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1899 UNIVERSO METAHULLANO: MISTERIO REVELADO, ¿POR QUÉ NÚMEROS?

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  • GÉNESIS: Prototipo de cerebro artificial (una unidad). Activado en 1865
  • ÉXODO: Prototipo de endoesqueleto (una unidad). Activado en 1865
  • LEVÍTICO: Primeros prototipos de androides (12 unidades). Activados en 1871.
  • NÚMEROS: Desarrollo en serie, también codificados como NUMERO HUMANO AUTOMATICO (NHAM). Activados en 1879. Producción a partir de 1883.
  • DEUTERENOMIO (Cancelado en 1910)
  • JOSUÉ (Cancelado en 1925)
  • JUECES: Evolución militar de los NÚMEROS. Superinfantes de Marina.Activados en 1938. Producción a partir de 1947.

YGRIEGA (FINAL)

UNA DE LAS COSAS que más me gusta es cortar la carne en pedazos triangulares, untarlos en el puré y clavar todo junto a un pedazo de tomate. Amo la mezcla que se arma detro de la boca, el sabor la textura. Amo cualquier cosa hecha con papas, papas fritas, rellenas, asadas, con mantequilla. Podría pasarme la vida comiendo papas y ya saben lo que dicen, quien recibe un golpe come, esw la mejor forma de disimular el pasado reciente, de cambiar la atención hacia otra cosa.
-Sirveme un poco de jugo-, me pidio mi socia y mejor amiga-, mientras miraba el reloj y comentaba. –Pendeja culiada, no se como puedes andar con mi hermana
-¿…?-, le pregunté con la boca llena.
-Por no se… me carga la gente impuntual.
-No eres precisamente un ejemplo de puntualidad
-Siempre la vas a defender.
-No se trata de eso.
-De qué se trata…
-No sé.
Estabamos solos en la cocina, con un plato con asado a la hoya y pure de pasa, iun jarro con jugo de frambuesa, una panera con cuatro marraquetas, una fuente con ensalada surtida, servilletas de papel y mantequilla. La nana nos dijo que dejaramos los platos en el lavaplatos al terminar y que había helado en el refrigerador, que iba a rescostarse porque estaba raja y harta de los abusos y cambios horarios de la casa. Que cuando llegara la huevona de mi novia le avisáramos para servir la cena.
-Me voy a ir… me duele la cabeza…
-No vas a esperar a mi hermana.
-No creo, dile que me llame.
-¿Qué onda?
-¿Qué onda qué?
-Andai raro huevón… como perdido…
-No me siento bien..
-Si tu lo dices. Esperame un rato aca, subo a la pieza y bajo con lo que te quiero mostrar.
-Estoy raja…
-Dejate de hueviar.
Mi socia y mejor amiga dejó a medio terminar su plato y salio corriendo de la cocina. Huevona ezquisofrénica, pensé, se hace toda la niña buena en casa y en la calle es una perra culiada. Las dos hermanas son lo peor. Imagine que mi novia entraba, que se me tiraba encima besándome como siempre lo hace. “A mi no me hablen de orgasmo”, pendeja culiada, todas las minas son perras. Son perras y están locas. Me gustaría tener un arma sobre la mesa, esperar su entrada, mirarla a los ojos y mandarle un tiro en medio de la frente… no querías morirte… Cerré los ojos y la vi sentada sobre otro tipo, el del colegio, el que salió con ella cuando la fui a buscar. Metiendose toda la polla gorda y fea del huevas hasta bien dentro, gritando como la puta de catorce años que es, riéndose de mi, de la traición, de la mentira. Hija de puta, la mandaría a la chucha trecientas veces de tenerla parada en frente.
-Mira-, me dijo mi socia, tirando a un lado de mi plato, un montón de hojas impresas, con textos de correo electrónico. –Son los mail de Igriega, del primero que recibió tu jefe hasta el último, que le llego esta tarde.
-¿Y?
-Espera, es lo que te quiero mostrar. Agarra cualquiera.
-¿Cualquiera?
-Yep, dale.
Saqué la cuarta hoja de la colección.
-Este.
Mi socia la tomó, le hecho una mirada y me la acercó, mirándome con cara de loca. Me fije que una frase del mail estaba subrayada con rojo y que abajo del texto, la desordenada letra de mi amiga había escrito algo en ingles. Comenzó a leer:
-“Y te doy las gracias por traerme aquí, por mostrarme un hogar. Al final he descubierto que pertenezco aquí” En inglés, “And i thank you, for….

EN MARZO A VECES llueve sobre Temuco. Un bombardeo químico sobre la atmósfera y nubes auspiciadas por el gobierno regional cubren el espacio. Es una forma de adelantar el invierno y de bajar las altas temperaturas que el día graba en el vidrio y el cemento. Y también una manera de apagar las llamas que rodean a la ciudad, como un anacrónico sitio medieval. Por media hora suaves goterones remojan edificios, máquinas, vidas y ánimos.
Me la regaló Mi novia cuando la deje en el cine terminando de ver la película de mi vieja. Dijo que pensaba podía gustarme, pensó bien, que se lo había regalado de una vida y que era para agradecerme que se lo hubiera metido tan rico. Pendeja linda, me dieron ganas de ir a verla y de hacerla dormir mirando su pálida espalda de niña. Romanticismos que me bajan a veces.
Su regalo era una bolsita de pasta, pero de la buena, la que no te caga. Caminé hasta la plazoleta del barrio donde había quedado de juntarme con Mi socia y mejor amiga y busqué un lugar apartado para sentarme. Los nuevos edificios de departamentos parecían modernos ziggurats, cuyas mojadas paredes y terrazas reflejaban todas las luces cercanas. A las nueve de la noche y con el agua artificial, yo era la única alma que respiraba en el lugar. Un cartel publicitario que colgaba del edificio más alto del sector decía “Compre” y más abajo indicaba las características de los departamentos, número de dormitorios y todo eso. Note que en una de las paredes del edificio los peñis habían garabateado de lo “Dakeltung kona…” el rayado que estaba por toda la ciudad.
Busqué un papelillo e tracé una línea de pasta en el medio. Luego la cubrí con unas hojitas de macoha que llevaba en la billetera y enrolle el porrito apretándolo con saliva. Boté lo que había sobrado, luego metí el cañón dentro de mi boca y lo encendí con un fósforo que luchaba por apagarse. Gotas de lluvia cayeron de mi frente mojándo mi nariz, boca, mentón y al porro. Mi ropa estilaba, el cuerpo también. Miré hacia el cielo y dejó que los ojos se aguaran. Entonces aspiré. El perro entró por mi garganta y quemó fuerte. En seguida, en un segundo alcanzó la punta de mis pies. Seguí fumando, aspirando y botando despacio. Un golpe seco en el corazón anunció la pronta taquicardia. Delante de mis ojos creció una especie de neblina que sumada al agua me impidieron distinguir cualquier cosa, por muy cercana que estuviera. El ritmo respiratorio se aceleró. Con angustia me puse una mano sobre el pecho. Sentía la cabeza embotada, como si lo hubieran golpeado y tenía la boca tan seca que mi lengua parecía a punto de arder.
Recogí los hombros como si quisiera sostenerme en ellos. Intenté tragar la poca saliva que me quedaba y al hacerlo fui sacudido por una nausea, desagradable la primera, no tanto la segunda, muy agradable la tercera. Garganta seca y felicidad. Risas bobas, solas y sin sentido controlados por mareadas neuronas. Tire la cola del pito y la mate con la suela de mis zapatillas.
Un helicóptero policial cruzó la plaza. Con los ojos entreabiertos seguí sus movimientos y formas. Conocía el modelo, un MD-600 sin rotor trasero. Hace diez años que los pacos los usan para sus vuelos nocturnos. Me fije que llevaba sendas alas embrionarias sobre los patines de aterrizaje y de cada una colgaban esferas blancas. Camaras, sensores, ametralladoras ocultas, impulsores magnéticos, que se yo. Los helicópteros PEM son de verdad, existen, aunque nadie lo crea. A los gobiernos no les conviene que haya tantos navegantes, saben que tarde o temprano la red se va a convertir en un océano lleno de islas virtuales, las que se van a unir en una gran matriz ciberespacial para crear algo parecido a un mundo paralelo. El paraíso recuperado. Gente conectada viviendo en sus avatares en lugar de sus cuerpos reales, no es una fantasía, es la pura verdad, aunque asuste. Para eso están los helicópteros PEM, porque los pulsos son la mejor arma contra los mundos virtuales, el mejor ataque contra el futuro.
Vi como el helicóptero danzaba con los estertores finales y luego volaba hacia el centro iluminando con un faro delantero las terrazas desiertas de la ciudad. Temuco se veía tan suceptible.
Caminé hacia el otro extremo de la plaza. Seque el agua de mi frente y miré la hora en un reloj público. Mi socia y mejor amiga debería haber llegado hace diez minutos. Nuevamente se me empañaron los ojos. En voz alta conté en regresiva desde quince y al llegar a cero la lluvia cesó. Automáticamente disipadas, las nubes dieron paso a las estrellas y luego al rojo tímido de las quemas lejanas.
-Falsa y corta, pero sirve-, dijo Mi socia y mejor amiga a mi espalda. Me saludó con las cejas y luego tiró la primera pregunta:
.Asi que conseguiste los mails
-Yep.
-¿Como?
Moví la cabeza en forma bastante pedante. Abrí mi mochila y busque entre lo quie tenía adentro. Se me hizo más difícil de lo esperado, donde cresta los había dejado. Tuve que mirar, vi que Mi socia y mejor amiga torcía una burla con su sonrisa. Saque un montón de hojas de oficio apretadas con un clip feo, color negro.
-¿Son los mails de Igriega?
-Yep
Se los pase, los tomó y comenzó a hojearlos con un interés para nada de discimulado.
-¿Son todos los mails?
-Yep.
-Incluso los que le llegaron a tu jefe antes de que hicieran el trato.
-Yep.
-¿Te metiste algo verdad?
-Yep…

Esto es lo último que escribí de Ygriega. La novela quedó incompleta a mediados del 2001. Nunca más volví a ella, excepto para volver a publicarla en este blog

Cap 1

Cap 2
Cap 3
Cap 4
Cap 5
Cap 6
Cap 7
Cap 8
Cap 9
Cap 10
Cap 11
Cap 12
Cap 13
Cap 14

YGRIEGA (Cap.14)

Miré al cielo, a las primeras estrellas y por más que lo intenté, el humo no me dejó ver la estación espacial. A esa hora cruza por nuestro espacio, lástima que no podamos verla, a veces sus paneles reflejan el sol y se ve un círculo brillante moviéndose en el cielo. Solo la he visto en fotos. El miércoles los franceses lanzaron los primeros tres módulos de la nueva ampliación. Antes de los treinta voy a pasar mis vacaciones en el espacio, lo prometo.
El mismo niño con el que casi choqué hace un miniuto volvió a pasar a mi lado. Pensaba que dar vueltas a la manzana era algo que ya no se hacía. El cabro debía haberse fumado algo, era la única razón para montar una bicicleta costosa y gastar el tiempo girando alrededor de una cuadra regular. Un helicóptero de los pacos cruzó el cielo y se perdió hacia el centro de la ciudad. A lo lejos, dos columnas de humo anunciaban un nuevo ataque mapuche. Antes de llegar a la casa de mi novia, el idiota de la bicicleta costosa volvió a cruzarse en mi camino. Frente a la casa, una imitación cursi del estilo Georgian, un tipo vestido de azul regaba con una cortísima manguera automática unas pequeñas matas con flores amarillas. Debió haberme visto antes, porque me saludó muy amable, bajando su cabeza.
-La niña no ha llegado-, me dijo la nana de mi novia mientras me abría la puerta y me invitaba a pasar. –No ha llegado nadie, estoy sola y la comida se va a enfriar.
Me acordé de las primeras veces que vine a esta casa, cuando recién estaba saliendo con la niña de la casa. Los viejos me preguntaban que hacía, la nana me miraba como si acabara de bajar de un Ovni y una apestosa Cocker Spaniel no dejaba de ladrarme, menos mal que se me metió bajo las ruedas de ese camión de mudanza. Esa perra culiada se ganó un sitial de honor entre las diez cosas que más he odiado en el mundo.
-¿Qué cocinaste?-, le pregunté a la nana, mientras la seguía a la cocina.
-Que te importa…
-Chucha.
-Asado alemán, con papas duquesa.
-…
-¿Qué?
-Nada
La nana de mi novia fue la primera persona de la casa que me quiso, me la gané antes que a los viejos. Poco me duró la victoria, hasta que descubrió una caja de anticonceptivos en la pieza de su niña. Mi novia es como una hija para ella, a la hermana, mi socia, jamás la pesco, pero mi chica son sus ojos. Por ella se hubiera mantenido virgen hasta el matrimonio, no pudo soportar que alguien estuviera profanando a su niñita. Si supiera. Así que las cargó contra mí. No es odio, es aptitud y punto, es la forma que tiene de reclamar. Perdí a la nana cuando me gané a los viejos, pasa.
-¿Quieres bebida?- me ofreció, mientras abría el refrigerador.
-Vale.
-¿Coca o Fanta?
-¿Tienes Coca light?
-Si…
Se sentó al otro lado de la mesa de la cocina y prendió el televisor. Una pareja mexicana discutía porque alguien había engañado a otro. Repetían mucho la palabra capricho.
-Voy a subir a la pieza…-, le dije a la nana. Ni siquiera me contestó.
El reloj del laptop de mi novia marcaba las nueve con diez minutos. Me tire en la cama y prendí el televisor. Un cuarteto de negras exquisitas cantaban en MTV, un nombre olvidable, un video bien hecho y una letra divertida acerca del auto de un chico de Malibú. La cantante era la más bonita de cara, pero las otras tenían mejor cuerpo. Salté a otro canal y dejé una enésima repetición de un capítulo de Friends en Sony. Ross intentaba conquoistar a Rachel en el balcón del departamento de Monica cuando un gato le caía encima. Uno de los peores capítulos de la serie, primera temporada, creo. Volví a MTV, las negras seguían bailando. Puse mi cabeza sobre el dragón de peluche verde que le regalé para la navidad y esperé. Desde el velador me miraba yo mismo, encerrado en un marco de plástico. Tenia el pelo desordenado y sonreía con cara de tonto, tras mío aparecía el jardín de esta misma casa.
Abri el cajón del velador de mi chica y revisé sus cosas. Una caja con pastillas anticonceptivas y otra con antidepresivos. Papeles desordenados, joyas baratas, anillos feos, aros que nunca ha usado, flores de papel y una caja de metal con tres pitos perfectamente hechos. Agarré uno y lo olí despacio, estaba bien. Cerré la caja y me guardé el cigarrillo en mi billetera, ventajas de pareja estable pensé. Un video viejo, Bruce Springsteen, “Dancer in the Dark”, el cantante favorito de mi madre. Según ella, Born in the USA es el mejor disco de todos los tiempos, en cosa de gustos. Springsteen baila como las huevas, parece maricón con esos jeans tan ajustados.
Miré la hora en la pantalla del computador, las nueve dieciocho. Me levante y fui al escritorio, toque la pantalla del iBook y esta se convirtió en un colorido fondo, con clores movedizos como una lámpara de lava. Me fijé en los nombres de las carpetas, tan obvios como decir hola: fotos, música, colegio, cosas, mi diario. Movi el dedo hasta el último folder y lo abrí. Una voz me saludo diciendo el nombre de mi novia, me preguntó como estaba y se quedó callada. Había tres archivos de texto en la carpeta. El primero se llamaba mi vida, el otro pensamientos y el último llevaba mi nombre. Mire la puerta del dormitorio, estaba cerrada. Corrí la ventana del diario y abrí otra en internet, con mi cuenta de correo. Indique la clave y cuando se desplegó sobre la pantalla la moví hacia atrás, regresando a los archivos del diario. Cerré la carpeta y solo desplegué lo que llevaba mi nombre. Cincuenta páginas en letra Times New Roman de doce, escritas a espacio y medio.
“Esta es una historia de amor. Una historia de amor silenciosamente rebelde… La historia de un amor impostergable…. No hablaré del final, por ninguna razón, en silencio despertarás de tu historia de amor. Cuando arrojes al mar las cenizas de la pasión (Soda Stereo)”, decía el corto párrafo de la primera página.
Fui a la siguiente, estaba fechada dos años atrás, “Quiero escribirte en lo efímero de esta hoja. Tocar tu mano a distancias, dormirme en el deseo de oir tu voz…” seguí leyendo, tratando de recordar los mementos encerrados en las metáforas, evitando sonrisas huevonas de algo parecido a la emoción. Corrí más páginas, hacia las finales
“A veces la vida tiene un sabor amargo. No podemos ver en la bola de cristal. Desde que estamos juntos le he regalado unos cuantos orgasmos. No, no. Error. Yo no se los he dado. Corrijo. Desde que estamos juntos ha tenido orgasmos cuando hacemos el amor (a mí no me pregunten por orgasmos). El ultimo que tuvo fue ayer. Pasamos la noche en un motel, ya saben, no le gusta llevarme a su casa y yo no puedo en la mía. Lo amarré y jugamos al sexo oral. Yo lo masturbé hasta que acabó en mi pecho, lo seguí masturbando y el decía que se iba a morir. Me asusté un poco. No sé murió. Después de eso me sentí un tanto poderosa. Pensé, con todas estas cosas él se va enamorando mucho más. Me diuo un poco de miedo. No quiero hacerle daño, No quiero ponerme mal y hacerle daño. ¿Lo quiero? Pero me cuesta… me cuesta seguir fingiendo que no siento nada cuando hacemos al amor. Detesto hacerme la tonta frente al hecho de que nunca he tenido un orgasmo con él, de que es tan rápido que nunca ha aprendido como funciono, nunca ha entendido el lenguaje de mi cuerpo… mi dulce analfabeto… Lo quiero pero no puedo…”
Fui a la ultima página, miré la fecha con la garganta cada vez más seca. El miércoles de la semana pasada y apenas un par de líneas escritas con letras y puntos ordenados. “Si pudieras perdonarme por lo que no sabes. Si supieras de los otros besos. Si tan solo entendieras esos besos furtivos. Me gusta estar contigo, pero también con él. Tu cariño y cercanía me da vida, la suya me mata. Como decirte que cada vez me gusta más estar muerta…”
“No me gusta sentirme sucia, pero es cómodo”
-¿Que haces fucking man?
-Nada…-, salté. –Reviso mi correo…-expliqué mientras cerraba el texto y desplegaba la ventana de AOL.
-Vale, está servido-, indico mi socia y mejor amiga, recién aparecida en la puerta del dormitorio de su hermana. –Estás pálido-, agregó.
-De más, no me sentido bien-, mentí. Debería haberle dicho que hace dos minutos me fui a la chucha y aun no regresó.
-Apaga la tele y el computador y bajemos a la cocina. Mis viejos no vienen a comer hoy así que sólo somos tu, yo y la pendeja de mi hermana…
-¿Cuándo llegaste?
-Recién…
-¿Qué te pasa?
-Por que me tendría que pasar algo…
-No sé, estas raro, no más. Ya apaga luego la tele… odio ese video-. Un par de tipos rapados rapeaban acerca de injusticias sociales y cabros de la pobla, había escuchado el tema, pero nunca visto el video. Apreté power.
-Mi hermana acaba de llamar, dijo que te avisara que estaba en la casa de una compañera, por no se que chucha de trabajo, que tenía para una media hora más y que la esperaras.
-Ok…
Pensé en los raperos calvos, en lo que acababa de leer y seguí cada vez más adentrándome en la chucha… Tuve ganas de llorar.

YGRIEGA (Cap.13)

Miré el último mail de mi jefe y traté de ponerme en su lugar, confiando en un pendejo extraño un secreto que podría costarle su vida familiar y pública. Histérico porque sabe que el mamón a quien le está pagando conoce más de lo que confiesa, porque está seguro que no ha guardado el secreto como lo prometió y que un montón de otras almas que caminan por la ciudad sabe que tuvo una aventura con una puta llamada Igriega.
Metí el CD-Rom que hizo mi socia y mejor amiga al lector, había tres archivos. Un documento de texto y una planilla de cálculo con la descripción detallada y ejemplificada de la nueva aplicación a montar en el sistema de correos. Un archivo HTML con el prototipo de la aplicación y un tercero, mucho más pesado que los anteriores, también HTML, con el programa completo, terminado y listo para hacer copy y paste. Trasladé el archivo de texto sobre el escritorio y luego creé en la intranet de la empresa un mini sitio, al cual nombré aplic1. Clickeé el más liviano de los archivos de red enviados por mi socia, select all, copy y luego paste en la ventana virgen. Guardé y achiqué la ventana sin cerrarla. Saqué el disco y lo guardé bajo llave en mi cajonera,

To: desarrollo4@enrednet.cl
From: one@enrednet.cl
Subject: RE: re: Igriega
Ese es el problema, desapareció. En todo caso no creo que demore mucho en encontrarlo. Llevo dos días rastreándolo y creo que puedo tener novedades para el miércoles o el jueves.

Tomé mi celular y marqué el número de mi socia y mejor amiga.
-Aló-, grité. Iba arriba de un auto o de una micro porque se escucha mucho ruido externo. –Aló-, repetí, -recibí tu mail. ¿Qué pasa?
-Nada, una tontera. Viste el disco.
-Si.
-And?
-Todo bien, en la semana te hago el depósito. ¿Eso es todo?
-No. Espera. Hace mucho ruido, ni siquiera puedo oirte, me bajo de la micro y te devuelvo el llamado. No escucho nada.
-…
-…

To: one@enrednet.cl
From: desarrollo4@enrednet.cl
Subject: RE: re: Igriega
Ok, pero avísame cualquier novedad. Y si necesitas equipo más potente usa el de la empresa. Cualquier problema con el gerente de tu área me avisas, yo me arreglo. Te voy a mandar mi número de acceso para que bloquees el firewall en tu equipo y puedas bajar lo que necesites.

Atrasado my boss, desde el primer día que me senté acá tengo roto el bloqueo. Abrí un nuevo correo y le envié al gerente de mi área el link con aplic1. Mi socia y mejor amiga demoró menos de dos minutos en regresarme el llamado, ahora se escuchaba bien, sin ruidos ni nada que molestara desde afuera.
-¿Dónde estás?-, le pregunté.
-En mitad de una plaza.
-¿Dónde?
-Que te importa peñi, te pareces a la maraca de mi hermana preguntando por todo, está haciéndote mal acostarte con ella.
-¿Por qué? ¿Estás celosa?
-Huevas.
-No le digas más maraca a mi novia, al menos no delante de mío
-¿Te la culiaste recién que andas tan galante?
-…
-Sabía.
-Filo, what happened?.
-Igriega.

To: desarrollo4@enrednet.cl
From: one@enrednet.cl
Subject: RE: re: Igriega
Descuide, así fue el trato, no se preocupe. Hay otra cosa más. Una hipótesis que no hemos barajado. De hecho yo me inclino por esa. Tal vez Igriega se suicidó y lo de los mails fue parte del plan. Quizás lo venía pensado desde hace tiempo y se tomó la molestia de escribir una especie de diario de vida que luego dividió en fragmentos y formateó como mensajes de correo electrónico. Después los programó con fecha y dejó que Outlook se encargara del resto. Puede hacerse, no tiene nada del otro mundo. Averigüé que los correos póstumos de suicidas no son tan inusuales, han escrito reportajes y sacado estadísticas al respecto.

-¿Qué onda?-, me dice desde alguna plaza de Temuco.
-¿Que onda, qué?
-Tu puh huevon, que hablas como volado, no me estás ni escuchando.
-Nada, estaba mandándole un mail…
-¿A tu Jefe?
-Yep… Me estaba preguntando si había averiguado algo.
-¿Qué le contestaste?
-Nada, que estaba intentando encontrar al webmaster, que esa era la forma más directa de descubrir que chucha estaba pasando.
-Eso no más.
-¿Qué más quieres que le dijera?
-¿Por qué hablas tan bajo?
-Porque estoy en la oficina, rodeado de orejas y sapos…
-Vale… ¿Qué más le dijiste?
-¿Por qué tendría que haberle dicho algo…
-Porque te conozco…
-…
-…
-Lo del suicidio y los mail póstumos…
-Huevón, te dije que no se la soltaras, eres muy idiota. ¿Y que te respondió?
-Nada…. no yet

To: one@enrednet.cl
From: desarrollo4@enrednet.cl
Subject: RE: re: Igriega
No lo creo, ella jamás se habría suicidado. En fin, todo es muy interesante pero aun no me tienes nada concreto. No estiremos mucho la cuerda. En fin, tengo que trabajar y supongo que tu también. Cualquier cosa sabes donde hallarme.

-Respondió.
-¿Quién?
-¿Quién va a ser?.
-¿Qué dice?
-Que ella jamás se habría suicidado.
-…
-…
-Si él lo dice-, dudó. -Pregúntale cual era el grupo favorito de Igriega.
-¿Por qué?
-Hazlo, de ahí te cuento.

To: desarrollo4@enrednet.cl
From: one@enrednet.cl
Subject: Otra cosa
Una pregunta, ¿cuál era la banda favorita de Igriega?

-Lo hice.
-Excelente.
-Why?
-Porque encontré algo común en todos los mails…
-¿Entraste?
-Yes, espera, deja sentarme, se me desabrochó una zapatilla. No hagas tanto escándalo, como si no supieras que iba a entrar, además fue fácil. Con los datos que me diste me vastó, very fast, to much easy… Para ser dueño de una empresa punto com, tu jefe no tiene idea de lo que es un buen password… en fin. Revisé todos los correos de la perra y encontré algo que se repite en cada mensajes, letras de canciones de Depeche Mode…

To: one@enrednet.cl
From: desarrollo4@enrednet.cl
Subject: RE: Otra cosa
No sé. ¿Por qué?

-Me dijo que no sabía y me pregunta por qué.
-Dile lo que encontraste. Tal vez te suelte algo.
-¿Qué?
-Lo que acabo de decirte, que encontraste canciones de Depeche Mode en los mail que te reenvió. No vas a ser tan huevón de decirle que hackeaste su cuenta y los leíste todos.

To: desarrollo4@enrednet.cl
From: one@enrednet.cl
Subject: RE: Otra cosa
En los mails que me forwardeó, encontré letras de canciones de Depeche Mode, pensé que tal vez podría significar algo.

-Me carga Depeche Mode.
-Son la raja.
-Grupo para maricas, sin ofender…
-Me ofendo de tu limitación mental. Depeche Mode es la raja, no como tus cagadas de rock progresivo. En fin, supongo que si no es el grupo favorito de la perra…
-¿Qué?
-Nada…
-¿Cómo que nada?
-Nada…

To: one@enrednet.cl
From: desarrollo4@enrednet.cl
Subject: RE: Re: Otra cosa
No se, nunca había escuchado hablar de ese grupo.

-Me dice que nunca ha oído hablar de Depeche Mode.
-Será…
-¿Y?
-¿Y qué quieres que te diga? No se nada más salvo que algo debe significar, nadie pone letras de un solo grupo por nada. Tal vez sea un mensaje, tal vez… no sé. Voy a ver que más puedo averiguar. Sería positivo que nos juntáramos.
-A la noche voy por tu casa, tu hermana me invitó a comer.
-A comer le dice ahora. En fin, allá nos vemos… see you maraco.
-Chau-, colgué.
El gerente de mi área me devolvió un Ok, supongo que aplic1 lo dejó conforme. La webcam ha demorado más de lo habitual en descargarse, la demanda ha de ser gigante.

CUANDO EL SOL DESAPARECE, TEMUCO se convierte en el mejor cuadro impresionista de Chile. Eso dijo un pintor de apellido alemán que ahora es consejal por el Partido Nacional y por algún inexplicable motivo se me quedó grabado, como si fuera la frase definitiva de la mejor película que he visto. En fin. Rojo, anaranjado y amarillo. Los colores del verano, lo campos quemándose alrededor de la ciudad y la polución construyen un soporte perfecto de humo y mugre, supongo que a eso se refería el ex artista local, hoy político.
Al saltar de la micro estuve a punto de ensartarme contra un pendejo y su bicicleta. Reconocí el modelo, una PM 40 de Redline, una maravilla de aluminio que cuesta más que la camioneta de mi madre. Me encantan las bicicletas, sobre todo las que hacen ahora: estilizadas e inteligentes. Si hubiera sido bueno para el diseño me habría metido al negocio de los pedales, dedicado mi vida al desarrollo de la máquina perfecta. Tal vez me hubiera ido bien.
El barrio Maquehue, al sur del río Cautín, por encima de la ciudad, siempre está poblado de bicicletas caras. También de autos, motocicletas, mascotas peludas, ropas y casas pintadas de blanco, levantadas donde antes estuvo el aeropuerto de Temuco. Todo es regular, bonito y verde, como sacado de esas películas antiguas que mamá sabe encontrar en las horas más insólitas en el cable. Sino fuera por las llamas parecería otra sitio, algo así como el suburbio de la ciudad más linda del mundo.

YGRIEGA (Cap.12)

HICIERON ESTALLAR un coche bomba poco más allá de la entrada al valle. Cuando regresé del almuerzo había un taco de la puta madre y la carretera estaba cortada por camiones de bomberos, furgones policiales, grúas y ambulancias. Cinco estaba junto al resto de los empleados de Enrednet, pegado en los ventanales del piso mirando lo que sucedía. Parecía realmente excitado.
-¡Te lo perdiste, man!-, explotó al verme llegar. –No debiste ir a comer fuera, estábamos todos en el casino, como a las dos y cuarto cuando de repente… ¡¡¡PUM!!!-, su onomatopeya dejaba harto que desear, -se cayeron los muebles, tembló todo el piso, la media zorra. Salimos todos corriendo afuera a ver que había pasado y estaba la cagada en la carretera, puro humo, vidrios por todas partes, chorros de bencina quemándose y un olor asqueroso a metal chamuscado y goma. Fue uno de los mejores coches bombas que me ha tocado sentir en Temuco. Y eso que vivo al lado de la plaza de armas.
Es cierto eso de que uno se acostumbra al horror, como también es falso que los gringos jamás aprenden a hablar como chilenos.
-La onda de la explosión quebró todos los vidrios del galpón de Microsoft-, añadió Dos, que también estaba pegada junto a la ventana mirando como los pacos intentaban limpiar la carretera-, y cagó todos los equipos que estaban instalados a este lado-, me los mostró con la mano. -Indios de mierda-, comentó.
-Reclaman por lo que les pertenece-, contestó una voz a su costado izquierdo, escondida en la forma del grupo.
-A mi no me pagan lo que me merezco y no ando quemando el mundo… huevón-, respondió la gorda.
-El huinca nunca va a entender-, reaccionó otra voz invisible, esta vez por mi costado. Nada que decir.
Un vapor blanco, suma de extinguidores químicos y fuego aceitoso, se elevó como un geiser posmoderno detrás de las instalaciones de Microsoft. Regresé a mi lugar de trabajo y moví el mouse, la barra de herramientas de Windows me indicaba que tenía tres nuevos mensajes. Vi los remitentes y el subject, comencé por el más importante.

To: one@enrednet.cl
From: desarrollo4@enrednet.cl
Subject: Igriega
¿Averiguaste algo el fin de semana?

Reply

To: desarrollo4@enrednet.cl
From: one@enrednet.cl
Subject: RE: Igriega
No mucho. Intenté entrar al URL de Igriega pero estaba abajo así que busqué otros caminos. Websites no oficiales. Hablé con algunos conocidos para ver si me podían ayudar. Todos coincidieron que lo primero que había que hacer era ubicar al webmaster

Abrí otro mensaje, era de mi socia y mejor amiga, un correo reenviado desde mi casilla privada. El cuadro de asunto decía “importante”, el de mensaje era apenas un poco más largo: “supongo que la tarada de mi hermana te pasó el disco. Llámame, tenemos que hablar. Encontré algo”

To: one@enrednet.cl
From: desarrollo4@enrednet.cl
Subject: RE: re:Igriega
TE DIJE QUE NO LE DIJERAS A NADIE

El otro correo también había sido forwardeado de mi casilla privada. Lo envió el webmaster de Globaleye, la mutual que administra las conexiones y subscripciones a las cámaras a las cuales estoy colgado. El subject decía SETI, así que no era difícil adivinar que los freaks lo habían logrado. Me acordé que antes de tirarme a mi novia había anotado en el diario consultar por webcams en observatorios. Sincronía. Ofrecían la conexión a dos cámaras instaladas en un radiotelescopio en Sonora, Nuevo México, una de las veinte antenas conectadas al proyecto VLBA de búsqueda de señales extraterrestres. La primera de las webcams fue escondida en una sala de reuniones y la segunda frente a un panel de control. Tras las señales recogidas por Arecibo, el VLBA era el mejor sitio del mundo para averiguar que mierda estaba pasando allá arriba. Incluían además varios paquetes de suscripción y formas de pago, la última línea del correo era el link al sitio oficial de Globaleye. Entré al browser y regresé al diálogo.

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Subject: RE: re: Igriega
TRANQUILO, no le he dicho nada a nadie. Las consultas las hice por mi parte. Curiosidad electrónica. En las comunidades y groups todos mienten y nadie hace preguntas. Inventé algo relacionado con Igriega, sobre lo raro de su muerte. Por lo visto usted no es el único que ha sufrido ataques de ultratumba…

Mentir por escrito es más fácil que hablarlo. Tengo que cuidar de no contradecirme. Pero estaba resultando, el viejo estaba dentro del juego. La situación era perfecta para saber más de su relación con el fantasma electrónico.
Abrí la ventana del navegador, Globaleye ya estaba cargada. El destacado del día era VLBA y el texto de la noticia era el mismo que me habían enviado por correo. Fui a modo de suscripción y escogí ambas cámaras, era el hecho del siglo, no iba a estar perdiéndome la mitad de la historia. Escribí mi clave y pasé a formas de pago, tarjeta en cuotas mensuales fijas, no había mucho donde escoger. Pulsé send. El servidor me saludó y luego indicó que mis datos estaban siendo procesados, que cuando todo estuviera en orden me enviarían por correo las instrucciones para bajar el enlace con la cámara.
Regresé a Outlook

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Subject: RE: re:Igriega
Por qué????

No era el único mensaje nuevo que tenía en la ventana. Un anónimo, enviado a través de un remitente encriptado en un código no muy difícil de descifrar, aunque no tenía ni las ganas ni el tiempo en hacerlo, estaba entre la última respuesta a mi jefe y la reacción de este. El mail estaba entero escrito en mapudungún y decía algo así como que el cielo iba a seguir quemándose y que pronto las llamas iban a alcanzar a la ciudad del huinca. Que las tierras debían de ser regresadas. Que la guerra sagrada y otra sarta de estupideces redactadas por poetas y universitarios que un día descubrieron que la causa mapuche tenía más onda que el rock pesado, el partido comunista y los punks. La última línea asumía el atentado frente al Barrio Tecnológico a nombre del grupo Mapuñuque o Tierra Padre.

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Subject: RE: re: Igriega
Por nada en especial. Cuando hablamos me dijo que la lista de destinatarios era larga, lo que es obvio al tratarse de un receptor oculto. Sucede que mailié con un par de clientes de la chica, también recibieron el correo pero no lo respondieron. No creen que sea Igriega quien los envía, sino alguién que crackeo el dominio y accedió a la base de datos. Claro que también esta la otra opción, que sea el propio webmaster quien está haciendo el juego…

VLBA son las siglas de Very Large Baseline Array, sistema de base en línea de rastreo muy extenso. 57 antenas montadas alrededor del mundo que funcionan en forma coordinada como si fuera un solo instrumento, el radiotelescopio más grande y potente del mundo, con una amplitud de banda muy superior a la antena de Arecibo en Puerto Rico. Tras el descubrimiento de las señales desde Epsilón Eridani el VLBA se había convertido en el principal artefacto usado para la recepción de estas señales. A pesar de su grandilocuencia, el conjunto no era más que una versión ampliada del VLA (Very Large Array), 27 antenas montadas en una gigantesca “Y” en Sonora, Nuevo México, que fue el primer sistema de su tipo en el mundo. Actualmente el VLA era parte del VLBA y precisamente en una de sus antenas, los paranoicos de Globaleye habían instalado el par de cámaras a las que acababa de suscribirme. Estaba seguro de que había gente del SETI inscrita en Globaleye, era la única explicación para la rapidez del cómo y donde montaron las webcams.
Otro forward desde mi casa, la clave de acceso y la dirección para descargar el programa, los archivos y las ventanas de las webcam. Apreté el botón derecho y comencé el download a una carpeta del disco C. A pesar de la magnitud y el radio de alcance del VLBA, cuando los europeos terminen de construir el ALMA en el norte chileno tendremos un sistema “baseline” aun más preciso que el de las cincuenta y siete antenas americanas, pero para eso todavía falta harto tiempo. Además, después del asunto de las bases antárticas, las relaciones entre el gobierno y Europa no son precisamente las mejores.

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Subject: RE: re: Igriega
¿Y donde está ese webmaster?

YGRIEGA (Cap.11)

DURANTE LA NOCHE borraron el mensaje peñi del techo del edificio de Motorola y lo único que quedaba de éste eran un par de manchones de pintura blanca sobre del zinc. Bajé del taxi en la plaza de nuestro Silicon Valley y mientras miraba como el auto se iba y un furgón de pacos controlaba el tráfico camino a Nueva Imperial, me abroché las zapatillas, el par de Adidas azules cque uso desde hace trece meses. Un sujeto que alguna vez me hizo clases (y me reprobó) entró corriendo al edificio de la escuela de ingeniería electrónica de la Universidad de la Frontera.
Llegué a Entrered un par de minutos antes de las diez y quince de la mañana. Gente que no conozco de nombre, pero a la cual veo todos los días, me saluda como si fuéramos íntimos. Una sumatoria de preguntas y comentarios compitiendo por ser lo más amable de la mañana. Que cómo estuvo el fin de semana, que qué lata el calor, que qué horrible que sea lunes y un largo etcétera.
Saludé a la gorda del dos, la que movió su cara redonda hacia mí, soltó un “hola” mudo y me ofreció su frasco siempre lleno de bolitas de chocolate.
-También hay con relleno de trufa-, describió.
El gringo de la terminal cinco me golpeó en la espalda y en veinte palabras me contó lo increíble que había estado su sábado y lo mejor que corrió su domingo. Añadió que sólo le faltó droga para que hubiera sido mejor, supe lo que iba a venir.
-Me podrías mover unos pitos-, murmuró a mi espalda, como si nadie lo escuchara, fue pésima idea haberle regalado ese par de agujas para la fiesta de fin de año. Ahora me trata como su dealer particular y con lo hocicón que es no me extrañaría que luego los del segundo piso comenzaran a encargarme marihuana. Igual podría conseguirles, si quisiera.
-No creo-, le dije-, está difícil la cosa.
-Pero trate, hermano.
-No sé, el miércoles te respondo. Además ya no estoy fumando- y con eso puse fin a la conversación.
Hace dieciocho meses que administro sistemas para esta empresa, una de las pocas punto com que sobrevivió al primer colapso de la nueva economía y estaba ahí para agarrar el gran oso color rosa del e-second chance. Mi jefe confió y salió ganando. Apenas la internet satelital y por el cableado eléctrico se hizo masiva, movió sus piezas y jaque mate. Temuco se convirtió en laboratorio de nuevas tecnologías y Enrednet cogió el pedazo con más crema de la torta. Aun no hay números azules, pero ese no es mi problema.
Llegué por casualidad, buscando un trabajo después que me echaron de la universidad. Alguien me recomendó y supongo que mis raros antecedentes ayudaron bastante. Entre tenerme afuera y controlado, era preferible la opción “b”. No me hicieron muchas preguntas ni me pidieron antecedentes académicos, solo me pidieron que les redactara un paper en primera persona de porque era vital tenerme en Entrered. Y les gustó lo que entregué, felicidad en la era de los profesionales incompletos.
Tenía un mail de mi padre, hacía tiempo que no me escribía. Me preguntaba que cuando iba a ir por Santiago y me invitó a pasar un par de días a su departamento. Era fácil deducir que lo dejaron y que se sentía solo. Añadió una ensalada de preguntas dóciles, de esas que le hace un papá a un hijo cuando lo ve poco, por no decir nunca. Quiso saber si tenía novia. Añadió que si existía esta novia la llevara conmigo, que le encantaría conocerla. El resto eran puntos suspensivos.
Reply. Le conté que todo iba bien, que estaba saturado de trabajo y que no tenía idea cuando podría tomarme un par de días para viajar a Santiago, pero que no era mala idea y que yo le avisaba. Sumé que no tenía novia y preferí no responder el resto de sus dóciles preguntas. Send.
Me puse los audífonos y abrí la carpeta “mi música”. Clíc, play, Yes, Relayer, “Stand and fight we do consider, reminded of an inner pact between us that´s seen as we go. And ride there in motion to fields in debts of honor defending…”
El gerente de mi área me recordó por mail lo que había dejado pendiente el viernes. Le respondí que todo OK pero que era casi imposible tenerle una adelanto para la tarde porque (mentí) había tenido un problema con los códigos HTML del servidor. Que antes de poder mostrarle algo quería optimizar funciones de diseño y de generación de caracteres, que mañana tal vez podría tenerle una primera versión. Pensé en mi socia, en que ojalá hubiera hecho bien el trabajo. Send.
El último mensaje era de mi jefe, el subject decía “esta mañana”. Igriega is back. Minimicé la ventana del Outlook y fui a favoritos, busqué la palabra “british” e hice clic, abrí la webcam instalada en el parlamento inglés. El servidor me preguntó si quería descargar el video online ahora y cual era el programa que iba a usar. Abrí options en el browser y desbloqueé el firework de la empresa, anoté los números del proxy que usa la terminal del gerente de mi área, me podrían echar por eso, y marqué ok. Regresé a la ventana de la cámara y comencé a descargar la aplicación en Realplayer. Minimicé la pantalla y volví al inbox. Yes seguía corriendo desde el disco duro del PC, “We go sailing down the calming streams, drifting endlessly by the bridge. To be over, we will see, to be over. Do not suffer through the game of chance that plays; always doors to lock away your dreams…” Abrí el único mensaje que estaba marcado en negro en la bandeja de entrada.

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Subject: Esta mañana
———–ORIGINAL MESSAGE———–
To: Y
From: List
Subject: No hablaré del final
¿Seremos capaces de ordenar, designar y abarcar el destino? Me gusta pensar en eso, ojalá a ustedes, mis cercanos invisibles puedn comprender mis palabras. Me gustaría comenzar a contarles historias. Historias lejanas, historias amarillas de polen, historias rojas y dudosas. Historias en que soy una virgen vestida de pétalos a la que le besan los pies. De la que no escapan los unicornios del bosque oscuro. Quiero que conozcan los besos oscuros de vientos calurosos y húmedos que me han dado forma. Me gustaría estar aferrada a ustedes, entralazada con sus brazos protegiéndolos de un mal que no existe y que es tan lleno y tan grande y tan delicioso, más que el bien, siempre ha sido así, pero ustedes eso ya lo saben. Estoy esperando que caiga la noche. Sé que eso nos salvará a todos. Cuando todo está oscuro nos aleja de la cruda realidad. Puede ser, quien lo sabrá, por hoy, por esta mañana que ya se hace día, es todo. Los quiero mucho. Descansen hermosos, donde quiera que estén. Good omens. Y.

Good omens, buenos presagios, hasta ahora lo único en común que parecían tener los mails de Igriega era su forma de despedirse. ¿Qué querría decir? ¿Por qué presagios? ¿Qué presagios? Buscaba algo o sólo era una palabra bonita, una frase musical para una serie de frases inconexas, locas y decididamente freakeadas. Leí por segunda vez el mensaje y seguí sin entender. En una prueba de comprensión de lectura, ese texto habría reprobado a todos. ¿La visión caótica de un mundo, el infierno acaso? Y si la puta estaba de verdad muerta y estaba usando el café virtual del otro mundo para comunicarse con este lado de la realidad. Desde el infierno, claro, porque en el cielo no estaba, eso era obvio. ¿Y si en realidad era un mail de ultratumba y me estaba haciendo trizas la cabeza buscando explicación a algo que no la tenía, que nunca la tuvo y jamás la tendrá?
Lo mande a imprimir y luego borré el original.
-¿A donde vas?-, me preguntó Cinco.
-Al baño-, le contesté, -estoy que me cago.

ME SENTÉ FRENTE AL COLEGIO BAUTISTA diez minutos antes de lo citado. A un costado de una estación de servicio donde no había más de cuatro vehículos y un ciclista echándole aire a su máquina. Me acomodé sobre el pasto y esperé a que salieran los colegiales. La puerta del establecimiento estaba copada de minivans Toyotas, pintados de amarillo con balizas verdes y roja en el techo. La mayoría de los conductores fumaban con caras de aburridos.
Revisé los titulares del diario, nada nuevo bajo el sol. Las guerras continuaban donde habían quedado ayer, los políticos seguían hablando por gente que no conocían, más y nuevos secuestros redbank en Santiago y la cacha de la espada. Pasé páginas y busqué lo que realmente me interesaba, ocupaba las dos cuartillas de la sección de ciencia y tecnología de La Tercera. El SETI y la NASA trabajaban coordinados apuntando sus radiotelescopios hacia el punto de donde Arecibo recibió las señales. Nadie quiere adelantar nada, el gobierno norteamericano no ha hecho declaraciones oficiales, tampoco la Agencia Espacial Europea. Fanáticos musulmanes aprovecharon de arrojar sus dardos contra occidente acusándolos de incitar más al Jihad y de quebrar el status quo de las relaciones internacionales. Un líder religioso iraní aseguró que se trataba de otro ataque del demonio norteamericano contra la fe del Islam y la creencia de un Dios único. Algunos analistas temen represalias terroristas contra instalaciones astronómicas alrededor del mundo. Pensé en que tal vez las señales no eran amigables y presagiaban una futura invasión alienígena. Recordé Contacto, una de las películas favoritas de mamá. Imaginé que un día bajaban los extraterrestres y lo hacían en mala. Que mañana nos despertábamos y descubríamos que kilométricas naves de guerra se habían posado sobre las ciudades más grandes del planeta. Comenzaba la cuenta regresiva, luego venía el ataque y las metrópolis más importantes del globo eran completamente destruidas, igual que en El Día de la Independencia, pero en serio. Moría mucha gente, obvio. Y de las ruinas de la humanidad se levantaba la resistencia que tras una larga lucha conseguía derrotar a los invasores. Naturalmente yo era parte de esa resistencia, una parte bastante activa por lo demás. Como en toda película, el cuento tenía su cuota de romance, con una chica que no se parecía a mi novia. De hecho no era tan linda como ella, pero era distinta. Bien distinta.
Un ufólogo guatemalteco sostenía que todo era parte de un inmenso complot norteamericano, que las señales tenían años de recibidas y que ahora las habían hecho públicas para preparar a la gente para un próximo evento de naturaleza cósmica imposible de ocultar. Aseguraba que había que estar preparado para todo, incluso para el primer encuentro cercano real con habitantes de otro mundo. Anoté en el borde de la hoja del diario no olvidar preguntar si ya habían instalado alguna webcam en un radiobservatorio. Aunque haga mierda mi línea de crédito a esa cámara me suscribo sí o sí.
Desde mi asiento de pasto escuché el timbre de salida del colegio. La puerta del edificio se llenó de chicos y chicas vestidas de uniforme. Mi novia no tardó en aparecer, se veía preciosa. Me gustó mirar sus piernas, sin nada, salvo unas calcetas blancas y caladas que le bajaban desde la rodilla y desaparecían bajo unos bototos de charol muy negro. Un jumper azul muy corto y una blusa blanca, abierta hasta el tercer botón del cuello. Ni una pizca de pintura en la cara. El orden y la forma de los colegios. Bajó acompañada de un tipo flaco y calvo, desaliñado a propósito, que obviamente le estaba coqueteando. Los hombres cuando nos queremos hacer los lindos somos muy imbéciles. Buscamos un tema sorprendente para hablar y miramos de costado, echando hacia un lado la cabeza con cara de barata sensibilidad.
Doblé el diario y lo metí dentro de mi mochila. Miré hacia ambos lados de la calle y tras esperar que cruzara un VW escarabajo color azul y un camión publicitario con una animación de Fallabela, corrí hacia el colegio. Mi novia estiró un agudo hola al verme aparecer y me saltó encima, olvidándose en tres tiempos del interesante tema que hablaba con el badulaque. La besé como si mañana fuera el fin del mundo, cuidando de que el idiota notara muy bien que la chica era mía y que tenía cero posibilidad de meter su nariz dentro de los calzones de mi novia. Bajé despacio mis manos sobre su precioso culito y la apunté encima de mis pantalones. Miré de reojo como el idiota se daba vuelta y desaparecía de la zona de guerra.
-Eres el más rico del mundo-, me dijo.
Le sonreí y le di un beso corto, rápido, en el que aproveché de morderle los labios. Luego soplé a su oído que nos fuéramos de ahí, que tenía dos horas y media antes de volver al trabajo. Ella sonrió, casi siempre lo hace cuando le digo que tengo tiempo.
-¿Cómo estuvo el colegio?
-¿Cómo estuvo el trabajo?
Nos metimos a un motel por ahí cerca. Un edificio color naranja, que alguna vez fue parte de las ampliaciones del viejo Hospital Regional y que ahora, sujeto por un esqueleto externo de vigas metálicas, sirve de anónimo y barato refugio parejero. A esa hora las piezas estaban llenas de compañeros de mi novia y oficinistas calientes revolcándose con putas telefónicas o secretarias calientes. Mi chica saltó sobre la cama de dos plazas y media y empezó a rodar sobre el cubrecamas, jugando a abrir sus piernas.
-Soy una gata en celo-, me dijo.
Empezó a moderse los labios y a meter su mano bajo el jumper, como si estuviera masturbándose. Movía la cabeza de un lado para otro, fingiendo mininos jadeos.
-Estoy cachonda-, me dijo con su voz más nasal. Entre que me puso caliente y me dio risa. Me senté a un lado de la cama y me quité las zapatillas, tomé el control remoto y apunté al televisor que colgaba de una esquina de la pieza. Mi novia reptó hasta mi lado y tomo mi brazo derecho, me arremangó la camisa y comenzó a morder y a chuparme con su lengua. Me encanta que me rasguñen los dedos con los dientes. En la pantalla apareció una rubia de grandes tetas, metida en una piscina gigante. Llevaba un bikini minúsculo que apenas aguantaba sus formas.
-Mira-, le dije a mi novia, cuando apareció un tipo moreno con el pelo largo y barba de candado, muy musculoso y bronceado-, él es toda tu onda.
Mi novia se echó sobre mi hombro y cambió su atención a la película. El tipo moreno se metió a la piscina y se acercó a la rubia. Bastó un beso para que los sostenes de la tipa flotaran sobre el agua. Manos y dientes cayeron sobre las tetas, mientras ella apresaba con sus largas uñas el sexo del amigo. Mi novia comenzó a acariciar mis piernas, tratando de no tocar ni rozar mi ingle, me gustó que lo hiciera.
-Te gusta esto-, dijo sin detener el recorrido de sus dedos. Si quería provocar le estaba funcionando.
-Mucho…
-¿Y esto?
Saltó sobre mi cuello y comenzó a morderme detrás de la oreja, sabe que si quiere matarme es la forma precisa. En el televisor la pareja había salido del agua. El tipo estaba de espaldas en el borde de la piscina, mientras ella le trabajaba con la boca el pico y las bolas. Antes me gustaba más que me lo chuparan.
-¿Trajiste lo de tu hermana?-, le pregunté.
-Si, lo tengo en el bolso, sácalo tu mismo.
Los toqueteos de mi novia no pensaban parar, mejor así. Abrí su bolso y busqué entre sus porquería la caja del disco. Cuando la encontré, la saqué y la puse sobre el velador de mi lado de la cama.
-Ya está-, le dije
-Anda a comer a la casa a la noche-, me invitó mientras me enterraba las uñas despacio en los hombros.
-Mmhhh…-, acepté… ¿Llevo un vino o un postre?
Me respondió “postre” bajando a besos de mi pecho hasta un poco más debajo de mi ombligo. Ahora era la rubia la que estaba de espaldas sobre el borde de la piscina, mientras el tipo le comía el conejo. Me calentaba como se quejaba, las caras que ponía y la forma como apretaba sus gigantescas tetas. La mano de mi novia me tocó por encima del pantalón, apretándome con fuerza. Mi grito fue en serio.
-Se llama Ashia Carrera…-, pronunció mi novia.
-¿…?
-Esa mina, la de la película, la he visto en otras… Tiene una teta más grande que la otra, esa es su gracia… Esto es rico
-…
Estiré mi brazo derecho hacia las piernas de mi chica y metí mis dedos ansiosos bajo su jumper. Ella abrió sus piernas, primero tímida y luego dispuesta. En la pantalla, el tipo dejó de chupar a la tal Ashia y luego, apretando su enorme y negro pico se lo encajó hasta bien adentro. Mi novia quitó su mano de mi entrepierna, sabiendo que ahora le tocaba a ella pasarla bien. Cerré los ojos y dejé que mis dedos viajaran por sus deliciosas comarcas. Toqué por encima del calzón abriendo mi mano sobre su sexo levantado y generoso. Lo froté en forma amplia, sin hacer contacto con la piel. Sentí su respiración entrecortada y larga, mientras su carne se mojaba cada vez más. Me mata cuando se pone así. Por un lado del calzón metí un dedo rabioso y lo dejé enredarse y perderse entre los delicados vellos. Rocé sin tocar la amplitud de su geografía y luego cargué contra el sexo, grande y generoso, abierto y mojado, blando y suave. Entré despacio, hasta dar con una de las bolas tántricas que tenía injertadas y empecé a bailar con cuidado. Tuve ganas de bajar mi boca hasta allá y comérmelo todo. La forma del hambre, la forma de un hambre.
Moviendo las rodillas bajé mis pantalones. Senté a mi chica encima, de espaldas a mí y la ayudé a desvestirse. Levantó los brazos para que pudiera quitarle más fácil el jumper, luego desabrochó su camisa y quedó sólo en sostenes. Con mis pies le bajé el calzón, aprovechando de rozar sus piernas delgadas y adolescentes. Ashia Carrera estaba en cuatro patas mientras el tipo intentaba metérselo por el culo. Me acordé de la única vez en que intenté sexo anal con mi novia, bastó una primera penetración para que ella me apartara llorando. Le dolió demasiado, a mí también. Nunca hemos hablado de eso.
Mi chica comenzó a moverse sobre mi sexo. Levantándolo y quemándolo hasta el límite. Yo estaba caliente, mucho, le besé el cuello, le mordí cada lóbulo de la oreja y lleve mis palmas abiertas sobre la copa de los sostenes, Sin quitarlos apresé sus pequeños pechos pellizcando los pezones sobre la tela y entonces se lo metí. Podía sentir como las bolas tántricas apretaban mi pene y lo hinchaban aun más. Dolor del rico.
-Estás dentro, estás dentro…-, jadeaba repitiendo.
Apreté sus tetas y me forcé a ir más lejos, más al interior de su pequeño cuerpo aéreo. Sus pezones estaban tan hinchados y gordos que parecían estar a punto de estallar. La rubia pechugona estaba nuevamente encima del tipo con barba de candado y saltaba sobre él como si tratara de domarlo. Imaginé que así como yo miraba a Ashia, alguien nos podría estar mirando a nosotros, que éramos víctimas de una manada de voyeristas invisibles. Podía sentir los ojos cayendo encima nuestro y me gustó la sensación esa de que nos miraran.
-Deberíamos… filmarnos…-, exhalé.
-Sólo no te vayas tan rápido esta vez…-, respiró ella, echando su cabeza hacia atrás.

YGRIEGA (Cap.10)

ENTRÉ AL DORMITORIO DE mamá y busqué en la mesa de noche alguna de sus pastillas para dormir. Los dígitos verdes del despertador marcaban las once de la noche, la cama estaba hecha a la rápida y no habían noticias de mi madre. Cada vez que vuelve a enamorarse (o a entusiasmarse) se pierde. Nunca son periodos muy largos pero en ellos apenas la veo. Al menos está feliz y practica por un par de semanas eso de vivir a máxima potencia el momento. Ojalá que no le vuelvan a romper el corazón. O que no se lo rompa ella misma, que es peor.
Desde que tomó la opción de rearmar su vida y dejar de pasar las noches llorando, seis años después de la separación de papá y de nuestra venida al sur, la he visto tener un novio cada dos años. Su actual hombre invisible debe ser el cuarto o el quinto. Aun no lo conozco y dudo que algún día me lo presente, nunca vi al cuarto. El tercero fue mi favorito, era un buen tipo, medio leso pero bueno. Una vez que me fui de copas con mi vieja, me confesó que aunque era un gran sujeto a veces era demasiado precoz en el cama. Añadió, entre risas, que mi padre también lo era, uno, dos, tres y listo, cambio y fuera. Es raro descubrir a tu madre hablando de sexo, despertando el lado puta de las mujeres. Su comentario de la velocidad de mi viejo me despertó algunos fantasmas, a los 16 años es fácil atar cabos genéticos y si mi padre era malo en el sexo yo debía de ser pésimo. Aprendí que era mejor no pensar en ciertas cosas.
Me tiré encima de la cama ancha de mi madre y vi el techo de la habitación, blanco y liso a excepción de la esquina izquierda inferior, manchada con una gotera interna que quedó del temporal del invierno pasado. Cada vez llueve menos, pero cuando lo hace se desquita. En medio de todo una ampolleta, transparente y solitaria, colgando de un par de feos cables de electricidad. Llevo un par de años prometiéndole a mamá que le voy regalar una pantalla, es una de las muchas promesas pendientes que tengo con ella. Es la ventaja de los compromisos orales con los padres, no hay obligación de cumplirlos.
Traté de recordar la última vez que había dormido en esta habitación. Antes del pudor, a los nueve o diez años. Entonces había otro cubrecama, uno rojo con rombos, y en la pared de la ventana, donde ahora está el espejo, colgaba una serie de marcos con fotos de la familia: los abuelos, mi papá, ella misma y yo. Ahora deben estar guardados en alguna caja dentro del ropero.
Abrí las colchas y olí las sábanas tratando de identificar olores. Descubrí el perfume de mamá y un olor desconocido, dulce y fuerte al mismo tiempo, el del nuevo amante. Usaba una colonia o loción parecida a la de papá. No me extrañó, hay cosas que no se pueden dejar. Los detalles más pequeños de las relaciones son siempre los más adictivos. Miré bajo la cama y cogí algo que estaba enrollado bajo los colchones, una camiseta con tirantes, fea y grande. La extendí con los brazos, el tipo era gordo, de unos 95 kilos, no más y no menos. Mejor así, los gordos son más confiables, rara vez son malas personas.
Abrí la cajonera del velador. Entre llaveros, cadenas, lápices y un celular viejo, encontré sus cajas con calmantes, sedantes y otras drogas livianas. Las pastillas para dormir estaban debajo de todas. Alcancé una y la saqué de su burbuja protectora, una cápsula de dos colores que garantizaba un dormir perfecto para quien la tomara. Salí de la habitación con ella en la mano. Fui a la cocina y me la tragué con un sorbo de jugo de manzana.
Recorrí la casa apagando las luces y lo que estuviera prendido. Cerré las cortinas del living. En la calle ya no había nada ni nadie y el cielo, teñido por la luz naranja del fuego, no dejaba ver ni las estrellas, ni los aviones, ni lo que fuera.
Cuando la pastilla comenzó a hacer efecto, escuché que alguien habría la puerta mientras dos voces murmuraban como si estuvieran reptando. “Despacio, parece que ya se acostó, no quiero despertarlo”, decía la susurro de mi madre. Tranquila vieja, no lo haz hecho, no todavía.

LUNES

NUEVE DE LA MAÑANA. HACE CALOR en Temuco, marzo y sus malditos (y parejos) treinta y dos grados. Pura pesadez, puro sudor, pura molestia. Odio el verano y odio al sol. Pero más odio estar encerrado en un bus, junto a cincuenta y cinco almas, apretado, sudado y asqueado en un taco que se ha alargado por sesenta kilómetros. Hacia delante una cadena de máquinas, hacia atrás otra, idéntica a la primera. Cientos de autos bocinando, hirviendo, luchando porque sus ruedas giren y mastiquen calurosos metros en la entrada de la ciudad. Podría bajarme, pero aún estoy lejos del centro y como van las cosa tendría que caminar. Y mal que mal soy de los pocos que alcanzó a agarrar asiento en Victoria. La comodidad, palabra favorita de mi novia, no es algo que deba despreciarse en estos días.
Subí el volumen en mi Microsoft-Nokia MN 7310 y traté de no pensar en nada. Sólo Marillion: “Armalite, street lights, nightsights, searching the roofs for a sniper, viper fighter. Death in the shadows, he’ll maim you, wound you, kill you, for a long forgotten cause, on not so foreign shores, boys baptised in wars.”
Miré al costado. Parado a mi lado tenía a un tipo vestido de blanco, que parecía miembro de una secta budista o extra de Viaje a las Estrellas. Era calvo y llevaba los ojos cubiertos por unos globos celestes, de esos que promocionan en comerciales baratos después de medianoche y que no tengo idea para qué sirven. Pensé en preguntarle, pero no me atreví. Su frente se exprimía en gotas transparentes que bajaban por su cara y cuello. Llevaba la boca abierta, como si no pudiera respirar por la nariz y un aliento seco y hediondo se escapaba entre sus dientes. Siempre miro a la gente que viaja en los buses, es casi un vicio. Adivino sus historias y me pregunto si me he cruzado con alguno de ellos en otro sitio, lo más seguro es que sí.
“No seas tonto, de verdad quiero saber lo que es un boos”, decía el último recado de mi madre. El que encontré esta mañana, escrito y pegado en la puerta del refrigerador, igual que todos los anteriores. Me acordé que durante el día tenía que llamar al técnico por lo del ruido raro, lo más seguro es que lo olvidara. “¿Haz oído del hemoware?”, le pregunté a mamá al reverso del papel. “¿Sabes que su uso público está prohibido?”, expliqué. “Pues un booster o boos es un hemoware pirata e ilegal, con efectos similares pero más peligrosos”, completé mientras tomaba algo de desayuno. No quise comer pan, preferí masticar la mitad de una manzana y guardar un plátano para la media mañana. “¿Por qué tanta curiosidad?”, cerré. Ojalá me responda.

YGRIEGA (Cap.9)

-A VECES LA VIDA ES FOME-, le dije a mi novia a través del teléfono, sin recordar mucho a raíz de qué. Conversaciones de parejas superficiales, piezas de una máquina necesaria que hay que sumar después de los cariños telefónicos de saludo, los arrumacos posteriores y la pésima excusa a la pregunta de por qué no devolviste mi llamado. Correo, en este caso. “Estuve ocupado”, le mentí . Agregué que me había pegado en la copia de códigos HTML para un trabajo que tenía pendiente en la oficina, luego sumé cuantos números y palabras técnicas fueran necesarias para cambiar de tema. Siempre funciona, no sólo con ella.
-Pero cómoda-, respondió ella.
Caminé hasta las ventanas de mi dormitorio y miré hacia afuera. La tarde naranja comenzó a bajar de intensidad y un viento que anticipaba el otoño sacudió despacio los árboles pelados de la vereda de enfrente. Nubes de ceniza se abrían como dedos rojos por encima de todo. Los hijos del vecino jugaban a la pelota con un balón gordo y rojo que rebotaba mucho al tocar el pavimento. Una camioneta Chevy, conducida por un pelado con un tatuaje sobre la oreja, tuvo que frenar en seco para no golpear la pelota o a los niños. “Cuidado, niños jugando”, decía en un cartel amarillo a la entrada de la villa, sobre un dibujo estilizado de dos pendejos persiguiendo una pelota. Me acordé de que hacía mucho tiempo que no corría detrás de una.
-Tenía ganas de que nos viéramos hoy-, estiró ella, alargando cada sílaba de la frase.
Me senté frente al computador, donde tenía abierta la ventana de una webcam instalada en el puente de mando del Kiev, un submarino ruso clase Akula. Se suponía que estaba en algún lugar bajo la superficie del mar de China.
-Ya te dije que mamá me pidió que me quedara en casa-, le contesté sin mucha atención.
-Podría haber ido yo.
-No, mejor que no. He estado ocupado toda la tarde. Además que no quiero atados con mi vieja. Ya te he dicho, si me encuentra contigo en la pieza no va a decir nada, pero…
-¿Y que no ibas a ir con ella al cine?
-Iba, pero cambiaron los planes.
-Ves que hubieras podido darme un ratito. Media hora-, continuó estirando, –no más. Lo hacemos una vez y me voy, vamos di que sí. Si dices que si, estoy en tu casa en cuarenta minutos.
-¿Cómo?
-En radio taxi, tengo plata amigo…
-Huevona… ¿Tanto te gusta?
-Contigo, me encanta.
Pensé en cuando la conocí. En la primera vez que lo hicimos. Yo era su segundo chico, ella mi quinta dama. Me mató como gritaba, como si estuviera rasgándose por dentro. Gemía mucho y entre cada gemido me repetía, en vos baja, que ya estaba dentro suyo, bien adentro. Mi novia tira bien, pero lo chupa mejor.
-¿Y tu que hiciste?-, le pregunté.
-¿Cuándo?-, dudó.
-Anoche
-Nada… -, balbuceó-, bueno fui a bailar un rato con una amiga pero volví temprano. Es que hoy tuve un almuerzo familiar con mis abuelos y los tíos de Valdivía.
-¿Con quién fuiste a bailar?
En el interior del Kiev, un par de tipos muy blancos, casi albinos revisaban una pantalla y conversaban acerca de algo. Las voces se escuchaban como un murmullo largo y sin mucho sentido. Comprensión cero, ni siquiera dominando el ruso.
-Con una amiga, ya te dije.
-¿Qué amiga?
-Se llama-, me dijo el nombre, -no la ubicas, la conocí el otro día en la fiesta donde nos separamos.
-Con la que estabas bailando.
-Esa misma.
-Me acuerdo de ella-, de hecho la recordaba perfectamente. –Era bien guapa-, comenté. El cuadro de texto de la webcam informaba que el barco estaba rastreando un convoy militar chino y que los marinos discutían sobre el tamaño de las tetas de una actriz famosa. Pura mierda.
-Es modelo…-, agregó mi novia.
-¿Quién?
-Quien va a ser… mi nueva amiga
-Aah…
-Dice que puedo tener futuro en el negocio…
-¿Qué negocio?
-Del modelaje, tonto. Me dijo que le pasara unas fotos, que ella podía mostrarlas en su agencia. Podrías tomármelas tu.
-Seguro.
Volví a mirar el monitor del PC. Uno de los rusos escribía en un de cuaderno de grandes hojas amarillas y revisaba datos (o algo parecido) en unas pantallas. La profundidad de la nave era de sesenta metros. Nunca me he tragado lo de las buenas relaciones entre Rusia y China, no después del ejercicio de enlace de hace dos años. Sé que no ha pasado nada, pero igual estoy metido en por qué cresta están siguiendo un convoy chino. ¿Será militar o civil? Le dije a mi novia que no cortara, que esperara un segundo, que tenía que mandar un mail cortísimo. Escribí rápido: “Ozymandias pregunta, ¿el convoy chino es civil o militar?”
Ozymandias es el nickname que he usado para casi todo. El nombre se lo robé a un tipo que conocí en un foro de cómics cuando era más chico, en una de esas comunidades online que jugaban a ser países virtuales y que hicieron nata hace años. Ya nadie se acuerda de esos sitios y supongo que el Ozymandias original debió haber crecido, tenido familia o qué se yo. Su identidad de usuario lo había tomado de un poema de Percy Shelley, el marido de Mary Shelley, la creadora de Frankenstein. Es el nombre griego del faraón Ramses II, así lo llamó Alejandro Magno cuando llegó a Egipto y contempló sus obras. La admiración fue casi amor. “Yo soy Ozymandias/Rey de Reyes/Contemplad mis obras poderosos y temblad”, rezaban los primeros versos del poema de Shelley. El nombre también fue usado en un par de historietas viejas. En una de ellas, Ozymandias era el hombre más listo del mundo.
Los dos tipos dentro del submarino se levantaron y dejaron el encuadre de la cámara. La línea de texto de la webcam se llenó de mensajes en español, inglés, francés y alemán en cosa de segundos. Todos le pedían al webmaster que haciera un acercamiento a los paneles electrónicos del Kiev, para ver lo que estaban viendo los rusos.
Por teléfono, mi novia seguía hablándome de su familia, su vida y de lo mucho que me echaba de menos. De lo rico que era hacerlo conmigo. Me pregunté si las cosas serían diferentes si decidiera cruzar el puente y enamorarme de verdad. Como funcionan las probabilidades en mi vida, lo más seguro es que de hacerlo ella ya no me querría más. Y no estoy dispuesto a que me rompan el corazón. He perdido a mucha gente por culpa de corazones masticados, así que prefiero dejar al mío bien guardado dentro de una doncella de hierro encantada.
-¿Y te gustó el poema?-, me preguntó.
-¿Cual poema?-, desatiné.
-El que te mandé por mail…- su voz se desinfló en seis palabras.
-Me encantó-, le mentí, agregando que estaba pensando en otra cosa. Le pedí que me recitara el último verso, añadí que lo había encontrado fuerte e intenso. Soy tan hijo de puta. Mi novia me dijo que esperara, que aun no lo sabía de memoria, que iba por su diario. En el entreacto construí la frase perfecta para decirle cuando terminara la lectura. Comenzó a recitar, se demoró medio minuto en hacerlo. Esperé un momento y disparé la oración. Mi novia se quedó callada y luego murmuró que me amaba. Cerré con un “lo sé” y aunque quise, me fue imposible evitar el posterior “yo también”.
Cambiamos la conversación.
-Mi hermana me dejó algo para ti, un disco. Me dijo que como lo más probable es que yo te viera antes, te lo pasara.
-Si sé lo que es, guárdalo y por favor no lo pierdas.
-Podrías venir a buscarlo ahora.
-Ya te dije que no puedo moverme de casa.
-No te creo.
-No me creas.
-Si quieres te lo puedo ir a dejar… En radio taxi…
-Prefiero que no,
-Malo, pero por eso te quiero tanto.
-No más que yo-, mentí, para hacerla feliz.
-Lindo.
-Mhhh
-…
-Mañana juntémonos a almorzar y me entregas el disco-, invité. La idea era ir cortando la llamada, no entiendo como puede haber gente que habla tanto por teléfono. Me fijé que la barra de herramientas del desktop me indicaba que tenía un nuevo mail. Abrí el inbox, era mi amiga asiática. No había contenido en el cuerpo del mensaje, sólo una pregunta en el subject: “¿estas en línea?”. No le respondí
-Pásame a buscar al colegio.
-Como a las dos. Si no he llegado me esperas.
-Con mi corazón y mis piernas abiertas.
-Tonta…
-I love you…
En la webcam no sucedía nada y el cuadro de textos estaba lleno de excusas técnicas acerca de la imposibilidad de acercar el lente. El número de usuarios comenzó a descender rápidamente, si esto fuera un programa televisivo estaría perdiendo auspiciadores en forma geométrica.
-Hoy conocí a tu nueva amiga-, pronunció mi novia al otro lado del teléfono.
-¿…?
-Igriega-, adelantó-, me metí en un sitio de fanáticos.
-¿Y?
-Todo bien, ¿no la has buscado?
-No-, mentí. –Todavía respeto a los muertos.
-Eres tan leso, además en estos tiempos sólo los tontos se mueren
-¿Qué onda?
-Nada, algo que se me ocurrió. Que aunque ella se haya muerto de verdad, va a continuar viviendo como una forma de información en la red
-¿Cómo que de pronto te volviste tan lúcida?-, en verdad me sorprendía.
-Una tiene sus sorpresas, además si realmente estuviera muerta no seguiría escribiéndole a tu jefe.
-Inmortalidad electrónica.
-Lo que sea.
-¿Qué te tomaste?-, en serio me preocupaba su curioso ataque de lucidez.
-Nada, he estado pensando. Bajé un par de cortos suyos. En verdad era preciosa.
-Eso dicen.
-En serio, como que demasiado linda para ser puta. Sus pechugas eran imposibles, ojalá yo las tuviera así.
-Me gustan tus pechugas.
-Porque no has visto las de Igriega… broma las tetas lindas-, tenía toda la razón.
-Puedes hacértelas.
-Lo estoy pensando.
-…
-Me encantó como se lo comía.
-¿El pico?
-No, el conejo, uno de los cortos era de lesbianas. Heavy, muy caliente, para mi que es verdad eso que dicen que sólo una mujer sabe tratar bien a otra mujer. Ojalá me lo hubiera comido ella alguna vez.
-A ti te gusta cuando yo te la chupo.
-Si, pero no es lo mismo.
-…
-….
-Cuántame más.
-No hay más.

YGRIEGA (Cap.8)

DESPERTE A LAS DIEZ de la mañana con un rayo de sol cortándome el cabello como un dorado y caliente sable de luz. Imagine a Darth Vader parado junto a mi cama, apuntándome con su espada y diciéndome que el Imperio me necesita. Vader me recordó a mi jefe, no es primera vez que sucede. La cabeza me dolía más de sobresueño que de otra cosa, mi madre dice que debería ir al neurólogo, que ella sufría de jaquecas cuando era más joven. Yo no digo nada, sé que no es jaqueca, sé que no tengo que ir al neurólogo y sé que después de la ducha se me va a pasar. Tras mirar las paredes de mi habitación y escuchar el silencio de la casa, tuve la certeza de que estaba sólo.
Odio el aliento mañanero. Es una de las cosas que más detesto en la vida, tal vez por eso Dios (o como se llame la inteligencia superior que tira mis hilos) me condenó a tener la boca siempre tan seca, con ese mal lánguido que te hace tener el hocico con olor a poto durante casi todo el día. Nada que una exagerada dosis de bolitas de menta (o de otra cosa) consigan derrotar, además mi novia no se queja y eso es bueno. No se donde cresta tiré las pastillas de menta que compré ayer en Temuco.
Debí quedarme dormido con la espalda chueca, por eso me dolió cuando hice un giro brusco. Las señales del espacio profundo fueron las que me acurrucaron. Tal vez me enviaron un mensaje privado, tal vez soy uno de ellos, tal vez debería someterme a una hipnosis clínica. Mi supuesto origen cósmico explicaría demasiadas cosas.
Me levanté y puse música, cualquier cosa, empezó un tema viejo de New Order, “Regret”. Caminé a la cocina y en el mismo lugar de ayer, en un papel adhesivo pegado en el refrigerador, había otra carta de mamá. La letra seguía igual de nerviosa, como acelerada, como si estuviera escapando de alguien y en un momento de calma tuviera la oportunidad de dejar un mensaje.
El mensaje era más largo que la de ayer. Empezaba con un saludo cariñoso, muy de mamá y seguía con que hoy tampoco iba a estar en casa, que la llamara al celular si pasaba algo importante (nunca lo hago). Luego describió cada plato de comida preparada que había en el refrigerador. Después de esa coma, era fácil sentir que su escritura bajaba de tono hasta llegar a esa ternura arrastrada que uno cree que sólo escuchó cuando era niño. Esa ternura que antes servía para decirte que todo estaba bien y que ahora es sinónimo de “lo siento, me equivoque en algo”. Una vez mi novia me confesó que su peor trauma infantil había sido cuando descubrió que sus padres se equivocaban, pero ella siempre ha sido un poco exagerada. Decía que incluso fue más fuerte que cuando perdió la virginidad, con un primo en su cumpleaños número once, dos años y medio antes de conocerme. No había sido muy buena la experiencia.
Mamá me pedía perdón. Por una tontera, pero era motivo más que suficiente para hacerlo, las madres se mueven a velocidades raras. Se disculpaba por haberme plantado. Se suponía que hoy íbamos a ir al cine a ver su “última película”, pero la había visto anoche con un amigo. El espacio del punto suspensivo de esa frase era más largo que el de otras. Repitió que hoy tampoco iba a estar en casa y que la llamara al celular si algo sucedía, signos de nervios. Añadió que iba pasar el día con unos amigos, nombraba a dos de ellos, mujeres obvio, no conocía a ninguna. Y al final, la respuesta a mi mensaje: “no seas tonto, en serio quiero saber que es un bus. Boos, creo se que se escribe”.
Me duché rápido. Sin mucho jabón ni paja relajante. Un par de remojadas rápida y harta espuma acondicionadora para el pelo. Es la única forma de frenar la grasa capilar y la herencia genética, no pienso quedarme calvo a los treinta como mi viejo. En vez de gastar dólares y guerrear contra la iglesia, la investigación genética debería cortar con su sarta de clonaciones defectuosas y solucionar huevadas tan básicas como los defectos congénitos superficiales. Nadie quiere ser miope ni pelado por culpa de un abuelo.
Mi madre es una gran mujer. Tiene sus fallas pero es una gran tipa. Más guapa que cualquier otra señora de su edad y con más onda que todas sus hermanas menores juntas. Después de la cagada de mi viejo (o el cambio, como ella le dice, sutilmente) me trajo a Victoria, su ciudad natal. Yo tenía apenas dos años y en verdad no me acuerdo mucho, imagino que estábamos escapando a las réplicas del terremoto de mi viejo. Estoy seguro que ella aún esta enamorada de papá, lástima, no se puede hacer nada cuando la correspondencia es imposible. En las restas finales, y a pesar de todo, fue buena idea venirnos al sur, los suburbios son mágicos, como de cine. Pienso en lo que le acabo de escribirle de vuelta. “Boos: Diminutivo de booster, en español, impulsor. Nombre técnico de los cohetes impulsores utilizados para potenciar el despegue de algunos cohetes o naves espaciales. Los booster más conocidos son los usados en el transbordador espacial, a ambos lados del tanque de combustible principal”. Otra pieza en el juego, en verdad me preocupa quien le está metiendo esa clase de curiosidades.
Mamá es secretaria en línea, tal vez una de las mejores de Chile. Tenía 16 años cuando empezó en lo del tecleo transnacional. Después que las redactoras hindúes y chinas se sindicalizaron y les subieron las tarifas a los gringos e ingleses, estos miraron al sur del mundo. Mi vieja dominaba los tres idiomas básicos y tecleaba rápido, así que no demoró en hacerse de una clientela estable. Tuvo su propia oficina en Santiago y luego de lo de mi papá la trasladó a Victoria. Hoy maneja a un equipo de eficientes señoritas que escriben para señores que están muy lejos Tienen buenos y curiosos clientes, como al tal Retjman, ese filósofo judío y loco que vive en Skyland. El de la teoría de la evolución forzada.
Aunque su equipo de secretarias es bastante eficiente, mamá continúa guardándose a sus clientes favoritos. Todavía toma las actas a ese par de doctores de Boston y al estudio de arquitectos Stirling de Edimburgo. Pero sus favoritos son sus directores de cine. Ordena y redacta las copias finales, los final draft, de los guiones para tres de los cuatro estudios más grandes de Hollywood. A veces, cuando algo no le suena, cambia los parlamentos. Una vez metió una escena entera porque según ella la historia no se entendía. Y como son las versiones definitivas eso es lo queda. He oído diálogos y visto escenas mejoradas por mi madre en siete de las diez películas más taquilleras de los últimos años. La idea era que fuéramos ver una que se estrenó el jueves pasado y en la que mi vieja había metido un poco de mano, no tanto como en otras ocasiones, pero si lo suficiente como para que se notara su estilo. Mamá es una verdadera autora, aunque sé que ella no tiene idea de lo que eso significa. Mejor así, que no pierda la inocencia.
Abrí un tarro de Coca Cola light y me lo bebí despacio, mientras miraba el techo y trataba de no pensar tanto. La cristiana filosofía de mi difunto abuelo, decía que era insano pensar los domingo, que ese día había que reservárselo completamente a Dios y que era pecado meditar en asuntos de fe. Me quedo con lo primero.

YGRIEGA (Cap.7)

ME SENTÉ FRENTE A LA pantalla y abrí el inbox de mi correo, tenía veinte mensajes nuevos. Quince eran boletines comerciales, los otros eran cartas del grupo de noticias y una oferta para suscribirme a una webcam en el Vaticano. Ya estaba anotado en las habitaciones papales así que ese correo y el resto del spam fueron a parar a la basura. El último mail era de mi amiga asiática. La conocí en MSN hace tiempo, vive con su padre en Shanghai que es gerente o algo así de la sede de un banco norteamericano en la ciudad más grande del mundo y jamás se ha movido mucho de esa parte del mundo. Me escribe más a menudo de lo que yo lo hago, casi siempre los sábado. Es rico leerla, resulta divertida y sexy con la palabra escrita. Me calienta harto y sé que yo a ella también. Abrí su carta, me contaba acerca de un tipo que conoció el domingo pasado en un club nuevo, ultra sofisticado, en los subterráneos de la torre del World Finnancial Center. Según ella, el saurópodo era guapo, tenía treinta años, un lindo convertible Toyota Celica y era abogado o trabajaba en algo relacionado con justicia y leyes. Ha estado llamándola desde entonces, pero ella no sabe si salir o no con él. El mono la había invitado a una fiesta en Nagasaky para el próximo viernes, le regalaba los pasajes en primera y todo eso. Pensé en lo de la fiesta en Nagasaky y la sola idea me voló la cabeza. Divertirse una noche en la segunda ciudad bombardeada por un arma atómica tenía su gracia. Era como bailar en lo que quedaba de la primera parte del Apocalipsis. Hace poco leí una revista en la que un tipo sostenía que el Apocalipsis, como metáfora bíblica, ya había sucedido. Que todo lo que San Juan supuestamente vio o alucinó había ocurrido entre 1902 y 1973. Que nosotros ya estábamos salvados o condenados, depende de cómo lo viéramos. En su teoría la dualidad daba lo mismo porque para nuestra generación ya no había ni cielo ni infierno. Apocalipsis cero, algo así.
Seguí pensando en Nagasaky y me imaginé la cara del piloto de la Superfortaleza Boeing B-29 en agosto de 1945, sobrevolando la entonces capital industrial del imperio más poderoso del mundo, abriendo luego la compuerta del vientre del bombardero cuatrimotor para soltar a Fat Man, esa bomba gorda que selló el destino de una guerra y humilló el orgullo del sol naciente. Occidente creyó haber ganado, el verdadero resultado, como siempre, terminó escribiéndolo la historia. A veces pienso demasiadas cursilerías. El correo de mi amiga asiática terminaba en puntos suspensivos, luego había algo que podía traducirse como un poco de amor. Agregó un beso largo y en la boca, como tenía que ser. En el post data sumó lo de siempre: que si me conociera me violaría. Ella me calienta, debería aprovechar de correrme una paja.
Tenía un último mensaje en el ventana. Mi novia. Miré la hora del mensaje, lo había mandado hacía sólo un par de minutos, debería volver a llamarla, mejor no. Abrí el mail, otro de sus poemas. Leo: “En esta tarde de sol maldito he decidido hacerte conde de mi corazón/ marqués de mis senos/ gobernador de mi clítoris/ duque de mis labios/ alcalde del territorio de mi vientre/ Soy de aquellas mujeres como las ballenas/ no por lo gordas sino por lo fieles/ Tu has recorrido otros precipicios/ como un animal receloso de su especie/ Te pregunto/ ¿Eres capaz de gobernar este par de piernas agudas como dardos?/ No me contestes/ Te abro mi corazón y mis piernas/ he decidido nombrarte súper intendente regional de mis comarcas del placer…”
Lo confieso, mi amiga asiática me calienta harto, pero mi novia me completa. A veces, sobre todo cuando ocurren cosas como el poema, creo que soy el hijo de puta más grande del mundo. Nunca la he engañado ni le he hecho algo malo, pero siento que la quiero menos de lo que ella merece. O de lo que ella espera. Jamás me lo ha dicho, pero sé que lo piensa. En ocasiones he sentido que la uso como un reemplazo lindo para mi mano y eso me da asco. El mensaje venía con un post data: “Voy a quedarme en casa hoy, estoy cansada. Igual quiero verte, siempre quiero verte y estar contigo. Tocarte y que me toques. Pero los sábado no te gusta salir y ayer estuvo larga la noche. Quería despertar contigo, eres un malo. Yo te llamo. Y te amo. Yo”
“Te amo”. Mi novia debería aprender a no decir tan seguido ese par de palabras, uno puede terminar creyéndose el cuento. Cerré el correo electrónico y abrí la ventana de Google. Apenas apareció el cuadro de búsqueda digité Igriega.
El buscador dio con 269 sitios dedicados a la difunta. Los dos primeros eran los oficiales: http://www.y.cl y http://www.y.com y en sus homepages dejaban claro que se necesitaba pagar para entrar, además avisaban que se requería tener instalada la versiones más recientes de Flash y Quicktime (o el último Realplayer o Windows Mediaplayer) para navegar al interior. Aunque sabía que ya no había nada dentro igual hice clic:

The page cannot be found The page you are looking for might have been removed, had its name, or is temporarily unavailable.

Me acordé de Igriega y de eso que dicen de cómo la vida se mueve en circulos, como una tonta serpiente que solo existe para intentar comerse su propia cola. Pura ironía.
Los otros accesos estaban divididos entre fansites, índices de desnudos y enlaces pornos. Busqué uno donde no hubiera que pagar y pasé. La bienvenida era un background negro con la advertencia de que si era menor de edad no entrara. Después apareció una lista de identidades exóticas ordenadas en forma alfabética. Igriega era la primera de la letra I y se repetía como la única en la Y. Una escueta biografía comenzó a desplegarse. Supe que era cáncer, que había nacido en julio, que tenía 24 años y que había filmado películas triple X en España, pero era en su carrera como e-ctriz donde había ganado más fama. Cero datos respecto a su trabajo como puta cinco estrellas. Busqué gallery y entré a conocer al más reciente objeto de mi afecto, en verdad era una mujer hermosa.

DOMINGO

ME FORWARDEARON EL segundo correo de Igriega a las 5 de la mañana y fue otro caluroso fantasma quien avisó de su llegada. Es curioso soñar dos noches seguidas (o días) con fantasmas. Mi abuelo decía que había dos tipos de fantasmas y ninguno de ellos tenía que ver con almas en pena. El primero era el terror nocturno, esa sensación invisible que molesta a los niños y que cuando uno crece se esconde en el interior de las pesadillas. La otra clase de espectro tiene una naturaleza todavía más trivial, tan común que ni siquiera nos percatamos de su presencia como tal. Es una molestia que interrumpe el sueño, un presentimiento que nos despierta en mitad del dormir por que hay algo que no calza, algo que se ha tomado por asalto la continuidad de nuestras vidas. Es la especie más común de apariciones, esa que algunos llaman sexto sentido, pero que no tiene nada que ver ni con sexto ni con sentido. Los duendes no existen, los fantasmas si, pero ese es otro cuento.
Abrí los ojos en medio de la noche. La temperatura aun estaba tibia y mi cuerpo había reaccionado a su molestia desparramando las sábanas sobre el piso. Encendí la luz, tuve que cerrar los ojos para que el quiebre no fuera tan brusco. Me acomodé sobre la cama y miré la hora: las cinco y dos minutos.
Tenía el computador encendido, bajando una nueva aplicación para Linux así que la primera figura que noté al mirar sobre mi escritorio fue el screensaver moviéndose en la pantalla. Me acerqué y abrí al desktop. La barra de herramientas me indicaba que tenía un nuevo mensaje y que todavía faltaban como dos megas para finalizar la descarga.

To: papa@enrednet.cl
From: ozymandias@aol.cl
Subject: Volvió a escribir
———–ORIGINAL MESSAGE———–
To: Y
From: List
Subject: Gracias por estar
Confiar demasiado en alguien puede ser peligroso… de hecho siempre lo ha sido. Créanme, no puedo pensar en la desconfianza, me cuesta. Creo que lo que trato de hacer es convencerme de que debería tener miedo. (mal que mal ustedes son representantes de tantos universos) Pienso en una serie de elaboraciones de pensamientos que me conectan con cánones ya escritos y designados desde mucho antes que hubiera nacido. ¿Por Dios? ¿Dios es amor? Lo dudo. Han visto las caras de terror de los creyentes, han visto lo fácil que es dibujar el susto hacia la divina providencia. He sido católica, he sido evangélica y no he sido nada. ¿Cómo puede una opinión deformarse tanto?… ¿Cómo puede una opinión deformarse tanto? Nada de esto tiene que ver con las sensaciones que me llenan en este instante, en este segundo en que no hay cabida a la razón. Sólo el silencio y la certeza de que a pesar de estar aquí, en este pálido y suave lugar, estoy terriblemente cerca de todos. De alguna forma he vuelto a nacer (y es divertidamente raro que lo diga), cosas que pensé nunca iba a sentir se activaron… y te doy las gracias por traerme aquí, por mostrarme un hogar. Al final he descubierto que pertenezco aquí. Estoy limpia. Descansen amados, donde quiera que estén. Good omens. Y.

Me quedé pegado en eso de que ahora estaba limpia. Pensé en que era fácil estarlo después de morirse. Hace tiempo alguien me había hecho la misma observación, pero no recordaba quien ni por qué. Hice reply con una pregunta

To: ozymandias@aol.cl
From: papa@enrednet.cl
Subject: RE: Volvió a escribir
¿Está ahí, sigue conectado?

Recordé a mi socia y mejor amiga y lo que me había dicho anoche, el asunto del suicidio y del contestador automático. Pensé en llamarla pero me quedé con el impulso petrificado en la forma de mi dedo estirándose hacia el celular, igual que en mi foto favorita de guagua. Era noche de fin de semana y lo más probable es que estuviera langüeteando la zorra de alguna perrita en algún motel caro, hay lujos y gustos que ni ella ni mi novia están dispuestas a perder, ambas tienen una fijación histérica con las sábanas limpias y el olor de los dormitorios.
Mi jefe no respondió. Pensé en el nick de su correo particular: papá. Papá de padre, de hombre de familia, el Lego de mi vida estaba sumando piezas cada vez más significativas, por no decir aterradoras.
Salí del dormitorio y fui por un vaso de agua a la cocina. La puerta de la pieza de mamá estaba cerrada así que o se había acostado enojada o estaba con alguien. Sólo la cierra cuando la forma de su existencia corre por una de esas dos alternativas.
Llené un vaso con leche con chocolate en lugar de agua y regresé al dormitorio. Me dejé caer, sin sueño, sobre la cama y apunté el control remoto contra la vieja catorce pulgadas que me acompaña desde mi cumpleaños número quince. Fui hasta CNN en español.
El dólar seguía estancado y la unión europea continuaba boicoteando la idea de los japoneses y norteamericanos de la moneda electrónica única. En Egipto continúa la cagada con lo del atentado y en Brasil hubo sesenta muertos en no sé que mierda. El portaaviones USS John F. Kennedy se unirá mañana al USS Carl Vinson y al USS Ronald Reagan en el golfo de Onán, presión diplomática le dicen. Comerciales. Un flemático tipo de cara alargada, como de lagartija, escupió los beneficios de una nueva bebida dietética capaz de hacerte bajar de peso y eliminar todas las grasas sobrantes del cuerpo en menos de quince días. Un enviado especial en el radiotelescopio de Arecibo, Puerto Rico, informó que continuaban recibiéndose las señales de radio desde la estrella Epsilon Eridani, distante a 8 años luz del Sistema Solar. Eran tan regulares que es casi imposible que sean naturales o casuales. Algunos radioastrónomos sostienen que se trata de un nuevo tipo de estrella pulsante, otros volvieron a atacar con que no debe subestimarse la posibilidad de que hayamos hecho contacto. Ningún gobierno se ha manifestado al respecto.
Puse canal Fox y deje que empezara cualquier cosa.