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LIBROS: DESCARGA SNOW CRASH

Sólo porque en Chile es imposible de encontrar y porque es un libro la raja, clave para entender algunas idioteces del mundo 2.0 y para dejar claro que la buena ciencia ficción es la que no se toma en serio. Más comedia que drama, un relato sarcástico, exagerado, irónico que se mete al futuro entero por ahí mismo. Ojo, el PDF está en español, de la traducción de fan-pro que hicieron los amigos de Gilgamesh. A veces hay que ser generoso e incentivar el pirateo.

Haz clic en el link de más abajo y descarga el libro completo, conozcan el origen de la palabra Avatar, la violencia de ser repartidor de pizza, a Hiro Protagonist, caminen en “La Calle” y sálvence del infocalipsis.

 

Descarga SNOW CRASH

AVATAR = ROGER DEAN + YES

AVATAR es un tremendo logro visual. La película es alucinante por donde se le vea, pero a Dios lo que es de Dios y al Diablo lo que es del Diablo. Los paisajes del planeta Pandora con árboles eternos, animales que suman dinosaurios con mamíferos, islas y montañas flotantes son preciosos, sobrecogedores pero… ESTAN LEJOS DE SER ORIGINALES Y VISIONARIOS… Hace más de 30 AÑOS QUE FUERON pintados y soñados por el gran Roger Dean en las cubiertas de los discos de Yes y de otras bandas de rock progresivo. Para los que vieron o veran la película, fijence en las montañas arco donde ocurre el tercio final y compárenlas con la últimas imágenes de esta lista, llamadas precisamente “Montañas Arco”

2010… EL AÑO EN QUE HICIMOS CONTACTO. EL NACIMIENTO DE LUCIFER

Incomprendida por ser la secuela humilde de ese totem fílmico que es 2001, lo cierto es que 2010 es harto mejor de lo pensado. Y no ha envejecido nada de mal. Bueno salvo lo de la guerra fría y la existencia de la URSS hasta entrado el siglo XXI, pero vamos, no pidamos tanta exactitud. De toda la película, la secuencia final es mi favorita. Dave Bowman es uno con el monolito mientras miles de estos confluyen en la mancha negra de Jupiter. Hall 900 le advierte a los astronautas que deben huir del espacio joviano, así que usan los motores de la Discovery para impulsar el Leonov hacia la tierr… y mientras eso sucede, Jupiter estalla convirtiendose en un pequeño sol, llamado LUCIFER. La Tierra y el sistema solar rotan ahora alrededor de un sistema binario, mientras un mensaje de Hall 9000 se hace escuchar en todos los computadores de la tierra.

PROSPECTORES DE DUNE

Por fin. Después de mucho tiempo, exactamente desde que en el año 1985 se publicara el sexto título de la saga, Casa Capitular, el universo de Dune (sobrenombre con el que se conoce al planeta Arrakis) llega a su fin. Aún recuerdo cómo me sentí cuando, después de haber leído los cinco libros anteriores y haber acompañado a la familia Atreides en sus aventuras, pasé la última página de aquel sexto episodio. Frank Herbert, el autor británico de una de las grandes sagas de culto del universo de la ciencia ficción, dejó un final totalmente abierto que desquició a muchos lectores. Recuerdo haber sentido una especie de incredulidad, la ansiedad de quien llega al último párrafo, al último punto y aparte, sin encontrar respuestas a todos los enigmas acumulados a lo largo de seis volúmenes.

Además, nuevos enigmas, nuevas preguntas que, sin siquiera cerrar el libro, asaltaban mi mente. ¿Quiénes eran los dos viejecitos que saludan a Duncan Idaho? ¿Quién era el último Kiswatch Haderách? Y, por encima de todo eso, prevalecía un sentimiento de orfandad irremediable, de que ya no habría más Dune, ni más melange, ni más gusanos de arena.

Sin embargo, 23 años después y gracias a la labor de Brian Herbert, hijo del autor original de la obra, en colaboración con el escritor Kevin Anderson, los huérfanos de Dune pueden celebrar que la saga ha vuelto. Y esta vez lo ha hecho para intentar responder todas aquellas preguntas que quedaron en el aire, algunas incluso sin pronunciarse, y para cerrar, con dos libros más (Cazadores de Dune y Gusanos de arena de Dune), una serie que ocupa un lugar destacado en el mundo de la literatura.

El final de la saga

Pero vayamos por partes. Frank Herbert no dejó, en un arranque de misterio o de pereza, incompleta su obra de manera voluntaria, sino que falleció antes de poder concluirla con un séptimo volumen, el tan nombrado durante muchos años, por lo deseado que siempre fue para sus seguidores, Dune 7. Brian Herbert, su hijo, y Kevin Anderson continuaron escribiendo sobre el universo de Dune como quien exprime la gallina de los huevos de oro, esperando aumentar la cuota de beneficios. En este caso, el ave gallinácea era la marca Dune, y los huevos en forma de libros fueron en total seis volúmenes, organizados en dos trilogías: Preludios a Dune, que trata los años anteriores a la saga original, y Leyendas de Dune, que se retrotrae 10.000 años hasta la Yihad Butleriana, cuando los últimos restos libres de la humanidad vencieron a las máquinas pensantes, dando como fruto la prohibición de fabricar máquinas más potentes que el cerebro humano y la Biblia Católica Naranja.

De esta manera, gracias al legado que dejó Herbert padre, los dos escritores fueron expandiendo los límites de la historia, pero nunca hacia delante, donde los fans de la obra original seguían como marineros a la deriva avistando el horizonte para ver si algún amanecer se encontraban con el tan esperado final.

En esos momentos, tal y como dijo el propio Herbert hijo, y no hay motivo para no creerle, no se veía capacitado para afrontar el reto de darle un cierre a tamaño proyecto. Y la verdad es que dar ese paso no resultaba nada fácil, para Brian o para cualquier otro escritor. Los ingredientes estaban ahí, pero qué hacer con ellos sin tirar a tierra el listón que había dejado tan alto el padre parecía una tarea de difícil resolución. Sin embargo, muchos no le perdonaron que hiciera fortuna explotando una herencia que parecía haberle caído del cielo. En cuanto a la calidad de los libros, variedad de opiniones. Mientras algunos decían que estaban a años luz de la escritura de su padre, otros opinaban que mantenía en general el nivel de la saga y, unos terceros, la mayoría, al menos estaban agradecidos porque Dune seguía exisiento y Brian les aliviaba de esa sensación de orfandad.

¿Qué pasó para que Herbert hijo y su amigo se decidieran a escribir el ya mítico Dune 7? ¿Acaso la gallina de los huevos de oro se estaba agotando? Tal y como el propio Brian explicó, un día, mientras revisaba las pertenencias de su padre, encontró en una pequeña caja fuerte unas notas que, a modo de esquema, constituían lo que debía ser la continuación de Dune. Esas notas que dejó Frank Herbert de por dónde debían ir los tiros hicieron que su hijo pensara que ya no tenía ninguna excusa para no darle al gran público el final que tanto había esperado. Se lo debía, de alguna manera, y desde luego le iba a sentar bien al negocio.

La noticia fue todo un boom y, como es lógico, generó una gran expectación. Al cabo de poco tiempo, sin embargo, el propio Brian Herbert anunció que el esperado final vería la luz en dos volúmenes en vez de uno, bajo los títulos de Cazadores de Dune y Gusanos de arena de Dune. Pues bien, el segundo de ellos se acaba de publicar en nuestro país y, con él, por fin, la saga llega a su clímax.

Los origenes de Dune

Dune fue publicada en 1966, aproximadamente una década después de la aparición de algunas de las piedras fundacionales de la ciencia ficción moderna: 1984 de Orwell (1949), Crónicas Marcianas (1950) y Fahrenheit 451 (1953) de Bradbury o la saga Fundación de Isaac Asimov (1951-1953). Influyó decididamente en la renovación del género, hasta el punto de que puede considerarse un precedente de los más recientes retratos de sociedades oscuras y desesperanzadas, como son las propias del cyberpunk. Casi para desafiar a todos los que habían escrito alguna vez ciencia ficción, Herbert se atrevió a crear un futuro en el que la tecnología inteligente (computadoras, robots, androides…) está destruida y prohibida por rigurosa ley interplanetaria. Herbert convirtió esta aparente limitación en punto de partida para una epopeya en la que el personaje principal va evolucionando tanto física como, sobre todo, mentalmente desde su condición inicial de niño hasta convertirse en dios, con la religión y la inmortalidad como ejes temáticos.

Cabe decir, a modo de curiosidad, que la novela original fue rechazada en múltiples ocasiones por varias editoriales y que su autor llegó a dudar de que algún día fuera a ser publicada.

Sin caer en el amplio resumen ni en el fastidioso spoiler, Dune se ambienta en un imperio galáctico en decadencia, donde la corrupción, los excesos y la división conducen a una crisis. La melange, una droga tan poderosa como adictiva, permite viajar por el espacio y ver el futuro, y por ello es la moneda de la economía imperial. Mientras tanto, la manipulación religiosa por parte de la Bene Gesserit prepara el camino para un mesías que, creado por un programa genético de mejora de la raza humana, pueda liderar el imperio en un proceso de regeneración.

La aparición no planeada de ese mesías, o Kiswatch Haderách, arrastra a una Yihad que hace huir a la raza humana del Imperio Antiguo. En Gusanos de arena de Dune, la humanidad vuelve de esa Dispersión habiendo encontrado poderosos oponentes, que a su vez huyen de un enemigo aun más fuerte. Ese rival busca al último mesías para, con él en su bando, decantar la balanza del Kralizec, el fin del Universo que anuncian todas las profecías y que se acerca a pasos agigantados. Unos cuantos tripulantes de una no-nave, viejos conocidos por los lectores de la saga, serán los encargados de impedir el exterminio de la raza humana y del universo entero.

Comparaciones odiosas

Las dos obras finales de Herbert hijo dejan un sabor de boca agridulce. En esta segunda podemos encontrar todo lo que es Dune: el universo, los personajes, las razas… El conjunto del imaginario de Herbert padre está aquí, pero en forma de residuo, no en su esencia. Cuando a Brian le llega el turno de crear algo con todo eso, como si fuera barro, los elementos que hicieron de Dune una de las obras más importante de la ciencia ficción están ahí, pero no lo suficientemente desarrollados ni explotados. En el final de la saga encontramos restos de la ecología, del misticismo, de la religión, de la llegada mesiánica del Kiswatch Haderách o de la Bene Gesserit, pero no hay nada nuevo y lo viejo, lo heredado, no acaba de funcionar. Aleja el epicentro de la saga de Dune y lleva la obra al campo de la ciencia ficción más típica y tópica, la de la lucha del hombre contra la máquina, al tan trillado estilo Matrix, sin la densidad habitual.

Definitivamente, el talento literario no se transmite con los genes, pero tampoco cabe hacer sangre en el terreno de la crítica, ya que el listón estaba demasiado alto y, si no estuviéramos hablando del final de Dune, y por lo tanto comparando esta obra con las seis anteriores, quizás hablaríamos de un gran libro de ciencia ficción al uso.

Nunca se sabe. Muchos lectores se sentirán defraudados pero no podrán dejar de leer para hacerse una idea de cómo finaliza, después de tanto tiempo, esta saga. Y, para los nostálgicos y demás románticos de la serie, aquellos que experimentarán la misma ansia que pena al llegar a la última página de este volumen, que estén tranquilos, pues parece que hay Dune para rato. Brian Herbert y Anderson trabajan ya en el primer volumen de una nueva andanada de libros, Paul of Dune, que tendrá lugar cronológicamente entre Dune y Mesías de Dune, en el período durante el cual Paul Atreides se convierte en el emperador del universo.

Fuente Que Leer

DESDE EL FIN DEL MUNDO Nº 11: CINE; APOCALIPSIS, FLAMENCO Y VILLALOBOS

CINE de Ciencia Ficción, el Rapto pre-tribulación y otras yerbas desde el fin del mundo. Los Terroristas mentales Ortega y Baradit, invocan la presencia del mítico Villalobos de ANALIZAME, que teleporta su cabeza criogenizada (igual de parlanchina que siempre) a los Headquarters de la conspiranoia local. Hablarán sobre cine de ciencia ficción y cuanta disgresión al respecto se les ocurra, todo desde el enfoque tercermundista flaite y chatarrero de siempre. Y recuerda votar y descargarnos desde Podcaster, para seguir en el Top 10. En serio, la continuidad de DEFDM depende de ustedes.

SERGIO MEIER (1966-2009) UN DIA TRISTE PARA LA CI FI CRIOLLA

No lo conoci mucho, pero si compartí con él un par de veces. Un tipo culto como el Monitor de Salvat, carismático y con un aspecto particular. No sólo escribía steampunk, sino parecía personaje de una de estas novelas. Descanza Meir y vuela al más allá abordo de una barroca nave estela propulsada por vapor y capitaneada por Isaac Newton. Al futuro y más allá. Marcelo Novoa se despide de él en una emotiva columna en Puerto de Escape.

¿POR QUÉ ESCRIBIR FANTASTICO EN CHILE?

Primera versión de la columna que inaugura la sección Chile Mythico en el sitio de Mythica Ediciones.

COPIA FELIZ DEL EDEN

“¿Por qué escribir ciencia ficción en un país sin ciencia y con tan poca ficción?”, preguntaron en una charla en el Chileno Norteamericano, hace exactamente un año. Estaban presentes el director de cine Jorge Olguín, el crítico Daniel Olave y quien escribe. El escritor Darío Osses, quien moderaba el evento, prosiguió: “¿Uno entiende que en Europa, Japón y Estados Unidos, con sus elevados índices de crecimiento industrial, se escriba acerca de futuros imposibles, pero en Chile es casi ridículo?”.
Y claro, el ánimo de la pregunta tenía harto de provocador, pero también (sin quererlo) daba las claves para entender el desarrollo de la literatura de género (y cine, cómic y todas las artes narrativas que se quieran) en nuestro país, sobre todo en los últimos años. Un paréntesis antes de continuar, prefiero hablar de género en lugar de ciencia-ficción a secas, ya que si hay algo que caracteriza el culto de esta temática en nuestro país es la melcocha, lo charquicán de su receta. Ygdrasil, por ejemplo, no es sólo una novela cyberpunk, sino una obra fantástica que roba, samplea y vampiriza de todos lados: chamánica, ancestral, mitológica, en las restas acaba más cerca de García Márquez que de Bruce Sterling, de ahí su originalidad y su impacto a nivel mundial. Jorge Baradit, su autor, lo definió desde un principio, es realismo mágico 2.0. Personalmente me gusta más lo de hiperrealismo mágico, sin números, con más palabras, más adjetivos tremendistas.
Pero volvamos al reactor principal de la pregunta. ¿Por qué escribir ciencia ficción en Chile? Simple. Primero que nada porque así lo dice nuestro himno nacional: somos la copia feliz del edén, del paraíso prometido (el Dorado, Xanadú, la Ciudad de los Cesares, etc) y eso es una tremenda responsabilidad. Chile es un punto mágico anclado al fin (o al inicio del mundo), donde siempre hemos cohabitado con la fantasía. Literalmente estamos “en el fin del mundo y en el fin del mundo”, geográfica y espacio-temporalmente marcados.
Y con lo de estar acostumbrados a la fantasía no me quedo en eso de que todos más de alguna vez hemos escuchado de fantasmas, de ovnis en el Cajón del Maipo, del niño llorón, las lloronas, el chupacabras, la rubia de Kennedy, del Caleuche o el gran Guarén de las alcantarilladas santiaguinas, nuestro equivalente a los cocodrilos de Manhattan, sino de lo que hay mucho más allá, en el corazón de nuestra identidad como país. La geografía del mito y la conspiración local da para escribir cientos de obras del género, cada vez mejores y más entretenidas (algo no menor). Tal vez en un futuro cercano la mejor ciencia ficción y fantasía de habla hispana en verdad se este pariendo en estas tierras. El boliviano Edmundo Paz Soldán lo enunció hace un par de años, si me preguntan tengo confianza en que vamos derecho hacia allá, por mucho que cierto sector de la crítica nos acuse (y aquí me incluyo) de ser un grupito menor, que cree que todo lo raro es bueno y que se ha formado con lecturas tan dudosas como Harry Potter, cientos de cómic y lecturas tardías de Miguel Serrano. Eso es mirar sin alturas y quedarse anclado no sólo en el pasado, sino en prejuicios menores. La generación de creadores chilenos que se empinan entre los 20 y 40 años, viene criada por historietas baratas, animé japonés, Spielberg y Lucas, hard metal, Transformers y G.I.Joe, todo estrujado en un cóctel de traucos, pincoyas y “cai cais”, lo que viene de esa receta lo quiero leer aquí y ahora.
Chile es un país fantástico, un planeta con sus reglas propias, una nueva Atlántida o si se prefiere Chilena. Un país donde sus fundadores vinieron a buscar ciudades perdidas llenas de oro y se encontraron con gigantes en la Patagonia, donde los terremotos dependen de la escultura de un Cristo crucificado repudiado por una bruja, donde la Independencia fue planeada por una sociedad secreta que no tiene nada que envidiar a los Iluminati. Donde la libertad se ganó tras la ceremonia iniciática de cruzar los Andes, que no fue una maniobra militar y estratégica, sino un rito en honor a las diosa del fin del mundo, ¿la virgen del Carmen?
Chile en un país donde aparecen monstruos voladores, buques embrujados y donde la gente acepta como la más trivial de las realidades bolas de fuego, maldiciones y entierros. Un país donde en la más “steampunk” de las realidades, la religión más popular del siglo XIX fue el espiritismo del cual Arturo Prat, otro de nuestros héroes, era prácticamente un sumo sacerdote. Donde en 1946 el diario más importante publicó en primera página que un almirante norteamericano había descendido a la Tierra Hueca a combatir contra las astronaves de Hitler y nadie lo puso en dudad. Donde todos nuestros presidentes han terminados convertidos en fantasmas vagando en eterna pena por los pasillos de un Palacio de la Moneda, construido en el centro de un valle, cuyos antiguos habitantes advirtieron a los conquistadores, estaba habitado por las luces de la Tierra.
Tampoco hay que viajar tan lejos para abrir los ojos ante esta realidad extraordinaria, sólo pensemos en la figura más gatillante de nuestra historia: Augusto Pinochet, un dictador vinculado a la masonería, que dedicó plata y recursos estatales a rastrear todos los “objetos de poder” de la Logia Lautarina, que se asesoraba de dos brujas y que personalmente se encargó de todo lo que tuviera que ver con el caso del Cabo Valdés, el abducido más famoso del mundo.
Al final hay más respuestas que preguntas ante el debate de por qué escribir fantasía en Chile. Lo anterior es curiosamente lo más obvio, bajo la superficie, en lo que se refiere a lo concreto, la respuesta estoy seguro, generará todavía más discusión. Porque además la identidad narrativa y poética de Chile la ha dado lo fantástico, mientras la prosa realista, esa sólo se queda en nuestras fronteras, mirándose al ombligo, cómoda en un pasado lleno de callosidades. Pensemos: ¿cuáles son nuestros autores más reconocidos? Mistral, Neruda, Donoso, Isabel Allende, Bolaño, ¿qué tenían en común? Todos, absolutamente todos, aventuraron un Chile poderoso, mito poético, telúrico. En serio, sólo revisemos la mejor poesía de la Mistral, anclada bajo los cielos de Elqui, despertando a los muertos, a los miedos y a esas estrellas que como ella dijo (en una frase muy Lovecraftiana) nos parpadeaban desde el límite de los tiempos.
Ya lo dijo el argentino Rodrigo Fresán, un país sin ciencia ficción es un país sin futuro. Me queda la esperanza que hoy no somos pocos los que estamos construyendo el porvenir de estas tierras, soñando con futuros, manipulando el pasado, destruyendo para construir.
Desde ya los dejo invitados para este espacio, semanal o quincenal, donde hablaremos de ese Chile extraño, bizarro y creativo. Ese Chile “mythico” que tanto nos acomoda habitar. Para la próxima una adelanto: 1899, cuál es su historia, su origen y su propuesta.
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