era un faro que supo dar buena luz en esa época sombría. Eran los años felices de nuestras vidas, después empezamos a crecer y los sueños, algunos sueños se fueron por el caño, como en “Comfortably Numb”. ¿Por qué Pink Floyd era tan importante en esos años? Ni idea, supongo que porque estábamos en el sur, encerrados en nuestro propio mundo, mientras en Santiago y más al norte los milicos martillaban en verdad al pueblo. Allá, cruzando el río Bio Bio los ladrillos nos apartaban del mundo, encantándonos con un disco que a la distancia y con los años suena engrupido, añejo incluso, pero ante el cual no puedo (y supongo que no podemos, porque estoy seguro escribo por muchos) negar su importancia clave como vitamina del crecer, de mi crecer al menos.
Huevón, me dijo un amigo hace años, corta con escuchar a Pink Floyd, si quieres oír verdades de la vida cantadas, oye a Bob Dylan, es menos artificioso. Puede ser, de hecho así es, pero uno creció con Pink Floyd y contra eso no hay nada que pueda hacerse. Soy de los que creen que los martillos marchan, los cerdos vuelan y las flores se convierten en bestias carnívoras cuando hacen el amor. Los ladrillos se levantaron hace 30 años, algunos muros calleron, otros no.

ROGER WATERS: ¿HAY ALGUIEN ALLÁ AFUERA? (EXTRACTO DE ARTICULO PARA iPOP)

Publicado en la edición febrero de 2012, de revista iPop

En la mente de Roger Waters
THE WALL: ¿HAY ALGUIEN ALLÁ AFUERA?

El gigantesco montaje que acarrea el bajista y cerebro de Pink Floyd y que recalará por estas costas en marzo , no es precisamente algo nuevo. Sabemos a lo que vamos, lo hemos sabido desde hace 31 años: el orden de las canciones, la nula improvisación, incluso la idea de estar viendo una película repetida. The Wall no tiene nada de espontáneo y esa es precisamente  su gran virtud, lo que ha hecho de esta gira tal vez la más espectacular de todos los tiempos.

“¿Fuiste a ver U2 360º?”, me preguntó hace unos meses, una amiga que vive en España. Cuando le contesté que sí, contraatacó con un “¿y te pareció espectacular?” a lo que volví a responder afirmativamente. “Pues es un chiste al lado de The Wall de Roger Waters”, agregó, sumando de inmediato: “tú sabes que yo con Pink Floyd cero onda, no creo haber escuchado un disco entero de ellos, pero si estoy segura, muy segura, de que The Wall es el mejor concierto que he ido en mi vida. No es solo música, es información, estímulos por todas partes, uno no sabe para donde mirar”. Y al parecer mi amiga no es la única que opina parecido; el  “autoremake” de Roger Waters se ha llevado algunas de las críticas más halagadoras de la industria: “Supera todo lo visto antes”, “El concierto de rock más espectacular de la historia”, incluso el estricto The NewYorker lo calificó como un hito obligatorio, casi una responsabilidad cultural el asistir a una de sus puestas en escena.

Nominaciones varias a mejor gira del año y a puesta en escena más innovadora son más ladrillos en la pared de una historia que se ha venido tejiendo desde hace más de tres décadas, una con leyenda propia y que bien supo sintetizar el escritor argentino Rodrigo Fresán hace unas semanas en Página 12.  “No es Pink Floyd lo que está en gira, ni siquiera es Roger Waters, es The Wall, el disco, la obra es la protagonista, no el artista”.  Y ahí está la gran diferencia entre este tour del señor de los cerdos voladores y los dos previos que también lo trajeron por este lado del mundo. El 2002 fue el reencuentro del músico con su público y el 2007 una declaración de principios: si la marca Pink Floyd estaba en  coma, él la tomaba prestada. O si se prefiere, hacía uso de la cuarta parte que le tocaba.

Con The Wall la marea es otra, no es Waters quien está bajo las luces, es la obra, la pared la que canta y grita. Claro uno puede arrugar la frente al oír las versiones del bajista de piezas de la era Dark Side of The Moon y Wish You Were Here, pero con “el muro” es distinto, los ladrillos son suyos, las letras, la biografía en escena le pertenece, por eso no es inusual que ocurran fenómenos como los “9 River” en Buenos Aires, lo que no tiene que ver con que si Waters o Pink Floyd son más populares en Argentina que los Stones o Charly García, como se ha apresurado a sentenciar la prensa. Esos “9” obedecen a un rito, uno que se explica ante el hecho que The Wall, la película, lleva en cines porteños casi tres décadas. Es probable que la obra guste incluso más que la banda y ahí está la misa, ir a ver algo que ya hemos visto, o creemos haber visto, muchas veces. Esto, insisto, no es Pink Floyd ni Roger Waters solista, es The Wall.

En primera persona…

La teleserie Pink Floyd es una de las más extrañas de la historia del rock, por un lado aparece llena de secretos y mitos (¿A Saucerful of Secrets?) y por otra de frases grandilocuentes lanzadas a todo pulmón para que escuchen todos los vecinos de la cuadra. No es apresurado decir que la banda como tal se acaba en Wish You Were Here (1975), pasando de ahí a la llamada dictadura Waters. El paréntesis Animal (1977) es curioso, pero se trata de una placa hecha a base de demos tocados en vivo durante el tour del 74, canciones viejas rescatadas, un puente, un compromiso con el sello si se prefiere, hacia lo que venía: The Wall.

A pesar del gran aporte de David Gilmour en la dirección musical y en la mejor canción del álbum (“Comfortably Numb”), “el muro”  es por donde se le mire, un disco solista de Roger Waters, no sólo están sus obsesiones y sus miedos, también su propia vida, lo que es harto  decir. Discos conceptuales y óperas rock hay varias previas a “la pared”, una autobiografía/autoterapia cantada solo esta. Y de patio, que es lo más significativo.

The Wall aparece en noviembre de 1979 como un disco doble, pensado para ser presentado en vivo en recintos cerrados, con un gran aparataje teatral. Y es en este proceso donde aparece el gran socio del bajista en la aventura: Mark Fisher. Arquitecto y viejo compañero universitario del músico, Fisher llevaba algunos años especializándose en lo que el definió como arquitectura móvil para conciertos. Pionero en su negocio, es gracias a The Wall con que el “estudio Fisher” se convierte en marca registrada, transformándose en el mayor referente mundial en materia de escenarios y estructuras móviles, estando desde 1980 tras las giras de Madonna, Rolling Stone, Jean Michel Jarre, Muse  y U2, entre una larga lista de gigantes del negocio.

Durante la primera mitad de The Wall, una banda de músicos disfrazados de Pink Floyd abrían el show para luego unirse como respaldo al grupo en el resto del espectáculo. Por cuarenta minutos la música se iba conjugando con marionetas gigantes, la réplica de un avión Stuka alemán estrellándose contra una esquina del escenario y películas proyectadas en Mr. Screen, la pantalla circular rodeada de focos ideada por Fisher y que ha sido marca registrada del grupo en sus presentaciones en directo desde 1974, todo mientras un muro iba tapando a los músicos hasta cubrirlos por completo, lo que ocurría al final de “Goodbye Cruel World”. Tras un intermedio de veinte minutos, la segunda parte del espectáculo sucedía con el público mirando la pared (y los músicos ocultos tras esta) sobre la que se proyectaban animaciones del caricaturista Gerald Scarfe, mensajes y toda clase de referencias conceptuales, como la marcha de los martillos en “Waiting for the Worms” o el cerdo inflable durante “Run Like Hell”. En los acordes finales de “The Trial” la pared se venía al suelo y la banda, entre las ruinas del muro aparecía cantando “Outside the Wall”.

No más, sin bises ni encores, sin una sola cita a la discografía previa de la banda (lo más cercano eran los dibujos animados de “The Trial”, usados previamente en “Shine on You Crazy Diamond” durante las giras del 75/77). La banda salía de escena, se prendían las luces y listo. Todos para la casa, no había más, cero improvisación, ni un regalo extra para… (LEE EL REPORTAJE COMPLETO EN REVISTA IPOP DE FEBRERO)

LA VERDAD TRAS EL ENGAÑO ANDERSON, BRUFORD, WAKEMAN, HOWE…

Cuando en 1988, Jon Anderson dejó a Trevor Rabin y a Chris Squire alegando que el sonido Yes se había bastardeado hasta lo insoportable, los fanáticos más dogmáticos aplaudieron. Aún más cuando el cantante anunció su idea de reunirse con sus viejos compañeros de banda: Steve Howe, Bill Bruford y Rick Wakeman para reformar el grupo. El problema es que olvidaron que el derecho del nombre Yes le pertenecía al miembro fundador Chris Squire, quien rehusó abandonar al resto del combo. Ni corto ni perezoso, Anderson llamo a su versión de Yes con los apellidos de los ilustres (a lo ELP), confiando que el prestigio de sus nombre haría de ABWH el verdadero Yes. Y así fue, al menos en ventas; el pero es que ABWH nunca existió como banda, fue una movida comercial de Anderson quien usó y pagó a Bruford, Wakeman, Howe para armar un disco trucho, mutante, hecho de sobras de proyectos anteriores. Acá lo analizamos canción por canción.

Themes
Tema de Jon Anderson. Dos demos pegados de dos proyectos solista. Tocan en estudio: Jon Anderson (voz), Tony Levin (bajo), Matt Clifford (teclados, programaciones), Milton MacDonald (guitarras) y dos baterías no acreditados por contrato. Steve Howe agregó un fraseo de guitarra, nada más.

Fist of Fire
Tema de Jon Anderson, sobrante de Jon y Vangelis. Tocan en estudio: Jon Anderson (voz), Tony Levin (bajo), Matt Clifford (teclados, programaciones, batería programada), Milton MacDonald (guitarras). Howe hizo una línea de guitarra que fue quitada del disco, la cual reaparece en la versión publicada en la caja In a Word.

Brother of Mine
Tema de Steve Howe y Geof Downes, demo de ASIA no publicado. Tocan en estudio: Jon Anderson (voz), Tony Levin (bajo), Geoff Downes (teclados, programaciones),  Steve Howe (guitarra), dos baterías no acreditados x contrato. Rick Wakeman solo interpreta el piano del final.

Birthright
Tema de Max Bacon (vocalista de GTR y Mike Oldfield) y Steve Howe, para el segundo disco de GTR, no editado. Tocan en estudio: Jon Anderson (voz),  Max Bacon (coros), Tony Levin (bajo), Matt Clifford (teclados, programaciones),  Steve Howe (guitarra), dos baterías no acreditados x contrato. Rick Wakeman solo interpreta el piano del final.

The Meeting
Tema de Jon Anderson para Jon & Vangelis. Solo toca Jon Anderson (voz y teclados). Wakeman agrega un línea de piano hacia el final. Hay una versión posterior con Wakeman, pero fue arreglo para tocarse en vivo.

Quartet
Tema de Jon Anderson y Steve Howe. Tres demos pegados de proyectos solistas de Anderson, sobre guitarras de Howe. Tocan en estudio: Jon Anderson (voz), Tony Levin (bajo), Matt Clifford (teclados, programaciones), Steve Howe (guitarra acústica). Matt Clifford (guitarras) y dos baterías no acreditados por contrato.

Teakbois
Tema de Jon Anderson inicialmente para un proyecto de disco latino de J.A., interpretado por Anderson y una banda de músicos jamaicanos no acreditados por contrato.

Order of the Universe
Tema de Steve Howe  y el productor Rhett Lawrence, dos demos pegados, uno de ASIA y otro de GTR. Tocan en estudio Jon Anderson (voces), Steve Howe (guitarras), Tony Levin (bajo), Rhet Lawrence (batería/programaciones/teclados)

Lets Pretend
Tema de Jon Anderson y Vangelis, un lado b de Jon & Vangelis. Tocado en estudio por Jon Anderson (voces), Vangelis (teclados). Steve Howe grabó una pista extra de guitarras.

Steve Howe con suerte grabó un par de temas, Wakeman hizo “cameos breves” de 30 segundos cada uno, Bruford ni siquiera acudió al estudio, aunque aprendió los temas para tocarlos en vivo.

El tour de ABWH ha sido la única gira de Yes con músicos de sesión extras (un tecladista y guitarrista), esto porque Howe y Wakeman con suerte sabían uno o dos temas del disco nuevo. Bruford los sacó y puso lo suyo, mal que mal cobró muy bien por el uso de su nombre, participación en videos y gira.

La gran farsa de ABWH no solo destruyó la carrera de Yes (quebró su contrato con Atlantic y su status de banda importante) sino fue el prólogo al peor fiasco de la historia del grupo: Union, disco y gira que de no ser por Trevor Rabin y Chris Squire habría acabado para siempre con las carreras y el prestigio de Jon Anderson, Bill Bruford, Rick Wakeman y Steve Howe.

AVATAR = ROGER DEAN + YES

AVATAR es un tremendo logro visual. La película es alucinante por donde se le vea, pero a Dios lo que es de Dios y al Diablo lo que es del Diablo. Los paisajes del planeta Pandora con árboles eternos, animales que suman dinosaurios con mamíferos, islas y montañas flotantes son preciosos, sobrecogedores pero… ESTAN LEJOS DE SER ORIGINALES Y VISIONARIOS… Hace más de 30 AÑOS QUE FUERON pintados y soñados por el gran Roger Dean en las cubiertas de los discos de Yes y de otras bandas de rock progresivo. Para los que vieron o veran la película, fijence en las montañas arco donde ocurre el tercio final y compárenlas con la últimas imágenes de esta lista, llamadas precisamente “Montañas Arco”

30 AÑOS DE THE WALL: LADRILLOS EN LA PARED

El sábado pasado vi con mi mujer The Wall, la película de Alan Parker y esta semana he escuchado el disco, la versión en vivo (Is there Anybody Out There: The Wall Live) y el remake que Roger Waters y compañía levantaron en Berlín en 1990. Una vez tras otra, como un ritual, una celebración de cumpleaños generacional, una devoción personal a un disco devocional. Las canciones son las mismas, las versiones difieren, el reactor permanece. Hacía años que no escuchaba la pared de esquina a esquina, hace rato que no está entre mis discos favoritos, incluso dentro de la discografía de Pink Floyd no es de mis predilectos. Lo siento demasiado Roger Waters, demasiado maqueteado, demasiado estudiado, demasiado anclado en la tierra, demasiado alejado de los paisajes intergalácticos que la banda supo tejer entre 1965 y 1978.
Dark Side of the Moon es música, The Wall una biografia recitada. Además fue el primer disco de Pink Floyd dirigido por un productor que no tenia relación con el grupo (Bob Ezrín), sobreproblado de sesionistas, saturado de canciones donde lo único floydiano era la voz de Waters, abusado de líneas de batería donde no aparece por ningún lado esa violencia artesanal de Mason, sin contar el exilió absoluto de Rick Wright y sus colchones de teclados. The Wall no sólo es un corte estilístico, sino también moral y político de la banda, casi una respuesta al odio que el punk manifestó por el cuarteto londinense, achacándolos de símbolo de todo lo odiable en la música rock. No más space rock, no más prog rock, The Wall era callejero bailable incluso, construido en horrores y rabias, una patada de gritos y metáforas violentas, Punk Floyd ironizó hace tiempo el argentino Rodrigo Fresan al escribir de esta placa, toda la razón. Pero The Wall con todo lo que uno puede criticarle está de cumpleaños, suma tres décadas y en los aniversarios todo se ve más nítido. Mejor, con más claros que sombras. Y The Wall tiene a “Comfortably Numb”, la luz Gilmouriana dentro de la dictadura Wateriana, la última canción hecha de a dos, la última obra maestra del grupo, acaso la mejor canción de la historia de la banda. Si me apuran, una de las cinco mejores canciones de la historia del rock británico, o del rock mundial. En mi top personal, la mejor de todas, con el perdón de Lennon, Macca, Dylan, Wilson y tantos otros gigantes.
El 30 de noviembre de 1979, The Wall debutó en las estanterías. El disco que todo el mundo dijo que no iba a comprar se alzó al top 1 en ambos lados del Atlántico. Y ahí permaneció, año tras año, hasta encaramarse al 2 absoluto de todos los tiempos, sólo superado en cifras por Thriller del difunto Jackson. Record absoluto, pero eso al final es puro número, lo que importa, lo que vale esta por otro lado.
Insisto, The Wall está hoy lejos de ser uno de mis discos preferidos, pero ello no quita que sea el más importante de mi vida. Recuerdo perfectamente cuando lo escuché por primera vez. 1988, yo estaba en 1º medio y en la casa de mis abuelos empecé a escarbar unos cajones con casetes grabados que tenía mi tío Víctor Hugo. Pink Floyd: El Muro (1º Parte) estaba garabateado con lápiz rojo en un Sony de 60 minutos. Fue la única cinta que me interesó. El nombre me sonaba y los otros de la caja: Gentle Giant, Yes, Vander Graff Generador, The Mahavishnu Orchestra, Jean Luc Ponty recuerdo, no los había escuchado ni en pintura. No me culpen, era Victoria, un pueblo 60 kilómetros al norte de Temuco, donde lo más “moderno” que se oía eran los hits de Día y Noche FM y lo poco que llegaba a la disquería Tops (que era del papá de mi amigo Pato Paredes), la única de la ciudad, se resumía en el top 10 de Sábado taquilla y Más música.
Me fui con el casete a mi casa y lo puse en el “Tres en Uno” IRT que teníamos en el living. Primero el chirrido del ruido blanco, luego el fraseo de una canción antigua (que años mas tarde identifique como una balaba navideña de Vera Lynn) y luego un violento puñetazo de guitarra y batería. El casete no tenía identificado los nombres de las canciones así que me resulto complicado seguirlo, especialmente porque era el primer disco que oía donde todo estaba pegado, las canciones no se difuminaban, ni siquiera se cortaban. 45 minutos, “Good Bye Cruel World” se despedía la última canción y todo se acababa.
En una época donde lo más fuerte que había escuchado era Iron Maiden y Europe. Y lo más “artistico y arriesgado”, Queen, lo que acaba de oír me voló el rostro. Necesitaba la segunda parte. Me demoré un año en conseguirla, cuando encontré en Temuco –en disquería Concierto- la edición CBS del casete, que metía ambas partes en una sola cinta de 90 minutos: uno de los primeros completamente blancos (sin papel) y con carátula con lengüeta, con los nombres escritos en inglés, sin traducción made in Chile ($850 si no me equivoco, si menos de luca), en una época pre CD, una joya entre joyas.
A esas alturas ya muchos de mis amigos de colegio: Manuel Contreras, Pollo Carvacho, Alejandro Inostroza compartían esa devoción por The Wall (y por Pink Floyd). Habíamos conseguido otros discos y visto el VHS del Delicado sonido de Trueno, que alguien trajo pirateado de la capital y que era lo más futurista del mundo. “Mira el video de “Signos de Vida”, la cámara se mete por debajo del bote, y ese huevon que enciende un cigarrillo con un rayo láser al inicio de “Shine On”, o la cama que sale volando….” . Por supuesto entonces no teníamos ideas de disputas legales, ni de Waters, ni Gilmour, la música era simplemente Pink Floyd, la banda más grande de nuestra adolescencia, un ritual obligado de cada sábado por la tarde, buceando entre sonidos que jurábamos era lo más existencialista del mundo. Me acuerdo que cuando al fin logramos escuchar The Wall completo, en la casa de Manuel, su primo Blas, que ya estaba en la universidad se nos unió y nos dijo una frase que nunca he podido olvidar. Era 1989, era el sur de Chile, la universidad era la UFRO.
-En la UFRO, Pink Floyd es lo único que se escucha, es el sonido de las clases, van a conocer a todo el mundo gracias a Pink Floyd. ¿Ya vieron la película de The Wall?
Había una película. Si, claro, había una película.
Y vimos la película y con Manuel la analizamos en una clase de literatura, con un profe de Filosofía que nos puso 7 por el sólo hecho de llevar a Pink Floyd a la sala de clases. Y nos hicimos amigo del profe gracias a The Wall y nos contó que cuando había estudiado en la Universidad Austral todo era Pink Floyd, que o escuchabas Pink Floyd o no eras nadie. Y sentíamos que estábamos en lo correcto, que era lo que había que oír, lo realmente importante en la música, todo el resto era popular y comercial. Y aunque claro, en privado habíamos empezado a variar los gustos: REM, Depeche Mode, The Cure, encima de todo siempre estaba Pink Floyd, habíamos crecido ladrillo a ladrillo y eso al final es más potente que cualquier calidad artística.
Un verano llegó alguien de Santiago (primo de un vecino, primo de un primo, da lo mismo) y nos presentó a The Smith. Nos armó todo el discurso de que era lo que se estaba escuchando en la capital, que era el nuevo punk, la nueva voz de la juventud de clase media inglesa, que Pink Floyd era puro engrupimiento, que era musica pa´viejos, que Sex Pistols los había mandado a buen lugar el 77. Por supuesto nos dio lo mismo. Al año siguiente entramos a la universidad y Pink Floyd iba con nosotros. Y comprobamos que estábamos en lo correcto, que el santiaguino se equivocada, era un snob, un popero. La música de los Smith estaba bien pero no tenía un ápice de la profundidad que encontrábamos en Pink Floyd.
El 92 entré a Periodismo en la UFRO. Nuevos amigos, nueva gente, primeros amores y Pink Floyd siempre presente. Veo perfecto el gran carrete de la semana mechona, fiesta con proyección de The Wall en una pantalla gigante. Catarsis total, éramos universitarios, Pink Floyd era la universidad. Mi amigo Roberto recitando la letra de “Hey You” entre cajas de vino en una húmeda pensión al poniente de Temuco, mi amiga Paola canturreando “The Great Gig in the Sky”, como podía y le salia bien… Primeros pitos, primeros viajes, cantando a todo pulmón cada canción del disco, sintiendo que el disco, la película, las canciones eran la primera misa. Mi buen amigo Daniel Villalobos sentado en el piso del gimnasio Bernardo O´Higgins de Temuco, casi llorando con “Nobody Home”… Tango 4 de Garcíoa y Aznar fue el gran descubrimiento de ese año, pero The Wall estaba siempre más arriba.
El primer libro de rock que me compre fue una biografia/cancionero de Pink Floyd…
Un paro en junio, una toma en julio, carretes tóxicos cada noche, “Is there anyboby out there?” cantaban todos mientras escribían carteles gigantes pidiendo justicia social en la otorgamiento del crédito universitario… “Bring the boys back home” lloraban otros, mientras trababan con cadenas la entrada a la universidad para el festejo del año nuevo mapuche. Estoy seguro, la banda sonora del movimiento mapuche que hoy sacude a la Araucanía tiene mucho de The Wall, estan todos, a ambos lado de la carretera/cultura, esperando por los gusanos.
Más fotografías, una estudiante de literatura, tres años mayor, bailando en medio de una fiesta tóxica, gritando que sin Silvio Rodríguez y sin Pink Floyd no existía universidad. Y claro, uno podía bailar con Pet Shop Boys, cantar con Soda Stereo, pero sonaba Pink Floyd, sonaba The Wall y todo el mundo se quedaba en silencio.
1992, acabábamos de recuperar la democracia, de salir de la oscuridad, pero aun quedaban tantas deudas pendientes… ¿acaso las pagamos? The Wall era un faro que supo dar buena luz en esa época sombría. Eran los años felices de nuestras vidas, después empezamos a crecer y los sueños, algunos sueños se fueron por el caño, como en “Comfortably Numb”. ¿Por qué Pink Floyd era tan importante en esos años? Ni idea, supongo que porque estábamos en el sur, encerrados en nuestro propio mundo, mientras en Santiago y más al norte los milicos martillaban en verdad al pueblo. Allá, detrás del Bio Bio los ladrillos nos apartaban del mundo, encantándonos con un disco que a la distancia y con los años suena engrupido, añejo incluso, pero ante el cual no puedo (y supongo que no podemos, porque estoy seguro escribo por muchos) negar su importancia clave como vitamina del crecer, de mi crecer al menos.
Huevón, me dijo un amigo hace años, corta con escuchar a Pink Floyd, si quieres oír verdades de la vida cantadas, oye a Bob Dylan, es menos artificioso. Puede ser, de hecho así es, pero uno creció con Pink Floyd y contra eso no hay nada que pueda hacerse. Soy de los que creen que los martillos marchan, los cerdos vuelan y las flores se convierten en bestias carnívoras cuando hacen el amor. Los ladrillos se levantaron hace 30 años, algunos muros calleron, otros no. “In the Flesh”, no más.

18 AÑOS DE LA MUERTE DE FREDDIE MERCURY: TOP 20 MEJORES CANCIONES DE QUEEN

  1. Flash/The Hero
  2. The Prophet Song
  3. Killer Queen
  4. Somebody to Love
  5. 39
  6. It´s a hard life
  7. Good Ood fashioned lover boy
  8. The show must go on
  9. Mustapha
  10. Who wants to live forever
  11. Death on two legs
  12. Seaside Rendezvous
  13. Seven seas of Rhye
  14. Innuendo
  15. Your my best friend
  16. Don´t stop me now
  17. Dragon attack
  18. Friends will be friends
  19. Sheer her attack
  20. Bohemian Rhapsody

30 AÑOS DE PINK FLOYD THE WALL: THE LOST DOCUMENTARY

The Lost Documentary es el mejor registro audiovisual que existe del tour 1980-81 de Pink Floyd, la puesta en escena de The Wall, cuyo caótico y costoso minitour dejó casi en la ruina a la banda más vendedora de la década de los 70. El infierno, la ambición y lo complejo de esta aventura provocó que la banda, a pesar de tener los royalties del que entonces era el disco más vendido de la historia de la música (sería desbancado un par de años después por Thriller de Michael Jackson) casi quedaran en la calle. A pesar de que los shows de The Wall fueron filmados en cine, estos jamás han sido editados en forma oficial, el rumor dice que Roger Waters tiene guardados los originales ya que no está conforme con la calidad del registro, como sea, sería bueno que el viejo migraña los liberara para festejar los 30 años del que se supone es su disco más personal, su propia obra maestra en su carrera como solista y dentro de la firma Pink Floyd. The Lost Documentary fue publicado hace un par de años en Inglaterra y ahora puede verse completo por YouTube, esto es para fans, para quienes creemos que los martillos marchan y los cerdos vuelan.

Parte 1

Parte 2

Parte 3

Otro buen documental sobre el disco, el tour y la película The Wall es Behind the Wall, que hace unos años emitió canal Fox, pueden descargarlo y verlo aquí.